2.5 Search Based Software Engineering
2.5.2 Software Project Management with Meta-heuristics
2.5.2.1 Project Scheduling Problem with Meta-heuristics
La economía española creció en la última década un 2,6% anual de media gracias a la aportación de los inmigrantes. Sin su contribución, el Producto Interior Bruto (PIB) hubiera caído un 0,6%, según asegura un estudio que ha hecho público la entidad financiera Caixa Cataluña (Agosto 2006).
Aunque el peso de los inmigrantes es mayor en España que en otros países de su entorno, la misma tendencia se registra en el resto de países Europa. Si restaran la contribución de los no nacionales sufrirían importantes caídas en su economía. Sólo tres países habrían experimentado un crecimiento del PIB en la última década sin la aportación extranjera: Francia, Irlanda y Finlandia.
La importancia del trabajo de los inmigrantes en el crecimiento económico de Europa varía en función de los países, oscilando entre los 4,8 puntos de Irlanda (en los que el avance del PIB per cápita pasaría del 5,9% anual al 1,1% sin la inmigración) y los 1,3 puntos de Francia (desde un 1,6% real a un 0,3% sin inmigrantes). La gran mayoría de países europeos registrarían caídas de su producto por habitante si se resta la contribución de los inmigrantes. Los descensos más llamativos son los de Alemania e
Italia (-1,5% y -1,2% anual respectivamente), Suecia (-0,8%) y España, Portugal y Grecia (todos con un -0,6%). Los únicos países que mantendrían tasas de avance positivas del PIB per cápita cuando se excluye el impacto de la inmigración son Irlanda (1,1%), Finlandia (0,2%) y Francia (0,3%).
6.2.1. Crecimiento demográfico
La inmigración ha tenido además una importante incidencia en el crecimiento demográfico europeo entre 1995 y 2005, con un incremento de 11,9 millones de personas inmigradas (76%) sobre los 15,7 millones en los que se ha incrementado la población de la UE-15.
Este avance se ha manifestado sobre todo en Alemania (191,2%) e Italia (117,5%), al contrarrestar los descensos registrados por la población nativa. En el caso de España, los inmigrantes explican un 78,6% del crecimiento demográfico, situándose en niveles próximos a la media del área euro (79,4%).
España ocupó el primer puesto en términos de crecimiento de población inmigrante entre 1995 y 2005 con una tasa de avance del 8,4% frente al 3,5% del área del euro y el 3,7% de la UE-15. Gracias a este hecho, España lideró el crecimiento demográfico de los países europeos en la década 1995-2005, con un avance de la población del 10,7%, únicamente superado por Irlanda (14,8%), y a considerable distancia de la media del área del euro (4,4%) y la UE-15 (4,8%).
6.2.2. Crecimiento del PIB debido a la inmigración
Por otra parte, el informe sobre “Inmigración y economía española” (1996-2006) de la Presidencia del Gobierno afirma que el 30% del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en la última década se debe a la inmigración, porcentaje que se eleva al 50% si se tienen en cuenta sólo los últimos cinco años. Así, en el último lustro, del 3,1% del crecimiento anual, el 1,6% lo explica la inmigración.
Si nos comparamos con otros países, España ocupa el cuarto puesto en el ranking europeo de PIB real per cápita en el periodo 1995-2005.
Tabla 6.1. Crecimiento medio anual del PIB, según país. 1994-2005
Uno de los factores fundamentales de la aportación positiva de los inmigrantes fue su peso en la creación de puestos de trabajo, ya que ocuparon más de la mitad de los 2,63 millones de nuevos empleos creados entre 2001 y 2005, de forma que en 2005 la tasa de actividad de los inmigrantes fue 10,8 puntos porcentuales superior a la de los nativos (79% frente al 68,2%).
El informe advierte también que la entrada de trabajadores extranjeros en España ha sido compatible con el descenso de la tasa de paro nacional, con lo que los inmigrantes no sólo no han creado paro, sino que han creado empleo neto. En este sentido, tenemos
la esperanza de alcanzar el objetivo de Lisboa de conseguir una tasa de empleo del 70%, porcentaje que ya alcanza la población inmigrante en España.
Estos datos son aún más positivos para la economía si se tiene en cuenta que los extranjeros están, en promedio, más formados que la propia población española. Así, el 72,2% de los inmigrantes no-UE tiene estudios secundarios y superiores, mientras que esto ocurre solamente con el 66,5% de los españoles. Sin embargo, estas proporciones no se dan en los tramos de edad más bajos de los trabajadores, por lo que se tienen que acometerse reformas en el terreno de la formación profesional.
