El tránsito de prescolar a primer grado resulta en muchos casos una experiencia poco agradable, que dificulta la integración y participación en las actividades académicas del nuevo curso escolar niñas y niños. Esto no es nada extraño, el separase de sus amistades, de sus espacios seguros, de sus apegos (padres, hermanos, abuelos, maestros de educación inicial) les representa una pérdida y un impacto, que a sus cortas edades les afectas en sus emociones. Por otra parte, se agrega la presión por la excelencia, en algunos casos, que se ejerce por el rendimiento académico, que suma frustración y temor por el nuevo sistema educativo.
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En este sentido es importante que se valore lo que implica una adecuada transición, la OEA (2009), plantea que:
Una transición exitosa se describe como el paso que hace el niño acompañado de sus padres y docentes, de una institución educativa o de cuidado a otra; paso para el que se encuentra preparado y en el que experimenta proximidad y continuidad con el nuevo ambiente debido a un currículo que se ajusta a su nivel de desarrollo, y a profesores preparados que están interesados en conocer al niño y su experiencia pasada. (p.15)
En algunos casos, las transiciones realizadas durante la Primera Infancia pueden resultar experiencias traumáticas que causen en las niñas y los niños desmotivación, generando dentro del sistema educativo fracaso escolar y deserción. En este sentido, es importante que se asuma con responsabilidad y verdadero compromiso que la preparación para la escuela es la base de una educación equitativa y de calidad.
Sobre este tema Keynes (2008),plantea que:
Para muchos niños pequeños la transición del prescolar a la primaria es un momento muy importante. Puede representar un estímulo para el crecimiento y el desarrollo, pero también, si es demasiado brusca o si se la maneja sin precaución, acarrea especialmente para los niños provenientes de ambientes desfavorecidos el riesgo de la regresión y el fracaso. Generalmente para los niños pequeños la transición a la escuela tiene una connotación fuertemente positiva. Los niños pequeños desean avanzar y para ellos el reto de la transición puede ser profundamente motivador. (p.60)
La preparación para una transición exitosa de las niñas y los niños de prescolar a primer grado, debe ser asumida como una tarea compartida responsablemente por tres actores claves en este proceso: el primero es la educación inicial, la cual
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les prepara con las competencias pertinentes y oportunas a sus necesidades e intereses; el segundo actor es el primer grado, que debe ser congruente con las competencias que han desarrollado las niñas y los niños en su etapa preparatoria (educación inicial) para que una vez que sean recibidos en este nuevo nivel se sientan seguras y seguros de sus capacidades, habilidades y valores.
El tercer actor clave en este proceso, son las madres y padres de familia, quienes deben ser garantes en la defensa de los derechos de sus hijos e hijas; procurando la identificación de instituciones educativas que retomen un enfoque pedagógico basado en la niña y el niño como constructores de sus propios aprendizajes y les respeten sus ritmos y estilos de aprendizaje.
La articulación entre estos actores educativos es un elemento fundamental para el éxito en los proceso de transición, particularmente en niveles tan sensibles como prescolar y primer grado; sin embargo, es importante destacar lo que señala el Ministerio de Educación (2016), acerca del compromiso que debe asumirse en este proceso de transición:
Es necesario, para garantizar el paso de un nivel a otro sin ruptura, mantener una intensa comunicación entre directores, educadoras, tutores y docentes de los dos niveles, para implementar un proyecto común, mediante un verdadero trabajo de equipo que genere una experiencia eficaz y beneficiosa en favor de los niños, que favorezca la puesta en común de los aprendizajes básicos en las áreas y la continuidad metodológica para una mayor integración. (p.13).
A continuación se presenta una serie de características sobre la base de un currículo favorable a las transiciones:
El marco curricular permita ser adaptado al contexto local. La adaptación no entendida como una simple diversificación de contenidos, sino como el mismo
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desarrollo del currículo a nivel de centro o programa, lo que permite que el currículo se ajuste a las necesidades, intereses, y características específicas de los niños y las niñas.
El marco curricular incluya aspectos referidos no sólo al aprendizaje y la preparación para la escuela, sino al desarrollo integral del niño, considerando y dando un rol central a metodologías centradas en el niño y la forma como aprenden, por medio del juego.
El currículo incluya contenidos específicos para poblaciones indígenas o migrantes (…)
Debe existir articulación no solo en los contenidos de todo el nivel de primera infancia y entre el último nivel de prescolar con el primer grado (…) sino en la metodología, la organización de los ambientes, los materiales educativos, etc. En la parte operativa debe optarse por una organización funcional de los objetivos o competencias o capacidades y actitudes en áreas, o ámbitos, o dimensiones, etc. que permitan la continuidad de los aprendizajes de una sección a otra y de un ciclo a otro articulando además el currículo de prescolar con el de primaria. En relación con los fundamentos que sustentan la propuesta, éstos deben incluir la información actualizada de las diferentes disciplinas, a fin de orientar el enfoque pedagógico, la metodología, las estrategias, los criterios de evaluación; especificando lo relativo al primer ciclo y al segundo ciclo por las peculiaridades de cada grupo de edad.
Sería deseable que se incluyera perfiles de egreso de los niños, para cada ciclo de manera que sirvan de referencia a los docentes, sobre los logros que se espera que alcancen los niños al finalizar cada ciclo.
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El currículo debería propiciar y permitir que los padres de familia participen en el proceso educativo de sus hijos, incluso en la formulación del currículo de la institución. (OEA, 2009, p.16)
Rol de la familia en el proceso de transición entre el nivel inicial (prescolar) y educación primaria (primer grado)
Docentes y educadores, en coordinación con las familias desempeñan un papel muy importante en el proceso de transición de las niñas y los niños de prescolar a primer grado; preparando experiencias en las que puedan participan, organizando actividades, materiales y espacios para que aprendan; los guían, cuestionan, explican, les ayudan a pensar, les enseñan a esforzarse, para que entiendan lo que los demás les dicen. Eso les permite reforzar lo que saben, adquirir más conocimientos, fortalecer sus capacidades para comunicarse; asumir responsabilidades y realizar actividades cada vez más autónomas. Las madres y padres de familia son los promotores eficaces en los proceso de transición, ayudando a sus hijas e hijos, desde el hogar para lograr el éxito en la escuela formal (Ministerio de Educación, 2016). La familia debe apoyar el proceso de transición de las niñas y los niños de prescolar hacia el primer grado fortaleciendo la independencia y la autonomía de sus hijas e hijos transmitiéndoles seguridad en sí mismos/as con amor y respeto.