5. The Technogym case of study
5.3. PE role in the IPO
El autor Hanifan (1920) generó las primeras perspectivas a dicho término, para poder explicar la importancia que posee el compromiso comunitario en la satisfacción de las necesidades sociales del Individuo, en la cual se destacan las redes sociales y las nuevas normas de reciprocidad podían cooperar en beneficio Mutuo (Hanifan, 1920). A partir de esto, es que el autor Bourdieu instrumentalizó el concepto al cual acuñó y desde el análisis “en que los beneficios que tienen los individuos a partir de su participación en determinados grupos en la construcciones de relaciones sociales con el mero
objetivo de crear este capital” (Forni, Siles, Barreiro, 2004; 2). En lo cual
define este capital como la posesión de una red duradera de relaciones desde el sujeto al entorno institucional que genera un reconocimiento mutuo (Bourdieu, 1985)
Por lo cual, desde esta perspectiva es que se levanta el planteamiento del capital social hacia los grupos más excluidos de la sociedad, ya que constituye un medio a través del cual es posible acercarse a otros capitales, ya sean estos económicos o culturales. Desde esta lectura es que la estructura de relación social hace que los individuos puedan pretender tener accesos a los recursos que se componen en la sociedad.
“Desde allí que, a través del capital social , los actores pueden obtener acceso directo a sus recursos económicos ; pueden incrementar su capital cultural gracias a los contactos con expertos o individuos refinados o de manera alternativa, asociarse a instituciones que otorguen credenciales valoradas”(Portes en Forni, Siles, Barreiro, 2004; 2). Asimismo, para el autor Coleman (1990) el capital social es algo esencial en la estructura de las relaciones sociales, por lo cual el capital social consiste en “una diversidad de entidades con dos elementos en común: todos consisten en algún aspecto de la estructura social y facilitan ciertas acciones de los actores dentro de la estructura” (Coleman, 1990; 302).
Desde las conceptualizaciones de los autores, Putman realizó un giro al análisis del Capital Social, donde pretendía comprender los problemas sociales que presentan las colectividades, sin dejar al desmedro a los sujetos, sino focalizándolo sobre una tendencia comunitaria hacia la cooperación en post del bien común en un estructura, por lo que definió el Capital Social desde “los aspectos de la organización social tales como confianza, normas, redes, que pueden mejorar la eficiencia de una sociedad al facilitar la acción coordenada” (Putman, 1993; 167). Es decir, se puede
quienes lo poseen y promueva cursos de acción orientados a mejorar el nivel de vida e inclusión social en los sujetos (Piña, Tua, Espinoza, 2011).
Es importante señalizar que el capital social aporta una enorme potencialidad, puesto que permite a las personas aprovechar las redes sociales existentes por el Capital en que se sitúan, obteniendo mayores beneficios, sus relaciones de confianza y en el sentido de los miembros de una sociedad “sentimientos de solidaridad y normas y relaciones de reciprocidad, que pueden facilitar la cooperación y por consiguiente, el logro de metas individuales o colectivas que de otra manera seria difícil de realizar o imposible de realizar” (Coleman en Cuéllar y Bolívar, 2009, 207)
Asimismo, la integración social supone la manifestación tangible del Capital Social de los individuos, que pueden inferirse desde diferentes estratos sociales, instituciones o centros decisión (Cuéllar y Bolívar, 2009), las cuales son inferidos bajo la premisa del acceso y capacidad social para la “obtención de recursos y para el otro, uso de recursos, en un ambiente de desigual distribución de estos en la sociedad, atendiendo posiciones sociales de los individuos y sus redes” (Cuéllar y Bolívar, 2009; 109)
Redes Sociales
A través de lo dicho anteriormente, la característica fundamental del capital social es su representación y exposición práctica evocada a lo relacional, por lo que la conformación de Redes sociales “estimula la cooperación en tanto fomentan el desarrollo de normas solidas de reciprocidad; facilitan la comunicación y mejoran el flujo de información acerca de la confiabilidad de los individuos en traspasaciones pasadas” (Piña, Tua, Espinoza, 2011; 5). Por lo cual, desde esta perspectiva, los individuos parten de la capacidad de establecer diferentes relaciones fuera de su grupo de confort, “el individuo establece relaciones superando los agujeros estructurales, cuenta con un grado mayor de capital social, sus redes de relaciones le otorgan (..) Un mayor control sobre la información, la que le otorga mayores posibilidades de acción” (Piña, Tua, Espinoza, 2011). A través de esta superación se
comprende “el vínculo de sí mismo hacia la sociedad abarca la reapropiación de sus derechos y de su lugar en la sociedad” (De Robertis, 2012: 41)
Compromiso cívico
La importancia del compromiso cívico desde la perspectiva del Capital Social, radica “en los efectos que sobre las conductas de los individuos que participan en asociaciones civiles, así como también los resultados que logra la comunidad en su conjunto” (Piña, Tua, Espinoza, 2011; 13). Esta
dimensión es sumamente relevante, ya que es la mayor representación de una población portadora de Capital Social, inferida desde esta lógica de Civismo, la cual infiere en el grado de participación de los individuos en los asuntos públicos, destacando la premisa del ser Ciudadano en una sociedad. Las redes de compromiso cívico parten desde el entendimiento de los hábitos y responsabilidades compartidas en un espacio colectivo, Putnam (1993) comprende esta dimensión desde:
“(…) la expresión de interacciones horizontales y representan un componente esencial del capital social. Tanto más densas las redes de una comunidad, tanto más probable que los ciudadanos colaboren en ella para
bien de todos” (Puntman, 1993; 204) El autor Marshall (1997) planteó que la Ciudadanía “es el status que se otorga a los miembros de una ciudadanía de pleno derecho de una comunidad” (Marshall, 1997; 312-313), comprendiendo desde esta misma
perspectiva que la Ciudadanía Social debe abarcar, el “disfrutar los derechos civiles y políticos, además de derechos sociales definidos como todo el espectro desde el derecho mínimo de bienestar económico y seguridad, al derecho a participar de un patrimonio social y a vivir la vida de un ser civilizado conforme a los estándares corrientes de la sociedad (…) (Marshall, 1997; 302-303).
