3.2 Time critical power system applications
4.1.1 Post-estimation methods
a. El pensamiento tradicional español.
1. Es común en nuestra historiografía, situar el pensa- miento de Mayo entre dos grandes coordenadas que sinteti- zarían las posiciones ideológicas del momento: tradicionalis- mo y liberalismo 10. Si bien esta contraposición puede facili- tar una presentación esquemática, creemos sin embargo que tal oposición implica un forzado reduccionismo. Hay en am- bas corrientes matices importantes, diferenciadores, que no pueden obviarse; hay, además, ciertos pensadores muy divul- gados ya antes de 1810, que se sitúan a mitad de camino de lo que parecen tajantes opciones; hay, finalmente, ideas que por su radicalismo exceden en mucho el marco del liberalismo, conformando una tercera alternativa que, al margen de su efec- tiva influencia en cada supuesto individual, es indudable que integró el ambiente ideológico de la época. Trataremos, de aquí en adelante, de poner en evidencia tales matices.
2. Es bien sabido que la formación de nuestros primeros políticos rioplatenses estuvo fuertemente determinada por el pensamiento español de los siglos XVI y XVII. Stoetzer destaca que éste, a su vez, se nutrió de cuatro fuentes principales: «a. La filosofía de la Alta Escolástica, encabezada por Francisco Suárez y sus obras De legibus y Defenso Fidei; b. La tradición escolástica, dirigida por el De Regno ad Regem Cypri y la
Summa Teológica, de Santo Tomás de Aquino; c. La reacción antimaquiavelista en la Península; d. La explosión ascético-mís- tica en España, que afectó a todas las clases sociales» 11.
El pensamiento de Vitoria, Soto, Molina, Mariana y Suá- rez, en especial, constituía la base de formación de los jóvenes del Plata, en materia política, a comienzos del siglo XIX. No estaban ausentes autores considerados más «modernos», como Descartes, Bacon, Gassendi o Newton, aunque con escasa in- fluencia en lo que a las ideas políticas se refiere 12. Sin lugar a dudas, fue Suárez quien tendrá preponderancia, hasta el pun- to de ser considerado por varios historiadores de renombre la influencia determinante, casi excluyente, en la conformación ideológica de la generación actuante a partir de 1810.
3. El tema central de las teorías suarecianas, que cobra singular relevancia en estas tierras como consecuencia de la crisis de 1810, era el del origen y la titularidad del poder polí- tico. Y el punto de partida para alcanzar precisiones en la materia pasa por la afirmación -de antigua prosapia esco- lástica- de la naturalidad de la vida política y del poder. Ad- vierte Segovia que «en De Legibus decía Suárez -con el objeto de probar la naturalidad de la comunidad política- que el hombre es un animal social y de una manera natural y recta tiende a vivir en sociedad. Y en el Defensio Fidei reafirma la tesis, pues entiende que el hombre está naturalmente destinado a la comunidad políti- ca en tanto le es necesaria para la conservación de la vida. La cita que el Eximio hace de Aristóteles termina por confirmar la ortodo- xia de su concepto» 13. Como destaca este autor, el punto de parti- da respondía a una tradición que se remontaba hasta Aristóteles, pasando por Santo Tomás y sustentada ya por Vitoria en España, bien que con un sesgo más finalístico 14.
10 Ver, por ejemplo, Carlos Alberto FLORIA, «Liberalismo vertical», en V.V.A.A., Las ideas políticas de Mayo, Buenos Aires, Omeba, 1963, pág. 42, quien cita a Ricardo ZORRAQUÍN BECÚ en el mismo sentido.
11 O. Carlos S
TOETZER, El pensamiento político en la América española durante el
período de la emancipación. (1789-1825), T. I, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1966, pág. 15.
12 Conf. José Carlos CHIARAMONTE, «Primeros pasos de la ilustración argentina», en Anuario del Instituto de Investigaciones Históricas, Rosario, Univ. Nac. del Litoral, Fac. de Filosofía y Letras, 1960, IV, pág. 187 y ss..
