Part III. Program Management
Chapter 5. Program Platform
Astudillo, Cambados, Astudillo, Medina, Guadalajara, La Coruña (1963-1974)
Corría el año 1968, famoso por las revueltas y manifestaciones de aquel mayo en París. En Cam- bados, en el as- pirantado salesia- no, se producía una inquietud entre los alumnos de 5º en el mes de junio. –¿Qué te parece, Jose, lo que ha decidido don Antonio* con el examen de Griego?
–Pues que no me parece bien. Es injusto. No puede hacernos el examen final de Griego con materia que no hemos dado.
–¿Y qué vamos a hacer?
–Yo no haría el examen. Todo el año estudiando a tope para tener un suspenso asegurado por meternos materia que no hemos dado.
–Habrá que decírselo a los demás del curso, ¿no?
–Lo decimos en la clase y decidimos entre todos. Yo propongo decírselo primero a don Antonio y luego actuar.
Todo el curso permanecíamos sentados en la pista de baloncesto cuando apareció don Antonio. Gritando nos instó a que subiéramos a clase. A ello siguieron las amenazas. Hasta que apareció el Sr. Director. Le explicamos lo que sucedía y nos prometió hablar con el profesor de Griego. Don Antonio entró en clase al rato y, después de un tira y afloja, llegamos a un acuerdo.
El director Gregorio Aranda entrega la copa en 1968 a los campeones de fútbol. “Ganamos al C. F. Cambados 5-0”.
Era el final del curso y del aspirantado. Se realizaron varios actos festivos: teatro, música, una excursión a La Lanzada de todo el día, caminando, y alguno más. Como broche final, la visita del Sr. Inspector en la que se le entregó una carta de agradecimientos y reivindicaciones (televisión, ci- ne…) que se habían echado de menos durante el curso. (Ver foto adjunta).
Llegamos a Astudillo, al noviciado. Aquella forma de vida nos pareció extraña, rara. Nos fue envolviendo una espiritualidad como ficticia, artificial… Y unos mandatos a
veces difíciles de entender y de aceptar. Pero fueron pasando los días, llegó la imposición de la sotana, los votos y el final del noviciado. Y la cosecha obtenida: con mezcla de buenos y menos buenos frutos. El sentimiento de familia, de amistad, prevalecía. Y la relación con nuestros superiores, en general fue positiva.
Y llegó el día de salir para Medina y empezar otra nueva etapa.
–Ya estamos en el autocar camino de Medina. ¿Nos quitamos la sotana? (preguntó uno).
–Vale, venga –gritó otro.
Todos se despojaron de esa sotana que habíamos llevado con ilusión durante más de medio año. Fue un acto reflejo, sin ninguna intención. Es como si fuera a marcar el principio de otra etapa. Pero quizás llevara implícito un cierto germen de rebeldía, de inconformismo, de deseos de reformismo, de cambios, que luego se verían a lo largo del curso en Medina. Cantando y charlando, llegamos a Medina, con la incógnita de la nueva etapa que nos esperaba.
Todo era nuevo: compañeros de otros cursos y Superiores del Equipo de Educadores, y la misma organización de la vida. Se respiraba armonía y compañerismo. Y los componentes de nuestro curso seguíamos unidos. Ello nos ayudó a afrontar la exigencia de los estudios y la vida religiosa, cultural, deportiva y de entretenimiento que completaba nuestro día a día.
Pero surgió de nuevo ese espíritu rebelde y crítico que permanecía dormido entre los componentes de nuestro curso. Y otra vez por el dichoso Griego.
–¿Qué os parece la decisión de don Ángel de ponernos materia no dada en el examen final? Si nos falta un cuarto de curso por dar.
–A mí me suena a 5º de Cambados. Y yo no estoy de acuerdo. –Me imagino que nadie lo estará, ¿no?
En el 68, en Cambados, José Ángel Toledano entrega al Sr. Inspector una carta graciosa y con reivindicaciones.
–Si se lo decimos a Valero, ¿cómo reaccionará?
–Encima estamos a las puertas de la Reválida en Valladolid para acceder al Magisterio en Guadalajara.
–Pues hay que moverse. Mira: al acabar la próxima clase nos quedamos y lo hablamos.
–¿Tienes alguna propuesta?
–Pues sí. La misma que en Cambados: en vez de entrar en clase, hacemos una sentada a la entrada del centro hasta que nos escuchen.
–¿No habrá represalias?
–En cuanto se entere Valero, yo creo que nos apoyará.
Estaban todos sentados a la entrada, en silencio. Apareció don Ángel gritando que subieran a clase. Nadie se levantó. Siguió gritando y siguieron sentados. Se miraban unos a otros, nerviosos, como vigilándose para ver quién rompía el acuerdo y se declaraba esquirol. Hasta que llegó el Director, subieron a clase y se llegó al acuerdo: el examen solamente de la materia dada.
Pasaban los últimos días del curso muy rápidos y apurados preparando los exámenes para la Reválida en Valladolid. Había sido un año muy intenso pero fructífero. Creo que había cambiado un poco nuestro sentido de la vida con respecto a lo anterior. Era un sentimiento más cercano a la realidad. Y contribuyó mucho el apoyo de algunos Educadores, que confiaban tanto en nosotros que Valero nos llevó a ver una película al Zorrilla de Valladolid. Aunque tuvimos que salir sin ver el final si no queríamos perder el tren.
