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manejo del concepto de sustentabilidad y la articulación en redes

La viabilidad de los emprendimientos solidarios, sin perder su carácter emancipa- dor, es uno de los aspectos que más nos deben preocupar en nuestro esfuerzo por posicionar el paradigma del Sumak Kawsay. Estos emprendimientos son, en reali- dad, la cara visible, la imagen de este sueño colectivo. Por lo tanto, es una prioridad fortalecer su viabilidad que, al menos por ahora, está condicionada a alcanzar una sostenibilidad económica mínima dentro de un sistema capitalista, al mismo tiem- po que profundizamos su carácter emancipador a través de una aplicación cada vez más completa de los principios que rigen el paradigma del Sumak Kawsay.

En este sentido, nos preguntamos ¿cuáles son los valores y prácticas del paradigma del desarrollo local que los emprendimientos de economía solidaria deberían rechazar? ¿Cuáles podrían ser incorporados imprimiéndoles un nuevo sentido? ¿Qué nuevos aportes desde el Sumak Kawsay son claves para mejorar su viabilidad y carácter emancipador?

3.3.1. La organización del trabajo y la innovación bajo el paradigma de la economía solidaria

En primer lugar, es necesario pensar en cuál es la organización del trabajo que necesitamos para la reproducción ampliada de la vida. Frente a la preocupación constante del desarrollo local por “dar trabajo”, la economía solidaria se plantea el reto de disminuir la dependencia de las personas con relación al trabajo asalariado, promoviendo fórmulas organizativas en las que los trabajadores son dueños de sus emprendimientos y que, por consiguiente, desafían la tradicional división entre capital y trabajo que es el sustento mismo del sistema capitalista. Incluso bajo la ideología socialista, resulta interesante analizar los discursos de algunos sindicatos que se han opuesto a la idea de la economía solidaria, argumentando que las cooperativas eliminan el sentido de clase de las y los trabajadores, ya que los convierte en patrones y obreros al mismo tiempo. Por lo tanto, esta economía no permitiría reforzar el trabajo asalariado, la base social de los sindicatos, imposibilitando la consolidación de la clase obrera asalariada que es, según la ideología socialista, la única que tiene la misión histórica de derribar el capitalismo. Al contrario, bajo el paradigma de la economía solidaria, los sindicatos deberían abrir sus puertas a todas las personas trabajadoras que no explotan trabajo ajeno e invitar a las y los trabajadores que forman cooperativas obreras a afiliarse (Singer, 2011)22.

22 Algunos sindicatos como el CUT de Brasil y CTA de Argentina ya están incorporando esta dimen-

Más allá de la división entre personas asalariadas y dueñas de sus emprendi- mientos, la economía solidaria propone una organización del trabajo que permita una mayor armonía entre las necesidades de reproducción de la vida dentro y fuera del hogar. Bajo la lógica de la abundancia de la que hablamos más arri- ba, la economía solidaria valora inmensamente los llamados “bienes sociales” (término que se usa en la antropología económica para designar a la familia, la comunidad, etc. y que se definen como bienes cuyo valor sólo percibimos cuando los perdemos…). En este sentido, la organización del trabajo bajo la economía solidaria debería permitir a cada ser humano mejorar sus posibilidades de es- coger realmente cómo administrar su tiempo entre el trabajo para la producción externa y el trabajo para la reproducción de la vida en el interior de su familia y comunidad. Incluso, debería permitir que ambos trabajos puedan realizarse en el mismo espacio, sin tener necesariamente que “perder la vida para ganar la vida” (Gorz, 1997), como les pasa actualmente a tantos padres y madres que tienen que abandonar el cuidado de sus hijas e hijos para ganar su sustento diario. Hay que tener mucho cuidado en no confundir este planteamiento con las prácticas de tercerización laboral que precarizaron el empleo al hacer uso de los espacios privados e incluso de la familia como un medio para abaratar sus costos y deslin- darse de sus responsabilidades para con las y los trabajadores.

Un segundo punto importante a tratar es cómo incorporar el principio de onto- logía relacional inherente al paradigma del Sumak Kawsay, pensando en formas de organización del trabajo en el interior de los emprendimientos de econo- mía solidaria que permitan reconocer la capacidad de innovación, creatividad y autorrealización personal de cada individuo, para no caer en el todo colectivo en el que cayeron las propuestas de organización del trabajo bajo el sistema comunista. El paradigma del desarrollo local puede aportar elementos muy in- teresantes a la economía solidaria en términos de ambientes laborales y una gestión del trabajo que promueva la innovación, la creatividad y a la vez haga acopio de formas de trabajo relacionales y cooperativas. La incorporación de estas formas de gestión que, sin dejar de valorar la interacción colectiva, dejen margen para lo individual es vital, especialmente en esta época, tomando en cuenta que estamos en una fase de transición en la que los valores relaciona- dos con el Sumak Kawsay siguen conviviendo con los valores implantados en el sistema capitalista. Si se incorporan estos elementos, las posibilidades de los emprendimientos solidarios de incrementar su viabilidad son enormes, puesto que por su propia naturaleza, estos emprendimientos “tienden a ser más pro- ductivos que las empresas capitalistas, porque sus trabajadores-propietarios tienen un mayor incentivo económico y moral para dedicar su tiempo y esfuerzo al trabajo, y porque, una vez que los trabajadores se benefician directamen- te cuando el emprendimiento prospera, disminuyen drásticamente los costos de supervisión, que en una empresa capitalista son altos, porque la vigilancia

