• No results found

Chapter 4 Summary, Conclusions, and Recommendations

4.3 Recommendations

Carvalho destaca por encima de todo el escepticismo y el desencanto del detective español. José Colmeiro (1994: 62) señala que “la novela policíaca negra parte de una desconfianza total en la sociedad y sus instituciones. La constitución de la sociedad se considera intrínsecamente injusta e inmoral, basada en el dominio del poderoso sobre el débil, del rico sobre el pobre, a través de la explotación y la violencia; la inmoralidad de esa ciudad es más palpable todavía al ir apareada con el fenómeno de la corrupción de los políticos (que hacen y deshacen las leyes a conveniencia de los poderosos y, si es preciso, hacen pacto con los criminales) y la corrupción de la policía (que se deja comprar al mejor postor), lo cual trae consigo un debilitamiento de la confianza en la ley y la justicia”. Los detectives, a través de su indagación, descubren estos aspectos de la sociedad y los critican.

76

Es indudable que los orígenes de la novela negra proceden de las novelas policíacas norteamericanas de los años 20 y 30, cuando se extendió la depresión económica y política. El detective de la novela negra es “consciente de la naturaleza inmoral de la sociedad y de su situación particular de marginado y perdedor dentro de ella (antihéroe)” (José Colmeiro (1994: 62-63), como los detectives americanos. Pero el detective español tiene un toque diferente. El resultado de su indagación no suele tener “un final feliz”.

Los detectives españoles hacen lo mismo que los detectives americanos, según la gramática de la novela policíaca, pero su investigación no llega a una solución. Esto implica que la sociedad española está bastante podrida y corrupta, hasta el punto de no poder llegar a una salida.

En La soledad, Carvalho desvela el caso de asesinato de Antonio Jaumá, que es el manager de marketing de la empresa Petnay en Estados Unidos. Argemí, gerente propietario de una empresa, ordenó el asesinato de Jaumá, con el que tenía mucha confianza. Por no querer entender el trabajo que hacía Argemí, Jaumá fue asesinado y sus aliados, que son Rhomberg y Raspall, también:

Por culpa de ustedes hubo que matar a Rhomberg y luego gastar mucho dinero. No se puede ni imaginar lo que cuesta comprar un asesino dispuesto a pasar por un proceso, tres o cuatro años de cárcel y todas sus consecuencias. Cuesta mucho dinero. En cambio los papeles de Alemany salieron baratos. Y más barato me va a salir usted, Carvalho. Casi gratis. (La soledad, p. 252)

Confesando su crimen, se ve que Argemí es demasiado orgulloso y no tiene ningún remordimiento. Ha calculado todo lo que ha pasado en términos monetarios. El materialismo hace ver a Argemí como un monstruo, no como un ser humano. Carvalho le pregunta cómo ha matado a Rhomberg; y Argemí, sin escrúpulos, responde:

-Es inútil que hable usted delante de mis criados. Les pago tan bien que asesinarían si yo se lo ordenara. ¿Rhomberg? Ha muerto, claro. Es inútil que le busquen. Aprendimos en el caso Jaumá y hemos decidido no

77

dejar ningún rastro. No sé los detalles de su muerte, pero me consta que las personas dedicadas a servicios especiales son muy salvajes. No se andan con miramientos. Yo no los conozco. Dispongo de una red de intermediarios. Por ejemplo, ese Raspall. Inútil que usted lo busque. Es el que ha comprado el bar de la suegra del Cuatrero para montar una discoteca y conserva todos los papeles de Alemany para regalárselos a la biblioteca de ESADE. Claro que ya no existen los que me comprometían. Pero todo lo demás cuadra. (252)

Al principio, el caso del asesinato de Jaumá parecía ser un caso de ‘huelebraguetas’, un ajuste de cuentas sexual, pero al final se convirtió en un ajuste entre burgueses que tiene como fondo la sociedad española después de la muerte de Franco. La escena final de la novela no nos satisface, ni siquiera al detective Carvalho, ya que, a pesar de conocer el crimen de Argemí, no se le puede acusar ya que se relaciona con los altos cargos políticos y con el poder.

En Los mares también pasa lo mismo que en La soledad. Al final, el detective descubre cómo ha muerto Stuart Pedrell y quién lo mató y se lo explica a su cliente Mima, la viuda de Pedrell. Pero la mujer no quiere que se revele este caso oficialmente, puesto que se preocupa por la posibilidad de dañar la fama que lleva la empresa de su marido que ella misma dirige. Y tampoco los socios lo querrán. Esto implica que la sociedad española de 1979 era puramente capitalista y a la gente le importa más el dinero y su fama que la muerte del empresario. Para que todos se puedan beneficiar, este caso debe quedar irresuelto.

En Asesinato, el caso de la muerte de Fernando Garrido estuvo relacionado con la política de tendencia de entonces, es decir, esa persona debería desaparecer del Partido Comunista. Fonseca, el comisario oficial nombrado por el gobierno, habla con Carvalho de sus sospechosos: “Usted ya sabe que Garrido era por fuera muy euro y muy liberal, pero le crispaba perder el control de cualquier centro de poder y eso le estaba pasando con el movimiento sindical.” (Asesinato, p. 175). Parece que es una cuestión de tendencia política que existía en aquel momento entre los comunistas, cuyo partido empezó a perder su poder en la política española por separaciones internas. En Los pájaros, todo el viaje en busca de la desaparición de su antigua amiga Teresa es absurdo. Es simplemente una huida de la vida

78

cotidiana de Teresa Marsé y un viaje de ida y vuelta baldío.

Por estas novelas mencionadas podemos llegar a la idea, junto a Manuel Blanco Chivite (1997: 60), de que “los grandes casos no se resuelven. Los a sesinatos de Estado, tampoco. Solo se manejan, se manipulan, se llevan y se traen en función de intereses y de coyunturas. Nada más”. Esta situación bastante corrupta e inmoral de España, comparada con la de los Estados Unidos, nos ahoga más en la trama argumental y no nos deja respirar. La sociedad no cambia teóricamente después de desvelar el crimen, pero a lo largo de la indagación de Carvalho se declara y se denuncia la sociedad podrida de España. Al final, lo único que queda es el desencanto de Carvalho y su escepticismo; también podemos suponer a la sociedad española de entonces tan injusta y saber que la gente de clase no poderosa sufría por todas partes. Según Manuel Vázquez Montalbán, la novela negra era el instrumento literario ideal en ese momento para representar la realidad:

La novela policíaca me ofrece la posibilidad de evocar la realidad de una manera realista. Pero selecciono solo los elementos poéticos que me interesan en el marco de un proyecto concreto de crónica de la transición. Entiendo por transición el período que abarca desde la degradación de los últimos años del franquismo hasta las últimas consecuencias de la democracia. Estos elementos son principalmente: la observación de lo social por un personaje marginal, un outsider en el sentido más propio del término; la investigación de la violación de un tabú social, según el código moral en vigor; y la posibilidad que tiene el investigador de atravesar las diferentes capas sociales, lo cual permite instrumentalizar el género, en el sentido de que se convierte en herramienta de examen y de análisis, que puedes hacer desde una cierta distancia irónica, como hacía Chandler en el fondo. (George Tyras, 2003)

Por ello, podemos concluir con la afirmación de que la decisión de Manuel Vázquez Montalbán fue acertada para reflejar la sociedad de la Transición española. S u serie Carvalho funcionó bastante bien para lo que quería demostrar el propio autor.

79

Related documents