3.2 Part 1: High-force SPA Packs
3.2.7 SPA-Pack characterization and application
Después de la derrota de la República Popular China contra la República de China (Taiwán), Japón se mantuvo replegado completamente a la política exterior estadounidense, lo que im- plicó su abstención completa por establecer relaciones con la RPCh, reconociendo únicamente a Taiwán. En la década de los cincuenta, Japón y China contrajeron acuerdos comerciales ex- traoficiales que estimularon su comercio bilateral; sin embargo, en 1958 Beijing los suspendió con la esperanza de presionar a Japón para lograr su pleno reconocimiento. Pese a este es-
fuerzo, por fin en 1972 Japón y China restablecieron relaciones diplomáticas. Se concluía un tortuoso periodo durante el cual Taiwán siempre se mantuvo receloso por los acercamientos.
Un acontecimiento que detonó un cambio importante en las relaciones sino-japonesas fue la visita del presidente nortea- mericano Richard M. Nixon a China, en 1972, acontecimiento que los japoneses han denominado el “Shock de Nixon”. Este suceso que inició el proceso de deshielo de la Guerra Fría, im- pactó en las relaciones bilaterales e impulsó a ambos países a reestablecer sus relaciones seis años antes de que lo hicieran Washington y Beijing. Desde 1971 y hasta 1991, cuando se di- solvió la Unión Soviética, se estimularon los contactos y se fue- ron consolidando los vínculos importantes de intercambios aca- démicos entre Japón y China, y entre Estados Unidos y China. Aprovechando los nuevos nexos, Japón aprovechó para ofrecer- le a China atractivas transacciones comerciales, inversiones y transferencias de tecnología.
La intensificación de las relaciones comerciales sino-japo- nesas estimuló sus mutuos intereses económicos y políticos, y Japón reavivó el apetito de aprovechar el inexplotado mercado potencial chino. Las crisis petroleras de los años setenta del siglo XX y la necesidad de su abastecimiento energético y de materias primas lo forzaron a diversificar sus mercados; ante estas circunstancias, el mercado energético chino lucía tremen- damente atractivo para el apetito de los intereses industriales de Japón.
Las tácitas relaciones, primero económicas y después polí- ticas, entre Japón y China, en un periodo de crisis como la ener- gética de los años setenta, en el primero detonó su acercamiento al segundo, justo cuando Tokio tuvo que someterse a una acele- rada reestructuración de su economía. Por su lado, en China, a la muerte de Mao en 1976, procuró modernizar el país mediante un ambicioso programa de reformas, denominado las “Cuatro Modernizaciones”. Se inició la implementación de cambios dra- máticos en la agricultura, la industria, la defensa, la ciencia y la tecnología, desde el gobierno de Zhou Enlai hasta el liderazgo de Deng Xiaoping. Estos cambios drásticos del sistema económico chino, aplicados rigurosamente desde 1978, significaron el ini- cio de su política económica aperturista.
Desde el inicio de las reformas de la economía china, el in- terés de Japón por el potencial de la economía china se hizo cre-
ciente, especialmente en áreas y sectores aún no explotados, o poco explotados. China se abrió al capital extranjero y promovió la exportación de sus productos. Durante este periodo, el gigan- te asiático cobró una enorme relevancia para los intereses eco- nómicos nipones. Sus perspectivas en el comercio, la inversión y la transferencia de tecnología constituyeron un campo muy fértil para su mutua interacción. Ambas economías se tornaron altamente complementarias, particularmente en el área de los bienes de capital y la transferencia de tecnología.
Durante los años ochenta del siglo XX, la tendencia domi- nante del perfil económico de China fue la diversificación de sus relaciones económicas internacionales. El gobierno chino empe- zó a preocuparse ante el riesgo de una excesiva dependencia de la economía japonesa, tendencia que se empeñó en compensar promoviendo intercambios con otros países asiáticos y con Es- tados Unidos. Como resultado de esta reacción, las relaciones económicas sino-japonesas, siendo aún muy prominentes, han perdido peso en el transcurso de los últimos años.
El fin de la Guerra Fría, en la década de los años noventa del siglo XX, provocó que se reexaminaran y se revaloraran las relaciones sino-japonesas. Aunque eran vigorosas las transac- ciones entre los dos países, la adaptación al fin del bipolarismo no fue sencilla. Para los japoneses, China parecía menos ansio- sa de obtener ayuda e inversión de Japón, siendo percibida aho- ra como un rival regional de los intereses nipones. Asimismo, la expansión y modernización de las fuerzas armadas chinas pare- cían apuntar al aseguramiento de Taiwán, ocasionando apremio e inquietud en Japón y otras naciones de la región. Los peligros latentes se hicieron manifiestos durante la crisis de los misiles de Taiwán en 1996, cuando China realizó ejercicios militares con misiles frente a las costas de esa isla.
En el nuevo orden de la era Post Guerra Fría, China se percibió en forma creciente como la potencia que podría reem- plazar a Estados Unidos en su alianza con Japón. El alejamien- to del hegemón estadounidense de Japón, como lo hubiesen de- seado los chinos, no sólo no ocurrió, sino que se fortalecieron los vínculos entre ambos países tras la crisis de los misiles de 1996. Por aquel periodo, China advirtió riesgos a su seguridad, debido a iniciativas como la firma entre Washington y Tokio, de una declaración conjunta sobre seguridad, en la que ambas partes reafirmaban sus vínculos de más de medio siglo. En 1997
se estableció un protocolo de seguridad entre Estados Unidos y Japón, que ratificaba la defensa con apoyo norteamericano, en áreas que rodean al segundo; sin mencionar a Taiwán.
La situación que distingue a Taiwán es uno de los asun- tos que más afectan a las relaciones sino-japonesas. Aunque la naturaleza política de esa isla es parcialmente el resultado de la militarización y el expansionismo de Japón, durante los siglos XIX y XX. Después de que Japón la obtuviera a perpetuidad, con el nombre de Formosa, desde 1895, y la perdiera tras su derrota en 1945, los chinos la ocuparon reintegrando al único estado chino del momento: la República de China.
Ante la escisión que supuso el triunfo de la República Po- pular China, durante su revolución socialista en 1949, el go- bierno opuesto a la revolución se exilió en Taiwán. Mediante el Tratado de Paz con Japón, basado en el Tratado de San Fran- cisco de 1951, dicho país renunciaba a Formosa (Taiwán) y Pes- cadores. En el acuerdo, que separaba a Japón de Taiwán, no se aclaró la situación de la soberanía de Taiwán, hecho que generó controversias y que subsistieron y se agudizaran ante la admi- sión exclusiva, representando al estado chino, de la República Popular China en las Naciones Unidas en 1971.