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El primer medio siglo de Prensa Española tiene dos etapas bien definidas. La primera corresponde al fundador, Torcuato Luca de Tena, la segunda a su hijo Juan Ignacio. El padre fue el fundador genial, el creador, el hombre que adelantado tal vez a su tiempo rompió moldes y consolidó sus proyectos; el hijo asumió una tarea menos brillante, pero que sería la que permitiría consolidar esa obra creada. Cuando el 14 de abril se proclamó en España la Segunda República, ABC dejó clara su posición en un célebre editorial publicado el mismo día 15:

“Nuestra fe y nuestros principios no se los lleva el huracán de pasiones que ha turbado tantas conciencias y ha extraviado a una gran parte del pueblo, sumándolo –creemos que pasajeramente- a esa otra porción que en toda sociedad propende a la rebeldía con los peores instintos, y sobre la que no se ha elaborado jamás una política honrada. Seguimos y permanecemos dónde estábamos: con la Monarquía constitucional y parlamentaria, con la libertad, con el orden, con el derecho, respetuosos de la voluntad nacional, pero sin sacrificarle nuestras convicciones. La Monarquía es el signo de todo lo que entendemos; es la Historia de España. Los hombres y los azares pueden interrumpir, pero no borrar, la tradición y la historia, ni extirpar las raíces espirituales de un pueblo, ni cambiar su destino.”

59 Figura 9. Portadas de ABC: 15-4-1931, 11-8-1931, 28-12-1934, y 29-9-1935

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ABC puso desde el principio en entredicho la legitimidad del nuevo régimen,

comenzando un pulso que le habría de acarrear numerosas sanciones y suspensiones como veremos más adelante. El 22 de abril, se afirmaba en otro editorial: “Un Gobierno que se ha nombrado a sí mismo, que se ha formado espontáneamente sobre una suposición de voluntad nacional, que se arroga la plenitud de poderes y no tiene responsabilidades inmediatamente exigibles, ninguna limitación legal de esos poderes, porque se ha erigido sobre una total anulación del Código constitucional, y de sus garantías, es una dictadura típica, inconfundible”.

La ley de imprenta de 1883 permaneció vigente durante todo el periodo de la Segunda República. El artículo 34 de la nueva Constitución garantizaba la libertad de prensa. El Gobierno propuso a las Cortes la Ley de Defensa de la República. Azaña la defendió afirmando que “Nada tenía que temer de su aplicación la verdadera Prensa, la Prensa digna de ese nombre, la Prensa que vive a la luz del día, la Prensa legal y decentemente establecida, sino las hojas facciosas y las pequeñas bellacadas clandestinas que andan circulando por toda España, llevando a todas partes el descrédito de la institución republicana, esos reptiles que circulan por la sombra. No era, ‘por tanto, un recurso lícito el suscitar siquiera la sospecha [de que podía] ser un freno, una mordaza o amenaza contra la Prensa...” (Seoane y Sáiz, 1996: 404).

La aplicación de la Ley supuso la imposición constante y la suspensión de numerosas publicaciones. A partir de 1933 se aplicó la censura previa, lo que obligó a todas las publicaciones a presentar las galeradas de sus páginas ante las autoridades. Hasta se dictó una disposición, el 2 de noviembre de 1934, en la que se fijaba la manera de hacer constar la revisión: “En cada número no debe figurar más que un solo entrefilete de Visado por la censura, de preferencia en el mismo lugar y cada vez en iguales dimensiones, fuera de cualquier texto y sin que aparezca nunca en el sitio que señale la intervención de la censura. Quedan terminantemente prohibidos los blancos y machacados, y tampoco podrán ser sustituidas las tachas con puntos suspensivos ni entrefiletes de Visado por la censura. Las pruebas de estos entrefiletes deberán ser visadas por la censura”. (Seone y Sáiz, 1998: 407). El 16 de octubre de 1935, con motivo de la boda en Roma de don Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón- Dos Sicilias, ABC quiso publicar en portada una gran fotografía del enlace, y al serle prohibido por la censura sustituyó la imagen por un el texto “Visado por la censura” que

61 ponía de manifiesto la prohibición. Tras una pugna, consiguió publicar al día siguiente la fotografía de Sánchez Catalá de la pareja ante el altar.

ABC comenzó pronto a tener problemas con el nuevo gobierno republicano. El

10 de mayo de 1931 se reunió el Círculo Monárquico Independiente en su sede (Alcalá número, 67 de Madrid) con el fin de elegir una Junta Directiva que tendría como fin de coordinar a todas las organizaciones monárquicas del país. Se produjeron altercados que llevaron a un nutrido grupo de republicanos hasta la sede de ABC en la calle Serrano, era domingo y pocos trabajadores permanecían en la Casa. En el tumulto, presente ya la Guardia Civil enviada por el ministro de Gobernación para proteger el periódico, se escucharon algunos disparos y varias personas resultaron muertas. El Gobierno de la República se incautó del edificio de Prensa Española y suspendió por tiempo indefinido la publicación de Blanco y Negro y de ABC. También encarceló a Juan Ignacio Luca de Tena. Durante 25 días ABC no pudo publicarse, por lo que al reaparecer el 5 de junio expuso su postura ante los hechos:

El rigor desplegado contra nosotros con protesta de la opinión universal excede a las fórmulas pacificadoras en uso. No es ya dudoso que el Gobierno se ha complacido en la persecución de ABC como el que más de los que quisieran aniquilarnos. Consiente, al fin, la reaparición de ABC, pero sin garantías; reservándose las ‘facultades extraordinarias’ de que se ha investido. Conste que no hacemos ninguna concesión a la violencia; que, aunque hubiéramos de sucumbir, no claudicaríamos; y que tampoco sucumbiremos. Nuestra dignidad, nuestra razón y nuestro derecho, la fuerza que con esto significamos y el concurso de opinión que nos asiste es lo que prevalece.

