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Uno de los componentes del método más singulares es la propuesta de conte- nidos educativos que ofrece, como alternativa a la tradicional división por materias. Esta elaboración responde a tres cuestiones que se plantean después de considerar los principios enunciados y sobre todo la función de globalización:

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¿Existe un procedimiento didáctico que reproduzca fielmente la forma na-

tural y espontánea de aprender?

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¿Puede prescindirse de la programación de los contenidos educativos reali-

zada a partir de la estructura de las ciencias?

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¿Los programas escolares pueden adaptarse a la psicología del niño?

A estas tres preguntas se les da una respuesta de conjunto en toda la obra de- croliana. Se responde con la definición de un programa de ideas asociadas y con un procedimiento de actividades básicas escolares.

12. F. Doreste expone las dificultades de aplicar la lectura global mediante frases preconcebidas y no sur- gidas de los propios niños. DORESTE, F. (1933): «La méthode Decroly en Espagne». Vers l’École Active. Año X, n. 5.

Las actividades básicas de la escuela

Tomando en consideración lo observado en los primeros años de la vida de los niños, los estudios sobre hombres primitivos y el método empleado por los científi- cos, el Dr. Decroly propone que las actividades básicas que han de vertebrar todo aprendizaje escolar sean: la observación, la asociación y la expresión.

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La observación es la primera actividad que debe proponerse la escuela ante

cualquier objeto de aprendizaje. La observación directa es el ejercicio pri- mordial para desvelar en el alumno el espíritu científico y crearle el hábito psicológico, la voluntad, la necesidad constante de volver a la fuente más segura, al ser, al objeto, al hecho tangible porque «nuestros juicios son acer- tados en la medida en que se fundamentan en sensaciones numerosas, de las cuales conservamos el recuerdo vivo y preciso, es decir, en la medida en que poseemos nociones adecuadas a la realidad»13.

Para nuestro autor, se debe partir siempre de la experiencia inmediata para poder llegar a conceptos más alejados. Esta actividad permitirá que la pri- mera aproximación a los objetos de estudio pueda ser global y que sola- mente tras la actividad mental realizada se pueda llegar por análisis a la adquisición de los conceptos específicos. Esta actividad deja en lugar im- portante a la educación sensorial que —a diferencia del método Montesso- ri— se realiza sobre objetos reales sin simplificar. Entre los ejercicios que habrá que realizar, son necesarios los de la medida y clasificación de lo ob- servado, iniciándose así el conocimiento de la matemática.

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La asociación es la actividad básica que debe seguir a la observación, por la cual las ideas y nociones específicas inmediatas se relacionan con otras, frecuentemente alejadas por la experiencia, ya sea por el espacio o por el tiempo. Esta actividad permite la ampliación del ámbito vital del niño, aña- diendo a sus experiencias personales —observación— las representaciones de otros. Por medio de la asociación de ideas se llegan a asimilar y a adquirir conceptos abstractos.

En esta actividad se procura la aproximación a otras realidades lejanas al niño, ya sea porque se dan en países alejados de nosotros o porque han ocu- rrido en otra época. El material didáctico habitual en la escuela sirve para realizar esta actividad, que siempre debe hacerse con posterioridad a la ob- servación.

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La expresión se produce después de observar y asociar, y mientras estas ac-

tividades se realizan. Por ella tiene lugar la comunicación imprescindible en cualquier actividad escolar. Bajo este término se incluyen desde la expresión abstracta del lenguaje hasta formas más concretas, que incluyen la activi- dad manual y artística en sus vertientes de precisión y creatividad. El len- guaje, y concretamente la lectura y escritura, a las que antes nos hemos referido, tienen aquí su espacio propio, dentro del conjunto de los aprendi- zajes escolares y, por tanto, pierde el espacio central en la escuela. Apren-

der a leer y escribir es necesario cuando se tienen cosas que comunicar, cuando la experiencia es rica y queremos compartirla, pero no tiene senti- do fuera de su contexto.

