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La filosofía y práctica del Buen Vivir y sus implicaciones para la economía de los pueblos ancestrales andinos convergen con visiones más actuales en su génesis histórica, surgidas de múltiples espacios sociales del Occidente crítico anticapita- lista. Así, por ejemplo, filosofías y prácticas ambientalistas, de movimientos paci- fistas o feministas, o propuestas de ruptura como la del decrecimiento o la econo- mía basada en recursos constituyen concepciones y prácticas contrapuestas con la lógica capitalista de acumulación, colocando en el centro de su propuesta una lógica por la vida humana y natural, que muy bien pueden dialogar y enriquecerse mutuamente con los principios del Buen Vivir.
Visiones feministas y ecofeministas descolonizadas y recreadas desde otras vi- siones e identidades culturales cuestionan el sistema patriarcal capitalista, po- niendo de relieve la “búsqueda profunda de las mujeres hacia el cuidado de la vida y el cuidado de la naturaleza” (Bosch, 2003), haciendo de la reproducción y el mantenimiento de la vida en su integralidad el centro de la economía y posibi- lidades de buen vivir.
Una transformación de este tipo implica romper el objetivo de beneficio y creci- miento económico, repensando el concepto de trabajo que desde la experiencia femenina impulsa una comprensión y calidad de los cuidados; así mismo cambia la noción del tiempo industrial y la prisa de la modernidad, para ajustarse al tiem- po biológico de la vida y a los ciclos ecológicos de la naturaleza. El interés por la vida y la supervivencia coloca la relación vital y sagrada de las culturas y las mujeres de los pueblos originarios con la naturaleza como elemento relevante e innovador desde la visión del feminismo del sur o feminismo cultural.
Constituyen concreciones de este paradigma las prácticas para la preservación de la vida como el cuidado de semillas autóctonas y árboles, y la recuperación de tradiciones culturales, rituales y agrícolas, vistas como formas de lucha por la soberanía alimentaria y contra el empobrecimiento, la desnutrición y la enfer- medad. Estos ejemplos muestran la feminización como un proceso que revaloriza
para la sociedad en su conjunto los roles de cuidado de la familia y la naturaleza, que han sido tradicionalmente desvalorizados y encomendados a las mujeres por el desequilibrio del poder y la fuerza patriarcal.
Las sociedades productivistas se han caracterizado por el desprecio de los cui- dados y el dominio enajenante de lo femenino y de las mujeres. Se trata ahora, por tanto, de recuperar el equilibrio roto por la imposición del poder patriarcal, restableciendo el valor de lo femenino y de las mujeres para generar una comple- mentariedad integral-intercultural entre los géneros. Una armonización de este tipo no podría estar ausente en la noción de Buen Vivir.
De los movimientos sociales ambientalistas y ecologistas surgen propuestas eco- logistas, conservacionistas, de ecoaldeas y las llamadas comunidades sosteni- bles, como alternativas a un crecimiento económico y a una visión fragmentada del mundo. “Es necesario reducir nuestra huella ecológica, desarrollando una forma de vida más simple […] el crecimiento económico tiene límites inevitables y la solución a los problemas de los países de desarrollo no pasa por aumentar el crecimiento, sino por reducir nuestro impacto”, afirma Hildur (citado por Esco- rihuela). Las ecoaldeas constituyen modelos diversos y sostenibles basados en los principios del cuidado de la gente y del cuidado de la tierra. En estos espacios reducidos se busca satisfacer las necesidades del grupo constituyendo redes de relaciones de diferente índole y favoreciendo la producción local ecológica de energías y alimentos en pequeñas granjas familiares. Se dan convergencias con los principios del Buen Vivir, aunque desde una visión racional de la problemática del crecimiento económico y del aspecto espiritual a partir de la relacionalidad entre seres humanos y con la naturaleza, sin llegar a desarrollar la comprensión sensible y sagrada del paradigma comunitario en su profundidad.
