6.3 Tool Organization
6.3.3 Post-mortem Analysis Tool
Hay varias posibles alternativas. Según Jenkins, las principales posturas sobre pensamiento y lenguaje pueden reducirse a tres: 1) el pensamiento depende del lenguaje. La defienden principalmente los partidarios del determinismo y relativismo lingüístico (Sapir, Whorf); 2) el pensamiento es el lenguaje. Esta postura la defiende especialmente Watson; 3) el lenguaje depende del pensamiento. El principal defensor de esta posición es Piaget y quizá Vygotsky, aunque éste también cabría en la primera postura.
8.1. El pensamiento depende del lenguaje
Algunos psicólogos sostienen que el pensamiento depende del lenguaje. Así lo entiende el determinismo lingüístico iniciado por Sapir y luego elaborado por Whorf. Sapir había mantenido, en principio, una posición moderada, sosteniendo que el pensamiento es influido por el lenguaje, pero' radicalizó su posición en el sentido de afirmar que todos los altos niveles de pensamiento dependían del lenguaje. Una derivación del determinismo lingüístico afirma que los lenguajes diferentes producen diferentes representaciones o imágenes perceptivas y cognitivas del mundo. Es la hipótesis del relativismo lingüístico.
Ambas posiciones son claramente distintas. Así, el lenguaje puede determinar el pensamiento en todas las personas, pero los hablantes de diferentes lenguas pueden tener construcciones semejantes de lenguaje que afectan al pensamiento de manera semejante, en cuyo caso el determinismo lingüístico sería verdadero, pero el relativismo sería falso. Por el contrario, el lenguaje puede no determinar el pensamiento, pero los hablantes de diferentes lenguas pueden percibir las cosas de manera diferente, debido a las diferencias ambientales o a las estructuras cognitivas, de donde se deduce que el determinismo lingüístico es falso, pero resulta correcto el relativismo lingüístico.
Los argumentos a favor del determinismo y relativismo lingüístico provienen de los estudios trans-culturales. A Whorf le había llamado la atención la diferencia entre los lenguajes de los nativos americanos y los europeos. Había observado que a veces la traducción palabra a palabra del inglés a otro idioma nativo americano resultaba imposible. Pensaba también que la diferencia en los términos utilizados para nombrar cosas podría suponer diferencias en la percepción de esas cosas.
Por ejemplo, los esquimales tenían muchos más términos que los hablantes ingleses para designar diferentes clases de nieve, que para ellos es crucial. Estas diferencias lingüísticas entre hablantes ingleses y esquimales serían las responsables de las diferentes percepciones de los hablantes de los dos idiomas.
Algunos han querido ver alguna debilidad en la hipótesis de Whorf en el sentido de encontrarla apoyada en un razonamiento circular. Whorf observa la existencia de diferencias entre hablantes; debido a estas diferencias, los hablantes de diferentes lenguas piensan de forma diferente, de donde se concluye que las diferencias cognitivas han surgido de las diferencias en el lenguaje. Ahora bien, las diferencias en el lenguaje sólo prueban por sí mis que las lenguas son diferentes. Sin una medida de los patrones de pensamiento no se pueden sacar conclusiones.
También resta fuerza a la argumentación whorfiana la existencia comparable, a través de la investigación, de universales lingüísticos. Está fuera de duda que el tiempo y el orden de adquisición de los estadios lingüísticos es claramente semejante de una a otra lengua. También son semejantes las estructuras y reglas básicas de todos los idiomas; son pues más las semejanzas que las diferencias entre los lenguajes.
