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3.2 Knowledge Revision Algorithms

3.2.1 Overcoming incorrect knowledge

El proyecto vital se perfila cuando se encuentra la verdad que va a inspi- rar los propios ideales (5.7). Corresponde más propiamente a la juventud

el diseño de ese proyecto. Por eso es el tiempo de la esperanza y las

expectativas. La madurez consiste en conocer, asumir y recorrer la dist-

ancia que separa el ideal de su realización. En la madurez cabe: renunciar al ideal, porque está demasiado lejos de la realidad asequible, o seguir r- ealizándolo, sin que la distancia que siempre hay de cualquier idea a su p- uesta en práctica nos haga renunciar. Según se haga una cosa u otra se adoptará una postura pesimista y pasiva, u otra optimista y constructiva. Un buen proyecto vital y una vida planteada son aquellos que se articulan desde convicciones que articulan la conducta a largo plazo, con vistas al fin que se pretende, y que orientan la dirección de la vida, dándole sentid- o. Las convicciones (5.9) crecer en el humus de la propia experiencia de trato con las cosas, el mundo y las personas. Son como el depósito de e-

sa experiencia, una coherencia y constancia de propósitos en el modo de

encarar la realidad y decidir la conducta. Las convicciones contienen las

verdades inspiradoras de mi proyecto vital422. Con ellas se perfecciona el arte de vivir, que tiene carácter moral423 (3.6.4).

La realización de las pretensiones y de los proyectos vitales que nos har- án felices asume la forma de una tarea o trabajo que hay que realizar (5.7). La propia vida humana puede concebirse como la tarea de alcanzar

la felicidad. Tiene la estructura de la esperanza, pues ésta se funda en la

expectativa de alcanzar en el futuro el bien amado arduo (2.4.2). El senti- do de la vida aparece entonces como la tarea que hay que realizar para

alcanzar ese bien. En esa tarea se distinguen varios elementos fundame-

ntales424:

1) El primer elemento es la ilusión, que podemos definir como la realizaci-

ón anticipada de nuestros deseos y proyectos. La ilusión proporciona optimismo, y nos impulsa hacia delante. Su ausencia provoca pesimismo

y parálisis en la actuación, pues suprime la esperanza de alcanzar lo que se busca al declarar que no es posible, que no hay nada que hacer. Por el contrario, la ilusión produce alegría: nos induce a querer ser más de lo que somos, es el requisito para el verdadero crecimiento humano425. La ilusi-

ón se nutre de esperanza y gozo, de vitalidad, energía o «ganas» para emprender la acción. Es una motivación para actuar. La motivación se n- utre de la ilusión, y nos da una percepción positiva, activa y gustosa del f- uturo inmediato que nos espera.

2) Toda tarea necesita un encargo inicial, una petición de que la llevamos a cabo, una orden que nos ponga en marcha, un misión que nos sea e-

ncomendada. En realidad quien encarga es la verdad encontrada, puesta

en boca de aquel que la tiene. Cuando nadie encarga, no hay ninguna tar- ea ni misión que llevar a cabo: faltan los objetivos y viene la desorientaci- ón (5.1). Pocas veces sucede que el hombre se autoencarga la tarea y la misión que le corresponde en la vida: otras muchas aparece como oportu-

nidad ofrecida (6.5). Los proyectos vitales son muchas veces fruto de una llamada que alguien nos hace para que los asumamos, puesto que la

vida humana no se construye en solitario. En el inicio de toda tarea se da una ayuda originaria, que es el acto de asignarnos esa tarea, algo propio de la autoridad política (6.9). De ella depende la organización del trabajo y la puesta en marcha hacia los fines del grupo o de la persona que recibe esa asignación. La ayuda originaria o misión responde a la pregunta: ¿q-

ué tenemos que hacer?

3) La ayuda originaria suele ir acompañada de la entrega de recursos, c- asi siempre insuficientes (13.3), para llevar a cabo lo encargado. La reali-

zación de los ideales es trabajosa y esforzada. Exige una creatividad,

una inventiva para encontrar el camino. Partimos de los recursos iniciales, pero necesitamos más. Los recursos siempre resultan escasos para la

tarea que queremos llevar a cabo. Esto es una constante en el a vida

humana: hay que administrarlos bien, y atender con buena economía a su conservación e incremento.