constante al desempeño de los empleados es necesaria para asegurar la coope- ración de éstos con la empresa” (De Sousa, 2011).

Esto no quiere decir que lo colectivo no sea fuente de innovación. Uno de los grandes aportes de la economía solidaria es cuestionar la idea de que la eficiencia de todo proceso productivo depende de la incorporación de avances tecnológicos producidos desde la lógica capitalista, que muchas veces implican despidos masivos y destrucción de la naturaleza. De hecho, en el caso de la tecnificación del campo, ésta ha contribuido en muchos casos “a la formación de grandes contingentes de miserables que vagan por el campo o en su mayoría migran hacia las ciudades, lo que acarrea resultados bastante conocidos” (De Almeida, 2011). Como lo muestra De Sousa (2011) para el caso de Mondragón, “El compromiso de conservación del empleo de los trabajadores y la capitalización de las empresas con base en las contribuciones de los trabajadores –y no de inversionistas externos– puede actuar como restricciones virtuosas (Streeck, 1997) que obligan a las empresas cooperativas a ser flexibles e innovadoras; por ejemplo, toda vez que uno de los objetivos centrales de Mondragón es la conservación del empleo de sus socios y, en caso de desempleo temporal, la prestación de un generoso y prolongado seguro de desempleo, el complejo está bajo la constante presión de crear nuevas cooperativas y puestos de trabajo, lo que exige la constante innovación y mejora en la productividad. Un factor adicional que presiona a la creación de nuevas empresas, pequeñas e innovadoras, es la política de evitar el crecimiento desmedido de sus cooperativas. Cuando una cooperativa exitosa se está expandiendo, Mondragón procura crear otras que se encarguen de algunas actividades desempeñadas por aquélla, de tal forma que se garantice tanto la continuidad de la estructura del complejo, basada en grupos fuertemente integrados de cooperativas relativamente pequeñas y flexibles, como la creación de nuevos focos de empleo e innovación”.

Pensando en innovación, una economía solidaria enmarcada en el paradigma del Sumak Kawsay plantea el desafío poco común de no pensar únicamente que la innovación está en desechar viejas prácticas y tecnologías a favor de las recientemente inventadas. Una excelente aplicación del principio de diálogo polilógico de saberes inherente al Sumak Kawsay es la posibilidad de volver la mirada al pasado para encontrar soluciones antiguas a problemas actuales. Así, el concepto de retro-innovación introducido por Marian Stuiver (2006) plantea la importancia de recuperar prácticas ancestrales y adaptarlas en la solución de los problemas actuales que tienen las personas agricultoras que se abren campo en la producción de alimentos de forma sustentable. De igual manera, los procesos de innovación en economía solidaria pueden nutrirse de la economía comunitaria andina tradicional, que privilegia las formas creativas de organización social y aprendizajes extraídos de los ciclos y estructuras naturales, más que la

incorporación de insumos externos (maquinaria, técnicas importadas, sustancias importadas, etc.) en la resolución de los problemas.

Finalmente, el paradigma del desarrollo local aportó avances importantes en términos de pensar en procesos de capacitación del personal en los emprendimientos locales, que pueden ser adaptados para servir en el marco de emprendimientos solidarios. Desde el desarrollo local se discutieron mecanismos que permitan incrementar el nivel de “creatividad, integralidad y elasticidad de los procesos de capacitación para que puedan adaptarse a las distintas circunstancias y a la heterogeneidad de la población involucrada, incorporando sus habilidades y saberes” (Albuquerque, 1999). A este interesante enfoque el principal ajuste que hay que hacerle para que opere bajo el paradigma del Sumak Kawsay es el de cambiar la lógica dominadora que hay detrás de los conceptos de “formación” y de “capacitación”, que llevan implícita la idea de que hay unos formados frente a unos deformes o unos capaces frente a unos incapaces, por la lógica de diálogo de saberes intercultural y polilógico del que ya hemos hablado23. Con esta aclaración, hay que retomar desde la economía solidaria el mismo énfa- sis que le dio el desarrollo local a la necesidad urgente de promover procesos de diálogo de saberes que permitan potenciar al máximo el nivel de “una generación de promotores públicos y privados de la nueva economía social que compartan valores y una estrategia de desarrollo en ese sentido” (Coraggio, 2006). Múlti- ples emprendimientos solidarios fracasan por las limitaciones gerenciales de sus miembros24. En este sentido, es importantísimo generar nexos solidarios entre actores del sector privado y profesional comprometidos con el cambio de para- digma y que han desarrollado altas habilidades gerenciales, con actores de em-

