CHAPTER 4. ISSUES WITH THE BERKELEY TEST PROTOCOL
4.2 Overview of Berkeley WBT protocol
H
ay que v
enir al sur
Intérpr ete: Raffaella C arrà (1978)Por si acaso se acaba el mundo todo el tiempo he de aprovechar.
Corazón de vagabundo voy buscando mi libertad. He viajado por la tierra
y me he dado cuenta de que donde no hay
odio ni guerra el amor se convierte en rey.
Tuve muchas experiencias y he llegado a la conclusión
que perdida la inocencia en el Sur se pasa mejor. Para hacer bien el amor,
hay que venir al sur, para hacer bien el amor,
iré donde estás tú.
Sin amantes, quién se puede consolar, sin amantes, esta vida es infernal.
Para hacer bien el amor, hay que venir al sur. Lo importante es que lo hagas
con quien quieras tú... y si te deja, no lo pienses más....
búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar. Todos dicen que el amor es amigo
de la locura.
Pero a mí, que ya estoy loca, es lo único que me cura. Cuántas veces la inconsciencia rompe
con la vulgaridad.
Venceremos resistencias para amarnos cada vez más.
Tuve muchas experiencias y he llegado a la conclusión
que perdida la inocencia en el Sur se pasa mejor....
Para hacer bien el amor, hay que venir al sur, para hacer bien el amor,
iré donde estás tú.
Sin amantes, quién se puede consolar, sin amantes, esta vida es infernal.
Para hacer bien el amor, hay que venir al sur. Lo importante es que lo hagas
con quien quieras tú... y si te deja, no lo pienses más....
búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar. Para hacer bien el amor,
hay que venir al sur, para hacer bien el amor,
iré donde estás tú.
Sin amantes, quién se puede consolar, sin amantes, esta vida es infernal.
Para hacer bien el amor, hay que venir al sur. Lo importante es que lo hagas
con quien quieras tú... y si te deja, no lo pienses más....
búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar, búscate otro más bueno,
vuélvete a enamorar, búscate otro más bueno,
¿Sin amantes, quién se puede consolar?
Una etnografía del desengaño tras
algunos ecos de Raffaella Carrà*
Hunzahua Vargas**
¡Para hacer bien el amor hay que venir al sur! Para hacer bien el amor iré donde estás tú. ¿Sin amantes, quién se puede consolar?
Sin amantes, esta vida es infernal. ¡Para hacer bien el amor hay que venir al sur!
Raffaella Carrà, Hay que venir al sur (1978)
Decidí abordar esta canción por varias razones. Para comenzar, esta es una de las canciones más bailadas y cantadas en la avenida Primero de Mayo de la capital de Colombia. Allí, particularmente en los bares gay (donde desarrollé una tesis de maestría), esta canción se torna bastante emblemática puesto que la avenida está localizada al sur de la ciudad, y congrega cada fin de semana a una buena porción de las y los habitantes del sur de Bogotá en unas pocas cuadras. La Pri- mero de Mayo se conoce hoy como la zona rosa del sur, no por la prolija apari-
* Este artículo se centra en el análisis de la canción “Hay que venir al sur” de la cantante
Raffaella Carrà, cuya versión en español apareció en 1978 en un disco titulado de la misma forma y producido por la CBS (Carrà, 1978a). El texto se basa en conversaciones registradas a lo largo de un extenso trabajo de campo en los bares gay de la avenida Pri- mero de Mayo de Bogotá, entre el año 2007 y el 2009, así como en entrevistas realizadas entre diciembre del 2010 y enero del 2011 a hombres gay cuyas edades oscilan entre los veinticuatro y los treinta y cinco años. También se ha construido este escrito a partir de observaciones de campo, análisis de video y fuentes teóricas que abarcan disciplinas como la antropología, la sociología, los estudios queer y los estudios culturales. Uno de los videos más representativos de la canción objeto de análisis se puede consultar en internet: www.youtube.com/watch?v=G5Y6uFjEYBM
ción de bares gay, sino por la comparación que se establece con su homónimo de la calle 85, al norte de Bogotá, convirtiéndose así en uno de los nodos de la rumba (gay) de la ciudad.
