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5.3 Implementation

5.3.4 Pre-merging duplicate values

A partir de la división simbólica del género social y de los sexos se construyen interrelaciones e interacciones, que constituyen la lógica del género, la que parte de una oposición binaria: lo propio del hombre y lo propio de la mujer, esto va a contribuir ideológicamente a la esencialización de la feminidad y de la masculinidad, para luego establecer elementos del género.

Se considera como elementos del género a:

 Identidad de género.

 Relaciones de género.

 Sistema de género.

2.2.1. Identidad de género.

Se constituye a partir de un proceso donde cada individuo debe aprender lo que es ser hombre o mujer, esto implica asumir roles determinados por grupos sociales, que opinan, creen, simbolizan sobre estas diferencias, reflejando concepciones propias de una cultura y de una época; por lo que podemos inferir que la identidad cambia con el tiempo, no es estática y que se establece en relación con otros.

Confirmando lo anteriormente expresado, Lora (1996, p. 25) entiende la identidad de género desde una perspectiva psicológica, como “el camino recorrido para asumir no sólo la identidad sexual sino las características más internas de masculinidad o feminidad.”

Para efectos de nuestra investigación, consideramos que la definición de Rubin (1986), quien considera a la identidad como proceso subjetivo que forma la conciencia del individuo como un sistema de autoevaluación de sus potencialidades,

capacidades y debilidades, que le otorgan un sentido de unidad y de pertenencia a una sociedad; es la más completa, porque nos permite descubrir que la construcción de la identidad de género implica asumir o interiorizar las características que configuran el género, masculino o femenino; por lo que la hacemos nuestra.

La identidad de género tiene tres dimensiones:

 Psicológica: emociones, sentimientos, actitudes.

 Social: roles, atributos (de la personalidad), espacios diferenciados.

 Cultural: Creencias, valores, modelos.

Sin desmerecer la importancia que tienen todas las dimensiones, esta vez nos ocuparemos de los elementos de la dimensión social:

- Roles. La idea de rol significa un estándar reconocible y aceptable y desde el género los roles no se ven como simple o naturalmente dados y aceptados por consenso, sino más bien como impuestos por otros individuos y por el colectivo. Esta idea es confirmada por Buberman (citada en Harriman 1985, p.85), cuando define: “a “role” is the expected and actual behaviors or characteristics that attach to a particular social “status” in our society.”

Por lo tanto roles de género, se refiere a las actividades diferenciadas por sexo, así tenemos:

>Roles femeninos. Que están relacionados con el trabajo reproductivo, doméstico y expresivo.

>Roles masculinos. Que están relacionados con el trabajo productivo e

instrumental.

Estos roles de género, por la complejidad del proceso, aparecen como inevitables y obligatorios, sin embargo las mujeres a partir de rol asignado, están desarrollando identidades de género femenino más allá de la exclusividad de madres y esposas.

Esta aseveración es la que nos motiva a desarrollar el presente trabajo, buscando construir una propuesta, que transforme los patrones culturales, desde el enfoque de colaboración y no de desigualdades y asimetrías que niegan la esencia del ser humano, es decir una propuesta de complementariedad y no de poder y/o subordinación que asumimos debe observarse, específicamente en el diseño del PEI/PDI.

- Atributos. Referido a las cualidades distintas que la sociedad atribuye como

características de la personalidad de los hombres y mujeres, lo que propicia la creación de estereotipos a partir de estos atributos; por ello Harriman (1985, p. 85) define: “a “stereotype” is the set of attributes that are attributed to all individuals who occupy a particular role.”

Por lo tanto, las definiciones corrientes sobre los atributos femeninos y masculinos, como asegura Fuller (1993), no derivan de nuestro conocimiento sobre los órganos reproductores sino de los que un grupo social simboliza sobre estas diferencias. Así por ejemplo, existen sociedades que consideran que la mujer es más sexuada que el hombre y debido a ello debe ser evitada, lo que asegura la paz de espíritu y la salud de los varones, mientras que otras, como la peruana, creen que el hombre es más libidinoso por lo que es necesario proteger a las mujeres de sus impulsos.

En nuestra opinión, estos atributos en el Perú, de una u otra manera han influido en la feminización de la docencia en los niveles básicos de la educación, en especial en el nivel inicial, en el que es difícil encontrar un profesor, debido en gran parte a la desconfianza que tienen los padres y madres de los niños/as de dejar en manos de un hombre el cuidado de sus hijos; si queremos cambiar esta situación, debemos buscar transformar las representaciones sociales.

- Espacios. Referidos a la asignación de una carga de género a los diferentes

espacios de la vida social, laboral y profesional, que incluyen distinta significación, racionalidades y normativas diferentes.