23 Un ejemplo de diálogo de saberes es la organización de la producción de conocimiento en el in-

terior del Movimiento de Economía Social y Solidaria – messe: “Nuestros procesos recogen las

vivencias actuales de la economía solidaria, que emergen hoy con raíces ancestrales acuñadas desde las diversas prácticas socioeconómicas de familias, organizaciones y pueblos. En nuestros grupos de trabajo estos saberes dialogan con otros saberes formales construidos desde la aca- demia y de otras redes de conocimiento nacionales e internacionales, para construir el contenido/ la identidad de la economía solidaria en el Ecuador. Nuestras metodologías privilegian proce- sos continuos de generación y uso de conocimiento en base al encuentro y el diálogo vivo entre actores, lugares y tiempos, refrescando la memoria histórica, trabajando desde las realidades, emociones y entornos particulares y repensando el quehacer actual. Así, interpelamos permanen- temente el sentido de lo que hacemos, lo renovamos y re-significamos el actuar para transformar las instituciones sociales y forjar la sociedad futura que queremos” (messe, 2011).

24 De Almeida (2011) mostró que el Movimiento Sin Tierra MST, por ejemplo, “ha enfrentado innumerables

problemas con el modelo de producción cooperativa que ha adoptado en sus asentamientos por: incompatibilidad entre los patrones culturales de producción familiar y la estructura de producción en cooperativa, resistencia en la implementación de nuevos procedimientos, limitaciones gerenciales que terminan por imponerse en virtud de la insuficiencia de capacitación de personal o de la existencia de bases adecuadamente formadas, divergencia entre el volumen de trabajo invertido y el retorno obtenido”.

prendimientos solidarios que pueden aprender de su experiencia y aportar desde sus prácticas y habilidades organizativas. De Sousa (2011) describe el ejemplo de Mondragón en donde la rotación de personal experimentado (por ejemplo, gerentes) de unas cooperativas a otras, de acuerdo con las necesidades de cada una, es una de las mejores estrategias que tiene el consorcio para mantener casi en cero el nivel de mortalidad de sus cooperativas. En Ecuador, tenemos la inte- resante experiencia de la empresa privada de construcción inmobiliaria Andino y Asociados. Desde una visión solidaria y no mercantil de su hábitat integral, surge la puesta en marcha de modelos de cogestión de la empresa privada con las or- ganizaciones sociales interesadas en promover el acceso a la vivienda de forma colectiva entre sus socios. Mediante alianzas y formas de trabajo horizontales y participativas, este modelo ha permitido por un lado que la empresa transfiera a las organizaciones sociales sus habilidades gerenciales y en gestión de proyectos de hábitat integral, mientras que la organización social transfiere y moviliza sus capacidades organizativas para reducir los costos, pero sobre todo para lograr que el proyecto pase de ser una solución habitacional para sus miembros a ser un real proyecto de desarrollo urbano sustentable que se constituye en un espacio vivo de creación y renovación de una comunidad de vida solidaria, donde cada habitante convive en mayor armonía con sus vecinos y con su entorno natural25. A continuación se presenta un cuadro resumen de las diferencias en el enfoque sobre el trabajo entre la economía solidaria y el desarrollo local, con ejemplos de cómo éstas se manifiestan en las elecciones y procedimientos de políticas públicas, programas y proyectos.

25 Para más detalles sobre esta experiencia se puede consultar el documento Modelos de Gestión

Cuadro 7: Enfoque del trabajo en la economía solidaria y en el desarrollo local

Enfoque del trabajo

Teoría Ejemplo de aplicación práctica Desarrollo

local

Dar empleo, formación y entornos para la autorrealización y creatividad.

- Políticas y programas enfocados en la meta de crear un determinado número de empleos. Dentro de esta estrategia, se trabaja dando facilidades a las grandes empresas para la creación de nuevos puestos de trabajo.

- Programas de capacitación individuales, muchas veces realizados en el extranjero y que valoran sólo una forma de conocimiento técnico- científica.

- Premios e incentivos a la innovación y creatividad individuales. Economía solidaria Autoempleo, diálogo de saberes, poco énfasis en autorrealización y creatividad (individual y colectiva).

- Apoyo a la apertura y consolidación de emprendimientos en donde las y los trabajadores son dueños del mismo; apoyo a la recuperación de empresas por sus propios trabajadores/as.

