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Promoting regulator coordination and information sharing

Engendering further improvements in engagement

5 Communication, information and consultation strategies

5.4 Promoting regulator coordination and information sharing

Con la transición de la política urbana del Estado Benefactor al Neoliberal, se presenciaron cambios en la forma de intervenir y gestionar el Centro Histórico de la Ciudad de México. Para Delgadillo (2014), las formas de intervención pasaron:

1. De la ejecución de obra pública exclusivamente a cargo del Estado al diseño de formas de gestión público-privadas.221

2. De las políticas que se limitaban a la restauración del patrimonio arquitectónico a “las políticas de revitalización que pretenden regenerar el paisaje urbano de zonas decadentes en términos económicos y sociales” (Delgadillo, 2014: 8).

Si bien, el descubrimiento de la zona arqueológica del Templo Mayor estimuló en la política urbana el interés por la regeneración del Centro Histórico, los planes de intervención posteriores enfrentaron

219 Entre estos problemas destacaron el deterioro ambiental, el congestionamiento vehicular, la escasez de agua y los problemas de inseguridad (Peniche, 2004).

220 Es importante mencionar, que si bien este estado de "igualdad" que buscaba implantar el Estado Benefactor no se cumplió en el ámbito económico, sí se logró en el ejercicio de los derechos civiles básicos por parte de la población garantizados por el poder político que otorgó el carácter al espacio público como propiedad de todos los ciudadanos (Duhau y Giglia, 2008).

221 En el caso específico del sector privado, sus áreas de inversión en el Centro Histórico se han focalizado en los rubros de: “la construcción, el mejoramiento de las condiciones de seguridad en la zona, el mejoramiento de la redes de infraestructura y de la movilidad” (Autoridad del Centro Histórico, 2011: 37). Por otro lado, en cuanto a la proporción de los montos de inversión por sector se estima que: “por cada peso aportado por el Gobierno local, son invertidos 58 pesos por el sector privado en la ejecución de proyectos” (Autoridad del Centro Histórico, 2011: 37).

crisis económicas que disminuyeron su impacto y continuidad de largo plazo. Durante las últimas tres décadas del siglo XX, el Centro Histórico fue perdiendo relevancia funcional y económica al verse afectado por “el crecimiento expansivo de la Ciudad de México, la relocalización de las actividades productivas hacia otros sectores, y los daños caudados por el sismo de 1985” (Autoridad del Centro Histórico, 2011: 17). Las actividades económicas que se desarrollaban generalmente eran de pequeña escala, proliferando los comercios de venta al mayoreo, talleres y bodegas localizados en edificios que se encontraban en estado de deterioro.

En el tema político, el Centro Histórico fue un espacio de lucha social de los habitantes a nivel local y nacional, en el que se manifestaba el incumplimiento del Estado ante las demandas sociales como: la falta de vivienda, trabajo, equipamientos e infraestructura. Con las crisis financieras recurrentes los empleos formales se fueron sustituyendo por una economía informal desplegada en la vía pública con la toma de banquetas y calles (Cantú, 2000), que hizo del espacio público la expresión del desempleo y el escenario ideal para la movilización de la sociedad civil en busca de visibilidad y atención por parte de los gobiernos. A la par de este ambiente de mítines e informalidad, el Centro Histórico estuvo sujeto a un proceso reestructuración de usos y actividades enfocadas en el rescate de su papel como centralidad.

En 1990, se creó el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, posicionándose como una de las principales instituciones responsables de la “promoción y gestión de acciones de recuperación y conservación del sitio” (Autoridad del Centro Histórico, 2011: 6). Como parte de las medidas emprendidas por el Fideicomiso, entre 1991 y 1994 se impulsó el programa “Échame una manita”, el cual: “a) rehabilitó el espacio público e imagen urbana del Zócalo, el Eje Central y las avenidas Venustiano Carranza y Donceles —atendiendo, principalmente, el remozamiento de calles y fachadas—; b) impulsó el turismo y c) logró la reubicación de alrededor de 10 mil ambulantes en 28 plazas comerciales edificadas ex profeso” (Delgadillo, 2014: 11).222 Para 1995, la política urbana se puso como objetivo la densificación del núcleo central haciendo rentables las infraestructuras —agua, drenaje, electricidad— de las zonas con alto potencial para recibir la localización de nuevos comercios de un rango superior.223