La Reválida nos separó. Unos nos fuimos a Guadalajara y otros se quedaron. Y allí se rompieron aquellos lazos de amistad que nos mantuvieron unidos tantos años, para lo bueno y para lo malo.
Guadalajara, selección de León contra Bilbao y Madrid. Actores en la obra de teatro Fantomas.
El verano lo pasaron repartidos por los colegios en campañas educativas de colonias, campamentos, etc. Y en septiembre ya eran estudiantes de Magisterio, unidos a grupos de las inspectorías de Madrid y de Bilbao. Y la fusión de los grupos enseguida dio sus resultados positivos: funcionaba como religiosos salesianos, como estudiantes, como organizadores de festivales musicales, de festejos, de catequistas… Pero lo que funcionaba era la unidad, la amistad entre todos (aunque la Inspectoría de León nos llevábamos la palma). Y para muestra, lo siguiente: –Don Luis: hemos estado hablando todos y queríamos pedirle que nos dejara ver una obra de teatro en la televisión ahora, después de cenar.
–Ya os hemos dado las Buenas Noches, y todos a la cama.
–¿Qué problema hay para verla? Vds. están viéndola. Si es mala, es mala para todos.
–Os vais al dormitorio y se acabó.
Y subieron con las orejas gachas, pero resoplando. Allí surgieron opiniones y enfados. En esto que se abre la puerta del dormitorio y aparece don Luis. Justo en ese momento se metía en la cama un compañero cercano a la puerta.
–Oye, tú: ponte el pijama. ¿Qué es eso de meterse en ropa interior en la cama?
Él calló, pero un compañero salió en su defensa.
–¿Por qué no puede acostarse así? ¿Qué mal hace a nadie?
–Porque lo digo yo –siguió gritando–. Y ahora te bajas tú conmigo al despacho del Director.
El alumno de Magisterio, con 21 años, sin mediar palabras, pero con una rabia infinita, bajó. El Director le mandó sentar, y sin opción a defenderse le soltó la sentencia: “Mañana recoges tus cosas, haces la maleta y te vas a León, a tu inspectoría.” El muchacho, temblando, subió al dormitorio, donde le esperaban todos los compañeros levantados, nerviosos, exponiendo toda clase de conjeturas... Les narró la sentencia rápida. Algunos rompieron a llorar. Y uno salió y volvió a los cinco minutos.
–Le he dicho al Director que si este se va, yo me voy detrás. Y surgió el alboroto unánime, como un motín: todos le seguirían.
Me acosté dándole vueltas a la cabeza. Y por el ruido, a otros les estaba pasando lo mismo. ¿Qué sucedería al día siguiente? ¿En qué me había metido? Y al poco Magisterio: excursión con el Director y algunos profesores.
tiempo, subieron a llamarme: baja al despacho del Director. Me mandó sentarme y me dijo:
–Si me prometes cambiar de actitud y no vuelves a oponerte a lo que se te mande hasta el final de curso, te quedas a terminar Magisterio.
Con los ojos llenos de agua y lleno de rabia, respondí que estaba de acuerdo. Al entrar en el dormitorio todos me rodearon y me preguntaron: ¿Qué ha pasado? Les dije la propuesta que me dio y la reflexión rápida que me hice: ¿Cómo gano o pierdo más, aceptando la propuesta o echando por la borda los dos años y de rebote la de muchos de vosotros? Y les dije:
–He cedido, pensando en mí y en vosotros.
No se volvió a comentar el asunto. La vida de estudiantes y la salesiana continuaron hasta el final de curso. Alguna vez salió el tema entre los más allegados, pero se fue olvidando, o eso parecía. ¿Dejó aquello alguna secuela para la toma de algunas decisiones que tomaron varios compañeros de viaje?
Muchas veces pensé que aquello dio pie (o excusa) para la toma de algunas decisiones. Pero yo creo que no. Cada uno fue cuestionándose el sentido de esa forma de vida. Y después de varios años, algunos lo han confirmado: se nos ofrecía una vida religiosa no acorde con los tiempos: estaba anquilosada. O eso pensábamos. La sociedad, la vida, había ido cambiando.
Muchos de los superiores salesianos que pasaron por nuestras vidas fueron verdaderos guías y compañeros. Y de ellos aprendimos muchísimo, bagaje riquísimo que hemos puesto en práctica en nuestras vidas profesionales. Sembraron muchas cosas buenas que compartimos en nuestras familias, en nuestros trabajos de educadores o de cualquier oficio, en fin, en nuestras vidas. El espíritu, la pedagogía, la doctrina de Don Bosco había calado en todos nosotros. Yo, en concreto, fui
profesor, primero de EGB durante 23 años – de los cuales fui director 22–, y luego de Instituto como Jefe de Estudios durante 11 años.
*Nota: Los hechos son reales, pero los nombres son ficticios (excepto el de J. M. Valero). Sin embargo recordamos a las personas con morriña y con cariño.
Madrid, 7 de julio del 2020