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Los términos mujer y género se escuchan frecuentemente en el transcurrir de la vida cotidiana, pero en el momento de fundamentarlos con un contenido teórico no es una tarea fácil. Estos han trascendido a lo largo de la historia y se han convertido en un tema amplio, polémico y complejo el cual fue fundamental contemplar para el desarrollo de la investigación.

En primer lugar, cuando se habla de mujer se debe afirmar que no es posible encontrar un concepto único y universal; Hablar de mujer implica tener en cuenta el contexto, pues la mujer no es entendida de la misma forma en el Oriente Medio que en América Latina “mujeres y hombres son producidos por el lenguaje, las prácticas y representaciones simbólicas dentro de formaciones sociales dadas, pero también por procesos inconscientes vinculados a la simbolización de la diferencia sexual. Hay que comprender que la diferencia sexual es una diferencia estructurante, a partir de la cual se construyen no sólo los papeles y prescripciones sociales sino el imaginario de lo que significa ser mujer o ser hombre, por lo tanto no puede ser situada en el mismo nivel que el género” (Lamas, 1999. Pág.: 78).

Frente a esto, la investigación se ubica en un contexto contemporáneo el cual intenta cada día abolir fenómenos como el machismo con una postura en la que la mujer es “más que una imagen en el espejo” símbolo de debilidad, delicadeza y reproducción. La mujer es un ser humano, sujeta de derechos que cuenta con capacidades, sueños y metas, quien desempeña diferentes roles en su vida individual, familiar y social.

Según Uribe (2008) retomando a Nash (1997) “las mujeres contemporáneas cumplen tres tipos de roles reproductivo, productivo y comunitario” (Uribe. 2008. Pág: 87). El rol reproductivo o de cuidadora hace referencia a las condiciones necesarias para la sobrevivencia de la familia, enfatizándose en la crianza, la educación, la alimentación y las labores domésticas. El rol productivo hace referencia a la mujer como proveedora económica quien realiza “cualquier actividad” para obtener ingresos bien sea monetarios o en especie. Y el rol comunitario incluye todas aquellas actividades que realiza la mujer para mantener en contacto o participar en redes sociales.

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Ahora bien, luego de esto aparece el concepto de género el cual es entendido como una construcción social que implica el conjunto de características individuales, sociales y culturales que son asignadas a las personas. Esta concepción a diferencia del sexo es histórica y se transforma. Cuando se habla de desigualdad de género se hace énfasis en lo que tiene que ver con los derechos, es decir, el acceso a oportunidades y el ejercicio de responsabilidades entre hombres y mujeres, entonces género no es sinónimo de mujer.

Retomando a Susana Gamba (2008) para las ciencias sociales la perspectiva de género como una propuesta de inclusión, se constituye como un nuevo paradigma y categoría social que debe ser retomada para fortalecer un debate teórico y epistemológico que defiende la necesidad de “nuevas construcciones de sentido para que hombres y mujeres visualicen su masculinidad y su femineidad a través de vínculos no jerarquizados ni discriminatorios” (Gamba, S. 2008 Pág.1)

La perspectiva de género juega un papel fundamental en los estudios de familia puesto que como lo plantea Uribe, P y Uribe, M (2006) dicha perspectiva:

“Permite reconocer la posición que hombres y mujeres tienen en las familias y entender como, mediante creencias y practicas familiares se contribuye a alimentar concepciones de lo masculino y femenino que resultan jerarquizadas, mediadas por relaciones de poder que conviene dilucidar para mirar la dinámica y los problemas y posibilidades de la familia con nuevas luces, buscando unas relaciones mas equitativas entre los géneros y nuevas miradas sobre las articulaciones entre lo privado, lo publico, lo social y lo político y un nuevo reconocimiento del aporte de las mujeres, frecuentemente subvalorado” (Uribe, P. Uribe, M. 2006. Pág. 44)

De aquí, el interés de implementar una perspectiva de género que busca defender la postura de la igualdad entre géneros desde el estudio de las estrategias de supervivencia de las familias monoparentales con jefatura femenina, las cuales fueron identificadas desde la propia voz de la mujer jefa de hogar. Entendiendo que el género, según Muñoz, A, Wartenberg L. (1995) “está

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determinado social, psicológica y culturalmente independientemente de la biología. Las diferencias de género se aprenden a través de un proceso de socialización que es peculiar a una sociedad en particular o a un periodo histórico y varia con el tiempo y el espacio” (Muñoz, A, Wartenberg L. 1995. Pág: 45).

La idea de fondo además de producir un conocimiento en torno a esta población es rescatar los diferentes roles que ejercen las mujeres y que en ocasiones por el afán propio de la vida cotidiana pasan desapercibidos contribuyendo a perpetuar la cultura patriarcal. Un ejemplo claro de esto es la incorporación de la mujer al ámbito público sin abandonar el ejercicio en el ámbito doméstico, aunque socialmente se considera que la mujer se encuentra en igualdad de condiciones con el hombre por ingresar al mercado laboral, de fondo se encuentra una expresión de la desigualdad de género, en la medida que como lo plantea Tortosa, J. (2001) es muy poco común que las mujeres “se hallen totalmente exentas de dedicación al trabajo doméstico. Esta situación se califico en un principio como doble jornada, expresión mediante la cual se perseguía señalar que la actividad remunerada no exime a las mujeres de realizar las tareas domestica.” (Tortosa, J. 2001. Pág. 99)

Además, cabe señalar que la igualdad de género no se limita al “acceso” pues, las mujeres aunque han logrado vincularse al mercado laboral regularmente lo hacen en condiciones desventajosas y diferentes a las del hombre, socialmente han sido asignados oficios de acuerdo a las características determinadas por las condiciones físicas y el género, las mujeres continúan limitadas a cargos que tienen que ver con la atención y el servicio hacia “el otro”.

Es decir, aún no es posible concebir o hablar de igualdad de género, la discriminación hacia la mujer continua siendo una realidad que es reforzada por prejuicios y estereotipos sociales que reproducen los sistemas patriarcal y capitalista y alimentan fenómenos como la discriminación y la violencia social de género.

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6 Referente Contextual