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Streamlining reporting requirements

Engendering further improvements in engagement

5 Communication, information and consultation strategies

5.3 Streamlining reporting requirements

Imagen 2. De izquierda a derecha, las calles de Gante y Motolinía rehabilitadas como zonas peatonales, 1972.

FUENTE: COLECCIÓN VILLASANA-TORRES.

En el caso particular de la peatonalización de Gante y Motolinía, el resultado de su transformación implicó la apertura de nuevos espacios para que la población se apropiara del lugar a través de la recreación del paseo. Su diseño contó con un corredor central en el que se podía admirar la riqueza cultural del paisaje urbano y recrearse al mismo tiempo observando las actividades de convivencia y prácticas de consumo del resto de las personas que se congregaban. En los costados se localizaron jardineras que cumplieron una doble función: la primera, como punto de reunión tras haber sido adaptadas por los visitantes como asientos para platicar con sus conocidos o simplemente descansar para luego retomar sus actividades, la segunda, dedicada a separar la circulación de los usuarios que acudían directamente a los establecimientos y no al espacio cívico.

Imagen 3. Los paseantes ocupando la zona peatonal de Gante y Motolinía, 1972.

FUENTE: COLECCIÓN VILLASANA-TORRES.

Los negocios localizados en las zonas laterales eran restaurantes, cafeterías, oficinas —particulares y públicas—, ópticas, centros de idiomas, zapaterías, tiendas de vestir y de novedades (Villasana e Hidalgo, 2014) que tenían como población objetivo a la clase media profesional y empresarial.208 En este sentido, el proyecto de peatonalización de Gante y Motolinía reconoció la importancia de los comercios como un recurso para atraer nuevo público, sin embargo, no era el objetivo integrar el espacio cívico del paseo como un elemento lucrativo para beneficiar a los establecimientos209 debido a que la premisa de las intervenciones era construir un sitio modelo de libre acceso para el uso de toda la población sin exenciones de clase, respondiendo a la lógica de construir un espacio democrático bajo "condiciones genéricamente igualitarias" (Duhau y Giglia, 2008: 49) para la ciudadanía.

Posteriormente, en 1980 con la declaratoria del Centro Histórico de la Ciudad de México como "Zona

de Monumentos Históricos"210, se estableció la delimitación del sitio en un área comprendida de 10 km2 dividida en dos perímetros, siendo estos: "el perímetro A cuyos límites corresponderían a la ciudad desde su fundación hasta 1830; y el perímetro B que abarcaría las primeras expansiones de la ciudad

208 Dentro del modelo de Estado Benefactor los logros en la mejora económica y social de la clase obrera marcó una tendencia para que los hábitos de consumo fueran semejantes para toda la población, hecho que se buscó reflejar en el ambiente comercial que rodearía el entorno de la rehabilitación de los espacios públicos (Duhau y Gligia, 2008).

209 Esta situación se identifica al observarse en las fotografías de la peatonalización de Gante y Motolinía la no presencia de mesas y sillas instaladas sobre el espacio público, ni la colocación de publicidad.

210 El impulso de tal acontecimiento se derivó del descubrimiento casual de la pieza escultórica azteca de la diosa

Coyolxauhqui y de la zona arqueológica del Templo Mayor en 1978, quienes lograron que el Centro Histórico de la Ciudad

de México experimentara una etapa de revalorización como monumento de identidad nacional vinculado con "el mestizaje y los orígenes prehispánicos del país" (de Alba, 2013: 328).

entre 1830 y 1900 aproximadamente" (Autoridad del Centro Histórico, 2011: 5).211 En esta nueva distribución, el perímetro A se convirtió en la principal zona de protección y en el área ideal para la creación de nuevos corredores urbanos destinados a concentrar “actividades selectas pertenecientes a los rubros habitacional, administrativo, comercial y de servicios" (Peniche, 2004: 188).212

Un fenómeno natural que detonó una nueva etapa de transformaciones en el Centro Histórico fue el sismo de 1985 cuyo impacto causó enormes pérdidas humanas y daños materiales —colapsos de inmuebles— que afectaron principalmente a los espacios de residencia de los sectores populares. Ante un escenario de devastación agravado con el incremento del número de personas que se quedaron sin hogar213, la política urbana implementó acciones de reconstrucción de viviendas a partir de la expropiación de edificios dañados, lo que dio origen al “Programa de Renovación Habitacional

