de terror ochentero básicamente sin salir del autobús escolar en que se centra la acción (en una carretera perdida rodeada de maizales, como manda la tradición). El Dragón
Rojo (2002) seguía las aventuras de Hannibal Lecter en una aburrida secuela-precuela y
la serie B agonizaba con productos como Malevolence (2004) film de apenas 2 millones de dólares de presupuesto y guión y dirección del debutante Stevan Mena, dominicano que nos regala un slasher de lo más ramplón.
Otro género que parecía languidecer era el de los vampiros. Blade (2002) supuso cierta novedad y un éxito comercial pese al aburrido Stephen Norrington pero ahí se quedó la cosa ya que Vampiros. Los Muertos (2002), secuela del Vampiros de Carpenter (que ya era soso y aburrido de por sí), producido por el propio Carpenter y su inseparable, por entonces, Sandy King dejaba en manos de su viejo discípulo Tommy Lee Wallace el guion y la dirección en un bodrio insoportable que sólo pretendía sacar un fajo de billetes en los videoclubs. Peor sería las pretensiones de La Reina de los Condenados (2002), tardía continuación de la saga de Anne Rice y film que fusionaba las novelas "Lestat, El Vampiro" y "La Reina de los Condenados" para ofrecernos un remix indigesto con un
Stuart Townsend insoportable: desde luego una de las peores pelis de vampiros que se
pueden paladear. No tardarían en llegar Blade II (2002) y Blade Trinity (2004) y confirmar que lo de la primera peli era solo una casualidad.
Sin embargo el género de zombis irónicamente resurgiría de sus cenizas tras mucho tiempo enterrado con dos producciones con capital americano y británico: Resident Evil (2002) y 28 Días Después (2002) consiguieron poner de moda ellas solitas al muerto viviente. Resident Evil era un proyecto original de Romero para su regreso por la puerta grande (que sería unos años después con La Tierra de los Muertos Vivientes de 2005, para mi gusto una nueva obra maestra de Romero) pero su guion no gustó nada a los
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padrinos del videojuego en que se basaba (curiosamente el videojuego se basaba a su vez en la estética y ambiente de las pelis de Romero, he ahí que fuera el primer director consultado para el proyecto) y acabó en manos de Paul W. S. Anderson que tras la magnífica Horizonte Final (de pobres resultados comerciales) por fin encontraba un filón al que aferrarse y chupar del bote. 28 Días Después, sin embargo, logró inculcar cierta estética presuntamente novedosa (sus movimientos de cámara tan comentados estaban plagiados de series televisivas de los 90's como "Policías de Nueva York", pero claro hay gente que sólo ve pelis de zombis y todo le parece novedoso) y crear polémica entre los fans con eso de mostrar a los zombis que corren (otra falsa novedad, en los 80's ya había pelis con zombis esprintando como en "La Divertida Noche de los Zombies"). La nueva moda zombi se confirmó con Amanecer de los Muertos (2004) que era el remake del
Zombi de Romero ejecutado por Zack Snyder (y James Gunn en el guion). Todo un
éxito de taquilla que cambió la reflexión filosófica-social por más acción, algo así como cuando James Cameron cogió la saga Alien y cambió el terror pausado de Ridley Scott y lo llenó todo de soldados y tiros. En este caso Sarah Polley nos confundía (¿no parecía la hermana gemela de Anna Faris?) y dio paso a una moda zombi que tardó bastante en saciarse y agotarse. De ahí que
engendros como House Of The
Dead (2003) del pronto mítico
freak Uwe Boll vieran la luz con toda desfachatez al calor no sólo del cine zombi sino de la fiebre por adaptar videojuegos al cine (como si no tuviéramos bastante con los cómics!).
Y es que los remakes iban a asolar la faz de la tierra, no ya en la lógica de que el mercado USA pudiera digerir el exitoso terror oriental de moda: ahí llegaba La
Señal (The Ring) en 2002 con
todo un Gore Verbinski en los mandos y la guapetona Naomi
Watts de prota además de El Grito (2003) remake de The Crudge y con otra guapetona
como Sarah Michelle Gellar
aunque aquí la curiosidad irónica es que su director Takashu Shimizu ya había dirigido el telefilm The Crudge, la peli para cines japoneses The Crudge y ahora lo volvía a intentar con el remake americano (!) todo un hito del jornalerismo cinematográfico. No tardaría en hacer lo propio Hideo Nakata a los mandos de The Ring 2 (La Señal 2) de 2005 sustituyendo a Verbinski.
Y mientras Spider-man (2002) asentaba por su lado el furor por las pelis comiqueras el cine de terror en cambio dependía, para refrescarse, más que nunca de personalidades antes que de modas o remakes. Desde Eli Roth con su Cabin Fever (2002), refrito de
Posesión Infernal hasta Reencarnación (2004) de Jonathan Glazer pasando por El Efecto Mariposa (2004), retorcida variante de Destino Final, y Saw (2004) de James
51 Robert Rodriguez que pusieron de moda que el director fuera poco menos que una
estrella pop, cosa de la que tomó nota el mismísimo Guillermo del Toro, simpático con la prensa como cualquier Pop-Star adolescente a lo Britney Spears?)