Todas estas cuestiones contrastan, según el informe, con el hecho de que los sueldos que reciben los trabajadores extranjeros son un 30% inferiores a los de la población española. Por tanto la inmigración ha presionado a la baja el salario real.
Por otra parte, la población inmigrante ha tenido un impacto positivo sobre la renta per cápita, tanto a través del porcentaje de población en edad de trabajar como sobre la tasa de empleo de la economía en la última década.
Sin embargo, el proceso de inmigración ha tenido un efecto negativo sobre la productividad del trabajo al reducir la intensidad del capital. Concretamente, la entrada de inmigrantes habría retraído el crecimiento de la productividad del trabajo en 0,1 puntos entre 1996 y 2005, y en 0,2 puntos en los últimos cinco años en promedio.
Conforme crezca el stock de capital con la inversión en equipo, la población inmigrante vaya acumulando conocimientos y formación, y se integre plenamente en el sistema productivo, también la inmigración contribuirá a mejorar la productividad, y, por tanto, la renta per cápita. Ante estas perspectivas, la mejor contribución de los inmigrantes está por venir.
Entre los efectos indirectos positivos que ha proporcionado la entrada de trabajadores inmigrantes en España, el informe sitúa un aumento de la tasa de empleo femenina. Concretamente, más de un tercio de los 12 puntos porcentuales que ha aumentado la
tasa de actividad femenina nativa en la última década está ligado al fenómeno de la inmigración, de forma que este porcentaje se eleva al 50% en los últimos cinco años, especialmente por el aumento del empleo en los servicios domésticos.
Asimismo, la inmigración ha tenido un impacto positivo sobre la tasa de paro estructural (aquella que no depende de los factores cíclicos de la economía) cercano a dos puntos en los últimos diez años.
6.2.3. Aportación a las finanzas públicas
Según el informe sobre “Inmigración y economía española”, mencionado anteriormente, la población inmigrante aportó 23.402 millones de euros a los fondos públicos (2,6% del PIB), lo que supone un 6,6% del total de las aportaciones, pese a representar hasta el 8% de la población.
Por otra parte, los extranjeros generaron un gasto público en 2005 de 18.618 millones de euros (2,1% del PIB), un 5,4% del total del gasto. Así, la aportación neta de la inmigración fue de 4.784 millones de euros, lo que supone un 0,5% del PIB, y el 50% del superavit de las cuentas públicas en 2005.
Sobre esta cuestión, el periódico El País (viernes 29 de febrero de 2008) publica una información resaltando que los inmigrantes aportaron 9.000 millones de euros a la Seguridad Social, lo que equivale a lo que cuestan al Estado 900.000 pensionistas españoles. Añaden que las cotizaciones de los extranjeros suponen un beneficio neto para el Estado de 5.000 millones, y que su trabajo incrementó la renta anual en 623 euros por habitante.
Según esta información, hay 7,5 millones de jubilados españoles frente a los 60.000 extranjeros (comunitarios y no comunitarios). Si se compara la aportación anual de los inmigrantes a las arcas públicas con los gastos que aquéllos generan, el superávit a favor del Estado alcanza los 5.000 millones. Las regiones más dinámicas son las que tienen mayor porcentaje de población extranjera, es decir, Baleares (16%), Madrid (13,1%), Comunidad Valenciana (12,4%), Murcia (12,3%), La Rioja (11,3%), etc.
Del mismo modo, el catedrático de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, Josep Oliver Alonso, subraya la inevitabilidad de la inmigración argumentando que un país como España a finales de los setenta, que decidió colectivamente no tener tantos hijos, también asumió que tendría inmigración en proporciones notables, en especial si quería crecer económicamente.
6.2.4. El futuro de la inmigración
España aún tiene capacidad para recibir a más trabajadores inmigrantes, si bien esta llegada deberá ser progresiva y ordenada, para lo que sería ideal hacer efectiva una mayor contratación en origen de los inmigrantes. La entrada de 200.000 extranjeros anualmente sería una previsión razonable para asegurar crecimientos de la economía en torno al 3%.
No obstante, esta nueva aportación de capital humano debería ensanchar la pirámide de población en las edades más jóvenes para combatir el fenómeno del envejecimiento, ya que, pese a las aportaciones señaladas, la población inmigrante llegada a España hasta ahora únicamente "amortiguará" el impacto del envejecimiento de la población nativa sobre la economía, lo que servirá únicamente para "retrasar el problema".
En cualquier caso, durante los próximos siete u ocho años, la aportación de los inmigrantes al superávit de las cuentas públicas seguirá creciendo gracias a su contribución neta.