> Espacio público. Referido al lugar del trabajo que genera ingresos, la acción colectiva, el poder; es decir, el lugar donde se produce y transcurre la historia; es decir, todo aquello que transcurre fuera del hogar y las relaciones sociales no adscritas en función del parentesco, la conyugalidad y la amistad.

> Espacio privado. Referido al espacio físico de la vivienda y de sus alrededores; es decir, la gestión de lo doméstico, del trabajo no remunerado ni reconocido como tal, en donde las relaciones familiares y parentales, como los afectos y la vida íntima, tienen lugar.

Estos son dos espacios de la sociedad, separados y con asignaciones de género, no son un invento feminista, ni de la investigación sobre las mujeres, como nos dice De Hausen (1976), sino es una representación social constituida en la modernidad y que tuvo vigencia hasta la segunda mitad del siglo XX.

Actualmente las mujeres hemos accedido a espacios públicos para paliar la subsistencia y el bienestar familiar, lo que denota que no vivimos una distinción tajante entre lo privado y lo público, ya que nuestro desempeño exige mantenernos en lo privado pero insertándonos en lo público. Lo mismo no se ha observado en el caso de los hombres, esto se debe, según Mendoza (1998), a que el espacio del mundo doméstico no otorga dinero ni prestigio.

2.2.2. Relaciones de Género.

Conocidas también como relaciones de poder, cuyo tipo estará en función a las identidades de género de cada persona, que a su vez genera ciertas diferencias de las que se partirá en la construcción de jerarquías y, por ende, de poderes. Por la historia, sabemos que estas relaciones de género varían de una sociedad a otra y están cultural, económica e históricamente determinadas.

De lo anterior, podemos inferir que al ser las identidades creadas por un grupo social, en un determinado tiempo, contexto, etc., estas jerarquías también son creadas, reproducidas y mantenidas día a día a través de la interacción de los miembros en el hogar, en la comunidad, en el centro de trabajo, etc., en base a una

valoración distinta de lo masculino y femenino, se sobrevalora lo masculino y se desvaloriza lo femenino.

En este contexto, se explica que a pesar que en los últimos años el ingreso masivo de las mujeres a múltiples espacios considerados de exclusividad masculina, como ya hemos señalado, no haya traído como consecuencia un cambio en las relaciones de poder, lo que invita a sentir la necesidad de desentrañar los procesos a través de los cuales unas actividades son más valoradas socialmente que otras.

2.2.3. Sistema de género.

Esta es una perspectiva holística que nos permite caer en la cuenta, cómo cada sociedad y cada cultura construye a partir de las diferencias corporales y juegos de probabilidades un ordenamiento social (instituciones, normas, valores, representaciones colectivas, prácticas sociales), a partir del cual los individuos encuentran y reelaboran sus vidas concretas.

Está demás decir que el género está presente en toda la vida social y que al ser un sistema de prestigio y de poder se articula con otras formas de diferenciación, llamadas también marcadores de diferencia, como la edad, la clase social, la etnia.

Considerando al género como elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias percibidas entre los sexos, Scott (1990) distingue cuatro elementos que interactúan:

- Los símbolos y los mitos culturalmente disponibles sobre lo femenino y lo

masculino, que evocan representaciones múltiples.

- Conceptos normativos que manifiestan las interpretaciones de los significados de los símbolos, que definen el “debe ser.” Estos conceptos se expresan en doctrinas religiosas, educativas, científicas, legales y políticas que afirman categórica y unívocamente el significado de varón y mujer, masculino y femenino.

- Nociones políticas y referencias a las instituciones y organizaciones sociales

porque el género no sólo se construye exclusivamente en base al parentesco, se construye también con una visión más amplia que incluye la economía (el

mercado de trabajo), la educación, la política, que hoy en día actúan de manera independiente del parentesco.

- Identidad subjetiva implica que aunque se destaquen los análisis individuales, a través del estudio de biografías, también hay la posibilidad de tratamientos colectivos que estudien la construcción de la identidad genérica en grupos. Para Lamas (s/f), ésta es una parte débil de su exposición pues mezcla la identidad subjetiva con identidad de género.

Conway, Bourque, y Scott (s/f, p.11) expresan “ los sistemas de género -no importa en qué período histórico- son sistemas binarios que oponen a la hembra y al macho; lo masculino, a lo femenino; rara vez en base a la igualdad, sino por lo general en términos jerárquicos.” Al estudiar sistema de género, aprendemos que ellos no representan la asignación funcional de roles sociales biológicamente prescritos sino medios de conceptualización cultural y de organización social.