También salían como hongos nuevas productoras desde la Dark Castle de Robert Zemeckis y Joel Silver que seguía afianzando sus planes con 13 Fantasmas (2001) y la deliciosa Ghost Ship (2002), pasando por la Platinum Dunes de Michael Bay y su política de remakear rentables clásicos y llegando a la Ghost House de Sam Raimi y su compinche Robert Tapert. Sin duda a mi modo de ver la Dark Castle resultó la más entrañable y con mejores resultados creativos (algunos de ellos a cargo de nuestro Jaume
Collet-Serra y sus suculentas La Casa de Cera y La Huérfana pero también con
algunos bodrios bochornosos como Gothika, 2003, con una Halle Berry perdidísima). Un caso aparte es They (Ellos) de 2002, apadrinada por Wes Craven y regalándonos uno de los films más fascinantes y terroríficos del nuevo milenio con Laura Regan de prota (y su encanto de universitaria frágil y rubia) y Robert Harmon en la dirección. Un film olvidado que sin embargo siempre reivindico como el clásico de culto que es en realidad. Pese a quien pese.
El Efecto Mariposa (2004) iniciaba una nueva saga, igual que lo había hecho Destino Final. Mike Figgis lo intentaba fracasando miserablemente con La Casa (2003), extraña
mezcla de Deliverance y La Mano Que Mece La Cuna con una Kristen Stewart desconocida de 13 añitos y un Stephen Dorff en su salsa de supermacho paleto.
Luego a veces el cine es como las cerezas cuyas casualidades vienen de dos en dos. Así teníamos a Leelee Sobieski que se dio a conocer haciendo de morbosa lolita en Eyes
Wide Shut de Kubrick y protagonizó pelis como Nunca Juegues Con Extraños (2001)
y Última Sospecha (2001), la primera un pseudo-slasher de carretera que inició toda una saga y la segunda como adolescente acogida por una nueva y misteriosa familia que vive en una extraña casa de cristal. Ambas convertidas hoy en films de culto y no sólo por la presencia de la pechugona Sobieski. Robert De Niro también se apuntaría al cine inquietante con El Escondite (2003) y El Enviado (2004), ambas pelis con niños como protagonistas. En la primera De Niro es el padre de Dakota Fanning (estrellón infantil en pelis como Yo Soy Sam, el remake de La Guerra de los Mundos y Niñera a la
Fuerza) que hace de cría que parece que está más loca que una cabra; el segundo film va
sobre los peligros de la clonación (más si son dos padres que intentan revivir a su retoño muerto con una fotocopia del mismo, hecha por el "mad doctor" de De Niro...casi nada). También estaba el actor infantil Matthew O'Leary como nexo de unión de films como
Escalofrío (inquietante film con el que sorprendió en la dirección el mini-mito de Bill Paxton, colega de correrías de James Cameron) y Falsa Identidad (donde su padre era John Travolta y se las tenía que ver con un padrastro nuevo y psicópata, claro).
Si hablamos de mozas de buen ver una jovencísima Scarlett Johansson adornaba la simpática y blanda Arac Attack (2002) mientras que Erika Christensen (otro yogurín de la época) protagonizaba Fanática (2002) como si fuera un remake adolescente de
Atracción Fatal. Si hablamos de mozos "Asesinato... 1-2-3" (2002) juntaba a dos
yogurines como Michael Pitt y Ryan Gosling listos para hacer furor entre las nenas, aunque aquí lo hacían con una policía con el rostro (y el cuerpazo) de Sandra Bullock. La repelente y fallida La Desaparición de Embry (2002) en cambio unía en el mismo
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metraje como amigas íntimas a Katie Holmes y Zooey Deschanel, otra de esas pelis con final sorpresa al estilo de El Sexto Sentido.
