3.2 Knowledge Revision Algorithms
3.2.2 Overcoming incomplete knowledge
Una de las posturas más frecuentes frente a la felicidad consiste en decir que el hombre puede conseguir poca, y que toda la que consiga será a base de cuidar de sus propios intereses. Esta act- itud no se deja llevar por excesivas ilusiones, es realista, pragmáti-
ca, buena conocedora de los hombres, no aspira a cambiar el mundo ni tiene otro ideal que un afán moderado de asegurarse una
existencia lo más cómodo posible, tranquila y segura posible, sin sobresaltos ni riesgos: «más vale pájaro en mano que ciento vola-
ndo».
El afán de seguridad es necesario para la vida humana (11.9). Sin
embargo, cuando se exagera, se cae en esta postura, eminentem- ente conservadora y poco amiga de los riesgos, que hace depen- der la felicidad del propio esfuerzo por asegurarse los recursos. Lo característico de esta mentalidad es la moderación de los obj-
etivos y el predominio del interés por el propio bienestar. Estamos
entonces ante un modo de ver la vida que pone como fin y valor p- rimero yo mismo y mis intereses (7.5).
La felicidad interesada es ajena a los idealismos: a lo más que s- uela aspirar es a realizar sus propios intereses. No se plantea t- eorías: «tú, vete a lo tuyo», parece decir. Aspira a que en el repa- rto le vaya lo mejor posible: comparte poco, pues desconfía de lo público. Ama el dinero y opina «un hombre valo lo que valen sus r- ecursos», y sólo coopera para evitar verse perjudicada. Está con- vencida de que la mayoría de las acciones humanas son fruto del
interés, y que los ideales son «idealismos» y pérdida de tiempo, es
decir, un modo de eludir la dura realidad de la vida. La felicidad int- eresada suscribiría, quizá con algunos matices de duda, pero con acuerdo básico, las afirmaciones de Hobbes señaladas más atrás (7.7), o esta otra: «todos los actos voluntarios del hombre tienen como fin algún bien para él»461. En conclusión: el hombre tiene un
solo fin, que es él mismo. Todas sus acciones son interesadas
porque se supeditan a ese objetivo. No se trata tanto de un egoís- mo puro y duro, como de buscar sólo lo conveniente y útil para mí, evitando aquellos gastos de tiempo y esfuerzo en pos de valores e ideales desinteresados que nada me van a reportar.
Esta es actitud antigua y eficaz, pero sumamente discutible, con reparos de tipo moral, y una serie de consecuencias en el modo de concebir la vida social, resumidas en la palabra individualismo (9.9). En los últimos tiempos ha ido evolucionando hasta convertir- se en algo ligeramente distinto, que se tratará a continuación. 8.8.4 La postura contemporánea: el bienestar.
«La mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo no son muy felices; tampoco se sienten desgraciados —y no lo son—; s- ino más bien se mueven en una zona gris»462 ¿Por qué? Porque h- an identificado la felicidad con lo que es sólo su requisito previo: el bienestar. «La identificación de la felicidad con el bienestar ha ido adquiriendo un desarrollo, difusión y vigencia en nuestra época, sin proporción con la calidad intelectual de esa interpretación; en t- odo caso, es esencial para comprender la época en que vivimo- s»463.
¿Cómo se ha producido esto? Se trata de la extensión de una m- entalidad que encaja muy bien con el desarrollo tecnológico y mate- rial, y que de hecho lo ha acompañado: «hay que buscar la felicid-
ad del mayor número, la mayor cantidad de placer y el mínimo de dolor, y que los dolores sean transitorios y pasen pronto. Esto es
lo que aproximadamente opina el mundo actual»464. Esta mentalidad tiene dos rasgos: 1) identifica la felicidad, no tanto con el placer, como con la ausencia del dolor; 2) identifica lo bueno con lo útil, y así la utilidad pasa a ser el valor que define las cosas y en conse- cuencia incluso las personas. Se trata, como es evidente, de una
idea que complementa muy bien de lo que se llamó cientifismo (5.1.2) y tecnocracia y desde luego se inscribe con facilidad en la óptica del materialismo (16.6). La combinación de todas estas p- osturas, en grados diversos, constituye la mentalidad contemporá- nea, como a lo largo de este libro se ve.
