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5) Reporting and Follow-up

No obstante, aunque la artroscopia presenta una menor morbilidad, permitiendo una recuperación más rápida que en las artrotomías, también tiene algunos inconvenientes. En primer lugar la curva de aprendizaje que se necesita para poder realizar una correcta artroscopia es larga; pues el espacio en ciertas articulaciones es pequeño, lo cual dificulta la técnica. No sólo es necesario aprender a reconocer lesiones, lo cual sería uso diagnóstico, sino también a tratarlas, lo cual se complica teniendo en cuenta que el espacio articular en los pequeños animales es reducido. En segundo lugar, el coste del equipamiento e instrumental es muy grande

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y, además, el instrumental para estos animales suele ser de pequeño tamaño, por lo que se daña con mayor facilidad (Beale y col., 2003).

Además, en medicina humana hay cierta controversia respecto a su utilización en procesos osteoartríticos. En 2002, Moseley y colaboradores observaron que no habían diferencias entre los pacientes con este problema tratados con artroscopia (lavado articular y desbridamiento) y aquellos a los que se les aplicaba placebo (Moseley y col., 2002) . Sin embargo, recientemente se ha publicado un estudio que recoge opiniones de diferentes especialistas, donde se afirma que hay ciertos pacientes que pueden beneficiarse de una artroscopia, si se lleva a cabo una buena selección: pacientes con OA de bajo grado, que no presenten alteraciones relativas al eje de la extremidad, pacientes menores de 60 años y que no presenten signos clínicos durante más de seis meses (Mayr y col., 2013). En este estudio la mayoría de los especialistas declararon que el lavado articular como único tratamiento no reportaba beneficios, aunque sí lo hacía el desbridamiento de las lesiones cartilaginosas en ciertas situaciones.

También ha existido cierta controversia con el uso de la artroscopia frente a la artrotomía para el tratamiento de las artritis sépticas; no obstante, actualmente en numerosos estudios ya se ha reconocido el uso de la artroscopia y lavado articular junto al desbridamiento del cartílago afectado y zonas necróticas como el procedimiento adecuado (Stutz y col., 2000; Wirtz y col., 2001; Yamamoto y col., 2001; Nusem y col., 2006). Sí es verdad que algunos de ellos establecen que el tratamiento depende del grado de infección, de forma que en grados avanzados es necesario llevar a cabo una artrotomía para proceder a la limpieza completa de la articulación (Stutz y col., 2000; Wirtz y col., 2001).

Por otra parte, como en todo proceso quirúrgico pueden aparecer complicaciones que pueden hacer fracasar el procedimiento. En un estudio sobre la artroscopia de hombro en medicina humana observaron un 10,64% de complicaciones: distrés respiratorio como consecuencia de la difusión de líquido desde el espacio subacromial, fallo de la estabilización de hombro tras dislocación, infección portal, edema postoperatorio, sangrado excesivo postoperatorio y neuropraxia del nervio cubital (Berjano y col., 1998).

11% de los casos en un estudio realizado por Kelly y colaboradores, en 2001. En este trabajo, se recogió que la mayoría de ellas fueron complicaciones menores, sin mayor importancia: exudación de las incisiones, infección superficial, contractura muscular y parálisis temporal nerviosa (Kelly y col., 2001). Más recientemente, en un estudio realizado por Marti y colaboradores (2013) en la misma articulación se observó un 5% de complicaciones consistentes en hematomas, lesiones nerviosas temporales, problemas en la cicatrización y aparición del síndrome de dolor regional complejo.

En otro estudio sobre la artroscopia en cadera en el ser humano se observaron 1,56% de complicaciones, entre las que se describen parálisis transitoria del nervio ciático, parálisis transitoria del nervio femoral, desgarro vaginal, bursitis trocantérica, sangrado y hematoma en el portal de acceso y rotura del instrumental durante el procedimiento (Griffin y col., 1999). En otro estudio posterior se describe la necrosis avascular de la cabeza del fémur en un paciente tras haberle practicado una artroscopia en la cadera, no obstante, aunque el procedimiento de la distracción y capsulectomía parcial pudieron contribuir al desarrollo de la lesión, ésta se asoció a un traumatismo previo (Sampson y col., 2001).

En un estudio se observó un porcentaje de complicaciones del 5% durante la artroscopia de rodilla, entre las que se encontraron complicaciones debidas a la anestesia, dificultades técnicas, rotura de instrumental, trombosis, embolia pulmonar, déficit en la flexión, infección e inflamación de la rodilla (Reigstad y col., 2006). En este mismo estudio, se observó una correlación entre el tiempo de cirugía y la presentación de complicaciones, tanto intraoperatorias como postoperatorias.

En cuanto a la artroscopia en el tobillo, Zengerink y colaboradores describieron un porcentaje de complicaciones del 3,5%; no obstante se han descrito porcentajes del 10,3 % en la literatura (Zengerink y col., 2012). En este estudio observaron como complicaciones: embolias pulmonares, lesiones neurológicas, infecciones, rotura de instrumental, daño vascular, sinovitis y trayectos fistulosos.

En medicina veterinaria se ha descrito la extravasación de fluidos y el daño iatrogénico al cartílago articular o a otras estructuras intraarticulares como consecuencia del manejo instrumental. La extravasación de fluidos no presenta gran complicación, puesto que se reabsorbe en 24 horas. Sin embargo, dificulta la continuación de la técnica, ya que la cápsula articular se colapsa, dificultándose la

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visión. Además puede ocurrir que no se reconozcan las lesiones o que no se traten de forma adecuada (Beale y col., 2003).

El desarrollo de artritis sépticas es otra de las complicaciones descritas tras la realización de una artroscopia. Recientemente se ha descrito la tasa de infección postoperatoria tras la realización de la artroscopia en pequeños animales y ha resultado ser 0,85%, similar a lo que se había descrito en caballos (0,9%) (Ridge y col., 2011). Como consecuencia del pequeño espacio intraarticular existente en los pequeños animales, puede producirse el daño de las superficies articulares. De esta manera, en un estudio describieron que el daño iatrogénico producido durante la artroscopia de rodilla se debió a la dificultad de examinar ciertas estructuras, como es el cuerno caudal del menisco medial, y también a la inexperiencia de los cirujanos (Austin y col., 2007).