Posiblemente uno de los más grandes poetas y místicos amalgamados en nuestro suelo, en quien el canto evoca siempre lo humano, y el Misterio. El decir profundo y sentido, arraigado y elocuente, es lo que caracteriza al sabio trovador que recorre geografías y gente, anclándose en el paisanaje, desentrañando “lo que se mira sin ver”, y a veces denunciando injustos atropellos. Andando y cantando como el viento, “con su novia libertad”, en la noche pero con esperanza, Don Atahualpa nos adentra en el misterio de la vida, y nos hace descubrir, allí mismo, el abrigo trascendente de un Dios Padre y Madre.
Quisiera ofrecer aquí una aproximación de conjunto y sintética a su obra y pensamiento, que por “decidores” son implícita poesía mística. Lo haré a partir de cuatro ejes que considero centrales en su cosmovisión, y que se interpenetran entre sí: el camino y el canto, la tierra y lo sagrado. La opción será dejar hablar al cantautor, a quien citaré abundantemente a pie de página, limitándome a presentar y organizar en un todo coherente los contenidos de sus principales composiciones. Casi como invitando a escucharlas con corazón creyente…118
118 Para una profundización ulterior de la vida y obra de Yupanqui, puede verse: F. BOASSO, Tierra que anda. Atahualpa Yupanqui. Historia de un trovador, Corregidor, Buenos Aires 2006; Atahualpa Yupanqui. Hombre-misterio, Guadalupe, Buenos Aires 1983.
El camino, metáfora de la dura existencia del paisanaje
Podemos comenzar la aproximación a la noción de camino por la imagen de desamparo. Quien está de camino se siente lejos del hogar, incluso de un hogar espiritual119. Vive a la intemperie, no siempre habita un imaginario que lo contenga y le dé sentido. Esto hace más largo el camino, como queda consignado enLos ejes de mi carreta: “Es demasiado aburrido, seguir y seguir la huella, demasiao largo el camino sin nada que me entretenga”120. La soledad, y tal vez la experiencia de injusticia, pueden incluso añadirle un plus de peso al rigor del camino.
Por eso quien habitualmente lo transita, como el arriero, trata de buscar refugio en sus recuerdos, que es lo único que en última instancia puede habitarlo y en donde él mismo puede encontrar amparo: “Amalaya la noche traiga recuerdos, que hagan menos pesada la soledad” (El arriero)121.
En el rigor del camino, cuya metáfora preferida es la piedra, es introducido el niño ya desde pequeño: “Tu sueño viene llegando, huahuita, por el camino. Tu sueño viene cantando como los ríos.
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Yupanqui recorrió y conoció al detalle la geografía y vida de la gente de nuestro país, incluso a través de penosos trabajos que tuvo que realizar para sobrevivir. Años después, el éxito de su música lo llevó por el mundo con prolongados tiempos de gira artística en el exterior, sobre todo en Europa.
120“Porque no engraso los ejes me llaman abandonao, si a mí me gusta que suenen, pa’ qué los quiero engrasar. Es demasiado aburrido, seguir y seguir la huella, demasiao largo el camino sin nada que me entretenga. No necesito silencio, yo no tengo en qué pensar, tenía pero hace tiempo, ahora ya no pienso más. Los ejes de mi carreta, nunca los voy a engrasar”.
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“En las arenas bailan los remolinos, el sol juega en el brillo del pedregal, y prendido a la magia de los caminos, el arriero va.Es bandera de niebla su poncho al viento, lo saludan las flautas del pajonal, y animando a la tropa por esos cerros, el arriero va.
Las penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.Un degüello de sol les muestra la tarde, se han dormido las luces del pedregal, y animando a la tropa dale que dale, el arriero va, el arriero va. Amalaya la noche traiga recuerdos, que hagan menos pesada la soledad, como sombra en la sombra por esos cerros, el arriero va, el arriero va”.