El objetivo de las comunidades sostenibles es evidenciar la posibilidad de mode- los alternativos extensibles a la sociedad en su conjunto, bajo el principio ético de la comunidad recreada en los tiempos modernos. Aunque continúan siendo formas aisladas de ruptura que, muchas veces, por ser propuestas contracorrien- te, no logran sostenerse, constituyen prácticas y filosofías convergentes con la propuesta del Buen Vivir, en la medida en que rompen con la visión antropocén- trica del mundo y sitúan al ser humano como parte integrante de la naturaleza e interdependiente con ella en una relación de mutuo y recíproco cuidado.
Los movimientos pacifistas provienen de una filosofía y cultura de paz, una pro- puesta de no violencia que desde los ámbitos micro pretende escalar a los ámbi- tos macro de la sociedad. Los grupos pacifistas plantean la abolición de la guerra y la estrategia militar mundial criticando en el ámbito económico los procesos de violencia estructural del sistema capitalista. Sus planteamientos pueden encon-
trarse puntualmente en algunas propuestas del Buen Vivir, como por ejemplo la armonía en la vida social; estando en contra de procesos armamentistas, resultan a favor de ciertas propuestas ambientalistas.
Finalmente aludiremos brevemente a los principios de la economía basada en recursos y a la teoría del decrecimiento, como propuestas occidentales con las que se pueden establecer distintos niveles de diálogo para la construcción de nuevas alternativas.
La constatación de que el “crecimiento” ha llevado a la catástrofe, las profundas asimetrías entre sociedades y pueblos, el mercado y su estrategia fundamental de obsolescencia para favorecer un consumo masivo, la voracidad del capital fi- nanciero y del crédito constituyen los principales argumentos para plantear la propuesta de decrecimiento como posibilidad de pensar un mundo fuera de la economía dominante. El decrecimiento es una apuesta reciente y en construc- ción, que defiende la disminución controlada de la producción económica, a fin de restablecer el equilibrio entre seres humanos, y entre éstos y la naturaleza. La disminución de la producción, que tiene como consecuencia inmediata una ma- yor dificultad para la acumulación, la vinculación entre producción y necesidad, la búsqueda del equilibrio humano y natural, convergen con los principios del Buen Vivir y facilitan la comunicación entre ambos enfoques.
La economía basada en recursos planteada por el Movimiento Zeitgeist tiene como modelo un “sistema en el cual los bienes y servicios están disponibles sin el uso de dinero, créditos, trueque o cualquier otro sistema de endeudamiento o servidumbre. Todos los recursos se convierten en el patrimonio común de todos los habitantes, no sólo de unos pocos elegidos. La premisa en la cual se basa este sistema es que la Tierra es abundante en recursos; nuestra práctica de racionar los recursos a través de métodos monetarios es irrelevante y contra- producente para nuestra supervivencia” (Movimiento Zeitgeist). El Movimiento Zeitgeist parte, como las culturas andinas, de una economía de la abundancia donde se pretende un acceso igualitario a los bienes, frente a la economía con- vencional de la escasez, donde se practica la competencia por los limitados recursos.
En conjunto, en este capítulo se han descrito de manera sucinta algunas propues- tas que plantean otras formas de pensar y vivir en Occidente, cercanas al paradig- ma ancestral del Buen Vivir en diversos aspectos. Son propuestas nacidas en el seno de las luchas y las creaciones de la sociedad civil dirigidas a recuperar todos aquellos saberes y conocimientos que propongan, como diría De Sousa, “un sen- tido común emancipador” frente al modelo económico capitalista-desarrollista y el conocimiento científico que lo sustenta.
Adicionalmente debemos señalar la convergencia de esta gran filosofía del Buen Vivir con las ciencias críticas, la corrientes liberacionistas, el pensamiento neo- revolucionario y el ecumenismo religioso, que han aportado y tienen tanto que aportar, aunque no son materia de este trabajo.