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Part II. Project Management

Chapter 6. Project Management Skills

La partida

Fuente el Sol es un pueblo del sur de la provincia de Valladolid lindante con la provincia de Ávila. Por él pasó santa Teresa con la intención de hacer su segunda fundación, pero no se entendió con la Señora de Fuente el Sol (Dña. María Juárez de Herrera…). Sin embargo, a través de ella, fundó en Medina del Campo.

Don Bosco tuvo más suerte y sacó sin dificultad, a través de don Rosendo González, un aspirante para poblar el recién comprado Palacio de las Salinas, sito a cinco kilómetros de la Villa de Medina en una finca de cinco hectáreas, rodeada toda ella de una tapia de ladrillo. La verdad es que, dadas las condiciones, fue barato. De Palacio, aunque vacío, a Colegio de Aspirantes un año. Al siguiente, reconvertido en Estudiantado de Filosofía, hubo dos cursos de filosofía y un grupito de aspirantes.

Eran las tres de la tarde de un caluroso 9 de septiembre de 1959. Todo hacía presagiar que al final de la tarde se formara una tormenta. Eusebio y Guadalupe, mis padres, prepararon todo, colchón incluido, y salimos del pueblo a esa hora en el remolque de dos ruedas, del tío Ismael, tirado por la burra del tío Domitilo. Hacia las cuatro y algo habíamos recorrido los 10 kilómetros que separaban las Salinas de mi pueblo. Llegamos ante el Palacio con un sol espléndido. Todo ese terreno era bien conocido de mi padre, albañil-constructor de casas. Años atrás habían derribado otro Palacio, cercano al actual, y los materiales se revendía a buen precio y eran de excelente calidad, sobre todo

las maderas. Todas las puertas de mi casa eran de ese derribo.

La llegada

A la entrada de la finca, en cuyo centro estaba el Palacio, había una puerta. Un corto camino te llevaba a la entrada principal. Ya había por allí siete aspirantes: Fernando Gómez y seis más de Santander. Aparece el primer

salesiano, don Gregorio Aranda, bueno y amable, alegre y sencillo. Enseguida congenió con mis padres. Se llevaron una impresión optima de él. Parece que hemos dejado a nuestro hijo en buenas manos, pudo decir mi padre.

Mis padres, por temor a la tormenta que se avecinaba, se dieron prisa en meter el colchón, la maleta y poco más y hacerme la cama en el local que hoy es cafetería. Dimos una vuelta por la casa y, previsores, querían a toda costa evitar la tormenta y, si la había, que no se calaran. Habían llevado sacos vacíos de cemento, por si las nubes descargaban… que lo hicieron, más tarde, y bien. Nos despedimos hasta pronto.

Los de Santander (Piñuela, Labarta, Sobrón, Quevedo, Landazábal y Brugos) y Fernando, como si me conocieran de siempre, me agarraron y a correr por toda la casa, hablando por teléfono a través de las tuberías de los radiadores, subiendo y bajando escaleras… asomándonos por las ventanas. Luego, por la finca. Tan solo había dos salesianos en ese momento.

La gran mojada

Eran las siete en punto de la tarde. Diluviaba. A la puerta principal llega un autobús, que pasaba a diario por mi pueblo, cargado de aspirantes y salesianos. Destacaba, bajando del coche y, con paraguas en mano, el director, don Macario Arconada. Tras él los otros salesianos entremezclados con los aspirantes, hasta 50. Los salesianos: Sr. Félix (Caramba), Sr. Manero, Sr. Julián, Sr. Deodato y Sr. Carlos y don Jesús Ursicino con sotana. Los otros eran todos coadjutores.

Se acomodaron en el dormitorio y, tras un saludo en el hall de entrada, a meterse en el ritmo diario: visita a los locales, horarios, etc.

Primer curso en Medina (1959-1960). Superiores: Carlos Casado, Deodato Robles, Constancio Manero, Miguel Delgado, Macario Arconada, Gregorio Aranda, Félix Bartolomé, Julián Amor, señor Maxi y Cayetano Álvarez.

La vida diaria

Al tercer día aparece el clérigo don Miguel Delgado y el coadjutor don Cayetano Álvarez. Este lo hace en el comedor. Miguel, por la mañana. Tuvimos paseo por la tarde y nos contó que venía de Cambados. Le han cambiado de casa al empezar su trienio. Añoraba Cambados. Era palentino y ya conocía Castilla. El saludo de Cayetano es más típico: bendice la mesa en la comida y se dedica a pasar a saludar a cada uno haciendo sonar tras la oreja un llavero que llevaba, esbozando una gran sonrisa que calaba… Vestía sencillo, pero elegante. Llegados estos dos últimos salesianos, cambian a don Jesús a Avilés-Llaranes, donde había un pequeño colegio salesiano.