Pasar los días entre piedras, nuestro destino, como los ríos” (Canción de cuna argentina).
La vida es dura en particular para el aborigen, que en el camino deberá aprender a conjugar, por medio de la baguala, el valle con las estrellas: la honda nostalgia de la noche con un deseable horizonte de sentido, que en este caso es la chola que el indio ama: “Caminito del indio, sendero del coya sembrao de piedras, caminito del indio que junta el valle con las estrellas […]. En la noche serrana llora la quena su honda nostalgia, y el caminito sabe quién es la chola que el indio llama” (Camino del indio)122.
Ante la dureza del camino no se puede permanecer pasivo como las piedras: hay que ‘domar caminos’. La búsqueda de sentido debe acompañar al caminante, para que el rigor del camino no lo aplaste, sino que le haga ir alumbrando sentido ‘cielos adentro’: “Mi vida es domar caminos, el valle siempre está quieto. Mi vida piedras afuera, cielos adentro” (Piedra y cielo)123.
122“Caminito del indio, sendero del coya sembrao de piedras, caminito del indio que junta el valle con las estrellas. Caminito que anduvo de sur a norte mi raza vieja, antes que en la montaña la Pachamama se ensombreciera. Cantando en el cerro, llorando en el río, se agranda en la noche la pena del indio. El sol y la luna y este canto mío, besaron tus piedras, camino del indio.En la noche serrana llora la quena su honda nostalgia, y el caminito sabe quién es la chola que el indio llama. Se levanta en el cerro la voz doliente de la baguala, y el camino lamenta ser el culpable de la distancia”.
123“El valle tiene una pena, que no la conoce el viento. La pena de mirar siempre mitad piedra mitad cielo. Algunos valles se alargan como un anhelo. Yo nunca fui como el valle, eso lo saben los vientos. Mi vida es domar caminos, el valle siempre está quieto. Mi vida piedras afuera, cielos adentro”.
El cantar, modo privilegiado de alumbrar sentido
El canto124 es la mediación privilegiada para domar caminos haciendo emerger sentido. Sentido que alumbre el camino, para uno y para los demás. Especialmente, durante la noche. Por eso para Yupanqui, “cantar” es una manera privilegiada de “dar”: “Yo voy andando y cantando, que es mi modo de alumbrar” (Lunita tucumana)125.
El canto se asocia a la vida errante, por lo que el caminante deviene un payador, un trovador que no se queda en ningún lado. Si bien sabe que finalmente será olvidado, el canto le permite tomar conciencia de sus lindas riquezas y manifestarlas. En El trovador dicen los versos: “Anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedó, forastero en todas partes, destino de trovador”126.
124 Tendría una sugerente utilidad teológico-pastoral tomar el “canto” como una metáfora del anuncio del Evangelio. En ese caso, ‘domar caminos’ sería evangelizar, ofrecer un sentido teologal-trascendente a la ‘materia prima’ de la vida.
125“Yo no le canto a la luna porque alumbra y nada más, le canto porque ella sabe de mi largo caminar. Ay lunita tucumana, tamborcito calchaquí, compañera de los gauchos en las sendas de Tafí. Perdido en las cerrazones quien sabe vidita por dónde andaré, mas cuando salga la luna cantaré, cantaré, a mi Tucumán querido cantaré, cantaré. Con esperanza o con pena, en los campos de Acheral, yo he visto a la luna buena besando el cañaveral. En algo nos parecemos, luna de la soledad, yo voy andando y cantando, que es mi modo de alumbrar”.