Films de francotiradores de prestigio serían La Habitación del Pánico (2002) de Fincher trazando un clásico de "invasión del hogar" (que deja en ridículo bodrios postreros como Los Extraños o
Tú Eres El Siguiente) con Jodie Foster
y Kristen Stewart bordando sus papeles de madre-hija (Kristen Stewart consigue un hito en su interpretación...es la primera niña de 12 años que no sonríe ni una sola vez en los más de cien minutos de metraje!) cuando en un principio iban a ser Nicole Kidman y Hayden
Panettiere las protas. Mothman, La Última Profecía (2002) de Mark Pellington (responsable de otro título de
culto como "Arlington Road, Temerás a tu Vecino") supone la vuelta de tuerca definitiva a los casos tipo Expediente X con un enigma al servicio de unos estupendos Richard Gere y Laura
Linney (de nuevo juntos tras protagonizar Las Dos Caras de la
Verdad) que nos acojonan con el
hombre-polilla que atormenta una población...uno de los films más sugerentes e inquietantes de la década sin duda. Jane Campion por su lado lo intenta con En Carne
Viva (2003) donde Meg Ryan es acosada por un psycho y aprovecha para liarse con el
detective interpretado por Mark Ruffalo regalándonos, por fin, desnudos a granel y morbo guarrindongo que no habíamos visto desde Instinto Básico. Pero aquí la ambientación oscura y la psicodelia emocional (!) hacen de este film fallido una rara avis (y no solo por ver a Meg Ryan zorreando en pelotas de lo lindo con el policía supermacho). Brad Anderson hará lo propio con El Maquinista (2004) con algo de capital español y otro final sorpresa de la moda iniciada por El Sexto Sentido, y Chris
Kentins sorprenderá a todos con un presupuesto de 120.000 dólares y formato digital en
su agobiante Open Water (2003), donde cuenta el horror de unos náufragos bobalicones abandonados en medio del océano a su suerte y rodeados de tiburones... Muy distinto es el caso de Stephen Carpenter (director de culto por films ochenteros como La Mansión
Ensangrentada y Trans-Gen, Los Genes de la Muerte) que quiso volver a lo grande al
género que ama con Escapando de la Oscuridad (2001) aprovechando la moda del "horror teen" y sembrando el film de caras atractivas (como la preciosa Eliza Dushku) aunque usando un guion retorcido con muchas deudas a esa peli de culto que es La
Escalera de Jacob (1990) de Adrian Lyne pero que acaba siendo un bodrio insoportable
y amorfo. Aunque no más insoportable que Van Helsing (2004) de la Universal, auténtico despropósito que no lo salvaba ni el carismático Hugh Jackman como prota. Y para bodrios de la época el Constantine (2005) de Keanu Reeves como exorcista fantástico, Madhouse (2004), co-producción USA-UK de William Butler sobre
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fantasmas en el sótano de un manicomio, La Mansión Encantada (2003), peli Disney explotando otra atracción de sus parques temáticos y con Eddie Murphy asentado ya definitivamente en lo políticamente correcto y baboso (aunque yo no creo que el film fuera tan tan tan malo como decían) y delirios explotativos como Anacondas: La Cacería
por la Orquídea Salvaje (2004) cuyo título es más creativo que su guion (y ahí estaba
en la dirección el entrañable e inútil director ochentero Dwight H. Little) aunque no mucho mejor era el film original Anaconda (1997) del que sale esta delirante secuela. Sin embargo el imperio de los despropósitos quizá sea el gran fiasco de la primera mitad de los años 2000 la muy anunciada y promocionada El Exorcista: El Comienzo (2004) que acabó convertida en dos pelis (la original rodada por Paul Schrader y el refrito perpetrado por Renny Harlin cuando fue contratado para rehacer lo montado y rodado por Schrader y lo cachondo es que las dos versiones son igual de malas e insultantes, eso sí al menos la Warner intentó recuperar todo el dinero perdido vendiéndonos la moto con el DVD de la versión original como "la versión prohibida", para quien aún crea que los estudios de Hollywood no tienen más cara que espalda!)
Paul W. S. Anderson nos abría los ojos con Alien Vs Predator (sí, estaban también de
moda los crossovers) y nos aclaraba que no era la gran promesa del fantástico que auguraba (al final todo se ha quedado en su fascinante Horizonte Final, que a estas alturas empezamos a sospechar que no era cosecha suya) y Marc Evans nos prometía mucho y siempre se estrellaba con bodrios como My Little Eye (2002) y Trauma (2004), ambas con rubias llenas de morbo (la primera con Laura Regan, la segunda con Mena
Suvari). Shyamalan empezaba a flojear con El Bosque (2004) y sin embargo su maestro Spielberg apabullaba con su remake (y de Cruise) de La Guerra de los Mundos (2005)
que acabó siendo una de las pelis que más miedo me han dado nunca (esa demoledora aparición de los alienígenas en sus brutales cacharros con sonido surround en el cine me puso el vello de punta!).
Aunque algo que definió esta primera mitad de década y que supuso el fin del sueño de la Dimension Films (al menos para todo producto que no viniera firmado por la pandilla de Tarantino) y muchas de sus estrellas fue sin duda el descalabro monumental de La
Maldición (Cursed) mega-bodrio firmado por Wes Craven y Kevin Williamson que
junto con el equipo técnico estrella de la casa (KNB group a los FX, Marco Beltrami en la Banda Sonora) estrenaron una basura infecta que ni daba miedo ni inquietaba ni entretenía siquiera. Los problemas de producción, las re-escrituras de guion y la presión del estudio por eliminar el gore para obtener una buena calificación por edades fueron las excusas para justificar semejante despropósito pero a mí me parece que el tema de la licantropía no daba para mucho y que Christina Ricci es veneno para la taquilla (a pesar del morbazo que ha tenido siempre la chica) y que en definitiva como han demostrado