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6.2 Design is from somewhere

6.2.3 Pedagogical logic and collaborative learning

Uno de los fundamentos principales a la hora de seguir indagando en mi práctica artística es precisamente la idea de que esta no está separada de mi vida cotidiana per se. Existe una estrecha relación entre el poder de creación que existe en el día a día y la forma en la que lo materializo en ideas de acción, investigación y producción.

Esto quiere decir que no hay una separación entre el artista y la persona, puesto que la misma realidad es un signo de interrogación que abordo desde el arte, no que la vida sea una obra artística por sí sola, sino que el arte está dentro de la vida y se consumen mutuamente en un proceso simbiótico de interpelación subjetiva y colectiva.

El artista chileno Alfredo Jaar pronunció en una entrevista que es “incapaz de crear una sola obra de arte que no sea en respuesta a un hecho real”, los cuales son presentados como problemas, en donde la indagación creativa es una res- puesta de investigación hacia estos mismos. Es exactamente este planteamiento el que está manejado en el proyecto de grado, el cual sostiene que el problema es el miedo y éste se vive a través de la cotidianidad, o la idea del mismo, de manera tanto interna como externa; y se convierte en una serie de espacios momentá- neos de reflexión que adquieren dimensiones sociales mayores al estar desplega- das en la vía pública.

De la misma manera está constituida una de las piezas más reconocidas de la carrera de Jaar: Estudios sobre la Felicidad (1979-1981). Es un proyecto de Arte que consiste en la instalación de mensajes a través de distintas técnicas comuni- cativas cuestionando la felicidad de la población en Santiago durante la dictadura del general Augusto Pinochet en Chile. La obra se apropió del espacio público para intervenir entre los habitantes de la ciudad con una pregunta tan simple que contiene una inmensa carga política: ¿Es usted feliz? Y por medio de encuestas, carteles y entrevistas, abría canales de comunicación en un período donde la idea de la subversión y la oposición eran totalmente silenciados, mostrando que cada acción no estaba mediada por una pretensión de estar frente una obra de arte que predisponía a los participantes a estar doblegados ante tal experiencia. Es realmente todo lo contrario: un instante que se vuelve arte porque socava en la conciencia, volviéndose una expresión que desde ella misma se entrelaza con todas las demás esferas sociales de la población que es mediada (imagen 20, 21, 22).

LA VIDA / EL ARTE

Uno de los fundamentos principales a la hora de seguir indagando en mi práctica artística es precisamente la idea de que esta no está separada de mi vida cotidiana per se. Existe una estrecha relación entre el poder de creación que existe en el día a día y la forma en la que lo materializo en ideas de acción, investigación y producción.

Esto quiere decir que no hay una separación entre el artista y la persona, puesto que la misma realidad es un signo de interrogación que abordo desde el arte, no que la vida sea una obra artística por sí sola, sino que el arte está dentro de la vida y se consumen mutuamente en un proceso simbiótico de interpelación subjetiva y colectiva.

El artista chileno Alfredo Jaar pronunció en una entrevista que es “incapaz de crear una sola obra de arte que no sea en respuesta a un hecho real”, los cuales son presentados como problemas, en donde la indagación creativa es una res- puesta de investigación hacia estos mismos. Es exactamente este planteamiento el que está manejado en el proyecto de grado, el cual sostiene que el problema es el miedo y éste se vive a través de la cotidianidad, o la idea del mismo, de manera tanto interna como externa; y se convierte en una serie de espacios momentá- neos de reflexión que adquieren dimensiones sociales mayores al estar desplega- das en la vía pública.

De la misma manera está constituida una de las piezas más reconocidas de la carrera de Jaar: Estudios sobre la Felicidad (1979-1981). Es un proyecto de Arte que consiste en la instalación de mensajes a través de distintas técnicas comuni- cativas cuestionando la felicidad de la población en Santiago durante la dictadura del general Augusto Pinochet en Chile. La obra se apropió del espacio público para intervenir entre los habitantes de la ciudad con una pregunta tan simple que contiene una inmensa carga política: ¿Es usted feliz? Y por medio de encuestas, carteles y entrevistas, abría canales de comunicación en un período donde la idea de la subversión y la oposición eran totalmente silenciados, mostrando que cada acción no estaba mediada por una pretensión de estar frente una obra de arte que predisponía a los participantes a estar doblegados ante tal experiencia. Es realmente todo lo contrario: un instante que se vuelve arte porque socava en la conciencia, volviéndose una expresión que desde ella misma se entrelaza con todas las demás esferas sociales de la población que es mediada (imagen 20, 21, 22).

Es esta idea de la acción la que busco presentar ante las personas en su cotidia- nidad con este proyecto, en una ciudad en constante flujo, rápida y hostil, que está comunicada a través de la desinformación y desentendimiento colectivo. La idea de la pieza es unificar las miradas, los pensamientos o la reacción en simples instantes de intercomunicación.

Las dificultades sociales siempre han sido un motor de creación, puesto que se manifiestan a través del cambio y la intención del mismo. Chile es un gran ejem- plo de esto, puesto que, en su historia, la época de la dictadura fue una plataforma de rebelión constante por el medio alternativo del arte, ya que la protesta supone una subversión no permitida. La práctica artística permite un equilibrio entre lo poético y lo más crudo de la realidad, estando en un vaivén de constantes inda- gaciones hacia la sociedad y todas las posibles brechas creadas o quebradas en la

misma.

