• No results found

3. InterMarket Objectives

3.3. Overall Concepts

Olivi se encuentra en el centro mismo de la escisión entre los franciscanos «comunitarios» o «conventuales», que se consideraban obligados a adaptar la pobreza, con el fin de hacer a la orden más capaz de servir a la Iglesia y al papado, y los «espirituales», que deseaban mantenerse rigurosamente en el ideal primitivo. Olivi es un apasionado de la segunda posición. La regla de la vida cristiana, la que Cristo enseñó a sus primeros apóstoles, fue conocida por una revelación divina hecha a san Francisco. La bula Exiit qui seminat, promulgada por Nicolás III en agosto de 1279, fue, por tanto, calurosamente aprobada por Olivi, ya que por vez primera el papa hacía suya, como una enseñanza oficial de la Iglesia de Roma, la afirmación de los franciscanos de que su modo de pobreza constituía la verdadera vía de la perfección revelada por Cristo a los apóstoles. Esta bula fue la carta magna espiritual de los hermanos menores y quedará como un documento de extraordinaria importancia en los debates ulteriores sobre la infalibilidad papal. Nicolás III afirma:

«Decimos que la renuncia a la propiedad de todas las cosas por Dios, tanto en privado como en común, es santa y meritoria. Ha sido propuesta por Cristo, quien, para mostrarnos el camino, ha enseñado la perfección con sus palabras y la ha confirmado con su ejemplo. Los primeros fundadores de la Iglesia militante lo han transmitido tal como ellos mismos lo habían recibido de la fuente misma, y lo han hecho fluir en los canales de sus enseñanzas y de su vida, derramándolo sobre quienes querían vivir en la perfección»9.

La bula dice, asimismo, que la regla franciscana fue inspirada directamente por el Espíritu Santo, afirmación subrayada por Olivi. Para responder a las objeciones de la imposibilidad práctica de una renuncia permanente a todo, el papa se sirve de las distinciones de Buenaventura. Con todo, este uso deber seguir siendo muy riguroso.

Olivi ve, por consiguiente, en la bula Exiit qui seminat la confirmación de su concepción del usus pauper. Recurre incesantemente a esta bula. Para la interpretación de Lucas 22,32, considera que Jesús habla a Pedro «en la persona de la Iglesia», interpretación tradicional que procede de san Agustín. Ahora bien, la idea común era que la fe de toda la Iglesia no puede errar, aunque sí pueden hacerlo algunos papas particulares. Pero la indefectibilidad de toda la Iglesia implica, para Olivi, la inerrancia del papa. En su comentario sobre Lucas escribe que es preciso aplicar Lucas 22,32 a Pedro personalmente en su futuro papel de prelado de toda la Iglesia. Este prelado debe ser indefectible en la fe para poder confirmar la fe de sus hermanos. El texto se aplica, a continuación, a los sucesores de Pedro en el oficio papal y en la sede apostólica. Cristo se dirige en tercer lugar a los apóstoles.

Olivi habría podido atenerse a la tesis clásica del papa como juez supremo en materia de fe y de moral. También Buenaventura había dicho que los papas habían afirmado la autenticidad inatacable de la doctrina de la pobreza franciscana; sin embargo, no fue más allá y nunca pensó en la posibilidad de que un papa pudiera pervertir la fe de la Iglesia. Olivi, en cambio, lo pensó infinidad de veces e incluso estaba obsesionado con ello.

En consecuencia, consideraba capital que los decretos de los papas ya emitidos en favor de la vía religiosa franciscana, es decir, los decretos de papas verdaderos y ortodoxos, fueran considerados no solo como dotados de autoridad en el presente, sino como inmutables e irreformables en el futuro. El respeto por esta inerrancia constituye la diferencia entre el verdadero papa y el que solo lo es en apariencia.

En efecto, el papa es incapaz de equivocarse durante todo el tiempo que es verdadero papa y cabeza de la Iglesia. Olivi no consideraba que todas las declaraciones solemnes procedentes del trono papal hubieran sido necesariamente verdaderas. Porque el papa en ejercicio podía ser un papa en apariencia. Ello implicaba que todo pontífice que se apartara de una decisión doctrinal de algún predecesor caía automáticamente en la herejía y dejaba de ser la cabeza de la Iglesia. Olivi tenía necesidad de la inerrancia papal para salvar la pobreza franciscana de la perversidad de la Iglesia carnal de la quinta edad.

Ahora bien, según los canonistas, ningún papa estaba ligado por las decisiones de su predecesor, debido al principio par in parem non habet imperium. En consecuencia, un papa tenía la plena posibilidad de cambiar una decisión de sus predecesores sobre la pobreza. Incluso Buenaventura pensaba de este modo. Olivi declaraba, por el contrario, que todo papa está ligado por los mandamientos de Dios y por los dogmas auténticos de la fe católica escritos en la Sagrada Escritura y afirmados por la Iglesia. Todo eso es clásico. Pero incluye entre los dogmas auténticos de la Iglesia las decisiones papales sobre la pobreza. Por consiguiente, la Regla franciscana, autentificada por los decretos pasados de la Santa Sede, no podía ser cambiada por decretos futuros de la misma autoridad. Es irreformable. Esta tesis era formalmente contraria a la teoría canónica de la soberanía papal. Los decretos que aprobaban la vía franciscana se convertían en un «dogma auténtico» que ligaba a los futuros papas, puesto que la pobreza franciscana era una revelación hecha por Dios a Francisco10.

Esa es la razón por la que Olivi desea establecer la inerrancia (inerrabilitas) papal, lo que nos conduce a su principal argumento. Según sus especulaciones apocalípticas, un futuro pseudopapa contradirá la regla de la pobreza y llevará a la Iglesia a la apostasía. Sin embargo, «puesto que toda la Iglesia no puede errar, tampoco puede estar unida a una cabeza que yerra»11. En consecuencia, la fe de la Iglesia universal era la regla incapaz de error por la que deben ser juzgados los ocupantes de la sede de Roma, y no al revés. Este argumento se basa en la convicción de que la doctrina de la indefectibilidad de la Iglesia se limita a afirmar que en cada generación sobrevivirá un grupo de hombres elegidos para constituir la Iglesia sin error, aunque se trate de un grupo pequeño. Hay aquí una anticipación de ciertos argumentos de Mons. Lefebvre en el siglo XX.

La irreformabilidad de la enseñanza conduce a la afirmación de un papa inerrante. Sin embargo, el exceso engendra su contrario. Urgir hasta ese extremo la irreformabilidad conduce a urgir la condena del papa hereje. «Atribuir la infalibilidad al papado equivale a limitar la soberanía de cada papa individual»12. No por ello era Olivi un papalista a

ultranza. Simplemente, deseaba disminuir la autoridad de los futuros papas enseñando la irreformabilidad de las decisiones tomadas por los papas precedentes.

Related documents