126 “Anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedó, forastero en todas partes, destino de trovador. Un día le pidió al viento que lo hiciera payador, y el viejo viento surero los secretos le enseñó, y le llenó la guitarra de cantos en mi menor. Bajo el ombú solitario, como un gaucho meditó, probó su voz en la cifra, en la milonga surera serios asuntos trató y alzando su poncho y vigüela de su rancho se alejó. Y anduvo de pago en pago y en ninguno se quedó. Le fue creciendo la fama de Dorrego a Realicó, de Bahía a Santa Rosa, del Bragado al Peguajó. Pasó por el Pergamino allá por el veintidós […]. Tanto torearlo al destino, el destino lo pialó. Volvía buscando pampa, como vuelve el trovador, contemplando las gramillas por esos campos de Dios, rico de lindas riquezas: guitarra, amigo, canción. En la mitad del camino se le cansó el corazón, y entró de golpe al silencio, y el silencio lo tapó. Lo mentaron algún tiempo, el peón, el estibador, el hombre de siete oficios, los paisanos del frontón y como la vida tiene su ley y su sinrazón, le fue llegando el olvido, y el olvido lo tapó. Don Luis Acosta García, se llamaba el payador, hombre nacido en Dorrego, y que mucho trajinó, hombre delindas riquezas…”.
El payador canta su propia vida, la del hombre de campo, la de la gente sencilla, que por experiencia conoce muy bien: como en otro tiempo Martín Fierro. Yupanqui percibe y destaca en estas cosas de la vida el atropello y la explotación a que queda expuesto el paisano. Y lo canta. Por eso mismo, como un profeta, puede ser puesto a prueba: no ser aceptado, o ser incluso perseguido. Sin embargo, no se desanima: como auténtico payador seguirá adelante con su canto.
“No sé si mi canto es lindo o si saldrá medio triste; nunca fui zorzal, ni existe plumaje más ordinario. Yo soy pájaro corsario que no conoce el alpiste […]. Pobre nací y pobre vivo por eso no soy delicado […]. Soy gaucho entre el gauchaje y soy nada entre los sabios. Y son pa' mi los agravios que le hagan al paisanaje […].
“Para formar mi esperencia yo masco antes de tragar. Ha sido largo el rodar de ande saqué la alvertencia […]. El cantor debe ser libre pa’ desarrollar su cencia. Sin buscar la convenencia ni alistarse con padrinos. De esos oscuros caminos yo ya tengo la experiencia […]. Por la fuerza de mi canto conozco celda y penal […].
“La guitarra es palo hueco, y pa’ tocar algo bueno, el hombre debe estar lleno de claridades internas […]. Una canción sale fácil cuando uno quiere cantar. Cuestión de ver y pensar sobre las cosas del mundo […]. Pobre de aquel que no sabe del canto las hermosuras […]” (El payador perseguido)127.
127Por su belleza, transcribo a continuación casi íntegra esta pieza, que es una de las más logradas de Don Atahualpa, musicalizada como de milonga campera, y donde más elementos autobiográficos podemos desentrañar: “Yo sé que muchos dirán que peco de atrevimiento si largo mi pensamiento pal rumbo que ya elegí, pero siempre hei sido ansi; galopiador contra el viento. Eso lo llevo en la sangre dende mi tatarabuelo. Gente de pata en el suelo fueron mis antepasaos; criollos de cuatro provincias y con indios misturaos […]. Mi tata era sabedor por lo mucho que ha rodao. Y después que había cantao destemplaba cuarta y prima, y le echaba un poncho encima ‘pa que no hable demasiado...’ […].
