CHAPTER THREE:
3.2.6. A PPLYING PBL IN HEI S
Más de treinta años de feminismo en Euskadi es poco tiempo para lograr una transforma- ción radical de siglos de historia de naturalización de la violencia sexista. Sin embargo, las asociaciones feministas han tenido la capacidad suficiente para elaborar nuevos discur- sos en torno a las agresiones sexuales. Discursos que en buena medida han sido retoma- dos por la legislación y los dispositivos de atención que hoy existen.
Los diversos discursos generados desde la rebeldía han sido una herramienta para aque- llas mujeres que se niegan a colocarse en el lugar de víctima al que las ha relegado el pa-
8. CONCLUSIONES
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triarcado. En estos discursos se reconoce que las mujeres, todas las mujeres, son suscepti- bles de sufrir una agresión sexual, en alguna de sus múltiples variantes, a lo largo de su vida. Da igual cuán empoderada o concienciada se esté, porque la agresión no se dirige a la conciencia, sino al cuerpo y a la imagen femenina.
Pero sí importa cuán empoderada o concienciada se esté para responder y elaborar esta agresión. Los discursos de la rebeldía impiden que la agresión masculina se convierta en la vergüenza femenina.
Los discursos feministas conectan con la rabia de las mujeres, aunque también recogen su miedo y su impotencia. Se construyen, además, con ingredientes analíticos sobre la situa- ción de desigualdad de género, la subordinación femenina, la relación entre discrimina- ción y violencia, el cuestionamiento al orden de género, al papel de la sexualidad en la subjetividad… De la integración de éstos y otros elementos emergen los enfoques que en el capítulo 5 hemos reseñado brevemente.
Como también hemos apuntado en ese apartado, las nuevas formas de violencia obligan a nuevas respuestas desde una rebeldía más generalizada entre las mujeres y, sobre todo, desde una conciencia social distinta a la que existía hace más de 30 años, cuando surgie- ron las primeras organizaciones feministas.
A lo largo de la investigación hemos constatado que en los grupos hay un rechazo unáni- me a las agresiones sexuales, por lo menos en sus manifestaciones más evidentes y violen- tas; por tanto, podemos concluir que los discursos de la rebeldía han dejado de ser potes- tad exclusiva del feminismo para ser abrazados por otros sectores de la población. En esta cooptación discursiva se han eliminado algunas claves, integrado otras preocupaciones y elaborado discursos de la justicia, discursos de la masculinidad cuestionada, discursos de la indignación y discursos de la responsabilidad.
Todos ellos coexisten, a veces complementándose, a veces enfrentándose o recorriendo ca- minos paralelos. Todos ellos son expresiones de la elaboración social de uno de sus más viejos problemas: la violencia sexista. Las tensiones actuales en el abordaje del tema son evidentes y, como en todo fenómeno social, los consensos se construyen y las respuestas institucionales se adaptan a ellos.
Hemos constatado que la energía feminista está disminuida en comparación con la que se desplegaba en la década de los 80 y que una parte de sus reflexiones se han convertido en políticas públicas —aunque las asociaciones no se reconozcan en los llamados a la denuncia como primera y/o única puerta para acceder a los recursos de apoyo, ni en el protagonismo exclusivo del sistema judicial o en la falta de coherencia en el sistema educativo—. Menos aún se identifican con la inacción o con la escasez de recursos destinados a la prevención. La relación entre las asociaciones feministas, las mujeres que han sufrido agresiones sexua- les y las instituciones, adquiere distintas formas. Las primeras proporcionan claves funda- mentales para analizar las agresiones sexuales, las segundas las viven, las elaboran, las ocultan o las comparten; finalmente, las instituciones son las encargadas de dar apoyo des- de sus propias concepciones y recursos.
AGRESIONES SEXUALES
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Una de las tensiones entre el movimiento feminista y las instituciones tiene que ver con el lu- gar que le otorgan a la agencia de las mujeres, como protagonistas de su recuperación y no sólo como víctimas de la agresión. Sin duda, un tema que seguirá siendo necesario debatir. Un aporte relevante a la revisión de los sistemas de atención a las mujeres víctimas de agresiones sexuales, es el enfoque de empoderamiento como horizonte de la intervención con estas mujeres. No se trata solamente de un método terapéutico, de una forma de en- trevista o de una manera de usar los recursos existentes. Se trata de una metodología de intervención que renuncia a la revictimización de las víctimas, que rescata la fuerza, por pequeña que sea, que todas ellas tienen para trabajar a partir de ella, que las reconoce en su capacidad de supervivencia en una situación límite y como protagonistas de sus vidas. Un enfoque que genera alternativas para que las mujeres amplíen su capacidad de tomar decisiones vitales y para que aumenten sus oportunidades de elegir entre caminos viables que les otorguen una vida plena, sin violencia en lo inmediato y en igualdad con los hom- bres a corto plazo.
9. PROPUESTAS Y SUGERENCIAS PARA
ALGUNAS LÍNEAS DE ACTUACIÓN
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Las propuestas que se desprenden de esta investigación recogen las aportadas por las per- sonas consultadas y las que hace el equipo de Sortzen. Su naturaleza es de diversa índo- le, puesto que hemos recogido las distintas preocupaciones de las y los participantes en los grupos de discusión, las técnicas y técnicos de los distintos servicios y las asociaciones fe- ministas. También retomamos algunas de las experiencias recopiladas en el Banco de Bue- nas Prácticas que creemos que son susceptibles de transferencia a la realidad de la CAE. Hemos dividido las propuestas en tres categorías: las relativas a la manera de enfocar las agresiones, las que tienen que ver con políticas de atención y las referidas a políticas de prevención.