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El espacio donde se difundieron las ideas y formas de vida de la burguesía y por consiguiente el eje de la vida intelectual, de los cambiosy la cultura fue el mundo urbano, lo que significa que los signos de distinción e ilustración que se proyectan como pertenecientes a las élites, se basaban en los parámetros culturales de los habitantes de la ciudad, concepción que se refuerza en la imagen de una Bogotá dinámica, que ofrece algunas posibilidades que las demás regiones del país no pueden, pues es conocido que esta ciudad ha sido el eje principal de las instituciones del poder político y económico,

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Martínez, El nacionalismo cosmopolita: 152

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el lugar de origen de las artes y las letras nacionales y además el centro de los negocios comerciales y productivos dentro de la nación72

Con respecto a este hecho, en el artículo “Me vengo a Bogotá” el escritor Ricardo

Palma quien consideraba que “el cuerpo social se justifica en tanto que exista un

hombre o un grupo de hombres, que lo representa y lo dirige”73 es decir, que negaba las

posibilidades de alcanzar la ciudadanía y la autonomía en las actividades políticas a los sectores sociales que no pertenecían a la élite política, a la que de hecho le adjudicaba imaginarios abolengos y le negaba el carácter mestizo que componía casi todo el cuerpo social, se refiere de esta forma “A Bogotá donde de hecho se goza de las garantías que en vano prometen i decantan las instituciones de otros pueblos. A Bogotá donde el pobre encuentra la disculpa i el engaño de su pobreza, i el rico la satisfacción de sus

vanas necesidades i la evaporación positiva de su caudal”74.

De ahí que estas representaciones fortalecieron la jerarquización de las geografías y los criterios de inclusión/exclusión del grupo de los letrados bogotanos frente a las otras poblaciones y sectores sociales de la nación, ya que “en la segunda mitad del siglo XIX las élites centrales del país fundamentaron con una mayor riqueza de detalles el discurso que legitimaba la superioridad de las geografías andinas sobre el resto de la nueva

república, a tono con las nuevas realidades del poder”75

No obstante, al lado de estas visiones que reflejan la “superioridad” de Bogotá y que el

sentido de lo nacional provino de la ciudad, los sectores letrados tenían una mirada tradicional e idealizada hacia el mundo rural76, que se complementaba a su vez con el cuestionamiento satírico y autocrítico de las estructuras sociales, la forma física y las concepciones de vida del mundo urbano

En concordancia con esto el escritor Juan Clímaco Arbeláez, militar antioqueño nacido en San Vicente en el año de 1844, hermano de Vicente Arbeláez, Arzobispo de Bogotá,

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German Mejía Pavony Los años del cambio. Historia Urbana de Bogotá 1820-1910. (Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana. Instituto colombiano de Antropología e Historia.2000) 287 73

Osmar González. “Ricardo Palma y Manuel González Prada, un conflicto entre dos tipos de

intelectuales”, en Ideas, intelectuales y debates en el Perú.. (Lima: Universidad Ricardo Palma,2011) 79- 98

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Palma. “Me vengo a Bogotá” 393-394

75Alfonso Múnera.

Fronteras imaginadas: la construcción de las razas y de la geografía en el Siglo XIX colombiano. (Bogotá: Planeta. 1a ed. 2005) 24

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que luego de establecerse en la capital fue colaborador del periódico La Ilustración y tiempo después diputado a la Asamblea y representante al congreso del departamento de Antioquia,77.declara en forma sarcástica y nostálgica que “La civilización se ha olvidado de enviar libros en donde aprendan aquellos pobres ignorantes todos los errores que poseemos en las ciudades en donde no hai limoneros ni caminitos,

trillados”78.a lo que añade que

"No sere yo el que llame jente a aquel paraiso donde las desgracias que llevan los hombres consigo no han penetrado ni una sola vez¡ […]nadie se está tres meses en T, en donde no hay comercio, ni diversiones, ni ilustración. Yo me estuve cuatro porque encontraba silencio, soledad i una naturaleza no tocada; i por que me importa un bledo no encontrarme nunca con diversiones, ni con ilustración, ni con comercio”79

Dando a entender que en oposición a la pasividad y rutina cotidiana propia del mundo rural, el mundo urbano, al tener un pensamiento proyectivo y racionalizador se constituye en el eje de los cambios y las transformaciones, debido a que la ciudad se funda bajo una concepción de la realidad dinámica, en la cual el hombre interviene sobre la naturaleza, es decir el mundo urbano es una invención basada en los principios de sofisticación y artificialidad, lo que se refleja en elementos como la red caminera, el vapor y los ferrocarriles80.

Dentro del proceso que marca el territorio y las fronteras, con respecto a ciudades como Bogotá, si bien la descripción que se hace de Ibagué, señala la precariedad y rusticidad de su equipamiento urbano, también es evidente la exaltación de la belleza y voluptuosidad de sus paisajes,

“a primera vista, el aspecto de esta antigua población, que ha merecido el rango de ciudad, i que ha llegado a ser capital de la República, no es mui iniciativo, porque sus calles no son rectas, sus casas la mayor parte son de paja, i hasta la desgracia de no tener una buena iglesia, sirviera para aumentar la exageración de

77Joaquín Ospina Vallejo.

Diccionario biográfico y bibliográfico de Colombia. (Bogotá, Editorial de cromos, Editorial águila, 1939)

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Juan Clímaco Arbeláez “Justina” en El mosaico: miscelánea de literatura, ciencias i música. Vol. 1 núm.14. (1859, 26 de marzo). 125-127

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Arbeláez “Justina”125-127 80

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lo triste; pero en cambio tiene campos como pintados, un clima tan suave i soporífico que allí está uno como arrullado"81

Otro aspecto que refleja la mediación de la visión idealizada de los letrados hacia las zonas rurales, es la diferenciación que establecen estos escritores entre las formas de socialización del mundo rural y el urbano, pues mientras en el campo las relaciones sociales al menos se representan como cercanas, fraternas, solidarias y duraderas, la “comunidad” que se establece en la ciudad se caracteriza por su des personalidad, fragmentación y heterogeneidad, que desplaza y reformula los territorios y los límites permanentemente, lo que se traduce en una débil articulación entre la gente, sus cosas y discursos82.