13 Juan Fernando S
EGOVIA, «El sujeto primario del poder y sus implicancias en el
pensamiento político del jesuita Francisco Suárez», en Prudentia Iuris, Rev. de la Fac. de Derecho y Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, Buenos Aires, IX, abril de 1983, pág. 69.
14 Tulio HALPERÍN DONGHI, Tradición política española e ideología revolucionaria de mayo, pág. 21 y ss..
CARLOS EGÜES
36 Mariano Moreno y las ideas político-constitucionales de su época 3 7
B. El ambiente ideológico de la época
a. El pensamiento tradicional español.
1. Es común en nuestra historiografía, situar el pensa- miento de Mayo entre dos grandes coordenadas que sinteti- zarían las posiciones ideológicas del momento: tradicionalis- mo y liberalismo 10. Si bien esta contraposición puede facili- tar una presentación esquemática, creemos sin embargo que tal oposición implica un forzado reduccionismo. Hay en am- bas corrientes matices importantes, diferenciadores, que no pueden obviarse; hay, además, ciertos pensadores muy divul- gados ya antes de 1810, que se sitúan a mitad de camino de lo que parecen tajantes opciones; hay, finalmente, ideas que por su radicalismo exceden en mucho el marco del liberalismo, conformando una tercera alternativa que, al margen de su efec- tiva influencia en cada supuesto individual, es indudable que integró el ambiente ideológico de la época. Trataremos, de aquí en adelante, de poner en evidencia tales matices.
2. Es bien sabido que la formación de nuestros primeros políticos rioplatenses estuvo fuertemente determinada por el pensamiento español de los siglos XVI y XVII. Stoetzer destaca que éste, a su vez, se nutrió de cuatro fuentes principales: «a. La filosofía de la Alta Escolástica, encabezada por Francisco Suárez y sus obras De legibus y Defenso Fidei; b. La tradición escolástica, dirigida por el De Regno ad Regem Cypri y la
Summa Teológica, de Santo Tomás de Aquino; c. La reacción antimaquiavelista en la Península; d. La explosión ascético-mís- tica en España, que afectó a todas las clases sociales» 11.
El pensamiento de Vitoria, Soto, Molina, Mariana y Suá- rez, en especial, constituía la base de formación de los jóvenes del Plata, en materia política, a comienzos del siglo XIX. No estaban ausentes autores considerados más «modernos», como Descartes, Bacon, Gassendi o Newton, aunque con escasa in- fluencia en lo que a las ideas políticas se refiere 12. Sin lugar a dudas, fue Suárez quien tendrá preponderancia, hasta el pun- to de ser considerado por varios historiadores de renombre la influencia determinante, casi excluyente, en la conformación ideológica de la generación actuante a partir de 1810.
3. El tema central de las teorías suarecianas, que cobra singular relevancia en estas tierras como consecuencia de la crisis de 1810, era el del origen y la titularidad del poder polí- tico. Y el punto de partida para alcanzar precisiones en la materia pasa por la afirmación -de antigua prosapia esco- lástica- de la naturalidad de la vida política y del poder. Ad- vierte Segovia que «en De Legibus decía Suárez -con el objeto de probar la naturalidad de la comunidad política- que el hombre es un animal social y de una manera natural y recta tiende a vivir en sociedad. Y en el Defensio Fidei reafirma la tesis, pues entiende que el hombre está naturalmente destinado a la comunidad políti- ca en tanto le es necesaria para la conservación de la vida. La cita que el Eximio hace de Aristóteles termina por confirmar la ortodo- xia de su concepto» 13. Como destaca este autor, el punto de parti- da respondía a una tradición que se remontaba hasta Aristóteles, pasando por Santo Tomás y sustentada ya por Vitoria en España, bien que con un sesgo más finalístico 14.
