nes políticas. A su vez, la desconfianza de las per- sonas mayores en los medios de comunicación es bastante menor que la encontrada en la población entre 18 y 59 años.
Los resultados según atributos demográficos seña- lan por un lado alguna mayor desconfianza en los medios de los varones mayores y de los mayores de 60 a 74 años. O sea, que entre los mayores, los más confiados en los medios son las mujeres y los de edad avanzada.
Más de tres cuartos de las personas mayores viven acompañadas, sin embargo, siempre interesa saber respecto de cualquiera de los indicadores si hay di- ferencias con los que viven solos, un segmento no solo cuantitativamente importante (estimado en 1.200.000 personas mayores) sino de mucha signi- ficación social1. En lo que respecta a nuestro tema, no hay diferencias entre los que viven solos y los que viven acompañados: el vivir solo o acompañado no se vincula con la confianza hacia los medios de co- municación. Sí hay una pequeña diferencia dentro de los que viven acompañados, que se conforman por los que viven acompañados exclusivamente por personas también mayores, y por los que viven acompañados por sub 60, es decir, por no mayores. Entre los primeros, la desconfianza hacia los medios es algo más alta.
Las personas mayores y
los medios de comunicación
NOTA DE INVESTIGACIÓN
Por Enrique Amadasi
1. Las condiciones de vida de las personas mayores que residen en hogares unipersonales fueron analizadas en nuestro Las personas ma- yores en la Argentina actual: ¿vivir solo es un factor de riesgo para la integración social? (2016).
Los diferenciales señalados hasta aquí son poco im- portantes cuando se los compara con los que sur- gen de los factores que expresan las desigualdades sociales. En nuestros estudios anteriores hemos se- ñalado la gran importancia -a la hora de analizar las condiciones de vida los mayores o sea las distintas vejeces- del máximo nivel educativo alcanzado. Es que entre los mayores hay una gran heterogeneidad educativa: hay un 72,3% con el secundario incomple- to2 mientras que el 27,7% restante completó dicho nivel, sea para finalizar su escolaridad allí o para pro- seguir estudios superiores. En el grupo de 75 años y más la proporción es aún más desigual: 79,8% y 21,1%. Eran épocas de una escuela menos inclusiva que la devino después, donde no estudiaba el que quería sino el que podía.
Esa desigualdad educativa se expresa también en la confianza en los medios de comunicación: entre quienes tuvieron menos oportunidades de estudiar durante su infancia y juventud, la desconfianza ha- cia los medios es menor. Por el contrario, entre los que alcanzaron un mejor nivel educativo, la descon- fianza aumenta.
Lo que aquí se sugiere es que no tiene que ver con los contenidos del secundario sino con las oportu- nidades educativas, esto es, de haber accedido al secundario, permanecer en él hasta finalizarlo y tal vez haber realizado estudios superiores para poder vivenciar una mejor vejez en general. Y eso está aso- ciado con la estratificación social, con las desigualda- des entre estratos socioeconómicos. Por eso, los di- ferenciales educativos de los mayores permiten abrir una ventana a las desigualdades sociales en sentido amplio. Esto se traduce en que los mayores del ni- vel socio-económico medio alto sean quienes menos confían en los medios y que lo que más confían en ellos sean los mayores del nivel muy bajo. Esto no debe ocultar, como fue señalado más arriba, que las personas mayores confían en los medios de comuni- cación más que en otras instituciones.
Los resultados para el total de la población de per- sonas mayores pueden esconder, para cualquiera de las dimensiones, disparidades regionales. Respecto a la confianza en los medios sobresale que en las ciu- dades medias del Interior la desconfianza disminuye.
Los que residen en las ciudades medias del Interior y los que tienen 75 años y más son los que presentan mayor confianza en los medios de comunicación. Sobre la relación entre los medios de comunicación y las personas mayores hay un interesante y muy re- ciente trabajo de la Defensoría del Público, creada por la mencionada Ley 26.522 de Servicios de Co- municación Audiovisual y que tiene como misión la difusión y defensa del derecho a la comunicación de las audiencias de la radio y la televisión. Cabe tam- bién mencionar, tal como se hace en ese estudio, que la reciente y poco difundida Ley 27.360, que aprobó la vigencia de la Convención Interamericana de Protección de los Derechos Humanos de las Per- sonas Mayores, establece en su art. 14 el derecho a la libertad de expresión y de opinión y al acceso a la información.
