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Es fácil observar que los animales se comunican unos con otros y con los seres humanos, al menos en la medida que la conducta de un animal puede afectar a la conducta de otro. Ahora bien, la comunicación implica algo más que la mera transmisión de información entre los organismos y más que las influencias dentro del organismo. El acto comunicativo implica una interacción entre dos o más organismos, de manera que la conducta de ambos se mantenga e influya de manera recíproca; la comunicación requiere, para mantenerse con el tiempo, la interacción cooperativa de todos.

Los animales utilizan numerosas vías de comunicación olfativas, táctiles, visuales, auditivas y complejas. Algunas especies utilizan marcadores olfativos para marcar el territorio (los perros, por ejemplo, utilizan la orina). La forma principal de conducta táctil es el acicalado que se realiza con las manos, los dientes, la lengua y la nariz. El acicalado puede ser recíproco. El contacto corporal puede tomar formas muy diversas en función de la relación social entre ios animales: arrimarse, saludar, abrazar, montar. Los signos visuales se concretan en determinados cambios corporales, tanto en los machos como en las hembras; cuando la hembra muestra al macho la piel azul brillante o las zonas rojas específicas, este gesto actúa como un disparador de la actividad sexual, que en el macho se manifiesta en los órganos sexuales activados y en el pelo erizado del cuello.

Hay ciertas posturas que comunican mensajes inmediatos, como la espalda arqueada y el descenso de la cabeza, que reflejan una postura amenazante, mientras que la sumisión se muestra agachándose u ofreciéndose. El animal levanta la cola para expresar una situación dominante y la eleva en proporción al status que se ocupa respecto al grupo inmediato. Un gorila que actúa como líder puede señalar la marcha quedándose quieto y mirando fijo en la dirección que se ha de tomar. La agresión se señala mediante gestos de amenaza, como agitar los puños o mover las cosas de alrededor, mientras una aproximación amistosa puede señalarse poniendo las manos en la cabeza. Seguir por detrás a un animal puede ser una actitud amistosa o agresiva. El primate macho dominante, por ejemplo, sólo permite que se aproximen a él a una cierta distancia.

La expresión facial es muy rica (se utilizan hasta 13 gestos faciales diferentes) y distinta según las especies. El rostro de juego expresa una sonrisa con la boca abierta y los dientes cerrados, mientras que el rostro de puchero lo muestran los pequeños cuando se acercan a la madre. La mirada directa, fija, se utiliza como una señal de amenaza que se completa con la exhibición de los dientes. Los sonidos también están muy diversificados. Entre los monos y las abejas se encuentran hasta 25 sonidos vocales diferentes, entre los cuales están los alaridos cuando atacan o los chillidos cuando son atacados.

Muchas de estas señales olfativas, visuales, táctiles, etc., no van solas, sino que se combinan de forma regular configurándose como patrones significativos de conducta. Por ejemplo, la amenaza incluye enseñar los dientes, postura tensa con la cabeza fija y la espalda arqueada, los pelos erizados y fuertes alaridos.

Las abejas

Karl von Frisch ha estudiado durante treinta años las danzas de las abejas, que es su lenguaje específico. Por estos estudios sabemos que cuando una abeja retorna a la colmena puede ejecutar un complejo patrón de movimientos que imitan una danza, con detalles que varían en función de la distancia y de la cualidad del néctar encontrado. Así, por ejemplo, cuando la fuente del néctar está a menos de 100 metros de la colmena, la abeja realiza una danza de tipo giratorio, y cuando está más lejos, realiza una danza de agitación en forma de ocho. El contenido informativo que suministra puede ser triple: la dirección de la fuente teniendo como referencia el sol, la cualidad o riqueza del néctar y la distancia.

Los chimpancés

Sin duda los candidatos más probables para un lenguaje no humano son los primates superiores, nuestros más cercanos vecinos en la escala de la evolución. En realidad, no sólo son los animales infrahumanos más inteligentes, sino que despliegan conductas complejas de comunicación en sus medios naturales. Uno de los mejores estudios realizados en los chimpancés es el del Goodall (1971). Los chimpancés, según Goodall, tienen un amplio rango de llamadas que sirven para transmitir algunos tipos de información. Por ejemplo, cuando un chimpancé encuentra buena comida, produce unos ladridos específicos, que son comprendidos inmediatamente por los chimpancés vecinos y corren a juntarse con él. Cuando un chimpancé es atacado, grita, y el grito puede alertar a la madre o al compañero, que se lanzan en su ayuda. Cuando se produce una situación de alarma, el chimpancé emite un sonido específico «wrada», y los otros chimpancés salen disparados para ver que está ocurriendo.

