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In document Beyond Process Management (Page 79-93)

En principio, los indicadores cuantitativos son los medios más deseables para medir el avance durante la ejecución de un proyecto de competitividad. Tal como lo ha argumentado Andrew Warner (2003), el aumento en el valor agregado real es la vara óptima para medir el impacto definitivo, ya que resume el cambio en los ingresos de las personas del país como un resultado de tal actividad. El cambio en las exportaciones es, usualmente, una delegación de poderes cuando las estadísticas de valor agregado no se encuentran disponibles, pero ésta es una medida inferior de un importante aspecto. Ya que el contenido de importación de diferentes productos de exportación varía ampliamente, el contenido del impacto interno, o valor agregado, consecuentemente variará. Y los valores de la exportación pueden variar a corto plazo debido a factores exógenos de los mercados externos. Sin embargo, las estadísticas de exportación tienen la ventaja de que, generalmente, reflejan las valoraciones de los precios mundiales. En los sectores en donde la producción interna está protegida de los precios mundiales por altos impuestos de importación o por otras barreras, los cambios en el valor agregado pueden ser engañosos debido a las distorsiones de los precios.

Al mismo tiempo, la evidencia presentada en este informe sugiere que los resultados, ya sea en el valor agregado adicional o en las exportaciones para la promoción de los grupos pueden ser pequeños durante los primeros años de tal actividad. La evidencia también sugiere que el agrupamiento o cluster cubre necesidades a más largo plazo pero no produce resultados cuantitativos inmediatos. Además, la naturaleza de los agrupamientos o clusters –arreglos relativamente vagos entre un grupo diverso– sugiere preguntarse acerca de cuáles valores agregados o exportaciones han de ser considerados. Si solamente los miembros del grupo han de ser incluidos, los cambios en la membresía, a lo largo del tiempo, crearán problemas para rastrear el desempeño, aun cuando se haya

recopilado la información básica. Cuando (como es lo usual) una asociación del sector sea miembro de un agrupamiento de grupos, ¿deberán contarse las exportaciones o el valor agregado de todos los miembros sin considerar su grado de participación? En resumen, existen muchos imponderables en esta área. En el mejor de los casos, las exportaciones o el valor agregado pueden sugerir un avance real, pero aunque en un horizonte de tiempo de 5 o 6 años, usado por los donantes, no se registre, no es necesariamente evidencia de fracaso. ¿Qué otros indicadores podrían usarse?

La productividad a nivel de empresa es otra posibilidad si, desde el principio, se han obtenido líneas de base apropiadas. Sin embargo, la complejidad de la mezcla de productos de una empresa probablemente dificulte las estimaciones de productividad al nivel del grupo. Es probable que cualquier cambio en cada mezcla de productos de una empresa cambie la medida de productividad y la suma de productividad de los miembros de un grupo de una manera tal que identifique los cambios efectivos en la productividad del grupo.

La evidencia de los estudios muestra que la creación de grupos no es, per se, una medida deseable de desempeño. La agrupación de grupos puede crearse fácilmente mediante los esfuerzos del gobierno, con la esperanza de tales grupos de obtener, en consecuencia, sus favores. Pero el éxito en el desarrollo de grupos solamente es probable cuando el liderazgo provenga del sector privado y cuando su meta sea el aumento de la productividad y no la de recibir favores especiales. De modo que los gobiernos deberán ser sensibles a las agrupaciones y dispuestos a responder a los grupos que deseen asistencia y que cumplan los criterios técnicos para una igual efectividad: un liderazgo efectivo, una amplia representación, los inicios de una estrategia y la voluntad de comprometer recursos. No existe una manera fácil de medir o de seguir las huellas de estas variables. Algunas aproximaciones de la extención del liderazgo del sector privado, han sido la voluntad de comprometer recursos o los recientes intentos de medir la ampliación del capital social.