El trabajo de la Defensoría del Público tiene muy pre- sente el concepto de viejísimo, estrechamente vin- culado a la comunicación, ya que tiene que ver con aquellas significaciones construidas socialmente que impulsan acciones de segregación -la discriminación basada en la edad- y se pregunta ¿qué es noticia en los noticieros? Sobre el monitoreo de 36.357 noticias de los años 2016 y 2017, solo 344 tematizaron sobre las personas mayores (menos del 1%). Es interesante ver sobre qué temas tratan esas noticias: el 27% fueron noticias policiales, el 26% sobre jubilaciones e infor- mación previsional, el 21% sobre políticas de seguri- dad social vinculadas al sistema previsional y alrededor de la “reparación histórica”, y el 8% sobre salud. Lo que reciben los mayores por parte de los medios también se expresa en los títulos de los noticiarios televisivos. En materia policial he aquí algunos: “Des- valijaron a la abuela mientras dormía”, “La gran esta- fa a las abuelas”, “Un hombre de 71 años le disparó a otro de 47 tras discutir por un perro” o “Abuela murió en un robo en Bernal”. También en materia in- ternacional hay títulos sugestivos: “Canadá, un abue- lo bailando en la tribuna”, “Icono de la moda a los 63 años”, “La abuela de 98 años se animó al paracaí- das” o “Estos abuelos la tienen atada”. Hay titulares televisivos en salud como “A vacunarse contra la gri- pe”, “El envejecimiento activo” o “Golf terapéutico: un juego de abuelos” Y también en historias de vida: “Abel: se recibió de abogado a los 83 años” o “La abuela que fue partera de su propia nieta”.
El trabajo, que fue difundido por la Fundación Na- 2. Tal como fuera señalado en nuestro Hacia una Argentina para todas
varro Viola, concluye con diez recomendaciones para el tratamiento respetuoso y responsable sobre las personas mayores en los medios audiovisuales. Dos de ellos dicen: “Brindar información sobre las características del contexto de envejecimiento en Ar- gentina y en el mundo” y “Visibilizar la convivencia de múltiples formas de transitar la vejez y resaltar la heterogeneidad de las personas mayores”.
Volviendo a los resultados de la EDSA, es interesante vincular la confianza en los medios de comunicación con lo que se denomina el déficit de apoyo social in- formacional, entendido como una de las dimensiones a considerar dentro del bienestar subjetivo. Se trata de ciertas relaciones sociales con los otros, necesarias para una buena vejez, especialmente en lo que hace referencia a la falta de un alguien que les aconseje
cómo resolver sus problemas personales y/o los infor- me o ayude a entender una situación, siendo que a 4 de cada 10 personas mayores les falta ese alguien. Esta carencia es bastante más frecuente entre las personas mayores que entre los sub 60, constituyen- do una especificidad de los mayores. Pero también, dentro de los mayores, no afecta a todos por igual. La falta de ese alguien es mayor entre las mujeres, entre los de 75 años y más, entre los que viven solos y en CABA. Estos otros resultados permiten contex- tuar mejor la mayor confianza de las personas mayo- res en los medios de comunicación por un lado, pero también por el otro, la mayor ausencia de alguien -es decir de una relación social- que permita procesar la información que reciben, mucha de ella proveniente de dichos medios.
En torno al bienestar humano existe una diversidad de enfoques, entre ellas la perspectiva del Desarrollo Humano que entiende el desarrollo como la realiza- ción plena de las capacidades humanas. Ello coloca en el centro de las preocupaciones a la calidad de vida y promueve el enriquecimiento de las capaci- dades humanas y la expansión de las libertades rea- les de las personas como un objetivo de desarrollo (PNUD, 2000). Desde este enfoque, el bienestar o la calidad de vida es entendido como un fenómeno in- tegral, que comprende no sólo las condiciones mate- riales de vida, sino también la sociabilidad y la sensa- ción de bienestar que experimentan las personas; en nuestro caso particular, las personas mayores. Desde esta perspectiva los recursos cognitivos y as- pectos emocionales permiten alcanzar un óptimo bienestar y desarrollo humano. Además, uno de los componentes esenciales en la capacidad de agen- cia lo constituyen las relaciones sociales y familiares con las que cuenta una persona. Sentirse feliz y sa- tisfecho es una de las condiciones que permiten a los individuos desenvolverse como personas activas, socialmente implicadas y miembros de comunidades más prósperas y satisfechas. Son condiciones que reafirman la autoestima y la autonomía y amplían las oportunidades de llevar adelante un proceso de desarrollo humano continuo, expandiendo las liber- tades y las oportunidades para la participación y la toma de decisiones. El bienestar, abordado desde los aspectos subjetivos, resulta entonces un objetivo tan fundamental como el bienestar físico o económico. Sin embargo, el desarrollo de las capacidades, recur- sos y condiciones o atributos puede verse obstaculi- zado por un contexto desfavorable.