En cambio, la hipótesis de Sapir, de que el lenguaje influye más que determina el pensamiento, resulta más atractiva y congruente con los hechos de la experiencia. De esta opinión participa Bruner cuando señala que el mundo perceptivo y cognitivo del infante y del niño preescolar queda restringido al aquí y al ahora, porque no ha internalizado aún el lenguaje como el instrumento del pensamiento. Entre cinco y siete años, dice Bruner, los niños comienzan a utilizar el lenguaje para ayudarse a pensar. Internalizan las reglas verbales para facilitar la solución de problemas, para recordar cosas, para representar y transformar la información. La transición a un modo simbólico (verbal) de representación cognitiva es un gigantesco salto hacia adelante, porque permite al niño una flexibilidad y un poder cognitivo notables. También Vygotsky y Luria son de la misma opinión, aunque, según ellos, la edad en que comienza el lenguaje a ser internalizado es algo anterior.
Que el lenguaje pueda influir sobre el pensamiento es un dato claro dentro de la investigación psicológica de la memoria, ya que la utilización de estrategias verbales como categorizar y repetir el material facilitan el transfer de la información de la memoria a corto plazo a la de largo plazo en tareas de memoria. Los niños escolares utilizan menos la repetición verbal que los mayores; también la categorización mejora a lo largo del desarrollo.
8.2. Pensamiento igual a lenguaje
Según Watson, lo que los psicólogos han llamado pensamiento no es más que un lenguaje que nos dirigimos a nosotros mismos. Watson extendió luego esta idea señalando que el habla de cuchicheo no depende sólo de la laringe, sino de respuestas musculares de la lengua, la garganta y el pecho, y arguyendo después que otros cambios fisiológicos pueden representar el habla (de hecho, dice, cualquier respuesta corporal puede llegar a ser un sustituto del habla).
Watson deseaba hacer de la psicología una ciencia experimental objetiva y rechazó todo aquello que no pudiera ser observado, afirmando que el pensamiento (no observable) va acompañado por movimientos guturales, y en el fondo se reduce a esos movimientos. Gran parte de lo que llamamos pensamiento, decía Watson, es una actividad motora implícita del aparato vocal. Las palabras son en realidad respuestas que hemos aprendido a aplicar a los objetos y sucesos del ambiente. Son símbolos porque representan cosas que ellas no son. Entonces podemos pensar en esos objetos en términos de su contrapunto verbal. Cuando pensamos para nosotros mismos acerca de ellos, únicamente estamos suprimiendo las respuestas verbales observables. Gran parte pues del pensamiento es primariamente habla subaudible. Watson apoya, por tanto, una teoría periférica, motora del pensamiento; periférica, porque las actividades importantes para él son musculares o glandulares, frente a una teoría central o ideacional que frecuentemente implica como integradores conductuales los procesos centrales del cerebro. Ambos procesos, sin embargo, periféricos y centrales, están implicados en la actividad ideacional.
Watson se ha apoyado en algunas observaciones aparentemente favorables a su tesis. En primer lugar, recuerda que los niños hablan incluso cuando están solos, y lo hacen para planificar su conducta; y en segundo lugar, que los
tartamudos, que usan signos manuales en lugar de palabras, tienden a hacer los mismos movimientos mientras piensan.
Los argumentos no tienen peso y la postura reduccionista de Watson no la sostiene nadie en su formulación extrema, porque; en un recurso a lo absurdo, el hombre privado de los músculos de la fonación per dería su capacidad de pensar. Los experimentos hechos con curare, que paraliza los músculos, han demostrado que los sujetos de esta experiencia indicaban después de su recuperación que sabían lo que estaba ocurriendo; incluso podían resolver problemas simples mientras había algún medio de comunicación con ellos, por ejemplo mediante un gesto del pulgar cuando ya no podían hablar perceptiblemente.
Vygotsky ha señalado con claridad la diferencia entre ambas clases de procesos cuando dice que al fluir del pensamiento no le acompaña un despliegue simultáneo del habla. Los dos procesos no son realmente idénticos y no hay una correspondencia rígida entre las unidades del pensamiento y el lenguaje. Esto, dice, resulta especialmente obvio cuando un proceso de pensamiento se malogra, como, cuando dice Dostoyewsky, el pensamiento no quiere entrar en las palabras. El pensamiento tiene su propia estructura y la transición de él hacia el len guaje no es un asunto fácil.