10 Ver, por ejemplo, Carlos Alberto FLORIA, «Liberalismo vertical», en V.V.A.A., Las ideas políticas de Mayo, Buenos Aires, Omeba, 1963, pág. 42, quien cita a Ricardo ZORRAQUÍN BECÚ en el mismo sentido.
11 O. Carlos S
TOETZER, El pensamiento político en la América española durante el
período de la emancipación. (1789-1825), T. I, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1966, pág. 15.
12 Conf. José Carlos CHIARAMONTE, «Primeros pasos de la ilustración argentina», en Anuario del Instituto de Investigaciones Históricas, Rosario, Univ. Nac. del Litoral, Fac. de Filosofía y Letras, 1960, IV, pág. 187 y ss..
13 Juan Fernando S
EGOVIA, «El sujeto primario del poder y sus implicancias en el
pensamiento político del jesuita Francisco Suárez», en Prudentia Iuris, Rev. de la Fac. de Derecho y Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, Buenos Aires, IX, abril de 1983, pág. 69.
14 Tulio HALPERÍN DONGHI, Tradición política española e ideología revolucionaria de mayo, pág. 21 y ss..
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con vehemencia, tensaron la cuerda hasta cortarla. Inútil fue que la Junta rechazara su dimisión. Se sabía vencido.
8. Tras la renuncia parte Moreno en misión a Londres. Se embarca el 22 de enero de 1811 a las seis y media de la tarde, con su hermano Manuel y Tomás Guido como secretarios, haciéndose a la vela el 24 a las diez y media de la mañana a bordo de La Fama. Manuel relata la decadencia física de Mariano a lo largo del viaje, creyendo que es consecuencia de «la falta de ejercicio, los alimentos impropios de la mar y es- pecialmente por las aflicciones mentales, hasta caer en una languidez profunda, que alarmó a los que lo observaban» 8. Atribuye su muerte, el 4 de marzo al amanecer, a «una dosis excesiva de emético». Mucho se ha escrito y especulado con el posible asesinato por envenenamiento de Moreno. Sin embargo, el libro publicado en 1988 por el médico Manuel Luis Martí, Enfermedad y muerte de Mariano Moreno 9, con su prolijo análisis y consideración científica de los antece- dentes familiares y personales del prócer, nos han convenci- do de su muerte por causas naturales.
Dejó una joven mujer y un pequeño hijo de seis años, con escasos recursos para subsistir. María Guadalupe Cuenca de Moreno se vería obligada a pedir del Primer Triunvirato y de la Asamblea de 1813 la ayuda económica necesaria para atender a la educación de su hijo. Mariano Moreno, como otros hombres de Mayo, contribuyó a sentar las bases del nuevo país a costa de su vida y fortuna. Predicó y practicó el sacrificio del interés individual en aras del bien común. Ejem- plo magnífico que, en estos tiempos en que política y ostenta- ción aparecen indisolublemente vinculadas, justifica el es- fuerzo de comprender a la distancia la riqueza de su pensa- miento y el valor de su acción.
A la naturalidad de la vida social y política, sigue como consecuencia la naturalidad del poder. «El cuerpo político exige, como una de sus condiciones esenciales, la presencia del poder político» 15. Ahora bien, el origen natural del poder implica su origen divino, en tanto es Dios el autor de la natu- raleza, mas Suárez se cuida bien de evitar el simplismo que, en su tiempo, había llevado a Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia a derivar de allí que el poder que ostentaba le había sido deferido directamente por el Creador. Advierte el pen- sador español que Dios es causa remota del poder, y no próxi- ma, en tanto ha inscripto en la necesidad natural de la convi- vencia política la existencia del poder ordenador. Como en Santo Tomás de Aquino, la distinción entre causa eficiente remota y próxima del Estado, reserva a la libertad y volun- tad del hombre un papel trascendente en el proceso de con- formación de la vida política.
