CHAPTER 5: FINDINGS, CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
5.4 CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS BASED ON FINDINGS
5.4.3 Recommendations for Practice
Si quisiéramos ser un gran país; si quisiéramos ser capaces de defendernos y no dejar- nos intimidar, necesitamos armarnos y, para armarnos, necesitamos una industria de
defensa basada en nuestras capacidades. Roberto Mangabeira Unger
A fines del año 2004 el Estado Mayor del Ejército envió cuatro oficiales
superiores a Vietnam para aprender las técnicas guerrilleras con las cuales las fuerzas armadas derrotaron a los Estados Unidos tres décadas atrás. El relato de la misión estuvo varios días en la página web del Ejército (www. exercito.gov.br), destacando que “la visita tuvo por objeto realizar con- tactos con las fuerzas armadas de aquel país para viabilizar, en un futuro próximo, intercambios sobre la Estrategia de Resistencia en los niveles estratégico, táctico y operacional”265.
La misión estuvo integrada por el teniente coronel Moraes José Carval- ho Lopes y el capitán Paulo de Tarso Becerra Almeida, ambos del Centro de Instrucción de Guerra en la Selva, el mayor Cláudio Ricardo Hehl de
la Escuela de Perfeccionamiento de Oficiales y el coronel Luiz Alberto
Alves del Comando de Operaciones Terrestres. En la misma página web,
el general Claudio Barbosa Figueiredo, jefe del Comando Militar de la
Amazonia, detalló que la misión visitó las ciudades de Hanoi, Ho Chi Minh (ex Saigón), y la provincia de Cu Chi donde se conservan 250 kiló- metros de túneles construidos durante la guerra. Dijo que la Estrategia
de Resistencia “no difiere mucho de la guerra de guerrillas y es un recur- so que el ejército no dudará en adoptar ante una posible confrontación con un país o grupo de países con potencial económico y bélico mayor
265 Diario da Manhá, Goiania, 10 de febrero de 2003 en http://www.achanoticias.com.br/noticia. kmf?noticia=2809013 (Consulta 3/04/2011).
que Brasil”, y agregó que “se deberá contar con la propia selva tropical como aliada para el combate al invasor”266.
El general Figueiredo no es precisamente un hombre de izquierdas. Du- rante el régimen militar fue ayudante del presidente mariscal Arthur da Costa e Silva (entre 1968 y 1969). Asumió el comando de la Amazonia con la llegada de Lula al gobierno, en febrero de 2003. Poco después de asumir compareció ante una comisión del parlamento: “Necesitamos disponer de una estrategia que le cueste caro a cualquier sociedad que intente incursionar en la Amazonia”, para evitar cualquier amenaza con- tra una región de vital importancia267. En la misma sesión destacó que
“desarrollamos en Brasil la estrategia de resistencia que transforma la
selva en aliada, enemigo de nuestro enemigo”. Fue muy claro al señalar
que la estrategia se usará contra fuerzas de mayor porte de los “países centrales”, a los que Brasil no puede enfrentar mediante una guerra con- vencional.
El general se refirió a una estrategia diseñada tiempo atrás por las fuer- zas armadas, en su opinión hacia 1998, preocupadas luego de la caída del socialismo soviético con la hegemonía unilateral de los Estados Unidos
que habían fijado sus ojos en las riquezas amazónicas y además estaban
construyendo un anillo de bases militares que rodean al país268. La Es-
trategia de Resistencia habría comenzado a formularse en los primeros
años de la década de 1990, por parte de oficiales que habían participado
en el combate a la guerrilla en el río Araguaia en la segunda mitad de los años 70 y habían sido adiestrados en el Centro de Instrucción de Guerra en la Selva con sede en Manaos. En 1991 el comandante de la Amazonia, general Antenor de Santa Cruz Abreu, dijo ante la Comisión de Defensa Nacional de la cámara de diputados que convertirían la selva en un Viet-
nam si hubiera una invasión; ese año se debatió el tema en la Escuela del
Comando y Estado Mayor del Ejército que buscaba diseñar una estrate- gia capaz de transformar las fuerzas regulares en fuerzas guerrilleras en caso de invasión269.
266 Mario Augusto Jakobskind, “Aprendiendo de Vietnam”, en Brecha, Montevideo, 18 de febrero
de 2005 y Observatorio da Imprensa, 25 de enero de 2005 en http://www.observatoriodaim-
prensa.com.br/artigos.asp?cod=313JDB003 (Consulta 3/04/2011).
