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System Parameters of influence

En este cuadro universal que presenta a hombres y pueblos en peregrinación hacia el Dios cercano, íntimo y trascendente, hay que detenerse en la original experiencia de Israel25. Sociológicamente hablando, si consideramos los grandes imperios con los que se fue entretejiendo su historia, un pueblo pequeño y marginal; y sin embargo sujeto de una inédita experiencia religiosa que le confirió un estatuto particular en la historia de las religiones. En él quedaron plasmadas de un modo compendiado y paradigmático no sólo las búsquedas religiosas de los hombres, sino también el esfuerzo de Dios por acercarse a la vida de un pueblo, y en él, al género humano en su conjunto.

Al respecto dice el Concilio Vaticano II que “el fin principal de la economía antigua era preparar la venida de Cristo, redentor ʹͷ ˆǤ Ǥ ǡŽ ‹•–‡”‹‘ †‡ ‹‘•ǥǡ ͸ͳǦ͹ʹǤ ƒ”ƒ — •‡‰—‹‹‡–‘ ‰‡‡”ƒŽ †‡ Žƒ• ’”‹…‹’ƒŽ‡•–‡ž–‹…ƒ•„À„Ž‹…ƒ•ǡ˜‡”Ǥǡ‘•Ž‹„”‘•›ŽƒŠ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ‹„Ž‹ƒǡƒ‡‹–‘ǡ —‡‘• ‹”‡•ʹʹͲͲ͵Ǥ  …‘‡–ƒ”‹‘ ƒ……‡•‹„އ ’ƒ”ƒ “—‹‡‡• ‘ •‘ ‡•’‡…‹ƒŽ‹•–ƒ•ǣ ǡ ‘‡–ƒ”‹‘ƒŽ–‹‰—‘‡•–ƒ‡–‘ȋʹ˜‘ŽȌ›‘‡–ƒ”‹‘ƒŽ—‡˜‘‡•–ƒ‡–‘ǡƒƒ•ƒ†‡Žƒ ‹„Ž‹ƒǡƒ†”‹†ͳͻͻͷǤ

universal”, y que aunque ésta contenga “elementos imperfectos y pasajeros [...] [también presenta] enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre”; por lo que “encierra tesoros de oración y esconde el misterio de nuestra salvación” (DV 15). Sin una referencia profunda a la economía antigua no se entiende el alcance y significado del evento Jesucristo.

Del “Dios de los Padres” a Yahveh “Dios del Pueblo”

El pueblo hebreo tuvo su prehistoria en tiempo de los patriarcas, hacia el 1800 a.C., con figuras como Abraham, Isaac, Jacob (cf. Gen 12-50). Personajes de origen arameo cuyas existencias históricas concretas quedan indisociablemente unidas al legendario relato mítico; con sus vidas tribales de beduinos nómades, pero conscientes de que el Dios Él, propio de entornos semitas, les había hablado y los acompañaba en su derrotero por la “media luna de las tierras fértiles”, en el cercano oriente, en búsqueda de mejores pastos para sus animales y oportunidades de crecimiento para ellos mismos. Por eso, sus costumbres no eran tal vez muy diferentes de aquellas otras propias de los pueblos mesopotámicos que vieron surgir importantes ciudades estados como las de Ur, Uruk y Lagash.

Es de notar que en Abraham, sobre todo, fue personalizada la posterior historia itinerante de Israel. Como sucede en historias análogas con otros pueblos que magnifican y veneran la personalidad del protopadre, percibimos en la historia bíblica de Abraham significativas coincidencias con las vicisitudes vividas posteriormente por el pueblo hebreo. Así como éste tuvo que dejar

en olas sucesivas la tierra de Egipto, ya que según las diferentes tradiciones, las futuras tribus de Israel tuvieron que huir o bien fueron expulsadas, también Abraham realizó su “peregrinación en el fe” (según consta en Gn12,1ss.). Atribuyó esta iniciativa a Yahveh del mismo modo que el pueblo hebreo había reconocido su mano poderosa en la mediación de Moisés, hacia el 1200 a.C., en la liberación de Egipto (cf. Ex 15). Por último, Abraham selló una alianza con Yahveh que prefigura la celebrada por Israel en el desierto. Por medio de estas experiencias transformadoras, el “Dios de Abraham, Isaac y Jacob” (Gn17,1-8; 32,25-31; Dt 32,8-9) pasará a ser el “Dios de Israel” (Ex3,1-15; 20,1-11; 33,17-23).