Surge así la necesidad de una ayuda acompañante que proporcione nue- vos recursos para atender a las necesidades que van surgiendo al llevar adelante la tarea. Se trata de evitar que se paralice. La ayuda acompaña- nte adviene en forma de amistad y compañía en el camino, de enseñanza y orientación acerca de cómo superar determinados obstáculos y así

ganar tiempo, de diálogo que nos sostiene en los momentos duros, de p-

réstamos de instrumentos necesarios, de subvenciones y dotaciones e- conómicas, etc.

4) Toda tarea humana encuentra dificultades y conlleva riesgos. La libe- rtad misma es arriesgada. Lo más normal es que se encuentre adversari- os, es decir, personas que se oponen a ella, o que de hecho la paralizan o dificultan, aún sin proponérselo. Las dificultades de la tarea son connatu-

rales a ella (16.2): hay que contar con eso, porque casi todas provienen

de la escasez de los recursos y de las propias limitaciones. Toda tarea

humana concita amores y odios. Cuanto más alta es la empresa que est-

amos llevando a cabo, mayores son esas relaciones. Sabemos (5.9) que hay muchas formas de rechazar la verdad y aquí se experimentan. 5) Arrostrar todas las dificultades, eludir a los adversarios y perseverar en el esfuerzo se justifica porque el bien futuro que pretendo no es para

mí sólo. El fin de la tarea es llegar adonde queríamos, conseguir el fruto, el

resultado. Pero la esperanza es incompatible con la soledad: en toda

tarea hay un beneficiario, una persona, distinta al sujeto que la realiza,

que recibe los beneficios que produce. A él se le otorga el fruto de nuest- ros esfuerzos. Alguien sale ganando. Si no hay un beneficiario, alguien a

quien dar, la tarea se vuelve insolidaria y, a la postre, aburrida y sin senti-

do. La plenitud de la tarea es que su fruto repercuta en otros, que mi esf- uerzo se perpetúen en forma de don y beneficio para los demás, para las instituciones y la sociedad (9.6).

La vida humana tiene de ordinario los elementos que se acaban de descri- bir: es, básicamente, el trabajo de realizar una tarea. Cuando falta alguno de esos ingredientes, se vuelve incompleta; entonces el sentido de la vida disminuye, e incluso se pierde, y con él la felicidad. Si no hay un encargo inicial, no sabemos qué hacer, y la determinación de «por donde tirar» nos lleva un tiempo grande, hay vacilaciones, cambios de dirección, actitudes de perplejidad, etc. en especial cuando falta ilusión. Sin encargo inicial el

proyecto y la ilusión por él no se consolidan. Si no hay ayuda, la tarea

naufraga por falta de recursos, por dificultades y por ataques de los adv- ersarios. Si no hay beneficiarios, ni siquiera tiene sentido empezar y arro- strar el esfuerzo de llevarla a cabo: es mejor quedarse en casa cómoda- mente y ser uno mismo el único beneficiario (17.1). Es lo que tiene menos riesgo, pero es lo menos multiplica la riqueza (13.4).

La estructura que se acaba de explicar puede reconocerse en tareas grandes, como la conquista de México por Hernán Cortés o el primer viaje de Colón, o en tareas normales, como entrar a trabajar como enfermera en un hospital, ingresar en una orquesta o hacer una tesis doctoral. Los ejemplos pueden multiplicarse cuanto se quiera. La vida es una tarea, un conjunto de tareas con estos ingredientes. Importa mucho captarlo. La

felicidad aparece ya al inicio, cuando hay ilusión y una labor por delante que da sentido al futuro: hay que construirlo. Pero también aparece des- pués, a lo largo de ella, y en especial cuando la hemos concluido. Nada

más feliz ¡por fin! Haber terminado, llegar a casa, poder descansar despu- és del esfuerzo. Entonces surge una nueva forma de felicidad (8.6). 8.5 EL SENTIDO DE LA VIDA

Apenas hemos dicho nada hasta ahora del sentido de la vida. Podemos describirlo como la percepción de la trayectoria satisfactoria o insatisfa-

ctoria de nuestra vida. Descubrir el sentido de la propia vida, es pues,

alcanzar a ver a dónde lleva, tener una percepción de su orientación gen- eral y de su destino final. Si se ven las cosas a largo plazo, lo importante es el final, el destino (17.1). Pero normalmente, como se ha dicho antes, la vida tiene sentido cuando tenemos una tarea que cumplir con ella. Eso es lo que, al despertarnos, introduce un elemento de estabilidad, de ilusión, de expectativa concreta, y por tanto de una cierta felicidad para el día que comienza.

