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PHYSICAL AND SUPPORTING MODEL ASPECTS

6. HIGH-TEMPERATURE MATERIALS

6.2 PHYSICAL AND SUPPORTING MODEL ASPECTS

En América Latina según datos de la CEPAL (1991) retomados por Uribe (2008), hay un considerable aumento de hogares con jefatura femenina, que se caracterizan por ser hogares sin hombre progenitor que resida en la vivienda de manera temporal o parcial, según Uribe, retomando a Barrón (2002) la familia monoparental se ubica en las familias contemporáneas y se encuentra articulada a nuevos tipos de familias.

Esta amplia y creciente presencia de familias monoparentales con jefatura femenina, se ha generado por transformaciones de tipo cultural, social y económico que están dadas en gran medida por el entorno y procesos de globalización, donde está presente la necesidad de reestructurar la vida, la búsqueda o generación de trabajos flexibles (“subempleo…, pérdida de los derechos laborales, aumento de la precariedad laboral”) (Uribe. 2008. Pág: 40), que transformaron las estructuras demográficas y familiares, por el control de natalidad y las migraciones a las zonas urbanas.

Así como las transformaciones son dadas por factores que el medio imprime, las mujeres han construido según Uribe (2008) un nuevo concepto de autonomía e independencia donde la participación y las capacidades de la mujer, les permite ser sin necesidad de estar sujetas a un hombre.

Hacia el Siglo XX en Colombia las familias no eran de exclusividad nucleares, pues en los niveles sociales altos predominaba la familia extensa, mientras que en los estratos medios prevalecía la composición nuclear; entonces el estereotipo de familia única e ideal no ha sido solo la nuclear. Cabe resaltar que estas transformaciones a lo largo del tiempo no discriminan el estrato socioeconómico, por lo tanto el aumento de familias monoparentales con jefatura femenina, se ha dado en igual medida en estratos bajos, medios y altos, además de en las principales ciudades del país.

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En Colombia, según el DANE para el 2010 el 34% de las familias estaban constituidas como familias monoparentales con jefatura femenina, aunque esta cifra no se encuentra disgregada entre los contextos rural y urbano. Sin embargo en la ENDS (2005) realizada por PROFAMILIA, si existe una distinción determinada por nivel educativo y socioeconómico, pues refieren que cuando el nivel educativo y social es alto se prorroga el periodo de reproducción; mientras que en los niveles educativos y sociales bajos, la natalidad se da en mayor proporción en edades tempranas.

Ahora bien, teniendo en cuenta que este es un referente a nivel general sobre la familia monoparental con jefatura femenina en el contexto colombiano y que la institución educativa donde se llevó a cabo la investigación está ubicada en un sector rural, es importante hacer énfasis en este sector en la medida en que esta tipología no presenta las mismas características, condiciones y por lo tanto estrategias de supervivencia en el sector rural que en el urbano.

5.2.2.1 La familia monoparental con jefatura femenina en el sector rural colombiano

A partir del censo realizado por el DANE en el 2005, Colombia contaba con una población rural de 11. 001.990 (25.7%), de la cual el 51.4% eran mujeres y el 48.6% hombres; mientras que en el censo general del 2003 el país contaba con una población en el sector rural igual a 11.600.000 (31%).

Según Pérez, retomando a Campillo (2002), en dicha población se generan múltiples actividades económicas y productivas en dos grupos principales: el agrícola y el pecuario las cuales son: la producción de alimentos, la generación de bienes agrícolas, las labores con diversos sistemas de producción en programas de reproducción biológica (ganadería y el mantenimiento de la unidad familiar y comunitario), procesos agroindustriales, y la comercialización de los productos; sin embargo, lo rural no es exclusivamente, lo agrícola, ni la sola expresión de la producción primaria, lo rural trasciende lo agrario (los medios de producción y reproducción) (Farah, M. Pérez, E.pág.4), hacen parte entonces los roles comunitarios y sociales para el establecimiento y mantenimiento de redes vecinales que permiten contar con apoyo, y contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida en el ámbito comunitario.

