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Previous literature on factor selection with the Bayesian model

3.3 Previous findings and literature

3.3.1 Previous literature on factor selection with the Bayesian model

En la gestión pública de Medellín se han implementado programas sociales que incluyen mecanismos financieros para no descapitalizar la ciudad. Estos mecanismos han estado representados en “créditos blandos”, término bancario que ha sido adoptado en el ente municipal para otorgar préstamos con bajas tasas de interés y novedosas formas de pago, consideradas como “flexibles” respecto al mercado de la banca tradicional (Plan de Desarrollo 2001-2003, p. 62). La modelización de la subjetividad del endeudado por parte del ente municipal, se evidenció en aquellos programas que otorgan créditos a ciudadanos de bajos ingresos para que puedan acceder a la educación superior, emprender o fortalecer su negocio, sin someterse a la exclusión bancaria o a la usura de los créditos ilegales (pagadiarios). En consecuencia, se ha configurado la deuda como un vínculo obligado en la relación ciudadano y Estado local que crea la figura del endeudado

81 En el proceso de investigación otras tipologías de sujetos fueron identificados, entre ellas: Medellín internacional y

sujetos abiertos al mundo; Medellín competitiva y sujetos competitivos, Medellín innovadora y sujetos creativos, Medellín Tecnológica y sujetos mediáticos, Medellín Insegura y sujetos asegurados; Medellín transparentes y sujetos éticos, Medellín legal y sujetos vigilados. Sin embargo, no se exponen en el desarrollo de este capítulo por limitaciones de tiempo y espacio en el desarrollo del informe final, además porque la documentación al respecto es menos abundante y los discursos menos reiterativos.

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desde programas como el Banco de los Pobres/Oportunidades, Medellín a la U y las becas-créditos de Planeación Local y Presupuesto Participativo.

Este tipo de figura subjetiva (el endeudado) es justificada por los mismos deudores. Uno de ellos, perteneciente al programa Medellín a la U, mediante un discurso apologético señaló que “hay un dicho muy popular, que dice que a uno no le deben dar el pescado en sí, sino la caña para que aprenda a pescar, entonces por eso es importante brindar el préstamo porque uno también tiene que aportar una parte y fuera de eso, que con lo que uno pague luego van a tener oportunidad otras personas” (Estudiante Contaduría Pública, 2016). El dicho al que se refiere el estudiante es el proverbio chino “regala un pescado a un hombre y le darás alimento un día, enséñale a pescar y lo alimentaras para el resto de su vida”. En esa analogía el pez sería el dinero, la caña el préstamo y la enseñanza la condición (de estudio o emprendimiento), a lo que se le suma que la devolución de la caña servirá para que otros aprendan a pescar. No afectar el capital de la alcaldía es legitimado por este deudor. Respecto a esta situación, se plantea que el programa analizado acude a la capacidad y responsabilidad del sujeto y supera la lógica del “dar” propia de la obra caritativa o asistencial que preserva la condición del pobre, a quien se le hace la donación.

En la ciudad capitalizada la estrategia del crédito “social” ha buscado garantizar un retorno del capital y no “desangrar”82 las finanzas municipales con subsidios y becas que se entregan a la

población, además de producir una relación individual del sujeto con él mismo como capital humano que incrementa su valor mediante la educación superior y/o el emprendimiento. Este accionar muestra un desplazamiento de la responsabilidad social del Estado local y con ello una nueva especificación del sujeto de gobierno. Ya no es solo el ciudadano-endeudado desde el pasivo de la deuda pública que registra la contabilidad de la ciudad, sino un cliente-deudor que como agente activo de su propio destino ha accedido a las condiciones (estudiar y/o emprender) del servicio bancarizado que ofrece la entidad municipal. En estos términos, los recursos públicos no se gastan en lo “social”, sino que se invierte en la lógica de la forma-empresa, por ello se espera una recuperación y retorno del recurso público resignificado o visto de forma novedosa como capital.