- Programas de retro-innovación en los que se recupera el saber ancestral, las habilidades y los conocimientos de cada actor y se los moviliza para encontrar soluciones a los desafíos actuales.

- Programas de diálogo de saberes en los que se comparten conocimientos entre pares, se visitan experiencias cercanas con aprendizajes que enseñarnos y se tejen relaciones horizontales. - Beneficios y oportunidades que se distribuyen

por igual sin tomar en cuenta el esfuerzo y la creatividad individuales.

Fuente: Elaboración propia

3.3.2. Uso de elementos del entorno natural para la producción en emprendimientos solidarios

El uso de elementos de la naturaleza para la producción con fines de consumo es una necesidad incuestionable de las sociedades humanas. Sin embargo, como ya lo mostró Lévi-Strauss (1970) décadas atrás, una misma región puede concebirse y utilizar sus recursos naturales de maneras diversas, según racionalidades cul- turales específicas y muchas veces confrontadas. El paisaje resulta así que es un producto de la labor humana, consistente en ordenar y organizar su participación en el mundo natural de acuerdo a patrones culturales específicos. Por lo tanto, el

patrón cultural definido bajo el paradigma del Sumak Kawsay implica una forma particular de relación con el mundo natural en el proceso de producción humana. Esta forma, me parece, puede tomar muchos elementos de la teoría de la susten- tabilidad fuerte y superfuerte, desarrollada por la economía ecológica.

Por ejemplo, la utilización de la noción de “patrimonio o activo social” para ha- blar de los elementos naturales que sirven para la producción, permite superar la visión perfectamente delimitada de propiedad privada sobre la que se asienta la economía convencional. De igual manera, el concepto fuerte de la sostenibilidad con el ambiente implica comprender que “el capital económico y el capital natural no son sustitutos sino complementarios, pues el capital natural provee funciones que no pueden ser reemplazadas por el capital económico. Estas funciones, que se denominan capital natural crítico, tienen que ser preservadas para las siguien- tes generaciones” (Falconí, 2002: 91).

Teniendo en cuenta lo anterior, esta nueva concepción involucra otras maneras de valoración distintas a lo monetario y a lo específicamente económico. Más ampliamente, el concepto de sostenibilidad superfuerte en lo ambiental “sostiene que el ambiente debe ser valorado de muy diferentes maneras, además de la económica: también existen valores culturales, ecológicos, religiosos o estéticos, que son tanto o más importantes. Por esta razón enfatiza el concepto de ‘Patrimonio Natural’, entendido como un acervo que se recibe en herencia de nuestros antecesores y que debe ser mantenido, legado a las generaciones futuras, y no necesariamente vendible o comprable en el mercado” (Gudynas, 2009: 15-16). Como se puede observar, al involucrar la concepción de patrimonio natural, la sostenibilidad superfuerte traspasa el marco que el desarrollo sostenible le otorga al “manejo” de la naturaleza, porque se empiezan a desarrollar conceptos que presentan los elementos naturales en su articulación con el ser humano en una relación más horizontal y menos antropocéntrica que en el paradigma del desarrollo.

Estas y otras disciplinas han desarrollado una variedad de conceptos e incluso metodologías que son claves para incorporar en los emprendimientos solidarios una comprensión más profunda de cómo debe darse su relación con los elemen- tos naturales y a la vez una práctica más coherente con el paradigma del Sumak Kawsay en el que se insertan. El reto es hacer que estas teorías sean operativas con métodos y herramientas que puedan utilizarse en la práctica cotidiana de la economía solidaria. Además, es urgente desarrollar materiales pedagógicos que pongan estas teorías en un lenguaje y una forma más accesible para las y los actores involucrados en emprendimientos solidarios y en el diseño de políticas públicas que promueven la economía solidaria.

3.3.3. Una breve nota sobre el concepto de capital social y las redes de emprendimientos solidarios

Hemos hablado ampliamente de la importancia de la articulación entre actores dentro y fuera del territorio como un factor clave para incrementar la viabilidad y el carácter emancipador de los emprendimientos solidarios. Por tanto, ésta es sólo una corta reflexión para rendir honor a la evolución del concepto de capital social y reconocer el interés que tienen algunos de sus más recientes postulados para entender y diseñar estrategias de articulación de emprendimientos solidarios. En las últimas dos décadas de estudios sobre el desarrollo local, la confianza y la interacción de las y los actores en redes formales e informales de cooperación ha sido llamado “capital social” y se lo ha identificado como un “recurso” para acelerar los procesos de crecimiento económico de un territorio. Efectivamente, este concepto reconoce la necesidad de redes e instituciones, pero no como un fin para fortalecer las relaciones humanas fundamentadas en la confianza, sino como un medio para incrementar la eficiencia de los emprendimientos económicos y sus intercambios.