222 De acuerdo con Díaz (2015), en 1990 la principal función que albergaba el Centro Histórico de la Ciudad de México era la habitacional —destacando las viviendas en renta al representar el 42% de la oferta total—, seguido por las bodegas. 223 Para Melé (2006), esta estrategia se justificó por dos factores:

— La derogación del decreto de congelación de rentas en 1992, que le permitió a los propietarios de inmuebles aumentar los alquileres y al sector privado impulsar la construcción de viviendas en renta.

Por otro lado, en 1997, con la llegada del PRD al Gobierno del Distrito Federal se sentó una coyuntura favorable para potenciar las acciones de recuperación del centro de la ciudad, destacando la flexibilización de las medidas de protección del patrimonio al permitir a los agentes privados construir y transformar parte de éste (Capron y Monnet, 2003). En 1998, con el diseño del “Plan Estratégico para la Regeneración y el Desarrollo Integral del Centro Histórico de la Ciudad de México”224, el gobierno

local propuso tres ejes para regenerar el funcionamiento del territorio, siendo estos: “el Rescate de la Centralidad, la Regeneración Habitacional, el Desarrollo Económico y el Desarrollo Social” (Autoridad del Centro Histórico, 2011: 6). Para Melé (2006), la implementación de dichos ejes no significó un cambio drástico en las modalidades de intervención del centro de la ciudad, al presentarse el mismo patrón de recuperación basado en intervenir generalmente las zonas con mayor valor de renta.225

De acuerdo con Suárez (2004), en septiembre de 2000, el Gobierno de la Ciudad de México, a través de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI) expidió el “Plan Parcial de Desarrollo

Urbano del Centro Histórico” (Gaceta Oficial del Distrito Federal, 2000), cuyo objetivo fue redefinir

el rol del núcleo central a nivel de ciudad, zona metropolitana y país, partiendo de:

a) El reconocimiento de la función social de los bienes patrimoniales para consolidar una oferta de vivienda acorde con las necesidades de la población demandante.

b) La promoción de inversiones mixtas —públicas y privadas— para impulsar nuevas actividades económicas a un corto y mediano plazo y mejorar las condiciones de habitabilidad del centro”. c) El diseño de normas enfocadas en la zonificación de los usos del suelo, la regulación de las alturas de las edificaciones, la intensidad de la ocupación del suelo y el grado de protección de los inmuebles históricos (ver mapa 4).226

— La oferta disponible de edificios desocupados con alto valor simbólico que se convirtieron en el objeto de deseo del sector inmobiliario para su “renovación, rehabilitación y reutilización de espacios” (2006: 200).

224 Este documento sirvió como base para la elaboración de los Programas Parciales de Desarrollo Urbano “Centro Histórico”, Centro Alameda” y “Merced”, publicados en el año 2000.

225 De acuerdo con Díaz (2015), los instrumentos —planes y programas— implementados durante la década de 1990, atribuyeron al ingreso de sectores los populares y a la concentración de vecindades en inmuebles patrimoniales, como las principales causas del deterioro en la imagen urbana y morfología del Centro Histórico; sin embargo, para Melé (2006) dicho discurso resultó contradictorio, ya que las principales inversiones para la renovación urbana se destinaron a las zonas con mejor infraestructura y rentabilidad económica.

226 En 2010, el Plan Parcial de Desarrollo Urbano del Centro Histórico (Gaceta Oficial del Distrito Federal, 2010) presentó modificaciones en torno a la zonificación de los usos del suelo. Teniendo como objetivo la recuperación de la vivienda, se distribuyeron porcentajes que fijaron el uso habitacional mínimo que debía registrar un inmueble de acuerdo con su superficie, niveles construidos y ubicación en el Centro Histórico:

— “Para la nomenclatura H (Habitacional), se destinó el 50% de la construcción existente para usos habitacionales. — En la zonificación HC (Habitacional con comercio en Planta Baja), la cifra era del 35%.