Los quince primeros días íbamos de mañanita y al caer la tarde a rezar a la Capilla que aún existe (convertida en Museo por Gabarrón), en un lateral del bosque. Continuando con el ritmo del primer día, se iban clarificando, los días siguientes los horarios, libros, recreos, aprendizaje de oraciones básicas en latín, paseos por los pinares… Trascurrido este tiempo, se prepara una capilla en el interior de la casa (lo que luego fueron servicios). Y todo sigue igual, día tras día.

Algunos aspectos que destacar

Recreos de la merienda: Duraban tres cuartos de hora. No había juegos. Con el pan y chocolate en la mano y comido cuanto antes mejor, nos encaminamos a limpiar el bosque que tenía una capa densa de hojas podridas que había hecho un manto denso. Esta labor dura varios meses.

Teatros de los domingos: Como había tanto coadjutor el arte abundaba. Además de verdad. Sainetes y teatros cada domingo. Poco a poco iban metiendo a algún aspirante. Realmente, si nosotros éramos la huerta, ellos eran la alegría. Qué bien: La alegría de la huerta (ya con zarzuela). Ya sonaba eso de la zarzuela.

Ausencia del futbol: El razonamiento del Señor Director era que no se podía gastar dinero en arreglar zapatos. Entonces, mejor no dar golpes con ellos al balón. Se jugaba a la bandera, a cesto, a correr…

Paseos: Los alrededores estaban poblados de bastante pinar, la ciudad a 5 kilómetros, praderas cercanas para campos de juego… Todo esto hacía que los paseos de jueves y/o domingos fuesen muy apetecidos. Además, algunos días se podía alquilar una bicicleta bastante maja que habían llevado de la Fontana- León, donde se acababa de vender una casa y finca que habíamos tenido y que años más tarde se volvería a comprar. Sólo con pagar una módica cuota podías dar un paseo hasta que te perdiera de vista el asistente. Había que

Navidades: Las primeras, fuera de la familia, fueron en Medina. Y continuó en el resto del aspirantado. Para mí eran días entrañables. Veladas, teatros, cantos, villancicos, juegos, paseos, tiempo para leer… y, aunque frugales, buenas comidas. Todo hacía que el recuerdo de la familia, al menos en mí, se aminorara.

Por San Juan Bosco, viaje a Arévalo. Por primera vez la mayoría celebrábamos la primera fiesta de Don Bosco. Y fue original, porque ese día, elegantes y con algo de frío, nos encaminamos a coger el tren a Medina para ir a Arévalo. Se inauguraba el teatro. Fue una buena experiencia. Se representó la obra de teatro titulada La diosa Blanca y estaba allí la banda de San Fernando de Madrid. Tuvimos contacto con muchísimos compañeros de cursos superiores. Por allí andaba Félix Rueda, entre otros.

Ejercicios espirituales: Eran los primeros. Nos los predicó don Ignacio Díez. Fueron impactantes. Nos metió en el infierno, como se solía hacer entonces, al plantear el tema del pecado. Creo que luego nos sacó. Años después, en la profesión perpetua volvió a predicarlos él, pero ya diferentes. ¡Menos mal!

Exámenes finales con jurado bajo los pinos: Fueron muy bucólicos. Bajo los enormes pinos que había en la revuelta del camino ya hacia la puerta principal, colocaron unas mesas para el tribunal. Solo para algunas asignaturas. Al menos eran dos profesores: el clérigo y el nuevo sacerdote llegado de Carabanchel, don Salvador Fernández. Recuerdo que en Geografía me preguntaron los partidos judiciales de Barcelona. Desde entonces me ha sonado especial el de Igualada. Vacaciones en casa y familiares: A finales de junio llegó don Salvador Fernández recién ordenado de cura. Agradabilísimo en su trato. Nos enseñaba a leer de forma que fueran los ojos por delante de lo que pronunciabas.

Como mi padre precisaba ayudante para unas obras familiares, uno de esos días que fue a verme se lo comentó a él, y este le dijo:

–Sí, sí, ya verá cómo es posible. Yo voy con usted al director.

Y este no puso pega ninguna. Eso hizo que me fuera quince días antes.

A sugerencia de Herminio me he extendido en el primer año, pero en realidad veo que lo sucedido en el primer año, sucede de manera repetida, desarrollada y con sus matices nuevos en los cursos siguientes. Sólo hasta un cierto punto. Pero no es necesario repetirlo.

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