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Posets of Bounded Up or Down-degree

3.6 Applications of the framework

3.6.4 Posets of Bounded Up or Down-degree

Es la misma idea que los ejercicios parciales, con la diferencia de que el ejercicio de recuerdo resulta más fácil, pasa mejor inadvertido, y puede, en consecuencia, ser realizado más frecuentemente. Se basa en el principio de que, igual que cualquier otra sensación o experiencia, la respuesta de relajación puede ser fácilmente recordada a voluntad, si uno se aplica a ello

de la manera apropiada. No se trata de un esfuerzo de memoria intelectual, sino de un simple “volver a vivir” o “recordar con todo el cuerpo”, parecido a cuando nos vuelven las memorias de un verano feliz, y nos parece sentir de nuevo el sol en la piel y la brisa del mar. Se hace uso en este ejercicio de la llamada memoria somática o codificación de experiencias en forma de sensaciones, generalmente operativa de manera extraconsciente.

Una vez bien aprendido, el ejercicio de recuerdo no tiene postura especifica. Sin embargo, por razones de entrenamiento, se debe iniciar su practica con los ojos cerrados, en una de las posturas estándar. Se trata así de aprovechar los efectos del estadio R en la facilitación del recuerdo. Si además se introduce este ejercicio parcial poco después de un ejercicio básico normal, cuando el sujeto está aún en estadio A, esta facilitación es aún más segura. En estas circunstancias, más que un recuerdo es un “prestar atención”, porque los remanentes del estado autógeno aun están presentes. Es importante no repetir fórmula alguna, ni dejarse llevar por ninguno tipo de elaboración o actividad mental, sino mantener la vivencia total de la respuesta de relajación. El ejercicio dura unos segundos, escasamente un minuto, y no necesita técnica de cancelación.

El mejor momento para enseñar esta técnica es con el entrenamiento algo avanzado, como mínimo cuando ya se está terminando el primer ejercicio. Un sujeto que induce de manera

segura y regular un estado autógeno satisfactoriamente profundo no tiene dificultades en re-experimentar este estado a voluntad, aunque es necesario habituarse progresivamente y evitar esfuerzos voluntaristicos activos durante el ejercicio. Una vez que se domina el recuerdo en la primera media hora después de terminar un ejercicio básico, puede empezarse a extender el tiempo, y practicarlo a la hora o a las dos horas después de una terminación estándar. Siguiendo esta pauta, el ejercicio de recuerdo sirve para ampliar considerablemente la duración del estadio A. Siempre acaba por encontrarse, de todas maneras, un punto de corte a partir del cual la experiencia de relajación se percibe como menos intensa y clara que en el “recuerdo” precedente. Es importante aceptar este hecho como un fenómeno normal, y continuar practicando el ejercicio de recuerdo como lo que es, un ejercicio parcial cuyos efectos nunca son tan intensos como los de un ejercicio básico, pero que siempre ayuda.

En poco tiempo se desarrolla la habilidad de efectuar el recuerdo en cualquier momento y circunstancia, incluso en medio de situaciones tensas o de conflicto, gracias a lo cual el ejercicio de recuerdo adquiere su segunda aplicación práctica: la adaptación y defensa ante situaciones de estrés y el manejo y control de la ansiedad. Se trata, sin lugar a dudas, de un nuevo y muy eficaz mecanismo de afrontamiento del estrés.

Condicionamiento de la respuesta de relajación. Aunque no es propiamente un ejercicio básico, es útil mencionar aquí este procedimiento terapéutico, por que hace uso extensivamente del ejercicio de recuerdo. Ya vimos como este ejercicio puede practicarse en cualquier circunstancia, y discutimos su pauta de entrenamiento como actividad temporalmente graduada a la terminación del ejercicio básico estándar, o sometida a la libre elección del sujeto. El condicionamiento de la respuesta de relajación añade una tercera pauta de entrenamiento, consistente en asociar sistemáticamente la práctica del recuerdo con un estimulo determinado. Naturalmente, es necesario adquirir primero una gran competencia en la técnica del recuerdo del estado autógeno. Esta “tercera pauta” requiere una buena capacidad de activar memorias somáticas especificas (las propias del estado autógeno), en circunstancias precisas. Dos procedimientos han sido ensayados:

1. Condicionamiento a estímulos corporales. La observación de los cambios aparentes durante el estado autógeno permite detectar en muchos sujetos movimientos característicos que acompañan la inducción. Así, hay a quien se la bajan los hombros, o quien adopta una peculiar sonrisa y, en todo caso, siempre hay una profundización de la respiración con mayor expansión de la caja torácica. Cuando alguno de estos fenómenos motores está claramente presente, se lo haremos notar al sujeto, y le pediremos que los produzca voluntariamente al iniciar el

recuerdo. Pronto el movimiento en cuestión quedará tan claramente asociado con el estado autógeno que su realización facilitará enormemente el resto de las memorias somáticas del estado, y, con ellas, del tono afectivo básico. Como variante de este procedimiento, podemos asociar el recuerdo con un movimiento voluntario especifico que el sujeto encuentre conveniente, tal como juntar las puntas de los dedos de una o las dos manos, apretar el pie contra el suelo, presionar levemente en un punto discreto, por ejemplo la base del esternón, etc, etc.

2. Condicionamiento a estímulos externos. Estos pueden ser producidos a propósito, con objeto, primero, de crear la asociación y, después, de provocar el recuerdo del estado autógeno. Más sencillo y útil clínicamente es aprovechar estímulos repetitivos de ocurrencia natural, de los que podemos tener información a través de la historia clínica o del relato de las circunstancias estresantes habituales. Así, uno de mis pacientes, ejecutivo en una importante empresa de servicios, seleccionó el timbre del teléfono de su despacho como estímulo condicionado. Empezamos por, cada vez que sonaba el timbre, esperar unos segundos antes de contestar; una pequeña pegatina en el auricular con la palabra “espera”, ayudó en este paso. Unos días más tarde, más acostumbrado y confortable con la espera, empezó el aprovechamiento de esos segundos para hacer un ejercicio de recuerdo. Fiel a la filosofía de la psicoterapia autógena, cumplió durante semanas el protocolo acordado, sin, por otra parte, dar la

menor importancia a los resultados. En menos de un mes, el sonido del teléfono perdió su carácter anteriormente ansiógeno, y el tenso ejecutivo se descubrió a si mismo contestando con una gran sensación de calma interior. Es importante notar que, durante todo el procedimiento de condicionamiento, el sujeto debe continuar practicando los ejercicios de recuerdo en cualquier otro momento, puesto que no se trata de limitar la respuesta de relajación a la situación condicionada, sino de añadir la respuesta condicionada a una experiencia de relajación cada vez más generalizada, en sustitución progresiva del antiguo estado de estrés.