Significado y alcance de la Alianza

La importancia del éxodo, aparejado a la promesa de ocupar Palestina y multiplicarse como las estrellas del cielo, quedará ratificada y celebrada en la alianza que el pueblo pactará con su Dios en el desierto (cf. Ex 19,1-20,21). Según consta en las versiones bíblicas que disponemos, que evidentemente suponen una lectura e interpretación teológica posterior y estilizada de lo acontecido, Yahveh se comprometía a proteger a Israel, y el pueblo a no tener otro dios más que Él. Surgía de este modo el denominado monoyahvismo: Yahveh será para Israel el único Dios, y no tendrá otro:

“Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Dios. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano como

una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás en los dinteles de tu casa y en tus puertas” (Dt 6,4-9).

El pacto o alianza era celebrado, de este modo, al estilo de aquellos de vasallaje entre reyes cananeos, según el cual un rey más poderoso se comprometía a proteger a los más débiles a cambio del pago de un tributo y de aportar, llegado el caso, hombres para la guerra. El mismo consolidará la identidad de Israel como nación: los hebreos ya no serán más una serie de clanes sueltos, sino una nación confederada; no sólo con un padre común legitimado por las recurrentes genealogías que lo “demostraban”, sino sobre todo con una notable identidad religiosa: una nación consagrada a Yahveh (Dt 7,6). A partir del Sinaí, los hebreos se autoconsiderarán “el pueblo de la alianza”, y mantendrán firme esta convicción y experiencia más allá de las vicisitudes de su agitada historia colectiva26.

En esta alianza se verán legitimadas las diversas normas no sólo de tipo religioso y cultual, sino también moral y social (cf. Ex 21-23). Si bien el trasfondo y contenido de estas últimas no será muy diferente a las de otros pueblos que también podían inspirarse en el código de Hammurabi, un rey amorreo del siglo XVIII a.C. que a partir de Mesopotamia incidió legislativamente en toda la región, la motivación última para su cumplimiento reclamará ser siempre de orden trascendente. Porque es en todas sus dimensiones que Israel se capta “pueblo de Dios”, sujeto de una elección particular. Y esta capacidad de recepción creativamente religiosa será válida también para otro tipo de influjos, por ejemplo culturales, como los que se harán sentir tanto de otros pueblos semitas como, sobre todo, de

Egipto; tal como puede verse, por ejemplo, en la literatura sapiencial deProverbios.

Del “Dios del Pueblo” al “Dios del Universo”

A medida que su presencia se estabilice en Palestina y vayan siendo desplazados o conquistados otros pueblos cananeos como los filisteos, Israel irá cobrando un carácter sedentario27. En realidad esto fue posible –junto con el afianzamiento de instituciones como la celebración anual de la pascua y el primer liderazgo carismático de los jueces, entre los que acabó destacándose Samuel– principalmente debido a la aparición hacia el siglo X a.C. de los reyes, quienes acabaron imponiéndose como forma de organización política pese a la resistencia de algunos sectores del pueblo (1Sam 8; 10,17-24), con personas como Saúl, David (sobre todo) y Salomón.

Con ellos, la autoridad política y religiosa se irá centralizando. Se construirá el imponenteTemplode Jerusalén (1Rey5,15ss.) en el que “la gloria de Yahveh” inhabitará (2Cr5,11ss.), se desplegará un culto fastuoso de la mano de sacerdotes y levitas (Lev21,1ss.), y se establecerá un calendario de fiestas anuales: la de la Pascua, que conmemoraba la salida de Egipto y la celebración de la Alianza (Ex 12,1ss.); la de las Semanas, como acción de gracias por las cosechas (Lev 23,15ss.); la de las Tiendas, que recordaba los cincuenta años pasados por Israel en el desierto (Lev 23,33ss.); el día de la Expiación, para purificar los pecados del pueblo (Lev 23,26); y la fiesta de la Dedicación, con la cual se renovaba la

consagración del mismo Templo (2Cr7,1ss.). Todo israelita estaba obligado a “subir a Jerusalén” al menos una vez al año, especialmente para la primera de las fiestas, que era la más importante. De hecho, el Arca que la conmemoraba había sido instalada en el Santo de los Santos (2Cr5,2ss.).

