3.2 Part 1: High-force SPA Packs
3.2.8 Reliability testing
El evento que redefinió el perfil político y económico en el Este de Asia fue el llamado “Shock Nixon”. La visita del presidente norteamericano Richard Nixon a China del 21 al 28 de febrero de 1972 fue un parteaguas que marcó el comienzo del fin de la Guerra Fría, al normalizarse las relaciones entre los Estados Unidos y China, y admitírsele como uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este suceso allanó el camino hacia las llamadas “Cuatro Mo- dernizaciones”, ofreciendo un súper contrapeso a la hegemonía de la otrora Unión Soviética en la región. Es posible afirmar que éste fue el primer paso hacia el resquebrajamiento de la estruc- tura moldeada por la Guerra Fría. Ante el nuevo papel de Chi- na, Japón y Corea del Sur quedaron bajo el cobijo del paraguas nuclear estadounidense.
Si bien en sus relaciones bilaterales Japón y Corea del Sur han querido mantener en su agenda tópicos irresolutos como las islas Dokdo/Takeshima, las mujeres de confort o el culto a los caídos en el Santuario de Yasukuni que afectan la sobera- nía y el honor de los surcoreanos (y también de los chinos). En
lo económico ambos países son muy buenos socios. La buena vecindad económica ha sido promovida por los intereses de los Estados Unidos en la región; sin embargo, el ascenso a la pre- sidencia de Estados Unidos de Donald J. Trump el 20 de enero de 2017 constituye un retroceso, ya que este hecho implica un factor que está configurando un escenario muy parecido a los de las décadas de los treinta, setenta y ochenta del siglo XX.
En la actualidad son tantos los promotores de la autar- quía económica como defensores tiene el globalismo, báste- nos con recordar al Primer Ministro malayo Mahathir Moha- mad, quien hace exactamente veinte años (24 de julio de 1997) pronunció un discurso en el marco de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (asean, por sus siglas en inglés), cuya re- sonancia llega hasta nuestros días. Hace dos décadas, Mahathir acusó a los especuladores granujas de organizar “una maniobra bien planificada para socavar a todas las economías de los paí- ses de la asean, mediante la desestabilización de sus monedas” (cnn, 24/07/1997). Como líder de los “no alineados del tercer mundo”, y envuelto en la bandera del nacionalismo, atacó la globalización y al capitalismo financiero. Realizó cambios en la política económica de su país imponiendo controles de capital y monetarios. De acuerdo con Frieden: “Pese a la vehemencia del nacionalismo económico de Mahathir, nunca se cuestionó real- mente el objetivo de la apertura económica, y pese al vapuleo que los mercados internacionales propinaron a las economías del oriente asiático y a la oleada de crisis que provocó, el avance de la integración económica global apenas se detuvo” (Frieden, 2007: 517-518).
Desde que se reestablecieron las relaciones entre Japón y Corea del Sur, en 1965, han ido mejorando. El mejor momento fue en 1998, con los intentos del premier japonés Keizo Obuchi y del sudcoreano Dae Jung Kim, el primero al ofrecer disculpas por la actuación histórica de Japón y el segundo al aceptarlas. El factor que ha galvanizado los vínculos es Corea del Norte, siempre bajo la vigilancia y liderazgo de Estados Unidos.
De tal forma que durante los últimos 20 años el mundo ha atestiguado las actuaciones de más de un globalifóbico situado en las antípodas del espectro político, por ello las estrategias se modificaron. Por ejemplo, en el caso de la Unión Europea desde comienzo del siglo XX y ante el ascenso de China e India buscó asociarse de manera bilateral con ambos países; así se han pro-
fundizado las relaciones bilaterales, bajo la forma de acuerdos de asociación y cooperación. En 2005 México firmó uno con Japón bajo ese esquema. Bloques económicos como el europeo recurren a ampliar sus relaciones inter-regionales con los países miem- bros de la asean, utilizando no sólo los nuevos sino también los viejos mecanismos de cooperación. En Asia la nueva arquitectura regional, que comenzó a configurarse hace más de una década, se construye recurriendo no sólo a los mecanismos multilaterales sino también a los bilaterales. En el caso de la Unión Europea: “Este enfoque coloca su política de cara a Asia lejos de la estadou- nidense. La Unión Europea como actor global en Asia combina la cooperación bilateral con apoyo activo a la cooperación regional y la integración en Asia” (Besick, 2008: 117).
Como testigos de estos cambios, podemos afirmar que Es- tados Unidos no ha sido un promotor entusiasta de los bloques de comercio en Asia del Este. No obstante aceptó la inter-re- gionalización cuando apareció en escena la formula asean+3 (asean más China, Japón y Corea del Sur). El aspecto más rele- vante es que este mecanismo opera desde los marcos institucio- nales de la asean, allí reside su fortaleza. Los países miembros operan a través de los canales políticos convencionales para in- cidir en las agendas nacionales de sus socios y filtrar sus pro- pios intereses en rubros específicos prioritarios. En este ámbito Japón ha jugado un papel muy importante desde fines de la década de los ochenta, y especialmente en la de los noventa, pues sin dejar de lado a los Estados Unidos ha apoyado las ini- ciativas que abogan por una mayor liberalización del comercio transpacífico. Además, la ayuda para el desarrollo que Japón ha canalizado desde la década de 1970 a los países miembros de la asean en particular, ha servido para enfatizar sus relaciones, definiendo un papel que “vaya más allá de los recuerdos de la guerra” (Green, 2007: 183).