En efecto, si el poder no deriva directamente de Dios a quien lo ejerce, y si está requerido por la naturaleza misma en cuanto exigencia de la convivencia, resulta que «el supre- mo poder público, considerado en abstracto, fue conferido directamente por Dios a los hombres reunidos en Estado o comunidad política perfecta» 16. Comienza aquí el desarrollo típicamente suareciano que conduce a la noción del pactum societatis: es a través de él, en tanto que pacto tácito o expre- so de unión en comunidad, que los hombres actualizan su natural impulso a vivir en sociedad y, simultáneamente, dan origen al poder político. Afirma Halperín Donghi que «el po- der político no existía, disperso, antes del pacto; surge en el momento del pacto como atributo necesario de la sociedad que el pacto crea, como parte natural de ella, sin la cual no habría
8 Manuel MORENO, Colección de arengas en el foro y escritos del Doctor Don Mariano Moreno, abogado de Buenos Ayres, y Secretario del Primer Gobierno en la Revolución de aquel Estado, pág. 173.
9 Manuel Luis M
ARTÍ, Enfermedad y muerte de Mariano Moreno, Buenos
Aires, Nebai, 1988. 15Ibíd., pág. 33.
16 Francisco S
UÁREZ, Defensio Fidei, III, II, 5, pág. 18, citado por Juan Fernando
SEGOVIA, «El sujeto primario del poder y sus implicancias en el pensamiento político del
CARLOS EGÜES
34 Mariano Moreno y las ideas político-constitucionales de su época 3 9
la, pero quedarán como testimonio invalorable de los prime- ros pasos del pensamiento político-constitucional del país.
6. Junto a la tarea intelectual y de difusión de ideas, que a grandes rasgos hemos descripto, se ocupará Moreno de las funciones propias de la Secretaría. La pintura que han hecho sus contemporáneos del desempeño que le cupo, sea criti- cándolo o ensalzándolo, muestra lo mismo que sus ideas re- flejan: inquietud, activismo, pasión, incluso desmesura. En todo momento ocupa el centro de la escena y no es precisa- mente decisión lo que le falta: en el conflicto con la Audien- cia, en el enfrentamiento con los contrarrevolucionarios en- cabezados por Liniers, en las instrucciones a Castelli, apare- ce de manera emblemática una faceta violenta de su perso- nalidad que llevó a Saavedra a compararlo con Robespierre y a su generalizada calificación como jacobino. Volveremos lue- go sobre el tema. Baste destacar aquí que pensamiento y ac- ción estuvieron fuertemente imbricados en Moreno. No fue de aquellos hombres que muestran mesura en las palabras y alimentan en las sombras excesos de conducta o, a la inversa, los furibundos de lenguaje y timoratos a la hora de la concre- ción. Con aciertos y errores mostró siempre Moreno, en su actuación pública, la misma decisión en el discurso que en los hechos, sirviendo de manera eminente, de este modo, a sortear el momento inicial, siempre débil, incierto, del pro- ceso fundacional del nuevo país.
7. Su actuación pública concluye el 18 de diciembre de 1810, fecha en la que presenta su renuncia. El mismo tempe- ramento al que acabamos de referirnos lo lleva a un enfren- tamiento sin retorno con Saavedra y, en general, con quienes se consideraban los moderados del movimiento de Mayo. El decreto del 3 de diciembre que disponía que los empleos pú- blicos sólo serían conferidos a los nacidos «en estas provin- cias», el del 6 de diciembre sobre supresión de honores al presidente de la Junta, ambos inspirados por Moreno y, fi- nalmente, la controvertida cuestión de la incorporación de los diputados del interior, decisión a la que éste se oponía
en rigor sociedad política. Este poder, esta potestad que antes de estar en la sociedad política no estaba en quienes iban a integrarla, que no proviene por lo tanto de ellos, que es atribu- to natural de la sociedad, no puede provenir, según Suárez, sino de Dios en cuanto creador de la naturaleza; es dada a la sociedad política en el modo como son dadas por Él las propieda- des que son consecuencias de la naturaleza de la cosa a la que son dadas. Así, un elemento humano y voluntario -la decisión de constituir una sociedad política- debe unirse a uno natural y, por lo tanto, de origen divino -la estructura misma de la sociedad política, independiente de las voluntades de quienes serán sus miembros- para que la sociedad surja» 17.