Se pueden presentar cuatro líneas de evidencia para rechazar la ecuación pensamiento = lenguaje (que según Glueksberg es una forma fuerte el determinismo de Whorf). En primer lugar, los animales no hablantes despliegan complejos procesos de pensamiento tanto en el laboratorio como en la selva; además, los seres humanos no hablantes realizan un desarrollo conceptual relativamente normal anterior al entrenamiento sintomático del lenguaje. En tercer lugar, los adultos que han perdido el habla como resultado de una lesión cerebral, o de una parálisis temporal, pueden pensar perfectamente (resuelven problemas abstractos y razonan lógicamente). Por último, el pensamiento puede ser completamente no verbal. El pensamiento visual es una realidad manifiesta, tal como se ha comprobado en algunas experiencias.
8.3. El lenguaje depende del pensamiento
Esta es la postura de Piaget. Para Piaget, el lenguaje refleja a menudo, más que determina, el desarrollo cognitivo. La escuela de Piaget ha intentado realizar cuidadosos entrenamientos en la solución de problemas enseñando a los sujetos nuevas estrategias lingüísticas sobre determinadas tareas y conceptos. Los resultados han demostrado que el entrenamiento lingüístico especial no sirve de nada al sujeto. El solo entrenamiento en el lenguaje no es suficiente para que el niño pase de un estadio de desarrollo a otro.
Después de examinar Piaget el papel del lenguaje en el pensamiento, tanto en las operaciones concretas como en las operaciones formales, dice que el lenguaje no basta para explicar el pensamiento, ya que las estructuras que caracterizan a este último tienen sus raíces en la acción, y el mecanismo sensoriomotor es más profundo que el hecho lingüístico. Pero no es por ello menos evidente-que, cuanto más refinadas son las estructuras del pensa- miento, más necesario es el lenguaje para el perfeccionamiento de su elaboración. El lenguaje es pues una condición necesaria, pero no suficiente, de la construcción de las operaciones lógicas. Entre el lenguaje y el pensamiento existe un círculo genético tal que uno de los dos términos se apoya necesariamente en el otro en una formación solidaria y en una perpetua acción recíproca. Pero ambos dependen, en definitiva, de la inteligencia en sí, que, por su pane, es anterior al lenguaje e independiente de él. En síntesis, son dos procesos solidarios, necesarios el uno al otro, pero independientes. En todo caso, el lenguaje depende de la inteligencia, que es anterior al lenguaje.
Vygotsky37 es también claro al expresar su postura sobre las relaciones entre pensamiento y lenguaje. En su desarrollo
ontogenético, dice Vygotsky, el pensamiento y el lenguaje provienen de distintas raíces genéticas; en el desarrollo del habla del niño se puede establecer con certeza una etapa preintelectual y en su desarrollo intelectual una etapa pre-lingüística. Hasta un cierto punto en el tiempo, los dos siguen líneas separadas, independiente una de otra. En un momento determinado, estas líneas se entrecruzan, y entonces el pensamiento se torna vocal y el lenguaje racional.
El pensamiento no está formado por unidades separadas como el lenguaje. El que habla generalmente tarda algún tiempo en expresar sus pensamientos. En su mente, el pensamiento completo está presente simultáneamente, pero en el lenguaje debe ser desarrollado en forma sucesiva. Un pensamiento puede compararse a una nube que arroja una lluvia de palabras. Precisamente porque el pensamiento no tiene una contrapartida automática en las palabras, la transición del pensamiento a la palabra conduce al significado.
La relación entre pensamiento y palabra es un proceso creciente: el pensamiento nace a través de las palabras. Una palabra sin pensamiento es una cosa muerta y un pensamiento desprovisto de palabra permanece en la sombra.
Vygotsky representa las relaciones entre pensamiento y lenguaje como dos círculos en intersección. En sus partes superpuestas constituyen el pensamiento verbal; éste, sin embargo, no abarca todas las formas de pensamiento y lenguaje. Por el contrario, existe un área muy amplia de pensamiento que no tiene relación directa con el lenguaje (la inteligencia práctica). La fusión de pensamiento y lenguaje, tanto en el adulto como en el niño, es un fenómeno reducido a un área limitada.
