Engendering further improvements in engagement
2 Influences on regulator posture
2.2 Regulation design sets bounds on posture
Durante el siglo XX, la preocupación por la conservación de los conjuntos patrimoniales se expresó por primera vez a nivel internacional en la Carta de Atenas derivada de la “Primera Conferencia
Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos” celebrada en 1931. Su
trascendencia instituyó el desarrollo continuo de políticas de salvaguarda en aquellos monumentos relevantes para una civilización que se encontraran amenazados por el deterioro físico y el abandono. Las recomendaciones emitidas promovieron el culto por la forma y estilo arquitectónico originales106,
así como la aprobación para recibir nuevas actividades, siempre y cuando éstas respetaran “el carácter histórico y artístico de la obra” (Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos, 1931: 1).
A nivel institucional, la Carta de Atenas invitó a los Estados a colaborar en los programas de salvaguarda de las edificaciones históricas, con el propósito de sembrar el reconocimiento del patrimonio como un derecho colectivo y de interés común por encima de su uso privado; a ello se sumó la creación de una red para compartir las experiencias locales de conservación a nivel internacional buscando abrir nuevos campos de estudio enfocados en la innovación de técnicas de restauración y resistencia de materiales. Es importante mencionar que el contenido de la Carta de Atenas no hizo referencia al concepto centro histórico; no obstante, se emitieron las primeras consideraciones de intervención sobre una noción de conjunto basado en la rehabilitación del paisaje, destacando en ello, la obligación de incluir las características de imagen urbana en el diseño de las nuevas edificaciones contiguas a los monumentos históricos.
106 De acuerdo con González-Varas (2015), este proceso buscó complementarse con el uso racional de nuevos materiales como el concreto armado para aminorar costos.
En 1932, se emitió en Italia la “I Carta del Restauro”, que promovió la creación de organismos internacionales dedicados a elaborar una teoría de la restauración, con un carácter científico capaz de dotar al monumento de la resistencia y duración requerida para hacer frente a su deterioro. Una de las innovaciones propuestas fue registrar las actividades de rehabilitación empleando fotografías y dibujos que dieran certeza a las modificaciones estructurales y/o de orden formal, realizadas sobre el patrimonio. También se permitió la reutilización de inmuebles a través de usos que refrendaran las funciones originales de las edificaciones para no alterar su esencia, lo cual implicó, posteriormente, ampliar el rango de conservación al incluir aquellos elementos arquitectónicos de gran belleza sin importar su época o estilo siempre y cuando fueran objetos representativos de la cultura local (Consejo Superior de Antigüedades y Bellas Artes, 1932).
Dicha medida comprometió a los Estados a conservar de manera casi intacta la imagen, forma, color y estilo del paisaje próximo a la zona de bienes patrimoniales, para seguir preservando un carácter equilibrado a nivel de conjunto. Después de un largo periodo de inestabilidad internacional derivado de la II Guerra Mundial, el estado de conservación del patrimonio histórico de las ciudades europeas se vio deteriorado, debido a los constantes bombardeos que arrasaron con la estructura física de un gran número de territorios. Con la destrucción de una enorme cantidad de monumentos y la devastación de centros históricos, diversos grupos provenientes de la élite cultural buscaron evitar la pérdida total de su pasado urbano al demandar el rescate del patrimonio existente a través de la aprobación de nuevas leyes que atendieran los efectos negativos de la posguerra.
Como antesala a la respuesta de dichas demandas, en 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de reanudar las relaciones de cooperación internacional conformando una nueva comunidad democrática y pacífica entre países. Esta iniciativa permitió que se fundara la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO107 por sus
siglas en inglés), en cuyos estatutos, según Bouchenaki (2001: 12), se estableció “la misión de velar por la conservación del patrimonio histórico” a través de la instauración de un nuevo marco institucional capaz de concentrar la voluntad de los países miembros para promover la restauración de los centros
107 Desde la perspectiva de Ballart (1997: 56), la UNESCO, a través de diversas convenciones se ha pronunciado a favor de “la salvaguarda del patrimonio cultural de la humanidad y ha instado a los Estados a implementar medidas proteccionistas”.
fundacionales, a partir de la implementación de planes de orden cultural desvinculados de los planes de desarrollo socioeconómico de las ciudades.108
En 1954, la UNESCO organizó la “Convención para la protección de los bienes culturales en caso de
conflicto armado”, mejor conocida como “Convención de La Haya”, cuya trascendencia derivó en:
1. La creación del término “bien cultural” (UNESCO, 1954: 8) para nombrar a los inmuebles relevantes de las ciudades históricas —incluidos los monumentos arquitectónicos, artísticos y religiosos —.
2. La adopción del concepto de “centro monumental” (UNESCO, 1954: 10) para describir al territorio sede de un gran número de bienes culturales —incluido los cascos antiguos o centros fundacionales—.
Ambas aportaciones fueron de gran relevancia, ya que, por primera vez un documento de alcance internacional planteó conceptos para caracterizar el vínculo territorial entre el patrimonio y su núcleo urbano. En 1962, la UNESCO convocó a un nuevo foro destinado al análisis del deterioro en el carácter monumental del patrimonio ante la subutilización de edificaciones, el despoblamiento y la descentralización de actividades producto del crecimiento periférico de las ciudades (Delgadillo, 2008). Los resultados de dicho foro se expidieron en un documento bajo el nombre de “Recomendación
relativa a la Protección de la Belleza y el Carácter de los Lugares y Paisajes”.
En él se instauró la obligatoriedad para los Estados de ejecutar acciones correctivas ante la degradación de los inmuebles109 y crear organismos públicos encargados de gestionar la protección del patrimonio,
con una visión de conjunto, como medida para conservar la mayor extensión posible del paisaje histórico, ante la posibilidad de una modificación deliberada de su aspecto por los propietarios de inmuebles (UNESCO, 1962). En general, el periodo de 1931 a 1962 representó para los organismos internacionales la construcción de una doctrina cultural sobre la concepción del patrimonio, basada en el respeto por la obra histórica y artística como factores para justificar su permanencia ante cualquier eventualidad —guerras, destrucciones o abandono—.
108 Los años posteriores al conflicto bélico fueron considerados como el periodo de la “reconstrucción” de los centros históricos, lo que fomentó el interés por los programas de planeación urbana y conservación de la ciudad (Chaves, 2013). 109 En este sentido, se forzó a las autoridades locales a diseñar programas de financiamiento a través de la creación de subsidios para estimular entre los propietarios de inmuebles el desarrollo de acciones preventivas con el fin de mantener en condiciones óptimas el estado físico de sus propiedades.
En esta etapa se buscó respetar la morfología y escala original de los centros históricos definiendo técnicas y estrategias de conservación para preservar su dimensión estética (Choay, 2007). A nivel teórico, las experiencias de restauración se convirtieron en un marco de análisis sobre las nociones de autoría, originalidad y subjetividad, que sirvió para contrarrestar la amenaza de la copia y falsificación de estilos arquitectónicos, seguido de un proceso de concientización sobre el valor de la autenticidad para legitimar el carácter cultural de los bienes patrimoniales (González-Varas, 2014).