Popular” (PRHP), cuyo objetivo fue preservar la residencia de los habitantes locales a través de la

restitución de sus viviendas y la certificación de propiedad de un gran número de hogares.214

Después de la etapa de reconstrucción, el sentido de la política urbana presentó un nuevo enfoque influenciado por organismos internacionales como la UNESCO y el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) para vincular el desarrollo del turismo con las políticas de protección del patrimonio; situación que dio pauta a la creación de un listado con los nombres de aquellos conjuntos culturales que serían acreedores del título de “Patrimonio Mundial de la Humanidad”.215 En 1987 el Centro Histórico de la Ciudad de México llegó a ser reconocido con esta denominación, hecho que significó para el

211 Con la declaratoria como zona de monumentos históricos, el centro de la ciudad fue reconocido como un territorio diverso al incluir a la ciudad colonial y a la barrios populares colindantes como parte de su riqueza patrimonial (Melé, 2006).

212 En el diagnóstico del perímetro A se encontró la presencia de actividades incompatibles que, de acuerdo con las nuevas disposiciones emitidas en el “Plan Parcial del Centro Histórico” expedido en 1980, exigían su depuración del sitio, ya que su presencia congestionaba el lugar y propiciaba el deterioro tanto del patrimonio edificado como del entorno urbano. Los giros que se eliminaron fueron principalmente: las estaciones de carga y descarga, bodegas, talleres o pequeñas industrias, almacenes y las terminales de los camiones urbanos y foráneos (Peniche, 2004). Bajo la directriz del Plan Parcial de 1980 se llevó a cabo "el remozamiento y reconstrucción de 1, 436 monumentos, la ejecución del proyecto del Templo Mayor con la construcción de un nuevo museo, la reubicación de la central de abastos de la Merced y de las terminales de los autobuses foráneos, así como la construcción del Palacio Legislativo en San Lázaro" (Peniche, 2004: 188).

213 De acuerdo con Inzulza y Díaz (2016), el impacto del sismo de 1985 en las zonas centrales de la Ciudad de México — incluido el Centro Histórico y barrios próximos— fue de “5, 727 edificios dañados, 3, 800 de ellos edificios de viviendas con una cifra que osciló entre los 8, 000 y 10, 000 muertos” (2016: 117-118).

214 En los contados casos en que se expropiaron edificios de alto valor arquitectónico que, por alguna razón se habían convertido en viviendas para personas de escasos recursos, “se prefirió reubicar a las familias en otros inmuebles nuevos o rehabilitados dentro de la misma zona, y destinar estos monumentos, una vez restaurados, a otros usos como museos u oficinas públicas” (Peniche, 2004: 194).

215 Contar con dicha denominación representaba un acto de reconocimiento a las políticas y leyes de protección del patrimonio de cada país y una validación internacional que recaía en un hecho simbólico de prestigio y notoriedad para el sitio así catalogado.

Estado mexicano y el gobierno de la ciudad, asumir la responsabilidad de asegurar la preservación del sitio y la facultad para implementar nuevos proyectos enfocados en el desarrollo integral del conjunto. Durante esta etapa el objetivo de la política urbana fue la regeneración de los espacios con mayor peso y valor simbólico del sitiio, destacando para Delgadillo (2014), los proyectos ejecutados en 1988216 como fue la integración del Palacio de Bellas Artes a la Alameda Central, junto a la creación de la plaza de la Solidaridad en conmemoración de las víctimas fallecidas en el lugar donde existió el Hotel Regis —destruido en el sismo de 1985— (ver imagen 4). Ambas intervenciones formaron parte de un proyecto de imagen de urbana en el que intervinieron disciplinas como la arquitectura y el paisajismo para potencializar los beneficios simbólicos de la renovación (Montaner y Muxí, 2011).

Imagen 4. De izquierda a derecha, una vista del 2005 con la integración del Palacio de Bellas Artes a la Alameda (2005), y una panorámica de la Plaza de la Solidaridad en 1988.