Por lo tanto, este vínculo de ciudadanía y lo expuesto por el capital social, surge por la necesidad “reforzar otros elementos sociales que vinculen a
estas personas con la ciudadanía, así como reorientar el concepto de interdependencia y la aportación a la sociedad, bajo otras dimensiones más allá del cálculo de la adaptación económica como productividad social (Díaz, 2010; 123). Por lo cual, el vínculo de ciudadanía:
“Se sitúa a priori, por la pertenencia reconocida a una comunidad y no a posteriori, como productor de riqueza (social o económica) a dicha comunidad. Sería de justicia distributiva el facilitar y garantizar el acceso a las personas de toda población a esos estándares mínimos, redistribuyendo la riqueza para la cobertura de las necesidades básicas, contribuyen a la creación de esa riqueza social” (Díaz, 2010; 12)
La presencia de personas en situación de calle en condiciones tan severas de exclusión y vulnerabilidad, sin acceso a los mínimos de subsistencia, debieran ser garantes de ciudadanía, pero visualizando que estos derechos son prácticamente ajenos a dichas personas, tanto las instituciones públicas como sociedad civil debieran ser responsables de velar como partícipes del bienestar social hacia las personas en situación de calle (Avramovich, 2006), no sólo con el propósito de que las personas superen la Situación de Calle, sino que a la vez éstas sean reconocidas y visibilizadas, para romper así paulatinamente con la categorización10 negativa con la que es asociada (Bermúdez, 2009).
A través de este reconocimiento, la acción comunicativa juega un rol sumamente relevante desde el fragmento de la interacción social, en la que se determina como un elemento concluyente en el proceso de sociabilización
“la dinámica comunicativa define la recepción y la reproducción cultural, la integración social y el desarrollo de personalidad y la identidad personal”
(Garrido, 2011: s/p).
A raíz de lo anterior, los fundamentos de la Acción Comunicativa se presentan como explicación de las dinámicas de intersección,
10
Entendiendo que “no se trabaja con individuos como tales…sino que emerge al interior de una categoría analítica determinada…consecuentemente, si la categorización social se realiza en término estigmatizadores, esos sujetos llevarán esa marca en forma persistente” (Matus, 2002: 1).
comprendiendo estas acciones como motor de conductas de los sujetos, por lo que deben ser reconocidas a la sociedad, lo cual constituye la idea de “reconocimiento compartido, este es un tema relevante para entender el concepto de liberación en la acción política, como un medio de reconocimiento e integración de las personas en la decisiones de carácter público” (Garrido,2011; s/p).
En este sentido la comprensión de la exclusión social existente y el capital social son parte del recurso a los problemas de poblaciones excluidas, en donde es de real importancia comprender, restaurar y potenciar canales de comunicación con esta problemática, para así efectuar actividades que permitan desarrollar movimientos para su propio beneficio y ser capaces de generar vínculos afectivos y recíprocos con que puedan enfrentar la sociedad y el contexto en el que se sitúan y de la toma de oportunidades a la población excluida.
Entonces, por medio de la teoría del Capital Social se busco generar transformaciones, reconociendo que las Personas en Situación de Calle cuentan con recursos tanto personales como sociales que les entrega la oportunidad de desarrollar capacidades para logar una mejor calidad de vida. Por ello es necesario que esta población logre pasar de un estado pasivo, a uno activo, además de que retoma el control de su realidad y participe en la toma de decisiones. Frente a lo anterior Rondeau señala que “el individuo
empoderado siente que tiene más control y poder sobre su mundo exterior, y utiliza esta nueva manera de verse a sí mismo en el momento de la toma de decisiones” (Rondeau, 2000: 241).