— En las zonificaciones HO (Habitacional con Oficinas) y HM (Habitacional Mixto) la cantidad mínima era del 20%. — Y en la zonificación HE (Habitacional con Entretenimiento), la normatividad estableció el 10%” (Gaceta Oficial

del Distrito Federal, 2010: 4).

d) El diseño de un programa de mejoramiento de imagen urbana como parte de los procesos de rehabilitación de plazas y parques.

e) El reordenamiento del sistema de transporte público y de vialidades para crear un circuito interno de circulación eficaz.

f) La implementación de estímulos fiscales, jurídicos, financieros y administrativos para incentivar las acciones de rehabilitación por parte de los propietarios de inmuebles.

La principal aportación del “Plan Parcial de Desarrollo Urbano del Centro Histórico” fue decidirse por intervenir el territorio de forma integral añadiendo a su cartera de proyectos los intereses privados y las demandas sociales para mejorar el nivel y calidad de vida de la población (Gaceta Oficial del Distrito Federal, 2000; Delgadillo, 2011). En el año 2001, fungiendo Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, se sentó una nueva coyuntura dentro de la política de rescate de la centralidad fundacional con la creación del Consejo Consultivo del Centro Histórico —encabezado por el empresario Carlos Slim227—, el cual se desempeñó como un órgano de consulta, fomento y

evaluación de proyectos enfocados en la reactivación económica del sitio.228

El Comité Ejecutivo del Consejo —integrado por tres miembros del gobierno federal, tres miembros del gobierno local y cuatro de la sociedad civil— elaboró una cartera de proyectos de largo plazo que promovían el desarrollo de proyectos sociales, la rehabilitación de inmuebles históricos, el remozamiento de espacios públicos, la creación de nuevos recintos culturales, el fortalecimiento del empleo y la mejora de la seguridad pública (Autoridad del Centro Histórico, 2011) con la finalidad de reducir progresivamente las desigualdades urbanas del Centro Histórico en relación con el resto de centralidades de la Ciudad de México.

Otra de las disposiciones del PPDU del Centro Histórico fue omitir el uso habitacional en edificaciones que albergaran giros como: “mercados, tiendas de autoservicio, tiendas departamentales, centros comerciales, plazas comerciales, baños públicos, centros deportivos, canchas, arenas de box y luchas” (Gaceta Oficial del Distrito Federal, 2010: 4). Por otro lado, se instituyó que los permisos para asentar establecimientos en zonas H serían denegados si la actividad a ingresar fuesen las bodegas, exceptuando de esta disposición a las zonas HC, HO, HM Y HE, siempre y cuando el área de almacenamiento fuese menor o igual al 25% de la superficie total construida de los edificios y se ubicaran exclusivamente en planta baja y primer nivel (Gaceta Oficial del Distrito Federal, 2010: 14). También se legitimaron los cambios de giro en los inmuebles históricos, independientemente de su uso original, siempre y cuando se respetaran los usos permitidos de la zonificación. 227 La intervención de Carlos Slim en el Centro Histórico de la Ciudad de México ha sido controversial. Por un lado ha creado instituciones como la “Fundación Centro Histórico” —organismo privado— para atender las necesidades de la población local vulnerable en temas de salud, educación y cultura; y por el otro, ha implantado empresas como la “Inmobiliaria Centro Histórico” para adquirir y remodelar edificios destinados a concentrar vivienda y comercios que tienen como población objetivo a los grupos de mayores ingresos y no a los sectores populares (Delgadillo, 2011; Díaz, 2015). 228 De acuerdo con la Autoridad del Centro Histórico (2011) la integración de un Consejo formado por diversos sectores — público, privado y ciudadano— para consensar las acciones de regeneración del Centro Histórico significó un cambio en el diseño de los objetivos de la política urbana al pasar de la rehabilitación de inmuebles al desarrollo de proyectos enfocados en el repoblamiento de la zona, su reactivación económica y el rescate de su vocación cultural.