En el fragor de este proceso de consolidación nacional, dejarán de cumplirse algunas leyes socio-religiosas, como la del jubileo cada cincuenta años, que establecía un nuevo reparto equitativo de las tierras, la liberación de deudas y servicios personales (cf. Lv 25,8-17). Más aún, es posible que en realidad nunca haya terminado de cumplirse esta legislación. Por eso, de una relativa comunión de bienes vivida en los tiempos nómades se irá pasando, vía reparto de tierras durante la conquista y posterior sedentarización, a un progresivo desequilibrio social; en el que la corte, los funcionarios del Templo y los altos mandos del ejército radicados en Jerusalén sacarán provecho en detrimento del pobre, la viuda, el huérfano y el extranjero. Incluso después de Salomón – el rey que se hizo famoso por mundanizar la corte de Israel con el influjo de costumbres de pueblos vecinos traídas por las mujeres de su harén, a través de las cuales procuraba pactar con otras naciones–, una crisis política (1 Re 12,1ss.) conducirá a Israel al cisma en dos reinos: el del norte, con capital en Samaria, y el del sur, con capital en Jerusalén (1Re12,20ss.)28.

El movimiento profético que se inicia hacia el siglo VII se caracterizará por denunciar las injusticias de atropello, corrupción, inequidad y especulación que, teniendo su origen en el alejamiento

de la alianza, generará una progresiva pauperización y conflictividad en todo el territorio. Los profetas observan que

“adiestran sus manos para el mal: el príncipe impone exigencias, el juez actúa por soborno, el poderoso declara su propia codicia y él y ellos lo traman. Su bondad es como un cardo, su rectitud como un espino [...]. El hijo deshonra al padre, la hija se alza contra la madre, la nuera contra la suegra” (Mq7,3-4.6; cf. Am5,21-24).

La crisis moral que se acentúa en las clases dirigentes preanuncia, a la mirada de estos “hombres de la palabra”, el inminente castigo de Dios; cuyas expresiones más elocuentes serán la toma de Samaria (en 721 a.C. por los asirios) y la de Jerusalén (en 587 por los caldeos), la destrucción del Templo, la deportación masiva a Babilonia y la desestructuración de la vida socio-cultural y religiosa del país. El profeta Jeremías se expresará en estos términos:

“¿Cómo te voy a perdonar por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el no-dios. Yo los harté, y ellos se hicieron adúlteros [...]; renegaron de Yahveh diciendo: ‘¡Él no cuenta! ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni espada ni hambre veremos! Cuanto a los profetas, el viento se los lleve, pues carecen de Palabra’ [...]. Por haber hablado ellos tal palabra [...] voy a traer contra ustedes una nación de muy lejos, ¡oh casa de Israel! – oráculo de Yahveh–; una nación que no mengua, nación antiquísima aquélla, nación cuya lengua ignoras y no entiendes lo que habla [...]. Comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus ovejas y vacas, comerá tus viñas e higueras; con la espada destruirá tus plazas fuertes en que confías” (Jer5,7ss.).

Pero la peor catástrofe nacional del Israel bíblico podrá ser leída por los profetas del exilio también de modo providencial. Pagados sus pecados e iniquidades, en medio de naciones extranjeras, Israel será “Siervo” de Yahveh. Tendrá la misión de dar

a conocer su nombre en medio de los pueblos para que en el “Día de Yahveh” todos ellos se dirijan a Sión, reconstruyan Jerusalén y den culto al único y santo Dios del universo29. El edicto de Ciro en 538 será leído en este sentido como parte de un orden providencial (Esd1,1-4).

“Yahveh me dijo: ‘Tú eres mi siervo (Israel), en quien me gloriaré [...]. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra’ [...]. Lo verán los reyes y se pondrán de pie príncipes, y se postrarán por respeto a Yahveh, que es leal, al Santo de Israel, que te ha elegido” (Is49,3.67).