Tal como se sugiere en el capítulo anterior, las variables seleccionadas del

Informe de Competitividad Global (ICG) pueden ser de utilidad. El ICG identifica 188 variables, tanto cuantitativas como inferidas de las investigaciones de ejecutivos de negocios en los países objeto de este estudio. La mayoría de los países latinoamericanos están entre los 80 países incluidos en el informe más reciente. El principal obstáculo para el uso de la información del ICG es el tiempo transcurrido entre la recopilación de la información y su utilización. El más reciente ICG, publicado a finales de 2002, se basa en información de inicios de 2001.

El nuevo conjunto de indicadores del Banco Mundial relacionado con los negocios promete tener mayor actualidad, aun cuando le hacen falta las mediciones básicas para los años anteriores a 2003. Este estudio recomienda que un subgrupo de indicadores del ICG –los más susceptibles a mejorar en el corto plazo, a través de la acción gubernamental– sean usados para medir el avance de proyectos de competitividad, en combinación con los indicadores específicos del Banco Mundial que parecen ser más pertinentes en relación con los problemas nacionales. El Apéndice 3 proporciona una lista de 82 variables del ICG que parecen ser las más prometedoras a este respecto, junto con unas puntuaciones y clasificación para

Colombia y El Salvador. Para atender el problema del retraso en el tiempo puede recurrirse a agencias locales de estadísticas para obtener información más actualizada. En el caso de Colombia, la agencia de estadísticas nacionales DANE ya está haciendo esfuerzos en este sentido.

Los indicadores específicos a ser controlados deberán reflejar las prioridades nacionales identificadas al inicio del esfuerzo de competitividad nacional. Por ejemplo, el Apéndice 1 muestra a El Salvador en la posición 72 entre 80 países en cuanto a usuarios de Internet y en la posición 73 en cuanto a visitantes. Considerando la capacidad de penetración de Internet en el ambiente actual de negocios, esta podría ser una variable clave para seguir el rastro al desempeño salvadoreño y atenderlo a través de acciones de política. Colombia clasifica muy bajo en varias dimensiones (59 en la carga de regulaciones, 66 en cuanto a la competencia de los funcionarios públicos, 69 en costos de corrupción en los negocios, 74 en vincular la remuneración y la productividad) lo que sugiere problemas en el ambiente de negocios. De nuevo, podría prestarse especial atención a esta variable y rastrear sus valores a lo largo del tiempo a medida que el país emprende esfuerzos para aumentar su competitividad.

Las investigaciones periódicas –tal vez anuales– de los miembros del grupo podrían ser una herramienta útil para seguir la pista a las actividades de promoción. Los participantes y algunos no participantes podrían ser encuestados periódicamente acerca de las razones de su participación o de su falta de participación, qué beneficios perciben ellos de las actividades del grupo, si tales actividades cumplen sus expectativas, y el grado en el cual el trabajo del grupo es asociado con los aumentos de productividad en sus empresas. Podrían también intentarse mediciones de los cambios en el capital social sobre una base experimental. Tales investigaciones podrían ser efectuadas por contratistas externos o por empleados de la dependencia gubernamental activa en la promoción de grupos. El uso de la primera modalidad permitiría resultados más objetivos, pero la última podría ser de mayor utilidad para comprender las necesidades del sector privado y para mejorar la ejecución por el gobierno. Hacer que todos los profesionales del gobierno asociados con el fortalecimiento de la competitividad dediquen una semana al año a hacer entrevistas en las empresas para identificar sus problemas podría producir sustanciales resultados.

Las evaluaciones periódicas externas pueden ser otra alternativa para la medición del avance. La evaluación del programa de grupos de Colombia, realizada en 2003 con el apoyo de la CAF, fue de gran importancia en proporcionar la información necesaria para identificar las debilidades del programa. La utilidad de dicha evaluación depende de la calidad del trabajo y la voluntad de los donantes y de las agencias ejecutoras de trabajar juntas para encontrar los medios de aumentar la efectividad.

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