267 Câmara dos Deputados, Departamento de Taquigrafia, “Depoimento do Comandante Militar
da Amazônia General Cláudio Barbosa de Figueiredo”, Comissâo de Relaçôes Exteriores e Defesa Nacional, Brasilia, 2 de octubre de 2003, p. 32.
268 Paulo Roberto Corrêa Assis, “Estrategia da resistencia na defesa da Amazonia”, Núcleo de Es-
tudos Estratégicos Mathias de Alburquerque (NEEMA), Amazonia II, Rio de Janeiro, Tauari, 2003.
269 Joâo Roberto Martins Filho, “As Forças Armadas Brasileiras no pós Guerra Fria”. Fortaleza,
Incluso el anterior comandante de la Amazonia, general Luís Gonzaga
Lessa, declaró en 1990 que con el fin de la guerra fría Estados Unidos
había quedado como el único poder hegemónico, y que al enunciar su vo- cación de “policía del mundo” la cuestión se había convertido en “una pre- ocupación para todos nosotros”270. En esos años comenzó a elaborarse la
idea de que una potencia tecnológicamente superior pudiera invadir parte de la Amazonia, para apropiarse de sus reservas comprobadas de metales estratégicos (como el niobio, usado en la industria aeronáutica) además del agua, lo que llevó al Comando Militar de la Amazonia a realizar en- trenamientos en la perspectiva de la guerra de guerrillas, y mencionar ya en 2001 la necesidad de contar con la participación de la población en la Estrategia de Resistencia271.
Joâo Roberto Martins Filho, presidente de la Asociación Brasileña de Es- tudios de Defensa, sostiene que para mediados de la década de 1990 la Es- trategia de Resistencia ya estaba consolidada y que fue revitalizada hacia
el fin de la década cuando se aprobó el Plan Colombia que los militares
brasileños visualizaron como una amenaza sobre la Amazonia272. El tema
resulta interesante porque muestra cómo las fuerzas armadas han sido ca- paces de instalar sus propias prioridades incluso en momentos en que los gobiernos neoliberales debilitaban el aparato estatal y reducían el presu- puesto de la defensa. La pervivencia del espíritu nacionalista en las fuerzas armadas nunca se perdió, ni bajo el régimen militar ni bajo el Consenso de Washington, y los militares fueron capaces de mantener su autonomía de pensamiento incluso cuando no contaban con el apoyo del poder político. Según el historiador de las relaciones exteriores de Brasil, Luiz Alberto
Moniz Bandeira, las fuerzas armadas siempre desconfiaron de las inten-
ciones de Estados Unidos, situación agravada desde que se intensificó la
presencia militar en Colombia, Ecuador y Perú con la excusa del narco-
tráfico y el combate a la guerrilla. La presencia militar estadounidense en la región se ha incrementado y diversificado desde la desactivación de la
base Howard en Panamá, en 1999. El Comando Sur tenía a comienzos de la década de 2000 responsabilidad sobre las bases de Guantánamo (Cuba),
Fort Buchanan y Roosevelt Roads (Puerto Rico), Soto Cano (Honduras) y Comalapa (El Salvador); y las bases aéreas recientemente creadas de Manta (Ecuador), Reina Beatriz (Aruba) y Hato Rey (Curaçao). Además 270 Luiz Alberto Moniz Bandeira, As relaçôes perigosas: Brasil-Estados Unidos (De Collor a
Lula, 1990-2004), Rio de Janeiro, Civilizaçâo Brasileira, 2010, p. 271.
271 Ibíd., pp. 272-274.
272 Joâo Roberto Martins Filho, “As Forças Armadas brasileiras e o Plano Colómbia”, en Celso
Castro (coord.) Amazônia e Defesa Nacional, Rio de Janeiro, Fundaçâo Getúlio Vargas, 2006, pp. 13-30.
maneja una red de 17 guarniciones terrestres de radares: tres fijas en Perú, cuatro fijas en Colombia, y el resto móviles y secretas en países andinos y
del Caribe273. Colombia se convirtió a mediados de la década de 2000 en
el cuarto receptor de ayuda militar de Estados Unidos en el mundo, detrás
de Israel, Egipto e Irak; y la embajada en Bogotá es la segunda más grande
en el mundo luego de la de Irak.