Expectativas mesiánicas en el judaísmo postexílico

Sin embargo, el regreso del destierro no será tan resplandeciente como lo imaginaba el segundo Isaías (Is 40-55)30. Muchos, de hecho, prefirieron no volver: por ejemplo, los levitas, que de acuerdo a la nueva legislación del rey Zorobabel no sólo ya no tendrían templo, porque había sido destruido, sino que además pasarían a cumplir funciones subordinadas a la de los sacerdotes. Otros, sentían que Palestina era algo lejano o desconocido para sus vidas ya establecidas en Babilonia. Por último, los intereses y egoísmos de los que regresaron o se habían quedado en la tierra de Israel podrán más que el ideal religioso madurado en los duros años del destierro. La reconstrucción del Templo quedará para ʹͻ  ‡ˆ‡…–‘ǡ ’‘†‡‘• †‹•…‡”‹” ‡ ‡Ž –‹‰—‘ ‡•–ƒ‡–‘ǡ †‡ Žƒ ƒ‘ †‡Ž ‘˜‹‹‡–‘ ’”‘ˆ±–‹…‘ǡ—ƒ…ƒ†ƒ˜‡œž•…Žƒ”ƒ’‡”…‡’…‹×†‡Žƒ•ƒ–‹†ƒ†›—‹˜‡”•ƒŽ‹†ƒ††‡ƒŠ˜‡Šǣ…ˆǤ šʹͶǡͳͷǦͳ͹Ǣ–Ͷǡ͵ʹǦͶͲǢ ͸ǡͶǦͷǤͳͶǦͳͷǢ ͳ‡ͺǡͳͲǦͳ͵ǤʹʹǦʹ͵Ǥʹ͹ǦʹͻǢ ͳͺǡͳ͹ǦͶͲǢ ͳͻǡͺǦͳͶǢƒŽ ͳͲͶǡͳͻǦʹͲǢ•͸ǡͳǦͷǢͳͳǡͳǦʹǢͶͲǡͳͺǦʹ͵ǤʹͺǢͶͳǡʹͳǦʹͶǢͶʹǡͳǢͶͶǡ͸ǦͳͳǢͷ͵ǡ͵Ǧ͸ǤͳͲǦͳʹǢ͸͸ǡͳ͵Ǣœ ͳǡͶǦͷǤʹ͸ǦʹͺǢͳ͸ǡͳǦͳͷǢ͵͸ǡʹͶǦʹͺǢ‡”ʹͲǡ͹ǤͻǢ͵ͳǡͻǤ͵ͳ••Ǣ•ʹǡͳ͸ǦͳͺǤʹͳǦʹʹǤʹͷǢͳͳǡͳǤͺǢŽ͵ǡͳ••Ǣ ƒ„ͻǡͳ͹Ǥ ͵ͲǤǡ‘Ǥ…ǤǡͻͳǦͻͺǤ

después (cf. Esd4,24); y además, por cuestiones de pureza racial y religiosa, se producirán diferencias con los samaritanos (cf. Esd 4,1ss.): a decir del emergente grupo de los fariseos, estos habrían corrompido las costumbres contrayendo matrimonio con miembros de otras etnias del entorno.

Al anterior influjo de la cultura egipcia, notable en los primeros libros sapienciales del Antiguo Testamento, seguirá el del naciente helenismo31, como puede apreciarse en los libros delEclesiásticoy Sabiduría. Éste se irá imponiendo al paso de la ocupación de Alejandro Magno, y tendrá su momento más dramático, en tiempo de los Seléucidas, con Antíoco IV. Surgirá la inédita experiencia de martirio en medio de las tribulaciones (cf. 2 Mac 6,18-7,42), la del sufrimiento del inocente (atestiguado enJob), y la de la vanidad de la vida (enEclesiastés). Simultáneamente, Israel irá madurando una percepción entre sapiencial y apocalíptica del modo que tiene Dios de hacerse presente y actuar en la historia humana32; como así también el progresivo descubrimiento de que tiene que haber una retribución de inmortalidad para aquellos que permanecieron fieles a la ley, ya que Yahveh no puede abandonar a los que le fueron leales (cf. Sab4,7-19).