Ciertamente, estas llamadas informativas no se pueden comparar con el lenguaje hablado. El hombre, por medio de palabras, puede comunicar ideas abstractas, beneficiándose de las experiencias ajenas y trazar planes inteligentes cooperativos. Pero resulta curioso comprobar que cuando los hombres intercambian sentimientos emocionales, la mayor parte de ellos retrocede al viejo esquema de comunicación gestual del chimpancé, utilizando la palmada de alegría, el abrazo de exultación, el apretón de manos o las palabras estereotipadas y secas emitidas al modo como el chimpancé lanza sus gritos. La utilización de las palabras en el nivel emocional es tan diferente de la oratoria o de la conversación inteligente como lo son los sonidos del chimpancé.

Muchos científicos han intentado enseñar el lenguaje humano a los chimpancés en cautividad. La mayor parte de ellos no han conseguido sus propósitos, pero han constituido una experiencia apasionante. Los Kellog criaron a su hijo Donal juntamente con un chimpancé llamado Gua. La idea fue tratar a Gua ya su hijo como iguales sin hacer esfuerzos especiales para enseñar a Gua a hablar o comprender el inglés. Donal evidentemente aprendió a hablar como cualquier niño pequeño, pero Gua nunca produjo sonidos humanos, sólo ejecutaba las vocalizaciones de los chimpancés en cautividad. Es verdad que realizaba algunos gestos comunicativos e incluso podía responder adecuadamente a unas 20 palabras, pero, en general, las relaciones de Gua no eran cualitativamente diferentes de un perro bien entrenado.

Hay es crió un chimpancé llamado Viki durante tres años, después de los cuales éste llegó a producir tres sonidos que podían ser identificados como palabras: papá, mamá, copa. Aunque las palabras eran utilizadas adecuadamente, en realidad resultaban bastante confusas y no podían ser fácilmente reconocidas como palabras por los extraños. La comprensión del lenguaje era, por supuesto, superior y con la práctica pudo entender algunas combinaciones de palabras, pero la práctica tenía que ser específica, ya que difícilmente comprendía nuevas combinaciones de palabras viejas.

El fracaso de estos dos intentos se puede explicar, bien porque los chimpancés no tienen las; habí* lidades cognitivas necesarias para dominar un sistema de comunicación como el humano, o porque teniéndolas se les pedía hacer algo para lo que no estaban preparados, es decir, para hablar.

Los Gardner llegaron a pensar que los chimpancés no podían aprender a hablar como los hombres porque su aparato vocal era muy diferente. Esto sólo demostraba que no podían utilizar el sistema vocal, pero no se había probado su competencia comunicativa. Por esta razón decidieron enseñar a un chimpancé hembra, llamada Washoe, el lenguaje americano de signos (A.SJL), utilizado por las personas sordomudas. Los resultados fueron impresionantes. Washoe tenía entre 8 y 14 meses cuando comenzó el programa de entrenamiento. Las condiciones del programa, aunque no se parecían a las de la familia humana, como en el caso de los estudios de Kellog y Hayes, implicaban un mínimo de confinamiento y un máximo de interacción social con compañeros humamos.

Los primeros signos fueron aprendidos por Washoe por imitación demorada de la conducta de signos de sus compañeros humanos y fueron pocos los signos introducidos por imitación inmediata.

Gran parte de los signos fueron introducidos por condicionamiento de modelado o instrumental. Al final de los 22 meses del programa, Washoe había adquirido y podía usar espontáneamente unos 30 signos. Los primeros signos adquiridos eran simples demandas; los signos posteriormente aprendidos eran nombres de objetos que Washoe

utilizaba como demandas o respuestas a preguntas. Un aspecto importante del aprendizaje fue que los signos no permanecían específicos a los referentes originales, sino que se transferían espontáneamente a una serie de referentes apropiados. Desde que Washoe aprendió de 8 a 10 signos, comenzó a usarlos en cadenas de dos o más. Por ejemplo, saltando arriba y abajo de una puerta cerrada, podía hacer tres signos indicando: «puerta abrir deprisa». Los autores del programa señalan que las formas combinadas que Washoe utilizaba podían haber sido imitativas, pero muchas fueron invenciones propias.

Entre los resultados más prometedores de Washoe está la capacidad de nombrar espontáneamente, el transfer espontáneo a nuevos referentes y las combinaciones y recombinaciones espontáneas de signos. Todo parece dar a entender que Washoe llegó a alcanzar un sistema de comunicación comparable al menos con el estadio temprano del lenguaje humano (como cuando el niño dice: más caramelos, más azúcar). Es, por supuesto, el sistema de comunicación más impresionante nunca desplegado por un chimpancé. Como señala Brown, las secuencias de signos de Washoe expresan alguna clase de relación semántica, por ejemplo cuando dice «escuchar perro», o «Roger Washoe cosquilláis» (es decir, pide cosquillas). Esto sugiere que Washoe está en posesión de una representación de mensajes que expresan relaciones significativas actor-acción que no son meras listas/Pero no hay evidencia de que las sentencias en el lenguaje de Washoe tengan una organización sintáctica. Como Fodor ha señalado, lo característico de los lenguajes humanos es que algunas de las relaciones que percibimos están codificadas por propiedades configuracionales de las sentencias que usamos, y las producciones de Washoe no presentan señales de un sistema así de codificación.

