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Antes de abordar la secuencia evolutiva, conviene hacer algún comentario sobre la discutida cuestión de los períodos críticos o sensibles en torno al desarrollo del lenguaje. Se habla del período sensible con relación al desarrollo, cuando una conducta o estructura determinada en trance de crecimiento se hace especialmente sensible a los agentes ambientales que pueden interferir O facilitar el desarrollo durante el período sensible, de manera que la adquisición de esa estructura se realiza con mayor rapidez, con menos esfuerzo y de forma más eficaz, mientras dura el período temporal de referencia. La duración de este intervalo temporal estaría controlada genéticamente, a fin de producir el desarrollo de una conducta, la del lenguaje por ejemplo, que es esencial para la supervivencia. Hay razones para afirmar la existencia de un período sensible de esta naturaleza respecto al lenguaje, aunque se discuten ampliamente tanto su duración como su significado. Lenneberg cree que el período sensible para el lenguaje dura desde los dos años hasta la adolescencia. Si esto es así, habría que suponer que el sujeto que no hubiera sido expuesto a un lenguaje antes de la adolescencia difícilmente lo podría adquirir después.

La mayor parte de los argumentos en favor de ese período sensible de su duración hasta la adolescencia son indirectos. Así, por ejemplo, los sujetos que no han podido disfrutar de la experiencia del lenguaje, como las personas sordas o aisladas de la convivencia humana durante un período notable de tiempo, han hecho progresos notables cuando la enseñanza tenía lugar antes de la pubertad. Curiosamente, los niños retrasados que progresan de forma más lenta que los iguales no retrasados de equivalente edad cronológica, dejan de mejorar una Vez que llegan a la adolescencia. Es importante también señalar los efectos de las lesiones cerebrales. La lesión del hemisferio izquierdo en los adultos desemboca en afasias, casi siempre permanentes, mientras que la lesión del cerebro derecho no produce ninguna pérdida del habla.

Pero el cuadro cambia sustancialmente en los niños. Las lesiones del hemisferio izquierdo por debajo de los dos años no resultan más peligrosas para el futuro desarrollo del lenguaje que las lesiones producidas en el hemisferio derecho. Por lo general, las lesiones producidas antes de los 10 años suelen tener un buen pronóstico, demostrando así que existe una creciente especialización relacionada con el lenguaje en el cerebro durante la niñez, y que el período sensible puede estar terminado ya. Es posible que, en el caso de niños privados de lenguaje una vez que el cerebro está ya especializado, las áreas destinadas al control de las funciones del lenguaje hayan asumido el control de otras actividades muy diversas y no estén ya disponibles para coordinar el lenguaje. Por eso resulta mucho más fácil aprender el lenguaje cuando el cerebro está relativamente abierto a los inputs lingüísticos.

Es posible también que el período sensible respecto a la adquisición del lenguaje no se encuentre directamente relacionado con éste; sino que se halle asociado a ciertas habilidades cognitivas analíticas requeridas para aprender las regías del lenguaje.

Con todo, el desarrollo lingüístico parece exigir de forma vinculante algún tipo de experiencia durante la niñez. De hecho, los niños que experimentan ambientes lingüísticos diferentes manifiestan patrones característicos diferentes de habla incluso desde edades muy tempranas. Sin embargo, resulta sorprendente comprobar que los niños necesitan poco entrenamiento para adquirir el lenguaje, y aunque los padres puedan repetir y entender las frases de sus hijos enriqueciéndolas, no está comprobado que esa conducta de los padres se traduzca en mayores progresos por parte de los niños. Por otra parte, los niños no siguen siempre los modelos de habla que han experimentado, pues son capaces de producir nuevas y, a veces, extrañas combinaciones de palabras que nunca han oído a nadie, pero que son, sin embargo, sensatas.