“No sé si mi canto es lindo o si saldrá medio triste; nunca fui zorzal, ni existe plumaje más ordinario. Yo soy pájaro corsario que no conoce alpiste […]. No me arrimo así nomás a los jardines floridos. Sin querer vivo alvertido pa' no pisar el palito. Hay pájaros que solitos se entrampan por presumidos. Aunque mucho he padecido no me
engrilla la prudencia […]. Pobre naci y pobre vivo por eso no soy delicao. Yo soy de los del montón, no soy flor de invernadero. Soy como el trébol pampero, crezco sin hacer barullo. Me apreto contra los yuyos y así lo aguanto al pampero […]. Si alguien me dice señor, agradezco el homenaje; mas, soy gaucho entre gauchaje y soy nada entre los sabios. Y son pa' mi los agravios que le hagan al paisanaje. La vanidá es yuyo malo que envenena toda la huerta. Es preciso estar alerta manejando el azadón, pero no falta el varón que la riegue hasta en su puerta […]. El trabajo es cosa buena, es lo mejor da la vida; pero la vida es perdida trabajando en campo ajeno. Unos trabajan de trueno y es para otros la llovida. Trabajé en una cantera de piedritas de afilar […]. Apenas el sol salía ya estaba a los martillazos, y entre dos a los abrazos con los tamaños piegrones, y por esos moldejones las manos hechas pedazos. Otra vez fui panadero y hachero en un quebrachal; he cargao bloques de sal y también he pelao cañas, y un puñado de otras hazañas pa' mi bien o pa' mi mal. Buscando de desasnarme fui pinche de escribanía; la letra chiquita hacía pa' no malgastar sellao, y era también apretao el sueldo que recibía. Cansao de tantas miserias me largué pal Tucumán […]. Sin estar fio en un lao a toda labor le hacía, y ansí sucedió que un día que andaba de benteveo me topé con un arreo que dende Salta venía. Me picó ganas de andar y apalabré al capataz, y ansí, de golpe nomás el hombre me preguntó: ¿Tiene mula? Cómo no le dije. Y hambre, demás. A la semana de aquello repechaba cordilleras, faldas, cuestas y laderas siempre pal lao del poniente, bebiendo agua de virtiente y aguantando las soleras. Tal vez otro habrá rodao tanto como he rodao yo, y le juro, creameló, que he visto tanta pobreza, que yo pensé con tristeza: Dios por aquí no pasó […]. La peonada, al descampao, el patrón, en Güenos Aires. Nosotros, el cu...ello al aire con las carona mojadas, y la hacienda de invernada más relumbrosa que un fraile. El estanciero tenía también sus cañaverales […]. Allí nos amontonaban en lote con otros criollos, cada cual buscaba un hoyo ande quinchar su guarida, y pasábamos la vida rigoriaos y sin apoyo. Faltar, no faltaba nada: vino, café y alpargatas. Si habré revoliao las patas en gatos y chacareras. Recién la cosa era fiera al dir a cobrar las latas […]. Era un consuelo pal pobre andar jediendo a vinacho. Hombres grandes y muchachos como malditos en vida, esclavos de la bebida se lo pasaban borrachos […]. Riojanos y santiagüeños, salteños y tucumanos, con el machete en la mano volteaban cañas maduras, pasando sus amarguras y aguantando como hermanos […]. ¡Lo que a ellos les pasaba también me pasaba a mí! […] Cuando sentí una alegría; cuando el dolor me golpió; cuando una duda mordió mi corazón de paisano, desde el fondo de los llanos vino un canto y me curó... […]. Algunos cantaban bien. Otros, pobres, más o menos... Mas no eran cantos ajenos, aunque marca no tenían. Y todos se entretenían guitarreando hasta el desvelo. Por áhi se allegaba un máistro, de esos puebleros letraos; juntaba tropa y versiaos que iban después a un libraco, y el hombre forraba el saco con lo que otros han pensao. Los peones formaban versos con sus antiguos dolores. Después vienen los señores con un cuaderno en la mano, copian el canto paisano y presumen de escritores. El criollo cuida su flete, su guitarra y su mujer; siente que enfrenta un deber cada vez que da la mano; y aunque pa' todo es baquiano sólo el canto