En la década de 1990 se produjeron fuertes discrepancias entre los milita- res y los gobiernos neoliberales por el debilitamiento de la industria bélica brasileña que en las décadas de 1970 y 1980 llegó a producir cerca del 70% de los equipos utilizados por las fuerzas armadas, debiendo comenzar a importar desde carros de combate (que antes exportaba) hasta pólvora, cascos y bazucas. Al parecer, la imposición de esas políticas desde Was-
hington incrementó el sentimiento nacionalista entre los oficiales “donde
la gran mayoría responsabilizaba a las presiones de Estados Unidos de las
políticas neoliberales impuestas por el FMI y el Banco Mundial”274.
Brasil se opuso con firmeza al Plan Colombia. Durante la IV Conferencia
de ministros de Defensa de las Américas, celebrada en Manaos en octubre de 2000, el entonces presidente Cardoso rechazó la posibilidad de involu- crar al ejército brasileño en el combate contra las drogas, tal como propo- nía la administración Clinton. En respuesta al Plan Colombia, Brasil puso en marcha el Plan Cobra (iniciales de Colombia y Brasil) para evitar que la guerra en ese país involucre a la Amazonia brasileña, y el Plan Calha Norte
para evitar que guerrilleros y narcotraficantes crucen la frontera275.
Los militares brasileños se sentían rodeados de bases estadounidenses y
en ese período reafirmaron la voluntad de fortalecer su autonomía. Un
amplio reportaje aparecido en el diario conservador Zero Hora de Porto Alegre, en marzo de 2001, ilustra la posición de las fuerzas armadas. La imagen que trasmite el informe es que Estados Unidos está cercando a Brasil: “Los Estados Unidos montaron en territorio sudamericano y en islas próximas, en los dos últimos años, un ‘cordón sanitario’ de 20 guar- niciones militares, divididas entre bases aéreas y de radar”276. Según el
informe, la relación entre las fuerzas armadas de Brasil y Estados Unidos es de “no cooperación”, ya que no permite bases estadounidenses en su
273 Juan Gabriel Tokatlian, “La proyección militar de Estados Unidos en la región”, Le Monde
Diplomatique, Buenos Aires, diciembre de 2004.
274 Ibíd., p. 276.
275 “Os militares, o governo neoliberal e o pé americano na Amazonia”, en revista Reportagem, 18
de octubre de 2000 en http://www.oficinainforma.com.br/includes/imprimir_pv.php?id=493 (Consulta, 30/04/2011).
276 Humberto Trezzi, “EUA já têm 20 guarnições na América do Sul”, Zero Hora, Porto Alegre, 25
territorio, no participa en maniobras conjuntas con Estados Unidos y casi
no recibe fondos para combatir el narcotráfico.
Fernando Sampaio, rector de la Escuela Superior de Geopolítica y Estrate- gia, dedicada al estudio de cuestiones militares, resume en pocas palabras la visión que domina en Brasil respecto del Plan Colombia y el desplie- gue militar del Pentágono en la región: “Es una disputa por la hegemonía regional. Brasil no quiere ser más un satélite en esta constelación bélica patrocinada por los americanos”277.
La creciente aproximación entre Argentina y Brasil registrada en la déca- da de 1980, que cuajó en la creación del Mercosur en 1990, contribuyó a
modificar las tradicionales hipótesis de conflicto de las fuerzas armadas
que desde la independencia de Brasil estuvieron focalizadas en un pro-
bable conflicto militar con Argentina. Como veremos de inmediato, esa
hipótesis mantuvo las prioridades del período colonial, actualizadas por la dictadura militar luego de 1964, pero los cambios geopolíticos globales, sobre todo la caída del socialismo real y la conformación de un mundo unipolar y la conversión de Argentina en aliado estratégico con la integra- ción del Mercosur, contribuyeron a desbloquear esa antigua percepción acerca del mayor enemigo de Brasil. Es posible que el descubrimiento de vastas reservas petrolíferas en la llamada “capa pre-sal” en el litoral marí- timo, la denominada “Amazonia Azul”, haya jugado un papel importante
en la redefinición de las prioridades de defensa.
La hipótesis que guía este trabajo es que con la llegada de Lula al Palacio de Planalto, las fuerzas armadas volvieron a ocupar un lugar destacado en el
proyecto de convertir a Brasil en una potencia global. O, si se prefiere, hubo una confluencia entre el proyecto regional y global defendido por el gobier- no del PT y las viejas aspiraciones nacionalistas de las fuerzas armadas, lo que les permitió construir una sólida alianza que va mucho más allá de la coyuntura política para proyectarse en los objetivos de largo plazo. La for- mulación de la Estrategia Nacional de Defensa, en 2008, fue un momento
decisivo que muestra cómo existió una interpenetración de influencias en- tre la nueva administración y una parte de los militares nacionalistas.