«Cuando hay felicidad se despierta al día, que puede no ser muy grato, c- on un previo sí. Si uno se despierta con un sí a la vida. Con el deseo de que siga, de que pueda continuar indefinidamente, eso es la felicidad. En cambio, si esa cotidianidad se ha roto o se ha perdido, si uno despierta a la infelicidad que está esperando al pie de la cama, no hay más remedio q- ue intentar recomponerla, buscarle un sentido a ese día que va a empeza- r, ver si puede esperar de él algo que valga la pena, justifique seguir vivi- endo»426. Esto quiere decir que el sentido a la vida «no se identifica con

la felicidad, pero es condición de ella», pues cuando falta, cuando los

proyectos se han roto, o han llegado a existir nunca, comienza la persona tarea de encontrar un motivo para afrontar la dura tarea de vivir.

Por tanto, la pregunta por el sentido de la vida y del mundo surge cuando se ha perdido el sentido de orientación y de uso de la propia libertad, cua- ndo no se tiene una idea clara de adonde conducen las tareas que la vida a todos nos impone, y sobre todo cuando disminuye el nivel medio de la f- elicidad de una sociedad.

Hoy ese sentido aparece muchas veces como algo problemático y de nin- guna manera evidente, pues hay una fuerte crisis de los proyectos vitale-

s427, de los ideales y valore: faltan convicciones, no hay verdades grand- es ni valores fuertes en los que inspirarse de manera natural, sobreviene la falta de motivación y la desgana, no se percibe ninguna orientación d-

efinida, decae la magnanimidad (6.5) en los fines, el proyecto vital está c- onstantemente en revisión, los ideales no son suficientemente valiosos p- ara justificar el aguantar las dificultades que conlleva ponerlos en práctic- a, etc.428. La ausencia de motivación y de ilusión es el comienzo de la p-

érdida del sentido de la vida. Puede llegar a constituir una patología psíq-

uica y ocasionar sentimientos de inutilidad, de vacío, de frustraciones e i- ncluso depresiones (16.5)

Cuando no se encuantra el sentido del propio vivir, sólo hay dos solucion- es: «una posibilidad es la atomización de la vida, la equivalencia, siempre fraudulenta, de los placeres o los éxitos con la felicidad; y esto conduce a la inauntenticidad, a la vida en hueco; las personas que no encuentran sentido a sus vidas y llenan de placeres o de éxitos como equivalentes, hacen trampa y dejan introducirse la falsedad en su vida». Es lo que ver- emos enseguida (8.8.2). La otra posibilidad es reconocer con sinceridad la pérdida de sentido: esto es el nihilismo (8.8.1).

Responder de una manera convincente a la pregunta por medio del senti- do de la vida exige dos cosas: tener una tarea que nos ilusione y enfrent-

arse con las verdades grandes (5.7, 15.3), con los grandes interrogantes

de nuestra existencia. Quien sabe responderlos, encuentra una dirección satisfactoria para su vivir e incrementa tremendamente su expectativa de felicidad en la realización de sus tareas ordinarias, pues sabe lo que ver- daderamente le importa, lo que se tomo en serio: «¿qué me importa de

verdad? Es el camino para la pregunta por el sentido de la vida»429. Dic- ho de otro modo: saber cuáles son los valores verdaderamente important- es para mí es lo que hace posible emprender la tarea de realizarlos. Dicho crudamente: se es hombre cuando se tiene saber teórico y capacidad p-

ráctica para responder a estas tres preguntas: ¿Porqué estoy aquí? ¿Por qué existo? ¿Qué debo hacer?430. Encontrar la respuesta es uno de los empeños del libro.