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Es de anotar, que en estas actividades predomina la mano de obra femenina que en muchas ocasiones no es remunerada ni reconocida; igual que sucede con las labores del mantenimiento de la vivienda, la finca y la familia que suelen ser asignadas al género femenino, sin ser tenidas en cuenta dentro de los aspectos productivos es decir: “La participación económica femenina rural asciende al 38.7% y evidencian que los datos oficiales generados por las encuestas de hogares ocultan la contribución económica de cerca de un millón de mujeres” (Pérez E. Pérez M. 2002. Pág. 58).

Lo que impone que la situación de la mujer en el contexto rural se dé en condiciones desventajosas, retomando a Pérez (2002), estas condiciones son la poca o no retribución económica del trabajo realizado, lo que les brinda menores posibilidades de capacitación por falta de recursos económicos pero que las continua manteniendo sometidas a las labores del hogar asignadas por el rol, de la misma manera a labores comunitarias que no son reconocidas, pues las asignaciones de recursos tanto materiales, como familiares y comunitarios se ven más restringidas. Así la brecha de género en el sector rural parece perpetuarse “gran parte de la contribución al desarrollo de la humanidad es invisible, y quienes lo realizan no obtienen ni el debido reconocimiento ni la justa recompensa económica” (Pérez E, Pérez M, 2002. Pág. 54). Sin embargo, retomando a Vargas (2009), los indicadores de calidad de vida de la mujer para ese año en lo rural mostraban mejores circunstancias, aunque aun eran evidentes las condiciones de desigualdad comparadas con las mujeres del sector urbano y los hombres en general.

“La participación de la mujer rural en la fuerza laboral se sitúa muy por debajo de la del hombre rural y de la de la mujer urbana, debido, entre otros factores, a su actividad en el ámbito doméstico. A diferencia de las zonas urbanas, la mujer rural suele ser la única responsable del trabajo doméstico. Esto, añadido al gran número de dependientes en áreas rurales debido a las altas tasas de fertilidad, limita la participación de la mujer en actividades productivas” (RUIZ, 2003. Pág. 10).

El sector rural en Colombia se ha destacado por una considerable pobreza marcada por el abandono Estatal, por lo cual Edelmira Pérez (2004), Bartolomé García (2000), el Ministerio de Agricultura (1994) y otros, afirman que la pobreza en este sector es cada vez más crítica por que

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las políticas que se han generado tienen una visión básicamente hacia la agricultura, aspecto que beneficia en gran medida los hacendados y empresarios, pero no contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de los campesinos. Proceso que se ha acentuado porque la descentralización política, administrativa y fiscal, retomando a Pérez 2007, ha establecido a los municipios como eje fundamental para los procesos de desarrollo y participación comunitaria.

Por otro lado, el ámbito educativo es otro aspecto determinante en la realidad del contexto rural, según el censo del DANE (2003) hombres y mujeres en un 76% estudian hasta los 15 años, edad en la cual asumen labores propias de este sector. Caro (1997) afirma que la búsqueda u obtención de trabajo implica el retiro de la formación académica, la cual regularmente no cuenta con las mejores condiciones, los docentes asignados cuentan con un nivel educativo medio.

Aunque, Pérez (2002) refiere que en Colombia en el sector rural, el nivel educativo y sus condiciones han mejorado, ahora afronta una crisis relacionada con lo social, institucional y ambiental. En cuanto a lo social los procesos migratorios a lo rural, han generado grupos poblacionales con condiciones de bienestar deficientes, algunos de estos grupos o familias están de paso en los lugares, lo que dificulta la organización para el acceso a programas o cobertura de nivel público y/o no gubernamental. En cuanto a lo institucional se ha dado la ausencia o poca presencia del gobierno y el Estado en este sector, lo que ha llevado a que las personas hagan justicia por ellos mismos y las diferentes situaciones que se presenten estén a cargo de personas de la comunidad que se sienten empoderadas o se han tomado el poder, sin embargo; no todas las personas de esta suelen estar de acuerdo con las decisiones, lo que conlleva al surgimiento de violencia. Por último la crisis de la institucionalidad está ligada a las pocas políticas y proyectos para potenciar la capacidad productiva del sector rural.

Las crisis mencionadas anteriormente, sumadas a las situaciones de género presentadas, abren la imagen del sector rural más allá de productor de materias primas, donde se generan condiciones que no son atendidas y parecen perpetuarse; pero que permiten ver la multiplicidad de roles (económico, domestico y comunitario) a la que se ve abocada la mujer y que son realizados para el mantenimiento de la familia como unidad.

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