EnAlejandría, en cambio, que era la principal comunidad de la diáspora, los hebreos irán asimilando con más naturalidad la cultura helenística (y un ejemplo preclaro es el derrotero de Filón33), pero sin perder el núcleo de su identidad religiosa. En esta pujante ͵ͳ„ǤǡͳͳͷǦͳʹʹǤ ͵ʹ‘„͹ǡͳ͸ǦʹͳǢͳͻǡʹͷǦʹ͹ǢͶʹǡʹǦ͸ǢʹͺǢʹͲǦʹͺǢ”‘˜ͺǡʹʹǦʹͶǡʹͻǦ͵ͳǢ…ŽͳͳǡͷǢƒ„͹ǡʹʹǦʹ͹ǢͻǡͳǦ ͷǤͻ••Ǥͳ͹Ǣ͹ǡͻǦͳͲǤͳ͵ǦͳͶǢͳʹǡʹǦ͵Ǥͳ͵Ǣʹƒ…͹ǡͻǤͳͳǢͳͶǡͶ͸ǢƒŽ͹͹ǡͳͶǦʹͳǢ͹ͺǡͳǦ͹ʹǢͳ͵ͷǢͳ͵͸Ǥ ͵͵ —“—‡ ‘ †‡Œƒ †‡ •‡” …—”‹‘•‘ ‡Ž ‘†‘ ˜‡”–‹‰‹‘•‘ …‘ “—‡ Dz•‡ ƒ†ƒ’–×dzǣ †‡•’—±• †‡ Šƒ„‡”‡šŠ‘”–ƒ†‘ƒ–‘†‘•Ž‘•“—‡‡•–ƒ„ƒ…‘±Žƒ”‡•‹•–‹”ƒŽ‘•‹˜ƒ•‘”‡•›†ƒ”Žƒ˜‹†ƒǡ±Ž•‡ –‡”‹×‡–”‡‰ƒ†‘Ǥ‘•–‡”‹‘”‡–‡ǡ•‹‡„ƒ”‰‘ǡ•—ƒ’‘”–‡ƒŽŒ—†ƒÀ•‘†‡Žƒ†‹ž•’‘”ƒ‡ އŒƒ†”Àƒˆ—‡‘–‘”‹‘Ǥ

ciudad, cuando para los judíos el hebreo ya no sea la lengua corriente e incluso muchos ya no la comprendan, la Torah será traducida al griego en la versión de los LXX. El nombre hace alusión a los setenta escribas que “misteriosamente” pudieron acordar un texto común34.

A la ocupación griega sucedió la romana. En Palestina serán frecuentes losbrotes revolucionariosal estilo del de los macabeos. Los celotes constituirán un partido religioso que caminará en esa línea de resistencia (judía), y acabará en el 74 d.C. con la destrucción y exterminio de Masada. Barrabás sería uno de ellos (cf. Jn18,40).

A su vez, entre los siglos II a.C y el II d.C., en medio de este clima de tensión política, surgirán otros dos grupos religiosos, que aspirarán a una mayor pureza y fidelidad a la alianza. Por un lado estaban los esenios, que hoy conocemos mejor gracias a los hallazgos de Qumrâm, y que se caracterizaban por una mirada apocalíptica de la historia. Pensaban que su vida intensa de oración y recogimiento aceleraría el advenimiento del Reino de Dios. Llevaban vida de monjes, y eran gobernados por el “Maestro de justicia”. El otro grupo era el de los fariseos, laicos piadosos surgidos a partir de la destrucción del Templo, que con un talante más tradicional contribuían a mantener vivo el espíritu nacional- religioso en torno al estudio y culto sinagogal de la Ley. Eran los referentes principales de Israel, con gran autoridad cívico-religiosa. Por lo tanto, el partido más importante y respetado.

Pero también estaban lossaduceos, que en realidad se habían acomodado al nuevo orden de cosas y muchas veces cumplían

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funciones administrativas, como las de recaudadores de impuestos, o incluso tetrarcas o gobernadores. En general eran muy mal vistos por el pueblo, por razones fáciles de comprender. Por último, existían grupos bautistas, de carácter más popular y con líderes carismáticos, que ponían el acento en el tema de la conversión. Juan Bautista será el exponente más representativo de esta corriente escatológica.