ha de perder. ¡Coplas que lo acompañaron en las quebradas desiertas, aromas de flores muertas y de patriadas vividas, fueron la luz encendida para sus noches despiertas!... […]. De seguro, si uno piensa, le halla el nudo a la madeja, porque la copla más vieja, como la ráiz de la vida, tiene el alma por guarida, que es ande anidan las quejas […]. Lo que nos hizo dichosos tal vez se pueda olvidar; los años en su pasar mudarán los pensamientos. Pero angustias y tormentos son marcas que han de durar... Estas cosas que yo pienso no salen por ocurrencia. Para formar mi esperencia yo masco antes de tragar. Ha sido largo el rodar de ande saqué la alvertencia […]. Debe trazar bien su melga quien se tenga por cantor, porque sólo el impostor se acomoda en toda huella. Que elija una sola estrella quien quiera ser sembrador... En el trance de elegir que mire el hombre
p'adentro, ande se hacen los encuentros de pensares y sentires. Después... que tire ande tire, con la concencia por centro. Hay diferentes montones, unos grandes, y otros chicos. Si va pal montón del rico el pobre que piensa poco, detrás de los equivocos se vienen los perjudicos. Yo vengo de muy abajo, y muy arriba no estoy. Al pobre mi canto doy y así lo paso contento, porque estoy en mi elemento y áhi valgo por lo que soy […]. Aunque canto en todo rumbo tengo un rumbo preferido. Siempre canté estremecido las penas del paisanaje, la explotación y el ultraje de mis hermanos queridos. Pa que cambiaran las cosas busqué rumbo y me perdí; al tiempo, cuenta me dí y agarré por buen camino. ¡Antes que nada, argentino; y a mi bandera seguí...! Yo soy del norte y del sur, del llano y del litoral; y naide lo tome a mal si hay mil gramos en el kilo. Ande quiera estoy tranquillo pero ensillao, soy bagual. El cantor debe ser libre pa’ desarrollar su cencia. Sin buscar la convenencia ni alistarse con padrinos. De esos oscuros caminos yo ya tengo la experiencia. Yo canto, por ser antiguos cantos que ya son eternos; y hasta parecen modernos por lo que en ellos vichamos. Con el canto nos tapamos para entibiar los inviernos... […]. Por la fuerza de mi canto conozco celda y penal. Con fiereza sin igual más de una vez fui golpiao, y al calabozo tirao como tarro al basural. Se puede matar a un hombre. Pueden su rostro manchar, su guitarra chamuscar. ¡Pero el ideal de la vida, esa es leñita prendida que naide ha de apagar! […]. Cantor que cante a los pobres ni muerto se ha de callar. Pues ande vaya a parar el canto de ese cristiano, no ha de faltar el paisano que lo haga resucitar. El estanciero presume de gauchismo y arrogancia. El cree que es extravagancia que su peón viva mejor. Mas, no sabe ese señor que por su peón tiene estancia […].
“Un hombre se me acercó y me dijo: ‘¿Qué hace acá? Viaje pa’ la gran ciudad que allá lo van a entender; áhi tendrá fama, placer y plata pa’ regalar’. ¡Para qué lo habré escuchao! ¡Si era la voz del mandinga! Buenos Aires, ciudá gringa, me tuvo muy apretao. Tuitos se me hacían a un lao como cu... erpo a la jeringa […]. Saltando de radio en radio anduve, figuresé. Cuatro meses me pasé en partidas malogradas; naide aseguraba nada, y sin plata me quedé. Vendí mis lindas alforjas. Mi guitarra, ¡la vendi! En mi pobreza, ay de mí, me hubiera gustao guardala. ¡Tanto me ha costao comprarla. Pero, en fin... todo perdí! […] Cosas de la juventud... ¡Malhaya, dónde andarás...! Aura que estoy bataraz de tanto cambiar el pelo, recuerdo aquellos develos pero no miro p'atras. Me volví pal Tucumán nuevamente a padecer. Y en eso de andar y ver se pasarón muchos años entre penas, desengaños, esperanzas y placer. Mas, no jué tiempo perdido, asegún lo ví después. Porque supe bien como es la vida de los paisanos. De todos me sentí hermano, del derecho y del revés […].
“La guitarra es palo hueco, y pa’ tocar algo bueno, el hombre debe estar lleno de