El pensamiento no verbal y el lenguaje no intelectual no participan de esta función y son afectados sólo indirectamente por los procesos del pensamiento verbal.
El desarrollo del lenguaje recorre estas etapas, dice Vygotsky: lenguaje social, egocéntrico y lenguaje interiorizado. La interpretación de esta dinámica evolutiva es la que ha provocado una amplia y fecunda controversia con Piaget.
Para Piaget, el lenguaje y el pensamiento recorren una trayectoria común desde el lenguaje autista hasta el socializado, y desde la fantasía subjetiva hasta la lógica de las relaciones. El desarrollo del lenguaje es una historia de socialización gradual de estados mentales, profundamente íntimos, personales y autísticos. Aun el lenguaje socializado se presenta como siguiendo, y no precediendo, al lenguaje egocéntrico (lenguaje egocéntrico-lenguaje socializado).
La hipótesis de Vygotsky invierte los términos. Para él, el desarrollo total se produce así: la función primaria dé las palabras, tanto en los niños como en los adultos, es la comunicación, el contacto social. Por tanto, el primer lenguaje del niño es esencialmente
social, primero global y multifuncional, y más adelante con funciones perfectamente diferenciadas. A cierta edad, el lenguaje
social del niño se encuentra dividido en forma bastante aguda en habla egocéntrica y comunicativa. Desde este punto de vista, las dos formas, tanto la comunicativa como la egocéntrica, son sociales, aunque sus funciones difieran. El lenguaje social emerge cuando el niño transfiere las formas de comportamientos sociales, participantes, a la esfera personal interior de las funciones psíquicas. El lenguaje egocéntrico, extraído del lenguaje social general, conduce a su debido tiempo al habla interiorizada que sirve tanto al pensamiento autista como al simbólico.
El esquema de Vygotsky del lenguaje es primero social, luego egocéntrico e interiorizado. El esquema de Piaget es primero
egocéntrico y luego socializado.
En síntesis, para Piaget el lenguaje egocéntrico es aparentemente social y realmente individual. Para Vygotsky, el lenguaje egocéntrico tiene la fun ción del lenguaje interiorizado/ pero en su expresión permanece semejante al social. Por eso es intermedio, transicional.
Como se puede observar, la polémica está centrada en torno a la función del lenguaje egocéntrico. Mientras que para Piaget el lenguaje egocéntrico es algo espúreo y transitorio por no ser comunicativo, ni por tanto social, de forma que con el tiempo se atrofia y se pierde, dando lugar al lenguaje socializado, para Vygotsky el lenguaje egocéntrico, que es social porque se deriva del lenguaje social, cumple una función importante y, lejos de desaparecer, se va intensificando hasta dar lugar al lenguaje interiorizado o pensamiento verbal del hombre adulto.
Lecturas
R. Bayés, Chomsky o Skinner. La génesis del lenguaje. Herder, Barcelona 1977. N. Chomsky, Estructuras sintácticas. Trillas, México 1974.
D. I. Slobin, Introducción a la psicolingüística. Paidós,
Buenos Aires 1974. E. H. Lenneberg, Fundamentos biológicos del lenguaje Alianza, Madrid 1975.
J. Piaget y otros, El lenguaje y el pensamiento del niño
pequeño. Paidós, Buenos Aires 1984. B. F. Skinner, Conducta verbal. Trillas, México 1981. L. S. Vygotsky, Pensamiento y lenguaje. La Pléyade,
Buenos Aires 1973.
P. Oleron, El niño y la adquisición del lenguaje. Morata Madrid 1981.
A. R. Luna, Lenguaje y desarrollo intelectual del niño. Siglo XXI, Madrid 1984.
J. Gómez Tolón, Trastornos de la adquisición del lenguaje. Escuela Española, Madrid 1987. J. Bruner, El habla del niño. Paidós, Barcelona 1986.