Bajo esta premisa, también funcionaba el colectivo Chileno C.A.D.A. (Colectivo de Acciones de Arte), también activos durante la dictadura de dicho país. Este colectivo encontraba la unión entre política, cotidianidad y arte como un entrela- zado de coyunturas que se unían para hacer entender nuevas posibles realidades dentro de las que habitaban. Para ellos, “ir creando las verdaderas condiciones de vida de un país no es solo un trabajo político o de cada hombre como un trabajo político, corregir la vida es un trabajo de arte, es decir, es un trabajo de creación social”, que era en sí una manifestación artística para “describir, y sobre todo, mejorar la vida”.

Una de sus primeras obras compartía una estructura similar a la planteada en el proyecto de grado: La fragmentación de acciones como método de práctica es la que se utilizó en la pieza Para no morir de hambre en el arte, y consistía en una pieza multifacética de acciones que respondían al problema del hambre y pobreza durante la dictadura, convirtiendo la leche en un símbolo que podía representar lo irrepresentable de la situación política. La pieza se componía de varias acciones: entregar litros de leche a las periferias de Santiago, desfilar camiones de leche a través de la ciudad, presentar anuncios de página completa en periódicos, alterar la fachada de un museo con una tela blanca grande, promulgar, emitir a través de parlantes localizados afuera del edificio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL un discurso crítico y llenar una caja de acrílico con 100 bolsas de leche en una galería. (imagen 23, 24, 25)

La leche, la felicidad, el miedo, son coyunturas y problemáticas que, más allá de su contenido literal, esconden un cuestionamiento que pone en movimiento la activación que necesita la práctica artística como engranaje activo de la reali- dad, y estos manifiestan la sorpresa como un quebrantamiento de la racionalidad esperada, desorganizando la programación de la cotidianidad que parece haber anulado la capacidad de desorden debido a su automatismo, y convirtiéndola en un espacio de infinitas posibilidades estéticas y políticas. La cultura no está sola- mente articulada a las instituciones que la investigan o contienen, lo que no entra en ellas se convierte en “cultura social” (Neustadt, 2001).

A pesar de que el Arte como institución permea una gran cantidad de prácticas dentro de las esferas sociales, tanto las obras previamente mencionadas como el proyecto de grado juegan en la intermitencia que permiten reconocer momentos

de creación dentro y fuera del cubo blanco. Se vuelve una serie de intermedia- ciones desde la misma institución para desbordarse hacia campos más extensos. “En otras palabras, si uno no puede escaparse de lo que quiere criticar se monta el ataque desde adentro” (Neustadt, 2001), por lo que existe una hegemonía de prácticas expositivas aún presentes. El hecho de que sea presentado en una gale- ría o museo le otorga un carácter consagratorio, sin embargo es el concepto de registro el que excede su carácter documental, se transforma en una propuesta estética que considera tanto el proceso como el resultado en una misma presen- tación de ideas enfocadas hacia la visibilización de las mismas, por lo que no se trata de una simple puesta en escena, es un proceso de creación colectivo que sucede en distintas etapas y siempre le apuesta a la idea del cambio, ya sea desde su accionismo, hasta la apreciación del mismo.

Volviendo a la pregunta existencial que ha invadido la mente de todos los estu- diantes de arte, artistas o creativos y que de manera personal tuve en el proceso de mi pregrado: ¿Para qué sirve el arte? Devienen muchas posibles respuestas hacia una pregunta tan amplia. En términos pragmáticos, el arte responde a un mercado específico muchas veces dirigido hacia la élite socioeconómica que puede costear y entrar en dicho mercado. Sin embargo, cuando se aleja de las costumbres de compraventa propias del neoliberalismo, el Arte está siempre en constante comunicación con nuevas fronteras. Para el CADA, el proyecto de mejorar el mundo corresponde al arte, y “se corrige la realidad como se corrige un texto, una escultura o cualquier obra de arte”. Pensar la práctica artística no como un detonador de cambio, sino más bien como un constructor de ciudadanía, una intermediación entre memorias, democracias y accionismos, una aspiración a “transformar cada pedazo de la realidad en un objeto artístico” (Neustadt, 2001), sin pensar que el arte en sí mismo cambia el mundo, sino que por medio de prác- ticas artísticas se plantea el problema de cambiarlo; de encontrar nuevos canales de comunicación dentro de las mismas hegemonías de circulación, de reconstruir y deconstruir todas las capas sociales que empiezan, terminan o que son transita- das con el arte, de ampliar los espacios de vida afuera de los espacios de consumo. Problematizar el mundo supone empezar a crearlo desde nuevos paradigmas que nos invitan a concientizarnos como individuos dentro de un colectivo social que se expande cada vez más hacia otros espacios de diálogo, fuera de los lugares donde se nos permite hablar, tanto como artistas y como seres humanos.

(Imagen 20, Imagen 21, Imagen 22) Estudios sobre la felicidad, Alfredo Jaar, (1979- 1981)

(Imagen 23, Imagen 24, Imagen 25) Para no morir de hambre en el Arte. Colec- tivo de acciones de Arte CADA (1979)

¿A QUÉ LE TIENE MIEDO LA GENTE?