7.1. Desarrollo

Los infantes comienzan a producir sonidos vocales y consonantes reconocibles en los primeros días de vida. Estos primeros sonidos pueden tener poca relación con los sonidos que el niño oye, pues los niños de todo el mundo producen el mismo conjunto inicial de sonidos vocales, indiferentemente del lenguaje hablado por sus padres. Algunos de estos sonidos elementales no se vuelven a producir ya más tarde en la vida del niño y los que se retienen se producen en la lengua nativa del mismo.

Durante las cuatro primeras semanas de vida, los sonidos vocales sobrepasan a los sonidos consonantes en una proporción de 5 al. Después, los sonidos consonantes aumentan a un ritmo rápido, de forma que a los doce meses de edad el niño emite sonidos consonantes más que vocales. Se discute el sentido de los sonidos hechos en la temprana infancia. Parece que hay una cierta continuidad entre vocalización temprana y desarrollo posterior del lenguaje, pues un análisis longitudinal sistemático de cinco años ha revelado fuertes semejanzas entre el contenido fonético de los sonidos primeros y el habla posterior, aunque no se descarta que sean procesos separados e independientes.

7.2. Frases de una palabra

Al final del primer año de vida, muchos niños comienzan a pronunciar sonidos que son ya signifi cativos para otros. Inicialmente, éstos pueden tener la forma de palabras simples, como ma, mamá; pa, papá, da, dada y otras combinaciones consonante-vocal que parecen referirse a los cuidadores de niños o a otros en el hogar.

Estas oraciones de una palabra cambian de significado según la situación y el contexto en el que se producen. Así, por ejemplo, la palabra mamá, la más frecuente, puede significar: esta es mamá; tengo hambre; mamá, ven; etc. Las frases de una sola palabra aumentan en número rápidamente y empiezan a sonar cada vez más como construcciones adultas. Este es el estadio holofrástico, la frase de una palabra. Aunque los niños de uno a dos años de edad pasan mucho tiempo nombrando cosas con sus construcciones de una palabra, éstas parecen cumplir funciones adicionales, utilizando la misma palabra para significar una variedad de cosas. Durante el segundo año de vida, los niños conocen mucho más de lo que ellos pueden comunicar. Su habla es más limitada, por la inmadurez fisiológica, que sus conocimientos, pues los niños a esta edad pueden responder adecuadamente a las experiencias lingüísticas que ellos no pueden pronunciar.

7.3. Primeras sentencias

A los 18 meses de edad, algunos niños comienzan a formar sus primeras sentencias. Invariablemente se trata de combinaciones de dos palabras tales como «¿dónde mamá?» «tirar pelota», «papá ir», «más leche». Lo más señalado de estas secuencias es que comunican significado utilizando sólo dos palabras. En estas sentencias de dos palabras o habla telegráfica se pueden distinguir dos tipos de palabras, las llamadas pivote u operadores, y una serie de palabras, muchas de las cuales fueron anteriormente emisiones de una palabra. Por ejemplo, la palabra «más» es una palabra pivote a la que puede seguir una serie de palabras: más azúcar, más leche, más galleta... En este caso, la palabra pivote está en primera posición, «más», que es seguida por una serie numerosa de palabras. Las palabras pivote se van extendiendo con el tiempo, agregándose algunos pivotes más por mes. Otras palabras pivote son, por ejemplo, grande, mira, hola, bonito.

Para hacer esto, las palabras elegidas deben ser las palabras de contenido más importante, capaces de expresar un pensamiento. A causa de la naturaleza económica de las sentencias primeras de los niños, se suelen llamar habla telegráfica. Las palabras que embellecen una sentencia, pero no son especiales para un significado básico, no están incluidas en las producciones típicas de dos años. Por eso prescinden de toda clase de preposiciones, conjunciones, artículos, verbos auxiliares e inflexiones.

