A pesar del desarrollo de la psicología cognitivista, representando una alternativa importante frente al auge, desarrollo y permanencia del conductismo en las prácticas educativas, es palpable que esta nueva alternativa resaltó la importancia del aprendizaje en el individuo, teniendo presente las formas y estructuras mentales que utiliza para apropiar el conocimiento, siendo evidente que bajo este paradigma se consideró muy poco el entorno donde se desarrollan las actividades de aprendizaje (Cano y Lledo, 1993).
El paradigma constructivista también ha sido denominado como paradigma ecológico debido a que estima todas las situaciones que acontecen en el ambiente escolar y que se pueden considerar factores de aprendizaje, situación que permite interpretar las relaciones entre el entorno de los individuos y el comportamiento. Según Román y Diez (1984), es fundamental el escenario de la conducta escolar
específicamente las interrelaciones persona – grupo y persona – grupo – medio ambiente.
La escuela es considerada como un ecosistema social humano, donde la realidad corresponde a una compleja relación que se presenta entre la población y el ambiente. Esta relación permite mirar la institución educativa como un sistema complejo, donde se tienen en cuenta todos los factores que interaccionan entre sí y su relación con el contexto donde se encuentra. El aula de clase se convierte en un espacio que permite construir en los educandos actitudes, modos de pensamiento, pautas de conducta, las cuales se revisan continuamente (Blanco, 2003). El aprendizaje en estas condiciones se centra en lo que ocurre en las situaciones cotidianas, favoreciendo el aprendizaje significativo orientado desde las experiencias de los estudiantes en sus contextos habituales.
En la clase formal, el proceso educativo favorece la apropiación de conocimiento de todas las personas que constituyen el grupo y la interrelación entre sus miembros. Las actividades escolares tanto al interior como al exterior de la escuela favorecen el desarrollo de aprendizajes cognitivos, sociales y afectivos, siendo evidente que para este propósito es imprescindibles la relación de cada individuo con su entorno, donde están incluidas todas la relaciones sociales que se puedan establecer, situación que indica que la apropiación de conocimiento depende de cada sujeto, y está mediada por el contexto.
Los factores que influyen en el aprendizaje desde una perspectiva constructivista son los siguientes9,
9Los factores en el aprendizaje constructivista son tomados de: Turpo, O. (2012). Concepciones y prácticas docentes sobre
la evaluación del aprendizaje en el Área Curricular de Ciencia, Tecnología y Ambiente En las Instituciones de Educación Secundaria del Sector Público de la provincia de Arequipa (Perú). Tesis Doctoral. Universidad Nacional de San Marcos. Perú. P 162.
● La estructura-significado del estudiante: los esquemas de conocimiento, representaciones y creencias sobre el mundo físico-natural, social y escolar.
● Las tácticas de procesamiento de la información que utilizan, las motivaciones, intereses, entre otros.
● La estructura-significado del profesor: los esquemas sobre el contenido, el alumno, la metodología, sus creencias pedagógicas y científicas.
● Las estrategias de enseñanza que utiliza, sus intereses personales y profesionales.
● La adecuación entre las actividades propuestas, los intereses y necesidades de los alumnos.
● La adecuación entre las estrategias didácticas utilizadas por el profesor y los esquemas de conocimiento de los alumnos.
● Las características físicas y organizativas del contexto: recursos didácticos, mobiliario, espacio físico, horario, entre otros.
● La planificación global de los objetivos con bloques de contenidos relacionados y reforzados unos con otros y logrados por acciones comunes.
Se establece relación entre la dinámica de la Ciencia y de los proceso educativos, en tal sentido si los conocimientos científicos se modifican constantemente, se deben transformar frecuentemente, la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación de las disciplinas. Esta postura rechaza los criterios abstractos y formales del paradigma de la racionalidad, sustituyéndolo por otros que amalgaman una gran cantidad de conceptos o elementos al interior de un proceso.
La evaluación constructivista se ubica dentro del desarrollo de los paradigmas evaluativos, específicamente en el cuarto paradigma donde se destaca la evaluación como producto del consenso, de la participación y negociación entre los participantes de la actividad educativa, para definir las dimensiones de la evaluación, respondiendo a preguntas como “qué”, “para qué”, “cómo”, “en qué
momento” se evalúa. Las características de la evaluación desde el modelo constructivista se orientan a la evaluación cualitativa, como actividad cotidiana que se encuentra retroalimentado la enseñanza y el aprendizaje, por lo tanto es simultánea con estos procesos.
Los hechos cotidianos realizados en el aula de clase, se convierten en actividades de aprendizaje y a su vez hacen parte de la evaluación de los estudiantes, donde se pueden utilizar eventos como: la observación, la participación, el registro de clase por parte del profesor, mapas conceptuales, ensayos, entre otras actividades que aportan al aprendizaje y a la evaluación. Según Flores (2005), Blanco, (2003) y Díaz Barriga y Hernández (2002), tener en cuenta el mayor número de actividades que ocurren en el aula, como prácticas evaluativas:
● Favorece la evaluación formativa, donde las actividades de aprendizaje constituyen actividades de evaluación y viceversa.
● Se valora cualquier desempeño de los estudiantes, generando una actitud responsable en los mismos.
● Amplía los canales de comunicación entre estudiantes y profesores, situación que a su vez genera una mayor participación de los alumnos en su proceso formativo.
● Favorece la investigación en el aula.
Se destaca la presencia de actividades evaluativas de carácter etnográfico como la observación, las entrevistas, la autoevaluación, los estudios de casos.
González y Flórez, (2000) expresan que la evaluación constructivista responde a: ● La insatisfacción con la evaluación tradicional.
● Cambios en los enfoques de enseñanza-aprendizaje.
● Una relación más estrecha entre evaluación, enseñanza y aprendizaje.
La evaluación constructivista presenta tres dimensiones, según lo expresado por Coll y Martín (1993):
● La dimensión psicopedagógica y curricular: Se fundamenta en los principios del aprendizaje significativo, donde la enseñanza debe propender en establecer relaciones entre el conocimiento existente y la nueva información.
● La dimensión orientada a las prácticas de evaluación. La revisión de prácticas de evaluación con la finalidad de permitir consolidar experiencias significativas y mejorar las que no lo son, pero de igual manera generar y desarrollar nuevos procedimientos y formas de evaluar.
● La dimensión normativa: Consiste en la revisión de las normas y reglamentos que se ajusten a los requerimientos de los estudiantes y de las instituciones.