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Qualitative data collection: Phase 2

2.4 DATA COLLECTION

2.4.3 INTERVIEWS

2.4.3.2 Qualitative data collection: Phase 2

Podría pensarse que los términos en que Greenberg define la dinámica de la modernidad artística como búsqueda reductiva de la esencialidad del medio, y en que concibe el resultado de ello como literalidad del soporte material, llevarían inexorablemente al arte modernista a la abstracción, con exclusión de toda representacionalidad. Pero ello sólo en parte es así, y para Greenberg, esto no significa una necesaria exclusión de la figuración o representación; pues distingue varios conceptos y tipos de representación, no todos los cuales suponen una referencia mimética al modelo natural.

En “After Abstract Expressionism”, Greenberg introduce matizaciones en la contraposición habitual entre pintura “representacional” en sentido amplio (la que se suele denominar corrientemente “figurativa”) y pintura “no representacional” (la comúnmente denominada, en sentido laxo, “abstracta”). Para ello, introduce también distinciones dentro de cada uno de estos conceptos. Para empezar, dentro de lo “representacional” en sentido amplio, contrapone dos aspectos:

1- “Representación” o “figuración” en sentido estricto: el uso de los recursos plásticos para aparentar la presencia de objetos y figuras;

2- “Ilusión”: empleo de esos recursos para crear sensación de espacio (normalmente, de espacio tridimensional, fugado en profundidad), contrapuesta a la literalidad plana de la superficie del lienzo;

aspectos los cuales son ambos componentes habituales de la tradicional pintura “representacional” o “figurativa” (en sentido amplio), del Renacimiento al siglo XX.

La “representación”, o “figuración” en sentido estricto, tiene que ver con la creación de relaciones de fondo-figura. Dentro de la “representación”, Greenberg destaca y contrapone dos modalidades que a él le interesa especialmente comparar, pero que no son las únicas posibles: 1- “Representación esquemática”: las figuras se hacen aparecer insinuando sus contornos, pero

no necesariamente su volumen; es compatible con cierta tendencia a la abstracción y al primado del plano pictórico (es “virtualmente abstracta”, dice Greenberg; así, por ejemplo, en el cubismo sintético y sus derivados);

2- “Representación desahuciada” (homeless representation): se representan las figuras insinuando su volumetría; pero el ámbito en que se las presenta no es claramente el espacio tridimensional que constituye su “hábitat” natural (así en el cubismo analítico, por ejemplo).

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Modalidades éstas a las cuales cabe añadir la de la pintura naturalista convencional (figuras con volumen en un espacio tridimensional ilusorio).

“Ilusión” es un término que (como hemos visto) pertenece al contexto de la teoría greenberguiana del medio; pero en ese contexto tiene un sentido más amplio (abarcando tanto la representación o figuración propiamente, como lo que aquí estamos denominando “ilusión”). Como término contrapuesto a “representación”, “ilusión” tiene un sentido más restringido: se trata de la creación ilusionista, en sentido amplio, de espacio, atmósfera, ambiente; y Greenberg contrapone dos modalidades opuestas de “ilusión”, en ese sentido restringido:

1- “Diagramática”, “por asociación” o “leída”, vinculada al uso de métodos, en parte convencionales, de representación proyectiva del espacio tridimensional por recursos lineales, tales como la perspectiva tradicional por líneas de fuga (es la modalidad de la mayoría de la pintura del clasicismo renacentista, así como la que usa cierta figuración esquemática cuasi- abstracta para contextualizar sus figuras);

2- “Perceptual”, “inmediata” o “ilusionista”, vinculada al uso de recursos plásticos pictoricistas de aplicación de la materia del pigmento, y de gradaciones cromáticas de valores de claroscuro (propia de la pintura figurativa barroca y de la abstracción pictoricista; conlleva difuminación de los perfiles de las figuras, pero acentuación de sus volúmenes)

A estas, cabe añadir una tercera: el nuevo ilusionismo “puramente óptico” de un espacio no tridimensional en sentido convencional, ilusionismo que Greenberg propugna. Éste es una modalidad particular de ilusionismo “inmediato” (no involucra “lectura” de dispositivos de representación proyectiva convencionales), pero no es totalmente “ilusionista”: esto es, no contraría la literalidad plana del medio pictórico. La noción de “opticidad” designa el conjunto de recursos plástico-pictóricos orientados a crear un ilusionismo especial que no sea el tridimensional de la realidad ordinaria (en el que existe toda obra en cuanto que mero objeto ordinario, junto a todos los demás objetos), y que no contraríe la naturaleza plana del medio pictórico.

Con respecto al medio escultórico, la ilusión de tactilidad, masa y “textura orgánica”, viene a hacer las veces de la ilusión espacial tridimensional en la pintura (pues Greenberg vincula de la experiencia de profundidad espacial con las asociaciones táctiles), como tentación a evitar en aras de la “fidelidad al medio”:

Toda imagen reconocible está destinada a ser contaminada de ilusión, y la escultura modernista, también, se ha visto impulsada a recorrer un largo camino hacia la abstracción; y sin embargo, la escultura puede seguir sugiriendo imágenes reconocibles, al menos esquemáticamente, sólo con tal de que se abstenga de imitar la sustancia orgánica (siendo la ilusión de sustancia o textura orgánica en la escultura análoga a la ilusión de la tercera dimensión en el arte pictórico). [CE 4: 59]

La distinción entre ilusión y representación propiamente dicha (o figuración) es problemática, ya que, como indica Greenberg, la creación de figuración por relaciones de contraste fondo-figura, por más lineal, plana y abstracta que sea, implica siempre automáticamente la percepción de un grado mínimo de ilusión de espacio, aunque sea del tipo más diagramático, codificado y “abstracto” posible. En el marco de esta distinción, las categorías formalistas de la visión tienen más que ver con la ilusión en sentido estricto que con la figuración, o representación: la ilusión de distintos tipos de atmósfera, ambiente o espacio, es concebible sin indicación de figuras; y Greenberg analiza perfectamente obras abstractas en

términos de dichas categorías de la visión. De modo que ni ellas ni la ilusión (con ciertas salvedades) están terminantemente excluidas por la abstracción. Por su parte, dentro de las coordenadas de la teoría greenberguiana del medio, tanto la ilusión como (en menor medida) la representación son opuestas a la literalidad, caen del lado de la “ilusión” (en el sentido más amplio que tiene el término en el contexto de esa teoría).