Premack entrenó al chimpancé Sarah no tanto para desarrollar una competencia comunicativa cuanto para valorar sus capacidades conceptuales. Los procedimientos eran opuestos a los de los Gardner, pues Sarah estaba restringida o confinada en una jaula de laboratorio y recibía una cuidadosa y programada secuencia de tareas para aprender. Las unidades de su sistema comunicativo eran palabras hechas con fichas de plástico. Las fichas variaban sistemáticamente de tamaño, forma y color, y cada una tenia un respaldo de metal de forma que pudiera adherirse a un tablero magnético vertical. Las combinaciones de palabras en forma de sentencias consistían en fichas dispuestas verticalmente sobre el tablero, por ejemplo «Sarah tomar manzana». El sistema permitía a Premack conocer lo que Sarah había aprendido.

Sarah adquirió un vocabulario de unos 60 nombres, 20 verbos y otras 30 palabras incluyendo adjetivos y adverbios. Algunos de los principios utilizados para el aprendizaje son los ya conocidos del condicionamiento operante. El entrenamiento comenzaba estableciendo relaciones de referencia en cada palabra y un objeto no lingüístico. Por ejemplo, se colocaba un elemento del sistema lingüístico, una pieza de plástico coloreada, junto a una pieza de fruta; ahora el animal era inducido a hacer una respuesta determinada con el elemento lingüístico, en este caso colocarlo en el tablero de lenguaje, con lo cual Sarah recibía la fruta. Habiendo establecido que el chimpancé debe colocar la ficha en el tablero como una condición para conseguir la comida, el rango de casos en los cuales se producirá la respuesta se obtendrá manipulando un entrenamiento operante apropiado.

Más tarde se utiliza el entrenamiento de discriminación, utilizando las palabras ya aprendidas. Por ejemplo, se le enseñaba la diferencia entre «Randy dar manzana a Sarah» y «Sarah dar manzana a Randy», ofreciendo el experimentador la manzana cuando Sarah produce la primera producción y negándosela por la producción de la segunda. Está comprobado que el entrenamiento no es específico a los ítems o sentencias concretas, pues en condiciones apropiadas Sarah sustituye espontáneamente otros ítems de su vocabulario, dentro de su secuencia. Por ejemplo, si ha aprendido la palabra manzana, dice espontáneamente «Randy dar manzana», y si ha aprendido la palabra banana, dice espontáneamente «Randy dar banana a Sarah». Poco a poco, el sistema se va convirtiendo en un lenguaje, aprendiendo construcciones como «nombre de», la conectiva lógica si entonces, la negación, la interrogación, etc.

Lo que se plantea ahora es si lo aprendido por Sarah es un verdadero lenguaje natural, es decir, si su sintaxis es como la de un lenguaje y si las fichas en el sistema funcionan semánticamente como palabras. En realidad, todo lo que Premack llama productividad es la generalización de la forma de la sentencia entrenada a otras sentencias de la misma forma, pero de diferente contenido léxico. No hay, en realidad, indicios de que Sarah haya hecho nunca lo más característico que una sintaxis productiva permite a los hablantes humanos hacer: usar una sentencia de una forma sintácticamente nueva sin ser específicamente entrenados en las sentencias de esa forma. La productividad de Sarah consiste fundamentalmente en la sustitución de ítems léxicos nuevos dentro de secuencias fijas de consti- tuyentes. Es pues un lenguaje no generativo. Además, el sistema de piezas de plástico no implicaba una dualidad de estructura, pues cada palabra era una unidad en y de sí misma. Al no constar de pequeños elementos no significativos en forma sistemática, para cada palabra tenía que aprender Sarah la relación entre una nueva ficha de plástico y su referente. Esto limitaba el número total de palabras que Sarah podía aprender y limitaba también su efectivo vocabulario de producción.

2. Lenguaje humano

Lo que constituye un lenguaje es un sistema generalizado de símbolos y reglas compartido por todos los miembros de la comunidad que lo habla. Todos los lenguajes tienen una serie de características esenciales comunes a todos ellos, que les une a pesar de las diferencias. Estas características parecen ser las más importantes.