La consecuencia más inmediata de este suceso fue la quema de conventos y una primera radicalización de la inicial reforma política para dar contento a la izquierda (Barreiro, 2005). Tras esta primera sanción se produjeron muchas más: 1931 (21 de noviembre), 1932 (5 de abril, 28 de mayo, 28 de junio, 10 de agosto a 30 de noviembre); 1933 (28 de febrero); 1934 (13 de febrero). A partir de 1934 la censura previa se impuso por lo que no hay que realizar suspensiones.

Antes y durante la república ABC fue el diario de alcance nacional más difundido de España (Seoane y Sáiz, 1998). Francisco Iglesias calcula en torno a los 200.000 los ejemplares vendidos por ABC a los que habría de añadirse los aproximadamente 30.000 de la edición sevillana (Iglesias, 1980: 285-290). Blanco y

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Negro experimentó una caída en 1931 desde 36.000 a 24.000 ejemplares, aunque

cambió la tendencia al año siguiente para aumentar hasta los 50.000 ejemplares en 1935. Lo importante en el caso de las dos publicaciones era la implantación en todo el territorio español, lo que les otorgaba un mayor peso. ABC siempre defendió la monarquía parlamentaria, antes y durante la Segunda República. Y el liberalismo, del que se proclama orgullosos en un editorial:

Nuestro pueblo, en efecto, ha sido históricamente de un profundo liberalismo en la defensa de sus derechos individuales, que jamás dejó hollar impunemente, ni durante la Dictadura—aunque a ésta la guiase en su designio de interdicción un propósito patriótico, pero equivocado—ni durante la República actual, contra cuyos Gobiernos atropelladores de los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución ha manifestado el pueblo español su repulsa en las últimas elecciones. (ABC, 1934).

En el número conmemorativo de los treinta años de ABC, un artículo de Luis de Galinsoga titulado: “Los silencios forzosos de ABC. Ejemplaridad y orgullo de nuestras suspensiones", hacía repaso de las suspensiones: “Durante ciento cincuenta y siete días, en los cuatro últimos años -ubinam gentium—carecería de lo que más nos enaltece ante nuestro pasado y de lo que es voto de fidelidad a la memoria de nuestro inolvidable fundador”. A estas suspensiones gubernativas hay que añadir los días en los que por huelga no se publicó ABC. En 1934 sufrió una huelga de 14 días por contratar, como trabajador suplente, a Jesús Navarro, un operario minervista afiliado a la Falange, pero que no pertenecía a ninguna agrupación sindical. El delegado del sindicato de Artes Gráficas en ABC pidió a Juan Ignacio Luca de Tena que obligara al obrero a afiliarse a UGT o despedirle. Al oponerse a ambas cosas, los operarios se pusieron en huelga e impidieron que saliera el periódico durante dos semanas. El día 11 un albañil de la plantilla de ABC, José Herreros Abad, de 24 años y que no participa en la huelga, fue asesinado a tiros al salir del trabajo. Al día siguiente el Sindicato de Artes Gráficas declaró una huelga general en Madrid en solidaridad con los huelguistas de ABC. El 14 de marzo pudo salir de nuevo el periódico, con un dibujo de Solís Ávila del obrero asesinado. ABC le rindió un homenaje: “Era un hombre libre y digno, atento únicamente a cumplir con su deber según su conciencia, y a ejercitar su derecho según las leyes de un país del que se creía ciudadano protegido por el Estado”.

63 Económicamente, las suspensiones y las huelgas afectaron a los resultados de Prensa Española, que decidió dedicar el beneficio íntegro de 1933 al fondo de reserva (Iglesias, 1980). Además se procedió a un aumento de su capital social en 1934. La publicidad también sufrió un descenso durante el periodo 1930-19358. Los ingresos por ventas de ejemplares sin embargo aumentaron. El caso es que todos los años siguió obteniendo Prensa Española beneficios y financiándose casi en su totalidad con recursos propios.

Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones, un decreto de 29 de febrero de 1936 obligaba a las empresas editoras a readmitir a todos los obreros despedidos por huelgas desde el 1 de enero de 1934 y a pagarles una indemnización por los salarios no devengados desde esa fecha. ABC, como el resto de las empresas editoras, se opuso a la medida. Juan Ignacio Luca de Tena dimitió de sus cargos de presidente de Prensa Española y de director de ABC y se instaló en Biarritz. Luis de Galinsoga fue nombrado director de ABC. Benito Pico, esposo de la hermana mayor de Juan Ignacio, Valentina, fue nombrado presidente del consejo de administración de Prensa Española.

El domingo 19 de julio de 1936 publicó ABC su número 10.344. En sus páginas, junto al recuadro de “Visado por la censura”, las “Notas oficiales radiadas por el gobierno de la República acerca del movimiento militar” informaban de que se había frustrado un intento armado contra la República. El movimiento se circunscribía a una zona del Protectorado y el gobierno dominaba la situación. Fue el último ejemplar editado por Prensa Española en Madrid durante la Segunda República. Al día siguiente, lunes, el gobierno se incauto de ABC, junto con otros diarios entre ellos Ya, El Debate y

El Siglo Futuro. El 25 de julio la portada de ABC fue impresa con por una exclamación

contundente que no habría sido posible de haber permanecido en manos de sus propietarios: ¡Viva la República!

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En el libro de inventarios y balances de Prensa Española no hay ninguna anotación referida a 1936. El balance que sigue al de 31 de diciembre de 1935 es de 31 de marzo de 1939.

64 Figura 10 Portada de ABC de Madrid, 25 de julio de 1936

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