Una vez comencé a entrevistar a personas para mi tesis, encontré que esta canción identificaba un sentir particular de la zona y del mundo gay que allí se mueve. Valores como la juventud, la libertad sexual, la capacidad de enamorarse repetidas veces y de dejar el dolor atrás comenzaron a aparecer con frecuencia en mis conversaciones con los asistentes a diferentes lugares. Esto hizo que me preguntara por mi propia relación con la canción, pues no solo la encontra- ba en la Primero de Mayo, sino que hacía parte de mi propio “repertorio” de “canciones para planchar”. ¿Por qué recordaba tanto esa melodía? ¿Por qué me sentía tan animado con ella? ¿Qué me decía? Esa canción podría significar cosas muy particulares en el mundo gay bogotano, concretamente en ciertos rincones de la capital. Decidí entonces concentrar la investigación en las entrevistas a hombres gay, para ampliar mi búsqueda. Comparé inicialmente las reacciones del público de la avenida Primero de Mayo con la de algunos amigos cercanos que principalmente se van de fiesta a los alrededores de Chapinero, en Bogotá.
Comencé entonces por las preguntas formales sobre la canción: ¿de cuándo es? ¿De qué habla? ¿Quién la canta? “Hay que venir al sur” se lanzó primero en italiano, en 1978, siendo particularmente llamativa la frase “Com’è bello far l’amore da Trieste in giù” (Carrá, 1978b), que básicamente traduce ‘Qué bello es hacer el amor desde Trieste [pueblo ubicado muy al norte de Italia] hasta el sur’, con lo que la canción originalmente invitaba a hacer el amor en todas partes. En español, esta canción se hizo famosa en un contexto en el que las diferencias geopolíticas del norte y el sur de Italia hacían del norte —el imaginario favorito de muchos y muchas— un lugar de progreso económico, industrial, urbano, ordenado y frío, poco emocional y con una sexualidad controlada, mientras que el sur representaba lo exótico, erotizado, veraniego, caliente, desinhibido, libre de las ataduras de la vida racional de la ciudad. Podría decirse que tal tensión se veía reflejada también en las relaciones norte-sur en Latinoamérica, lo que hizo de esta canción un éxito en la región a finales de la década de 1970. “Para hacer bien el amor, hay que venir al sur” le habla a Latinoamérica y en particu- lar a Suramérica de una manera muy especial. El exotismo latino, la sexualidad exuberante y selvática de ese sur imaginario y real, hace que la canción se re- signifique y se re-apropie con una fuerza que hoy todavía hace bailar a las masas en los bares de lo que se podría llamar “el sur del sur”.
En la Primero de Mayo, las tensiones en las que esta canción tuvo su auge pasan a otro plano. Así como dichas tensiones se replican en las relaciones glo- bales, aquellas se reproducen también en las diferencias geopolíticas de la ciu- dad. Cuando comienza a sonar esa canción, es frecuente escuchar al animador cuando dice enérgicamente cosas como: “¿dónde está la gente gay del sur de Bogotá?” (Vargas, 2008), mientras la gente se para a bailar y a cantar esa canción animadamente. Al mismo tiempo, la representación de la “zona Rosa del sur de Bogotá” como un lugar de placer y desenfreno tiene un lugar en la canción. Las tensiones geopolíticas se corporizan en los y las asistentes a los bares gay de la Primero de Mayo como representantes de una zona donde lo popular y lo sexual son proporcionales así como transgeneracionales. Los mayores han escuchado esta canción desde que se lanzó, y los jóvenes que la han escuchado desde la infancia la reconocen como parte de lo que identifica al sur de la ciudad.