•2.1. Características esenciales

Productividad. Los seres humanos son capaces de generar y de comprender sonidos que no han sido escuchados ni pronunciados anteriormente. El lenguaje es esencialmente creativo, ya que somos capaces de producir y comprender un número infinito de palabras incluyendo las nunca pronunciadas. Es productivo, además, en sentido relativo, pues aunque podemos tener más o menos dificultad en expresar varios pensamientos, todos los lenguajes tienen el potencial de expresar todos los pensamientos o ideas. El lenguaje humano es un sistema abierto, a diferencia de las vocalizaciones de los animales, que tienden a formar un sistema cerrado con un repertorio fijo y limitado.

Dualidad de estructura. Todos los lenguajes humanos están organizados, al menos, en dos niveles. Por ejemplo, podemos analizar una frase como una secuencia de palabras, cada una de las cuales tiene un significado. La frase «nosotros fuimos al campo» puede ser descrita como una secuencia de cuatro palabras; pero también puede ser descrita cada palabra como una secuencia de sonidos —unidades fonológicas- que no tienen significado de y en sí mismas. Esta es la razón por la que un lenguaje es productivo, pues con un pequeño conjunto de sonidos no significativos (50 para el inglés y no más de 100 en cualquier lengua), el número de combinaciones posibles es tan grande que se puede formar un número ilimitado de palabras. Si cada sonido del habla tuviera significado, el número de combinaciones útiles sería limitado. También la música y las matemáticas poseen estas dos cualidades de pro- ductividad y dualidad de estructura. Una nota de la escala es análoga a un sonido individual del habla/ y esa nota se puede combinar con otras para formar una melodía.

Referencia simbólica arbitraría. La mayor parte de las relaciones entre cosas y palabras son arbitrarias. Por ejemplo, la relación entre la palabra «mesa» y el objeto mesa es puramente arbitrario, ya que podía ser llamada de cualquier otra manera, con tal de que hubiera acuerdo sobre ello. La asignación arbitraria del significado, junto con la dualidad de estructura, contribuye a la productividad del lenguaje, ya que si cada sonido de una palabra tuviera que parecerse al concepto al que se refiere no podríamos tener un número ilimitado de palabras.

Desplazamiento. Los hombres podemos hablar de objetos o sucesos remotos tanto en el espacio como en el tiempo. No todos los animales poseen este rasgo de lenguaje. Quizás únicamente las abejas, cuando informan de la fuente del néctar, podrían estar demostrando esta propiedad de desplazamiento.

Transmisión cultural El lenguaje se transmite a lo largo de las generaciones a través de los procesos de enseñanza y del aprendizaje, frente a los sistemas animales de comunicación que no son susceptibles de transmisión. Algunas especies animales transmiten una pequeña cantidad de información, a través de las generaciones, relativa, por ejemplo, a la alimentación o a los hábitos de los enemigos.

2.2. Raíces biológicas del lenguaje

Estas diferencias con los animales nos plantea el problema de si representan una discontinuidad entre los dos sistemas, animal y humano de comunicación, o el sistema animal puede ser considerado como un sistema de lenguaje rudimentario. La teoría de la continuidad del desarrollo del lenguaje mantiene que no hay una diferencia esencial entre los sistemas de comunicación animal y humano, a pesar de las diferencias entre ellos anteriormente señaladas, y que los orígenes del lenguaje se pueden encontrar en estudios comparativos de comunicación animal. Lenneberg ha señalado que ei desarrollo del lenguaje en el hombre es atribuible a capacidades biológicas específicas de la especie, muchas de las cuales son desconocidas. Es lo que llama teoría biológica del lenguaje. En ella se señala que el lenguaje es la manifestación de tendencias cognitivas específicas de la especie, y es una consecuencia de las peculiaridades biológicas que hacen posible un tipo humano de conocimiento. Asegura que existe evidencia de que la función cognitiva es un proceso más básico y primario que el lenguaje y que la relación de dependencia del lenguaje respecto del conocimiento es más fuerte que al revés.

La idea de la especificidad de los mecanismos del aprendizaje de la lengua en los seres humanos viene confirmada por una serie de evidencias empíricas indirectas que pueden ser tomadas en cuenta. En primer lugar, existe un grado de disociación entre desarrollo cognitivo y lingüístico. Por ejemplo, los chimpancés no muestran una clara habilidad para aprender el lenguaje. Ahora bien, la edad mental de un chimpancé maduro es comparable a la de un niño de tres años, y el niño de tres años es un organismo verbal. Además, hay universales lingüísticos, o sea, semejanzas profundas, formales y sustantivas entre todos los lenguajes naturales, incluyendo todos aquellos que presumiblemente no están relacionados históricamente; y si hay universales lingüísticos* es porque hay universales

genéticos, es decir, que los lenguajes humanos son semejantes uno a otro por la misma razón que los lenguajes de las abejas son semejantes entre sí.

En tercer lugar, hay poca evidencia de que el refuerzo o una forma de enseñanza explícita jueguen un papel facilitador importante en el aprendizaje del lenguaje. Parece más bien que la instrucción explícita en el caso del

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