Para el caso de las personas mayores, y en particular de las que atraviesan por la fase de retiro laboral o de la emancipación de los hijos, pensar un proyecto por fuera del que la sociedad ha pautado no es fácil, en particular cuando la sociedad ha construido roles para los jóvenes, las familias, los trabajadores, los ni- ños; pero no ha construido roles para los mayores. Asimismo, el cúmulo de pérdidas psicosociales que
pueden acontecer durante la vejez puede determi- nar en algunas personas mayores cierta incapacidad para percibir sus propias competencias y habilidades, además de valorar los aspectos positivos de la vida en general y del entorno que los rodea en particular (Mella et al, 2004).
En este marco es pertinente interrogarse acerca de cuáles son los recursos para el bienestar subjetivo con que cuentan las personas mayores y cómo se distri- buyen dentro de la población de personas mayores. Para ello se trabajan a continuación dos dimensiones de análisis: los recursos cognitivos y emocionales y las capacidades sociales. A su vez cada uno de los indicadores de cada dimensión es evaluado en térmi- nos de su incidencia social durante el período 2010- 2017 a partir de los datos obtenidos por la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-Bicentenario, 2010-2016 y EDSA-Agenda para la Equidad, 2017- 2025). Además, la información se presenta en tablas estadísticas a nivel agregado para cada indicador y segmentado por grupo de edad de 18 a 59 años y de 60 años y más. A su vez, de manera específica para la población de 60 años y más, se analiza el compor- tamiento de cada indicador en relación con factores estructurales relativos a la desigualdad social (estrato económico ocupacional, nivel socio económico, con- dición residencial y región urbana) y en relación con una serie de atributos personales y del hogar (tipo de hogar, nivel educativo, grupo de edad y sexo).
BIENESTAR SUBJETIVO
Percepción de no tener a alguien que le demues- tre amor y cariño
Percepción de no contar con otras personas cuando necesita ayuda en tareas cotidianas o domésticas
Percepción de no contar con alguien que le acon- seje, lo ayude o informe en temas personales y otras situaciones
Percepción de no contar con una red de apoyo por considerarse sin amigos y en ausencia de alguien a quien recurrir frente a una necesidad.
Afrontamiento evitativo o pasivo, en el que pre- dominan conductas destinadas a evadir pensar en la situación problemática, sin realizar intentos activos por afrontar o tratar de resolver la situación Creencia acerca del grado en que la propia con- ducta es o no eficaz para modificar positivamente el entorno. Sensación de estar a merced del des- tino y considerar que sus conductas están exte- riormente dirigidas
Percepción de incompetencia para proponerse metas y objetivos en procura de su bienestar personal
Percepción negativa del estado de ánimo que produce en la persona una sensación de insatis- facción y tristeza en su vida
Percepción de soledad, de sentir que no se tiene a nadie a quien acudir
Percepción de que no se tienen satisfechas las necesidades de afecto y cariño
DÉFICIT DE APOYO SOCIAL AFECTIVO DÉFICIT DE APOYO SOCIAL INSTRUMENTAL DÉFICIT DE APOYO SOCIAL INFORMACIONAL DÉFICIT DE APOYO SOCIAL ESTRUCTURAL AFRONTAMIENTO NEGATIVO CREENCIA DE CONTROL EXTERNO DÉFICIT DE PROYECTOS PERSONALES SENTIRSE POCO O NADA FELIZ SENTIRSE SOLO NECESIDADES DE AFECTO Y CARIÑO
Porcentaje de personas de 18 años y más que de- clara no tener a alguien que lo abrace y/o le mues- tre amor y afecto
Porcentaje de personas de 18 años y más que indi- ca no contar con alguien que le prepare la comida y/o lo ayude en tareas domésticas, si lo necesita Porcentaje de personas de 18 años y más que menciona no contar con alguien que le aconseje cómo resolver sus problemas personales y/o le in- forme o ayude a entender una situación
Porcentaje de personas de 18 años y más que afir- maron no tener amigos y/o sentirse solos y no te- ner a nadie a quien acudir.
Porcentaje de personas de 18 años y más que presenta un predominio de estrategias de afronta- miento evitativo o pasivo
Porcentaje de personas de 18 años y más que pre- senta un predominio de creencia de control externo
Porcentaje de personas de 18 años y más que indi- ca no tener proyectos personales
Porcentaje de personas de 18 años y más que dice sentirse poco o nada feliz en su vida
Porcentaje de personas de 18 años y más que dijo sentirse solo “todo el tiempo” o “muchas veces” Porcentaje de personas de 18 años y más que dijo tener “poco” o “nada” satisfechas sus necesidades de afecto y cariño
ESQUEMA DE DIMENSIONES, VARIABLES E INDICADORES DE BIENESTAR SUBJETIVO 5.1 CAPACIDADES SOCIALES
Fuente: EDSA Agenda para la Equidad (2017-2025), Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA. *Dato no comparable con la serie histórica.