Esto se evidencia en el artículo “Me vengo a Bogotá”, cuando la esposa del protagonista le argumenta porque no quiere irse a vivir a esa ciudad.

“¿cómo quieres que seamos recibidos i hospedados en la ciudad cuyos moradores hacen consistir la cultura i las buenas maneras en ostentarse indiferentes los unos para con los otros? Cierto es que aquí en nuestra estancia pasamos una vida retirada i silenciosa, humilde i con necesidades, pero vida que podemos apellidar, con la mano sobre el corazón i la vida levantada, vida tranquila”83.

Dicha visión se corrobora en la siguiente declaración del protagonista del mismo

cuadro de costumbres: “A Bogotá donde cada uno vive como le parece, bien seguro de

que su vecino ni por curiosidad averiguará quién es ni cómo lo pasa”84

Además el cambio en las maneras de socializarse viene acompañado del cambio en la fisonomía y en la forma de ver a los sectores marginales85, ya que valores como la caridad y la solidaridad se fueron modificando en la medida en que la delincuencia y la

81José David Guarín. “la camisa calentana” en

El mosaico, miscelánea de literatura, ciencias i música, Vol. 3. Núm. 34. (1859,20 de agosto)” 270-272

82

Ramos J. “Esta vida de cartón y gacetilla: literatura y masa” en Desencuentros de la modernidad en América Latina: literatura y política en el siglo XIX, (Providencia, Santiago, Editorial Cuarto Propio.2003) 229

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Palma. “Me vengo a Bogotá” 393-394

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Palma. “Me vengo a Bogotá” 393-394

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José Luis Romero. Latinoamérica: las ciudadesylasideas. (México: Siglo Veintiuno editores. 1976) 272

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pobreza adquirieron formas más agresivas, pues “en el creciente anonimato de las grandes ciudades la mala vida tomaba un aire más áspero y cruel, como se iba haciendo

áspera y cruel la nueva miseria urbana”86 Así por ejemplo, en una ciudad como Bogotá,

la alta densidad poblacional, fue atribuida en parte al siguiente fenómeno social: “la distribución de los habitantes tendió a concentrarse en forma intensiva dentro de un área

que se expandió a un ritmo menor que el de la población”87De ahí que la constante

subdivisión al interior de las viviendas, provocó en un barrio de esa ciudad, antes puramente comercial, ubicado en el centro y cuyas viviendas pertenecían en su gran mayoría a la clase trabajadora (como Las Nieves), una serie de graves problemas dentro de este como el hacinamiento, la pobreza, las epidemias, el desaseo, la inseguridad, el alto costo de los víveres y los arriendos, entre otros.

Es decir, este proceso de aglomeración sobrepaso las capacidades de los gobiernos municipales para abastecer de los servicios públicos básicos a todos los habitantes de Bogotá. Además, la formación de esos espacios de segregación social, vinculados no solo con Barrios como Las Nieves, sino con la incorporación durante las décadas de 1850 a 1880 de los arrabales de oriente (Egipto y Las aguas) y del sur (Las cruces) como nuevas zonas urbanas y con la transformación de Santa Bárbara y San Victorino de despobladas parroquias a verdaderos núcleos residenciales de la ciudad88. En conclusión, los problemas antes mencionados, la desigualdad, discriminación y desintegración social dentro de la ciudad, generaron una serie de imaginarios sociales con respecto a la manera en que se identificaban algunas zonas urbanas y sus habitantes. Lo que significa que las representaciones colectivas, ponen en movimiento códigos colectivos, según los cuales se expresan las necesidades y las ilusiones, las esperanzas y las angustias de los habitantes de la ciudad. No obstante, como se verá a continuación, los juicios de valor contenidos en esas representaciones no se dirigen tanto a las cosas o fenómenos sociales en sí mismos: revoluciones, inseguridad, suciedad, como a los símbolos que representan esas cosas: matachines, pepitos repugnantes, cachacas de mal tono entre otros.

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Romero. Latinoamérica: Las ciudades y las ideas.272

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Mejía Pavony. Los años del cambio. 298

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“Es que hai la costumbre de achacar cuanto hai de malo al barrio de las Nieves, cuando es el barrio que bien pudiera llamarse el mejor sin riesgo de quedar mal […]si algo bueno hai en su barrio se debe a los españoles, porque nuevo si como que no presentará nada[…]no hay matachin que no venga de allá, cuanto pepito repugnante hai, vive allá, cuanta cachaca de mal tono viene por aquí, cachacas de crinolinas de la tierra, las de sayas i mantillas remedando a las de la moda.89

A lo anterior uno de los personajes añade: “ Las casas son de un aspecto irregular[...]

¿Dónde se fraguan las revoluciones? En las Niéves. ¿Donde hay más mugre? En las Nieves. En fin donde está todo lo malo? En las Niéves, i eso nunca lo podrá negar90 A partir de estos problemas sociales, se podría inferir que aunque el tipo de pensamiento en que se basaba la creación de la ciudad implicó cambios en la manera en que se legitimaba el poder, pues este dejó de ser la expresión de un mandato de Dios a ser consecuencia de un pacto político, dicha mentalidad urbana no modifico muchos de los principios sociales y políticos de concentración, elitismo y jerarquización que se venían practicando desde épocas anteriores.

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