Una de las características más notables de las escuelas que aplican el método Decroly es justamente el ejercicio de estas tres actividades: observación–asocia- ción–expresión, las cuales se aplican siempre, cambiando el contenido o el contexto, según la edad de los niños y las circunstancias escolares, pero manteniendo el pro- cedimiento intacto. Posiblemente ésta es una de las aportaciones en pedagogía menos cuestionadas y es, no obstante, un elemento esencial de este todo coherente que es la obra decroliana.

El programa de los centros de interés

Otra de las respuestas más radicales de la obra que nos ocupa a la práctica es- colar tradicional es el programa escolar que se propone, y que rompe con la progra- mación por materias, perfectamente adaptadas a la secuenciación epistemológica de las distintas ciencias, para substituirlo por núcleos temáticos que denomina centros de interés14.

El centro de interés es un tema de enseñanza por la curiosidad y expectación que debe despertar en el alumno. En los primeros años, este centro de interés es for- tuito y la escuela debe aprovecharlo y incluirlo en su programación. De esto se de- duce que en el parvulario el método es muy abierto y ha de estar sujeto en cada momento a los intereses de los niños, favoreciendo el coleccionismo tan propio de la edad y la predisposición al juego.

Este planteamiento para las primera edades no podía ser la alternativa a toda la programación escolar y tampoco servía cuando la enseñanza se estructuraba en el grupo–clase donde convivían muchos niños y, por tanto, muchos intereses concretos distintos. Para los niveles más altos de la escolaridad era necesario profundizar en el es- tudio de la psicología infantil y obtener datos sobre los intereses del niño y del hombre. Como ya he dicho anteriormente, la globalización esta íntimamente relacionada con el interés. Sin interés no se da el aprendizaje, del mismo modo que no se produce ninguna actividad humana. El Dr. Decroly sostiene además que los intereses profundos de los niños nacen de sus necesidades y son la manifestación directa de los instintos.

Para conseguir aprovechar de manera efectiva y real el interés del alumno y convertirlo en programa escolar, considera que ha de dotarse a los individuos de dos tipos de conocimientos: primero, los que se refieren al conocimiento de sí mismo, a sus necesidades, posibilidades y aspiraciones, y, en segundo lugar, los conocimien- tos sobre el medio natural y social donde viven y donde han de satisfacer aquellas necesidades, posibilidades y aspiraciones.

En cuanto al conocimiento de sí mismo, Decroly —aplicando aquí su concepción biologista del hombre— propone que las necesidades básicas del hombre son de cua- tro tipos:

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El hombre para sobrevivir precisa de la alimentación. Ésta es una necesidad universal y prioritaria.

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Otra cuestión básica para vivir es la protección de las intemperies. Por ello, el hombre construye su hábitat y desarrolla múltiples actividades.

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Defenderse de los peligros y de los enemigos es otra necesidad que debe re-

solver el hombre si quiere conservar la vida en el medio natural.

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En el caso de tener satisfechas las tres necesidades ya descritas, el hombre

debe actuar y trabajar para transformar el entorno. El trabajo, es decir, la acción consciente de transformar el medio natural o social para realizarse. Según nuestro autor, estas cuatro necesidades básicas, en tanto que genera- les, son comunes a todos los niños y, por tanto, pueden ser la base del programa es- colar, convirtiéndolas en los cuatro grandes centros de interés del programa de ideas asociadas.

El tratamiento que se da a cada uno de estos centros de interés parte siempre del conocimiento de uno mismo y del hombre para ir abarcando de forma cíclica el estudio y conocimiento del medio natural y social con todos sus elementos. Así pues, partiendo del conocimiento de sí mismo se pasa al conocimiento del ambiente fami- liar, escolar, social y del medio natural, que se estudia a partir del mundo animal, el vegetal y el mineral.