Creada la comunidad política y surgido en ese mismo acto el poder, sigue como necesaria la cuestión de quién es el su- jeto o titular legítimo del mismo. La conclusión se impone: el pueblo reunido en comunidad es el titular natural del poder, quien puede conservarlo o transmitirlo, aunque la primera alternativa aparece a los ojos de Suárez como impracticable e inconveniente. A la hora de la transmisión del poder por la comunidad, apela a la noción de pactum subiectionis, en virtud del cual el pueblo en comunidad elige al gobernan- te y le transfiere el poder sin que, en principio, pueda en el futuro dejar sin efecto tal cesión 18.
4. El desarrollo esquemático que acabamos de hacer, tiene por objeto describir lo que se constituiría en un sa- ber común entre las clases dirigentes del Plata a fines del siglo XVII y comienzos del siguiente. Con la crisis de la monarquía española y el dominio francés, en torno a 1810,
17 Tulio HALPERÍN DONGHI, Tradición política española e ideología revolucionaria de mayo, pág. 34.
18 Cf. Juan Fernando SEGOVIA, «El sujeto primario del poder y sus implicancias en el pensamiento político del jesuita Francisco Suárez», en Prudentia Iuris, IX, abril de 1983, pág. 76; Gustavo J. FRANCESCHI, «Francisco Suárez y el origen del poder civil», en
Presencia y sugestión del filósofo Francisco Suárez. Su influencia en la Revolución de Mayo, Buenos Aires, Kraft, 1959, pág. 67.
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Desde las páginas de la Gazeta de Buenos Ayres, el secre- tario de la Junta asumirá la tarea de esclarecer las nociones políticas que cree indispensables para cimentar la tarea del nuevo gobierno, al tiempo que informará a sus conciudada- nos de las principales novedades europeas y de las reaccio- nes de las autoridades españolas en el resto de América. En una primera etapa que se extiende hasta octubre de 1810, los escritos de Moreno giran en torno a ciertos temas centra- les: la necesidad de conservar la unidad en defensa del nue- vo gobierno; la exaltación del patriotismo entendido como entrega y sacrificio en aras del interés común; la posterga- ción del interés individual; la configuración de un nuevo sentido de la ciudadanía. Todo ello abonado por el enalte- cimiento de la educación como instrumento de transfor- mación de las costumbres, junto a una persistente crítica del pasado colonial y la administración española.
A partir de noviembre, en cinco artículos que luego se- rían agrupados desde la primera publicación de sus escritos hecha por su hermano, bajo la denominación Sobre las miras del congreso que acaba de convocarse y constitución del Esta- do, la preocupación se dirige hacia lo institucional. En ellos se enuncian las primeras palabras del constitucionalismo argentino y se ponen en discusión los pasos iniciales de la conformación de un nuevo Estado. Constituyen, sin dudas, lo más sustancioso de su pensamiento. En ellos Moreno revela una comprensión, poco común en el momento, de las graves dificultades que habrá que sortear para lograr la constitucionalización del movimiento de Mayo. No hay de- masiado orden en sus ideas; se nota que está explorando un territorio novedoso. Pero hay convicción, fuerza y hasta ori- ginalidad para imaginar caminos institucionales en un pro- ceso que no se decidía a ser revolucionario.
Estos cinco extensos artículos, el último del 6 de diciem- bre de 1810, constituyen el legado ideológico del secretario de la Junta. No volverá a usar la pluma públicamente. Dejará sin respuesta muchas de las preguntas que en ellos se formu- huelga decir cuánta importancia adquiriría la noción del