CHAPTER THREE: RESEARCH METHODOLOGY
3.1. Outlining the Research Methodology
La Revolución Industrial, llamada también Primera Revolución Industrial, abarca aproximadamente desde mediados del siglo XVIII hasta 1870 y está concentrada en unos pocos procesos industriales relacionados con el comercio exterior y preparada y sostenida por el crecimiento agrario y el apoyo del poder del Estado; las transformaciones que caracterizan a la Segunda Revolución Industrial se produjeron a partir de la segunda mitad de la citada década y la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Como hemos visto, el primer periodo está focalizado en Gran Bretaña y su éxito se propagó con rapidez a una parte de Europa, de ahí que el término genérico que lo define se aplique también a la extensión tardía en el continente europeo.
Hasta entonces las estructuras económicas apenas habían experimentado cambios sustanciales desde el Neolítico. A mediados del siglo XVIII, la economía del Antiguo Régimen tenía carácter eminentemente agrícola y la producción de bienes de consumo era de tipo artesanal; condición que apenas había experimentado cambios desde la Baja Edad Media, mientras que la agricultura, muy rudimentaria en sus métodos desde el último milenio, proporcionaba a los campesinos lo imprescindible para subsistir y pagar tributos a la nobleza propietaria de las tierras. Sin embargo, en las décadas siguientes, la aparición y aplicación de una serie de técnicas innovadoras que permitieron sustituir el trabajo manual por la máquina y la energía humana y animal por la mecánica, aumentó notablemente la capacidad de obtención y transformación de materias primas nuevas o poco utilizadas hasta entonces y la fabricación a menor coste de toda clase de productos y surgió la fábrica (factory system) como nuevo sistema de
producción en el que se implantó un nuevo proceso de producción que atrajo a grandes flujos migratorios del campo a la ciudad.
5 Los canales se han conservado como herencia de la Revolución Industrial. El anillo de Cheshire (Cheshire Ring) forma un círculo fluvial al noroeste del país, que en su día fue el corazón industrial de Inglaterra. Con una extensión de 148 kilómetros, discurre en las proximidades de la cordillera de los Peninos, la campiña de Cheshire y la ciudad de Manchester. Tiene 92 esclusas y está conectado con el canal de Bridgewater, el primero construido en la era fluvial moderna. Existe un “ascensor” llamado Anderton, una increíble obra de ingeniería que permite superar el desnivel de 15 m de altura entre el río Weaver y el canal de Trent & Mersey. Norfolk Broads constituyen una antigua red de ríos, lagos y diques de gran extensión, para los que se necesita más de una semana para el recorrido del sistema fluvial completo y permite el acceso a la costa de Norfolk y la ciudad de Norwich. El canal Kennet & Avon, de 140 kilómetros, comunica las ciudades de Londres y Bristol. Esta vía fluvial cruza los Cotswolds y el condado de Berkshire. El canal de Oxford discurre por varias aldeas y conduce desde la ciudad de Oxford hasta las tres torres de Coventry. Regent’s Canal se encuentra en Londres y atraviesa el barrio de Little Venice. El canal de Llangollen cruza la frontera entre Inglaterra y Gales y llega hasta el acueducto de Pontcysyllte, el más alto de los navegables de Gran Bretaña, que se eleva a 38 m sobre el curso del río Dee.
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Lo que a priori parecía un perfeccionamiento del sistema productivo acabó afectando al conjunto de la sociedad. Prueba evidente es que el campesinado y otros gremios arruinados por los cambios producidos cohabitaron hacinados en los grandes suburbios que se formaron alrededor de las grandes ciudades, mientras eran explotados por patronos sin escrúpulos y sometidos a jornadas de sol a sol a cambio de un salario mísero, lo cual daría origen, a medida que avanzaba la industrialización, a la aparición del proletariado, como nueva clase social, lo que tendría consecuencias importantes en el transcurso del tiempo.
Consecuencia de este nuevo escenario productivo, la burguesía propietaria de fábricas, minas y otros medios de producción consiguieron multiplicar sus ganancias y, al mismo tiempo, aumentaba su poder político y económico. El capitalismo mercantil conocido hasta entonces, basado en los intercambios comerciales, cedía paso al capitalismo industrial basado en la producción de bienes y vendría para quedarse definitivamente implantado como sistema económico.
Ante este nuevo escenario, la burguesía propietaria de fábricas, minas y otros medios de producción conseguiría multiplicar sus ganancias y, al mismo tiempo, aumentaba su poder político y económico. El capitalismo mercantil conocido hasta entonces, basado en los intercambios comerciales, cedía paso al capitalismo industrial basado en la producción de bienes y vendría para quedarse definitivamente implantado como sistema económico. De modo que en la misma época en la que el Antiguo Régimen sería políticamente superado cuando la burguesía consiguió su primer triunfo sobre la aristocracia en la vorágine de la Revolución Francesa, otra revolución de tipo económica y tecnológica consolidaba su posición tanto los estratos de la sociedad del momento, dividida en burguesía y proletariado, como el capitalismo liberal, convertido en el sistema económico del mundo contemporáneo.
El trabajo era un factor abundante a comienzos de la Revolución Industrial. La población agraria inglesa continuó creciendo y pese a su baja proporción, el fuerte crecimiento poblacional que experimentó Gran Bretaña desde mediados del siglo XVIII, la fuerza de trabajo existente era suficiente. La amplia proporción que estaba ocupada en los sectores textil y siderúrgico aportaba el personal y las experiencias necesarias, de todo que los mismos trabajadores pasaban de trabajo manual a operar las máquinas, con lo cual las fábricas aprovechaban a los especialistas, ya fueran capataces, herreros, tintoreros, etc. Una parte del nuevo empresariado procedía de los sectores protoindustriales y ello, unido a que Gran Bretaña era el país que en el siglo XVIII disponía de capitales suficientes, estaba favorecido por el conocimiento del mercado, el instinto de negocio, el atrevimiento para invertir en innovaciones, la moral del enriquecimiento (todo lo que ayuda ganar dinero es bueno) y la suerte, pues como apuntan Feliu y Sudriá, “no se debe olvidar que sólo pasan a la historia los empresarios que triunfan; los fracasados son siempre más numerosos, pero olvidados”.6
La Revolución Industrial ofrecía grandes posibilidades de crecimiento, de enriquecimiento y de ascenso social y ello, al mismo tiempo, generaba fuertes desigualdades sociales. La principal consecuencia social es la aparición de la clase obrera y, dentro de ella, como segmento más numeroso, del proletariado, a quienes caracteriza la conciencia de clase, la constatación de pertenecer a una comunidad numerosa que sólo dispone para subsistir de la fuerza de sus brazos, de su capacidad de trabajo vendida a cambio de
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un salario y el sentimiento de miseria, todavía más desgarrador, ante el rápido enriquecimiento empresarial.
La clase obrera se organizaría en sindicatos y con la huelga como medida de presión obtendría, tras largas y cruentas luchas, mejorar poco a poco su penosa situación y arrancar derechos laborales a los gobiernos representantes de la burguesía, mientras que el surgimiento de nuevas ideologías políticas, como el socialismo, el comunismo y el anarquismo, aspiraban a contrarrestar las perversiones e injusticias del sistema o la destrucción de la propiedad privada en los medios de producción. En la perspectiva del tiempo, la Revolución Industrial conseguiría una mejora general en los niveles de vida y también abriría notables contradicciones, conflictos y desequilibrios inherentes al desarrollo del capitalismo.