Estas combinaciones del niño de dos años no son pues al azar/Son precisamente las palabras necesa rias para comunicar un pensamiento, decidir una actividad o indicar una posición o localización determinada. Invariablemente hay una consistencia de orden con respecto a las dos palabras -el agente (sujeto) precede a la acción (verbo)- y la cosa actuada (objeto) sigue a la acción/La temprana aparición de orden adecuado entre las palabras y el hecho de que hay una gran uniformidad en las clases de significados expresados en las pronunciaciones de dos palabras en varios lenguajes, hace sospechar que las producciones lingüísticas del niño de dos años están estrechamente unidas a los conocimientos del mismo. En otras palabras, es como si el niño conociera que las secuencias causales caracterizan el ambiente -hay agente, acciones y cosas actuadas-. Este conocimiento suministra al niño palabras, combinaciones de palabras y órdenes de palabras precisas que transmiten a los otros diversos pensamientos.

Durante el breve período de 18 a 24 meses, el número de combinaciones de dos palabras que los niños pueden pronunciar van de cerca de O a 200 o 300. Desde los dos a los cuatro años de edad, las sentencias de los niños son más largas y más adecuadas para transmitir el significado preciso. Esto se realiza a través de la adquisición de ciertos moduladores que estaban notablemente ausentes en el habla de dos años. El orden de adquisición de éstos es consistente; todos los niños de tres años utilizan este orden de adquisición: preposición en, plural, pasado, posesivo, artículos, tercera persona del verbo regular, con algunas variaciones. La explicación es sencilla: las formas menos complejas en términos del número de significados que llevan se adquieren antes. Una explicación alternativa es que las primeras voces pronunciadas son también las oídas más frecuentemente en la conversación de los pa - dres. Así, el niño puede estar imitando las formas que ocurren con más frecuencia en la conversación adulta.

El significado que los niños asignan a las palabras se desplaza de lo general a lo específico. De esta manera, a una edad temprana, el niño podía decir papá para referirse a un hombre adulto cualquiera. Más tarde, papá podía referirse a los adultos que se parecen a su papá. Por último, aprende a decir papá sólo cuando se refiere a su padre, y hombre cuando se refiere a cualquier otro adulto.

El fenómeno de la regularización es importante. No es que los niños cometan errores durante la adquisición del lenguaje, sino más bien que estos errores surgen porque los niños están continuamente aprendiendo las reglas de su lengua nativa. Es como si los niños estuvieran constantemente desarrollando y modificando teorías sobre cómo funciona el lenguaje. Ellos prueban sus teorías aplicando las reglas que piensan para conseguir que otros entien dan lo que ello significa. Entonces las reglas son modificadas y refinadas de acuerdo con los datos suministrados por el feed-back que reciben de los que hablan y escuchan dentro de su ambiente.

Las regulaciones de los niños es un fenómeno psicológico interesante. En realidad, es una tenden cia a sobre-regular determinadas formas lingüísticas, que, por otra parte, revela la capacidad creadora del niño. Los padres observan que los niños utilizan expresiones como andé, cabió, es decir, que flexionan los verbos irregulares como si fueran regulares. No es que el niño empiece usando correctamente algunas formas regulares coser-cosió, y que extienda la norma a los verbos irregulares, sino que el niño aprende primero las formas irregulares correctamente: supo, anduvo, como si fuera ítems aislados. Después, en cuanto el niño aprende una o dos formas regulares de los verbos; reemplaza las formas correctas del verbo irregular por sus generalizaciones incorrectas de las formas regulares. Así, cuando las formas correctas se han practicado durante mucho tiempo, se ven eliminadas de la gra- mática del niño por la tendencia a la sobreregularización.

A los tres años los niños usan negativas, e interrogativas de manera casi adulta: ¿puedo comer otra naranja?, en contraste con la frase de antes: más naranja. También a los tres años están comenzando a formar sentencias complejas que combinan varias proposiciones, utilizando adverbios, como: «yo estaba llorando cuando mi mamá se marchó». A los cuatro-cinco años, los niños parecen haber adquirido ya la mayor parte de las reglas de su lengua nativa. Es verdad que su expresión no es tan gramatical como lo será más tarde, ni su vocabulario es tan extenso como el del adulto, pero a esta edad tiene todo el equipamiento que necesitan para ex traer los significados del lenguaje de los otros y utilizar el habla de manera inteligente para los demás.

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