En este clima de efervescencia político-religiosa, con fuertes y diversificadas expectativas mesiánicas; con un Israel “entrenado” en el ejercicio de aprender a reconocer el paso de Dios por la historia, pero simultáneamente desconcertado por los avatares de su historia reciente, y sobre todo por la falta de profetas que se los interpretara, de sacerdotes que renovaran la alianza y de reyes que le hicieran experimentar más claramente la presencia de Yahveh en medio de ellos; advendrá el Profeta escatológico, el Mediador de la nueva y definitiva Alianza, el hijo de David cuya realeza no será de este mundo.

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Ejercicio de aplicación:

1) Relacionar: a) religión; b) revelación; c) fe, y d) teología.

2) ¿En qué consiste la experiencia religiosa y cuáles son sus manifestaciones más significativas?

3) ¿Qué tipologías religiosas reconoce la fenomenología de la religión? Caracterizarlas brevemente.

4) ¿Cuáles fueron las principales etapas en la evolución de la experiencia creyente del pueblo de la Primera Alianza? ¿Qué acontecimientos signaron esa transición?

5) ¿En qué sentido el tiempo postexílico dispone y prepara el advenimiento de un Mesías?

II. El Dios de Jesucristo en la plenitud de los

tiempos (siglo I)

En plena expansión romana, en tiempos de Augusto y en el cruce de un cambio de época, nacerá Jesús: en Belén, un pequeño pero significativo pueblo para la tradición bíblica, perteneciente a una provincia marginal del Imperio, la de Siria, en la tetrarquía de Judea, siendo Herodes procurador. Sabemos estas cosas gracias a que los autores de los evangelios, especialmenteLucas, insistieron en estas referencias históricas, a medida que el transcurso del tiempo, el distanciamiento geográfico del lugar de los hechos y el progresivo influjo de la gnosis, hacían correr el riesgo de interpretar el evento Jesucristo como fenómeno mítico o doceta (cf. Lc 2,1-6; 3,1-2.23)35.

A respaldar estos datos de la tradición bíblica vienen algunos testimonios oficiales no cristianos, si bien escasos, como no podía ser de otro modo en los albores de un nuevo movimiento socio- religioso. Los más significativos van del 64 al 110 d.C.: por ejemplo, Tácito, Suetonio, Trajano y Plinio, hacen referencia a una “ingente” secta judía en peligrosa expansión, que siguen a un tal “Cresto”, y que se va infiltrando en el imperio; sobre todo después de la destrucción del segundo Templo y la diáspora del 70. El mismo Nerón no había dudado en acusar a los cristianos de la quema de ͵ͷƒ”ƒ–‘†‘Ž‘”‡ˆ‡”‡–‡ƒŽ‡•‹•–×”‹…‘ǡ…ˆǤǤǡŒ—†À‘ƒ”‰‹ƒŽǤ—‡˜ƒ˜‹•‹×†‡Ž ‡•ï• Š‹•–×”‹…‘Ǥ ǣ Dzƒ• ”ƒÀ…‡• †‡Ž ’”‘„އƒ › Žƒ ’‡”•‘ƒdzǢ Ȁͳǣ Dz—ƒ › ‡•ï•Ǥ Ž ”‡‹‘ †‡ ‹‘•dzǢȀʹǣDz‘•‹Žƒ‰”‘•dzǢǤDz‘’ƒÓ‡”‘•›…‘’‡–‹†‘”‡•dzǡ‡”„‘‹˜‹‘ǡ•–‡ŽŽƒͳͻͻͺǦ ʹͲͲͲǤ ƒ ƒ’”‘š‹ƒ…‹× ž• •‹’އ ƒ Žƒ ‹•ƒ –‡ž–‹…ƒǣ Ǥǡ‡•ï•Ǥ ƒ „‹‘‰”ƒˆÀƒǡ †Šƒ•ƒǡ—‡‘•‹”‡•ʹͲͲ͹Ǥ

Roma, en 64, por lo que ya entonces debía ser una minoría identificable36.