82 Este término se retomó porque fue frecuente en las entrevistas realizadas a los secretarios de gobierno de la Hacienda

Pública municipal. Desangrar como ellos lo exponen implica “una pérdida de la inversión”, un “gasto no reembolsable”, una “descapitalización de los recursos” con los que cuenta la ciudad.

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A pesar del escepticismo que plantean algunos usuarios con la deuda, estos han suscrito un crédito con el ente público cautivados por la baja tasa de interés, la exención de requisitos y la reducción de trámites burocráticos. Por ejemplo, uno de los deudores del Banco de los Pobres/Oportunidades indicó: “a mí no me gusta estar endeudado, pero bueno, ya para la inversión yo dije, hay bajas tasas de interés en el banco del municipio, entonces con el capital que me presten compro la carpa, los muebles y fortalezco el negocio como una ventaja para trabajar” (Entrevista usuario Comuna 1, 2016). En igual sentido, otros de ellos señalaron: “soy una persona muy temerosa a los créditos, pero me ha tocado meterme en préstamos para capitalizar mi negocio” (Entrevista usurario Comuna 15, 2016), “en cada préstamo el interés es muy bajo, eso es muy conveniente” (Entrevista usuario Circulo Solidario Comuna 6, 2016). Incluso algunos entrevistados comentaron que en “un banco tradicional a uno le piden hasta la cédula del tatarabuelo mientras que en la Alcaldía prestan fácil y a menor tasa de interés” (Entrevista usuario Comuna 6, 2016).

En estos ejemplos se observa una enunciación calculada del hombre objetivado mediante el crédito, allí el ciudadano ya no alude a un Estado fundado sobre derechos sino sobre los intereses que renta el capital. La figura subjetiva acreedor-deudor se superpone a la de benefactor-usuario, ya que “la deuda es una relación de poder universal, porque todo el mundo está incluido en ella: aun quienes son demasiado pobres como para tener acceso al crédito deben pagar intereses a acreedores ante la necesidad de reembolsar la deuda pública, y aun los países que son demasiado pobres como para tener un Estado Benefactor deben reembolsar sus deudas” (Lazzarato, 2013, p. 39). Por ende, la vinculación de las reglas de juego que regulan la conducta del sujeto endeudado imponen austeridad y llegan incluso a incidir en sus decisiones. Entonces, un sujeto que decida vincularse con el Estado a partir de su propio negocio, obtiene crédito a través del Banco de los Pobres/Oportunidades, en el cual la deuda media la relación sujeto-Estado, pues la racionalidad como administrador del mismo da las pautas para vincularse como deudor.

Para el caso de los créditos condonables en educación superior, las relaciones del ciudadano con el Estado también se establecen mediante la deuda. Uno de los requisitos de condonación de este tipo de créditos es realizar una labor “social” en mayor medida cuando se tratan de fondos financieros del programa Planeación Local y Presupuesto Participativo. Al respecto, uno de sus usuarios comentó: “parte del préstamo se puede pagar con unas horas de labor social que es una

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perdedera de tiempo, a mí me tocó en el archivo de la biblioteca y lo hice porque si no le cobran a uno toda la plata” (Entrevista estudiante Psicología, 2016), en últimas esta labor social se convierte en transaccional, una acción diferenciada y gobernada en la que no hay gratuidad sino simbólicamente un pago con trabajo. Para el caso de este sujeto endeudado, las acciones que tratan de devolverle a la ciudad una labor con sentido cívico y ciudadano, son interpretadas como una contraprestación económica.

