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3. Chapter Three: Methodology

3.4. Participants and Sampling

El tratado de León Batt ista Alberti “De Re Aedifi catoria” fue editado por primera vez en 1485, y es, hoy día, un texto imprescindible y de enorme valor para comprender el fenómeno del Renacimiento. El tratado de Alberti no es una guía para comprender la tradición clásica, sino que pretende fundar unos principios universales de la arquitectura. Estos principios universales persiguen alcanzar los tres principios surgidos de la triada vitruviana y que Alberti denomina “necessitas”, “commoditas” y “voluptas”. El primer nivel de la “necessitas”, desarrollado en los libros I al III del tratado, trata del arte de la construcción. El segundo nivel de la “commoditas”, que desarrolla en los libros IV y V, trata de los usos de los edifi cios y de las diferentes tipologías que resuelven su funcionamiento. El tercer nivel de la “voluptas”, lo desarrolla en los libros VI al IX, y trata de la estética de la arquitectura. Alberti insiste en que los tres niveles se deben alcanzar de una manera simultánea e integrada en la arquitectura. Es por esta razón, que en el desarrollo de sus planteamientos a lo largo del tratado, sus ideas también se integran unas con otras persiguiendo la cohesión y el equilibrio de su teoría.

El edifi cio como un cuerpo vivo

El modelo del artista del Renacimiento es la naturaleza. Una naturaleza que, según una conocida afi rmación de Pitágoras es “en todo absolutamente idéntica a sí misma”85, y en la que las partes están interrelacionadas entre sí. Alberti denomina a esta interrelación armonía o “concinnitas”. La proporción juega un papel primordial en la consecución de la armonía, pues es a través de la proporción que se consigue la interrelación de las formas, las superfi cies y los volúmenes de la arquitectura.

La belleza

En el capítulo V del libro IX de su tratado, Alberti explicala manera de alcanzar la belleza en la arquitectura poniendo como ejemplo nuestra percepción de la belleza del cuerpo humano.

deseosos de saber por que raçon fabricaban tanto, que nosotros, negligentes, y enemigos del saber que es nuestra profesión, y arte, y en este aiuntamiento. Segun Arquitecto rentisno, se allaron de Grecia y de Egipto, ebreos, y caldeos, y latinos, Y siendo todos Juntos, vinieron a decir que los edifi cios fuesen repartidos por el menor mundo que era el cuerpo del hombre…» García, Compendio de architectura y simetría de los templos, conforme a la medida del cuerpo humano con algunas demostraziones de geometría, año de 1681, 1.

85 Alberti, De Re Aedifi catoria, 387.

Fig. 35. Proporciones de la mujer. Frente. Juan de Arphe y Villafañe. “De varia conmesuracion” 1585

Fig. 36. Proporciones de la mujer. Dorso. Juan de Arphe y Villafañe. “De varia conmesuracion” 1585

“…la belleza es un cierto acuerdo y una cierta unión de las partes dentro del organismo del que forman parte, conforme a una delimitación y una colocación de acuerdo con un número determinado, tal como lo exigiere la armonía, esto es, la ley perfecta y principal de la naturaleza. A este último concepto, a la armonía, se ciñe el arte de la construcción lo más posible, de ella obtiene la dignidad, el encanto, la autoridad y el valor que posee“.86

Alberti está de acuerdo con los autores de la antigüedad en que el edifi cio es como el cuerpo de un animal y que para delimitarlo se debe seguir el procedimiento de la naturaleza. Puntualiza, sin embargo, que entre los cuerpos creados por la naturaleza hay algunos que son tenidos por hermosos mientras que a otros se les considera feos.

Alberti advierte en su investigación que los cuerpos considerados como hermosos no son todos idénticos, e incluso puede resultar que sea en aquello que es diferente, donde pueda radicar alguna cualidad que haga conceder a un cuerpo una especial gracia, confi riendo a “un cierto criterio innato en los espíritus”87 la capacidad de juicio sobre dicha belleza.

Advierte también que no todos los cuerpos son iguales, sino que existe en la naturaleza una variedad adecuada a la distintas necesidades de cada ser vivo. Es por esto que el cuerpo de la mujer y el del hombre se diferencian, estando el uno adaptado para poder engendrar y el otro no. Entre las distintas especies estas diferencias “funcionales” se hacen más patentes: el cuerpo del camello está adaptado para poder vivir un largo período de tiempo sin agua, el de la jirafa para poder alcanzar su alimento en las alturas... Esta variedad se deberá refl ejar también en los edifi cios, que también sirven a diferentes fi nes y funciones.88

Recurre en su explicación a los ejemplos de la naturaleza del cuerpo humano, admitiendo la variedad de criterios para considerar la belleza de un cuerpo o un objeto, pues resulta obvio que cada persona puede tener diferentes opiniones sobre la hermosura de uno u otro cuerpo, si bien, estas diferentes opiniones no son totalmente subjetivas. Para Alberti, “cada cuerpo consta de unas partes determinadas que le son propias”89,

86 Ibid., 385.

87 Ibid., 383.

88 «…nuestros antepasados…al observar qué hábitos seguía la naturaleza en lo que se refi ere al organismo en su conjunto y a cada una de las partes que lo componen, se dieron cuenta de que, desde el origen de los tiempos, los organismos no siempre estaban sujetos a proporciones iguales –a ello se debe que se creen cuerpos esbeltos, gruesos y medianos-; y al observar que entre un edifi cio y otro existían diferencias de fi nes y funciones, según lo expuesto en los libros anteriores, comprendieron que debían existir asimismo diferencias en el arte de la construcción.» Ibid., 385.

89 Ibid., 384. Fig. 37. Proporciones del

hombre. Frente. Juan de Arphe y Villafañe. “De varia conmesuracion” 1585

Fig. 38. Proporciones del hombre. Dorso. Juan de Arphe y Villafañe. “De varia conmesuracion” 1585

y, si se suprimiese o hiciese mayor o menor, o se trasladase alguna de esas partes a un lugar inadecuado, se echará a perder la coherencia del cuerpo y desaparecerá la belleza. La belleza del cuerpo, tanto del hombre como del edifi cio, radicará en aquellos elementos que, si se eliminan o transforman, la hacen desaparecer.90 Así sucedería, por ejemplo, con un hombre al que le faltara un ojo o tuviera un brazo mucho más largo que el otro.

Existen para Alberti tres elementos fundamentales que condicionan la belleza de los cuerpos, el número, la colocación y la delimitación.

La delimitación es una “determinada correspondencia recíproca entre las líneas que defi nen las dimensiones”91. Las relaciones numéricas necesarias para que se produzca una correspondencia armónica entre las dimensiones de una habitación son, para Alberti, las mismas que se producen en las consonancias musicales. Los antiguos griegos habían desarrollado su escala musical a partir de unos números determinados obtenidos de la proporción que guardan las cuerdas consonantes. Obtuvieron la octava o diapasón cuando pulsaban la mitad de la longitud de la cuerda, la quinta o diapente cuando la longitud era de dos tercios de la cuerda, la cuarta o diateseron deberán estar en una relación de tres cuartos de la cuerda, por último, el tono que se correspondía con ocho novenos de la cuerda. A partir de estas relaciones de números sencillos Alberti va a desarrollar una teoría de la proporción en la que profundizaremos más adelante.

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