En el método de las ideas asociadas cualquier objeto de aprendizaje puede re- ferirse a alguno de los centros de interés y se puede programar a partir de su rela- ción con el niño y sus necesidades y el medio en que vive y donde puede satisfacerlas. Todos los contenidos educativos de la escuela tradicional pueden ser objeto de apren- dizaje en este sistema; sin embargo, se estudiarán con una intencionalidad basada en las necesidades profundas del hombre y siguiendo el procedimiento de observa- ción–asociación–expresión y no en función de la estructura de las diversas ciencias que contiene el plan de estudios. Y ello porque la estructura de cada ciencia es una elaboración y no responde a los intereses del niño.

Esta novedad del método es, por un lado, la más divulgada sobre todo en la educación infantil y, al mismo tiempo, la más criticada, puesto que presupone una determinada concepción del hombre y del mundo, es decir, una opción previa que tiene una base intuitiva y filosófica que la hace más controvertida.

Como complemento al programa de centros de interés, no podemos dejar de citar otros aspectos que complementan el método y que ocupan un espacio impor- tante en el quehacer de l’École de l’Ermitage: los juegos educativos Decroly, la am- bientación de la clase y el medio social.

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Los juegos educativos Decroly, como se denominaron en una época, son una

serie de concreciones que plasmaban en la práctica el valor educativo con- cedido por nuestro autor al juego. Hasta el punto que afirma que toda tarea escolar debe presentarse como un juego estimulante. Los ejercicios que comportan repeticiones y ejercitación reiterada para fijar los conocimientos pueden ser fácilmente convertidos en juegos individuales y colectivos a los cuales los niños accederán orientados por el maestro, permitiendo su gradación, un elemento para el aprendizaje individualizado.

Árbol genealógico de la familia Decroly realizado por alum- nado de 12 años de l'École de l'Ermitage de Bruselas

Las medidas naturales: el palmo, la envergadura ayudan al alumnado a iniciarse en con- ceptos más abstractos: la media, la escala, el sistema métrico

El Dr. Decroly, con su colaboradora del Instituto E. Monchamp, nos presenta ya en 1914, en el libro titulado Iniciación a la actividad intelectual y motriz por

los juegos educativos15, una serie de posibilidades educativas que permiten la

utilización del juego como elemento motivador por excelencia de los aprendi- zajes escolares. La elaboración constante de juegos hechos a partir de materia- les diversos y fortuitos fue en l’École de l’Ermitage una práctica habitual.

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Con relación a la ambientación de la clase, en un centro donde se aplica

este método, lo primero que sorprende es la cantidad de material que se guarda en el aula. La premisa de educar por la vida implica la entrada en el centro escolar de los materiales más diversos, que, fruto del coleccionismo espontáneo del niño, van llegando sin cesar y que se encuentran en el medio vital del alumno. Este conjunto de materiales naturales diversos es de hecho el material didáctico, y sirve para observar, clasificar, sistematizar y ordenar. En otras propuestas, el material didáctico está elaborado; en esta propuesta, cualquier material puede ser objeto de aprendizaje y es útil.

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En cuanto al medio social, en l’École de l’Ermitage los alumnos desarrollan

responsabilidades ante el grupo de compañeros y existe una estructura de representación social que hace que la escuela se parezca a una sociedad adulta. Cada individuo dispone de una cierta libertad y, también, de res- ponsabilidades de las que habrá de dar cuenta.

La aportación de Decroly en el campo de la pedagogía es fruto, por un lado, de sus aportaciones y estudios en el campo de la psicología experimental, y por otro, de la experimentación educativa realizada por sus colaboradores del Instituto Decroly y de l’École de l’Ermitage. Es por ello que la obra escrita en el campo de la pedago- gía fue hecha siempre en colaboración con diversos autores tales como Decordes, Hamaide, Boon, Monchamp, Degan, etc. Su aportación en pedagogía no puede con- siderarse separada de la obra realizada en psicología; ello se debe a la consideración de psicopedagogo que tan acertadamente se le concede en la historia de la educa- ción y que hace inseparable sus teorías de la práctica educativa a que dieron lugar y que, añadido a la relatividad de su propuesta, le convierte en una de las voces más incisivas e interesantes de este siglo en el campo de la educación.

Influencia de la obra de Ovide Decroly