Por lo que se refiere a la felicidad, el mundo actual ha creído que se realizaría cuando se alcanzaran para todos unas determinadas condiciones de bienestar material, un cierto nivel de vida y de
seguridad en la evitación de riesgos y males. Ese ideal consiste en
el intento de hacer desaparecer la miseria, el dolor y el esfuerzo
mediante el desarrollo económico y los adelantos y comodidades de la tecnología. Son unos objetivos complementales loables, pero
no pertenecen a nadie en particular, no son proyectos personales, sino generales, y corren fundamentalmente por cuenta del estado y de las empresas, que los llevan a cabo mediante una adecuada planificación y desarrollo económico y tecnológico. Y así lo que sucede es que se pierde de vista el carácter personal de la felicid- ad: «¿Por qué? Porque la felicidad pierde su contenido propio:
resulta equivalente a sus condiciones; es decir, dadas ciertas
condiciones hay bienestar y por tanto felicidad. Pero felicidad ¿de quién? De cualquiera, de todo el mundo465.
Así se desliza en el mundo contemporáneo una gran variación res- pecto de la felicidad: se sustituye el proyecto personal de vida por
la adquisición de unas determinadas condiciones materiales de bienestar y de seguridad. «Al hombre medio de nuestra época la i-
nseguridad le parece infelicidad», soporta mal los riesgos y neces- ita «seguros» y garantías continuos. Así la felicidad pasa a depen- der de los objeos y los procedimientos técnicos, se despersonali- za y se vuelve objeto de planificación: depende del estado m o de que me toque la lotería. Con ello, disminuye el espíritu de aventura respecto de la propia vida: la novedad se compra y se utiliza según un manual de instrucciones, pero no se encuentra de una manera personal; la felicidad se convierte en objeto de consumo, está «en oferta».
El ideal contemporáneo del bienestar ha evolucionado últimamente hacia formas de calidad de vida en las cuales la comodidad y la d- iversión (15.9) se han convertido en elementos centrales y acaso excesivos, puesto que se concede una importancia enorme al est- ado de salud, al cuidado del cuerpo, a la evitación de molestias de todo tipo, a formas de ocio y de trabajo donde prima la comodidad, la rapidez y las sensaciones fuertes, al disfrute de adelantos tec- nológicos y de novedades gratificantes y plancenteras, al tener en definitiva. Y así, se entiende por calidad de vida la supresión de t- odo esfuerzo que no se dirija a aumentarla a ella misma, aunque d- espués no se sepa exactamente qué es un proyecto de vida verd- aderamente personal y enriquecedor.
En esta actitud es donde se encuadra el consumismo (13.7) y la elevación de la comodidad al rango de valor primero. La comodidad es la actitud que busca evitar la dificultad, el esfuerzo, el sufrimie- nto y, en general, todo lo molesto. Es uno de los valores y de los avances más centrales en nuestra cultura, y rechazarla sería hip- ocresía, pues nadie está dispuesto a quedarse sin luz o agua cor- riente en su casa. Pero convertir esto en ideal de vida es propio de gente que aguanta mal el sufrimiento y que sólo piensa en sí mism- a. Por eso, la queja, la debilidades y la blandura suelen acompañar este soft way of life, que tiene muchas manifestaciones en la con-
ducta práctica, entre otras haberse acostumbrado a obtener ense- guida todo lo que a uno se le antoja, y buscar sólo el sentirse a gusto, tener placeres y no contrariedades, ni siquiera un poco de frío o de sed. Cuando se vive así, el dolor y los dolientes (16.1) es como si no existieran y uno fácilmente cae en una existencia cap- richosa, superficial (15.9) y poco solidaria con los necesitados. Y esto ronda ya la injusticia y el egoísmo, porque uno no se priva de nada, mientras a los pobres les falta de todo.
Como veremos más adelante (16.4), un ideal de felicidad que no t- enga en cuenta el dolor está incompleto y genera insatisfacción: a- costumbrarse a no sufrir nos hace más débiles. Pero es que ade- más, es un ideal de vida que da poca felicidad, y en el cual influy- en enormemente el individualismo (9.9) y el interés pragmático por uno mismo. La consecuencia es que mucha gente tilda los tiempos en que vivimos de amorfos, pasivos, poco interesantes, y, a la ho- ra de la verdad llenos de intereses egoístas, de un materialismo bastante insolidario, y sin valores morales verdaderamente profun- dos. Es una queja hoy universal: hay como un vacío.
«Esa pregunta fundamental que el hombre se hace de vez en cua- ndo, si es feliz, ha dejado de hacerse y la razón es que se da por
supuesto que la felicidad consiste en que se cumplan ciertas co- ndiciones»466. Pero a pesar de ello, lo cierto es que «el bienestar
por sí mismo no produce felicidad; es simplemente un requisito de ella… La felicidad no consiste simplemente en estar bien, sino en estar haciendo algo que llene la vida». Esto es lo que hoy muc-
has veces se olvida, y sin embargo es lo más verdadero que se p-
uede decir sobre la felicidad. Pero la gracia está en que la búsqu-
eda de la felicidad corre por cuenta de cada uno, porque es la r-
ealización de un proyecto personal.