En la narración anterior, la expresión “es una perdedera de tiempo” evidencia una insatisfacción del deudor y un accionar condicionado por una relación de cálculo que él aceptó (un porcentaje de condonación del préstamo). Factores similares regulan la conducta de estos deudores de créditos (para educación) y sus elecciones a partir de los porcentajes a pagar; por un lado, se estimula la culminación del estudio y, de otro, el rendimiento académico, una relación entre esfuerzo-recompensa (mayor promedio menor pago) que se acompaña de la promesa de reembolsar la deuda y la culpa de haberla adquirido. Para aquellos casos en que ese tipo de condonación no es un incentivo suficiente de control, se observó que la deuda ha llegado incluso a dictaminar los ritmos de trabajo y las elecciones de los sujetos, uno de los deudores del crédito de educación, ya graduado, manifestó lo siguiente: “estuve del otro lado de ser pilo, entonces no pude condonar la deuda, entonces me tocó salir a trabajar en lo que fuera para poder empezar a pagar” (Entrevista egresado de Derecho, 2016). Es decir, la persona sobre la que se actúa queda anclada a brindar diferentes respuestas y reacciones como deudor.

En los testimonios de los entrevistados se evidencia que la deuda expresa una relación de poder en términos de la gubernamentalidad. Allí uno los principales logros de la contabilidad pública como tecnología de gobierno ha sido individualizar el desempeño, el rendimiento y extender el vínculo entre responsabilidad y cálculo, un modo de acción que no actúa directamente sobre las personas sino sobre su ambiente, reglas de juego y campo de elección. Al respecto, el sociólogo y filósofo Maurizio Lazzarato (2014) explica que:

El poder de la deuda se representa como si no se ejerciera por represión ni por ideología: el deudor es «libre», pero sus actos, sus comportamientos, deben desplegarse en los marcos definidos por la deuda que ha contraído. Esto vale tanto para el individuo como para una población o un grupo social. Se es libre en la medida en que se asume el modo de vida (consumo, empleo, erogaciones sociales, impuestos, etc.) compatible con el reembolso (p. 37)

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La deuda, a diferencia del otorgamiento de becas y subsidios, ha implicado unas responsabilidades de los usuarios y su autorregulación moral para cumplir con los compromisos adquiridos con el Estado local, incluso por la confianza como un factor de agradecimiento con el ente municipal que señalan con expresiones como “es una confianza que nosotros debemos no defraudar” (Entrevista Circulo Solidario Comuna 6, 2016). En concordancia con ello, una usuaria del programa Banco de los Pobres/Oportunidades comenta su actuar como deudora, así:

Es que miré, ahorita me pagaron y fui a pagar mis deudas, yo ahí ya voy a acabar, yo parezco una viejita, tengo una libreta [muestra su diario con registros y firmas] y todo porque no me gusta que me roben ni robarle a nadie. Vea, ahorita pagué en el Banco de las Oportunidades y mañana abono en el pagadiario, y los hago firmar y todo. Y ya voy a terminar de pagar ese millón de pesos que me prestaron. A mí ya me conocen, no he quedado mal con las cuotas. Ante todo, la seriedad, puede ser en una tiendita del barrio y usted tiene que ser responsable, para mí es mejor tener crédito que tener plata, porque personalmente a veces no tengo plata entonces fío hasta para comer (Myriam, 2016).

El sujeto endeudado legitima y reconoce que el proceso de préstamo tiene un impacto futuro, tanto para sí como para los demás. Es una subjetividad que se configura con fundamento en la deuda, ya que acepta su control y ejerce autocontrol de su comportamiento, pues este sujeto sobrevive con el crédito y vive bajo el peso de la responsabilidad de pagarlo (Hardt & Negri, 2012). En las entrevistas se identifica que las personas manifiestan la necesidad de estar endeudados y el reconocimiento de sí mismas con expresiones como “soy endeudado”, “estoy endeudado”, “me voy a endeudar más”, “cada semestre que curso uno va acumulando más deuda”, “ha sido inevitable usar también el gota a gota, estoy muy endeudado”, “he aprendido a controlar mi deuda, a no gastar tanto”, entre otros. La pobreza de este tipo de población se ha caracterizado por la cadena de las deudas en las que queda inserto, del endeudado que es un sujetado.

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