CHAPTER 4: RESEARCH METHODOLOGY
4.4 RESEARCH APPROACH – CASE STUDY
gica, ya que, al tom ar en cuenta lo sem ejante pero haciendo pre dom inar la diferencia, se respeta lo más posible la singularidad del caso pero se ilum ina a la luz de los principios o preceptos, y se tiene como resultado la form ación cada vez más profunda de la virtud prudencial. Y, como ella es la llave para las dem ás vir tudes, el cam ino regio para esos actos analógicos que cada una de ellas conlleva, ayuda a adquirir tam bién la tem planza, la fortale za y la justicia, las cuales son las que posibilitan la vida en com u nidad.
Las virtudes del análogo
El im perativo categórico-analógico, en sus diversas form ulacio nes, se canaliza, para su realización, en varias virtudes que ayu dan a su cum plim iento. N os centrarem os en las cuatro virtudes clásicas griegas (de ascendencia pitagórica, platónica y aristotéli ca): prudencia, tem planza, fortaleza y justicia. Las virtudes son com o los cauces por los que se cum ple la intencionalidad del ser hum ano en sus vertientes principales. Le dan un encauzam iento, de m odo que esa intención de hacer el bien la realice de la m ejor manera.
Así, el análogo, u hom bre analógico, proporcional, tiene la proporción o equilibrio que le da la virtud. Es, em inentem ente, alguien que cultiva las virtudes, al menos un pequeño núm ero de virtudes que se desarrollan con cierta armonía, y dan a la vida una especie de concierto arm onioso. En ese despliegue de virtudes se realizan los valores principales que se tienen, con ellas se cum plen las reglas o leyes m orales, y en ellas se da vida a los princi pios que se han adoptado como guías.
La noción de virtud
La virtud es un hábito, una cualidad disposicional, que acondi ciona para actuar en una línea de acciones y conservarla, e inclu
so la favorece y la facilita.8 El que llega a adquirir una virtud, rea liza su contenido, es decir, los actos que contiene, de una m ane ra rápida, fácil y con disfrute. Al que le cuesta la generosidad tiene que adquirir la virtud correspondiente, form arla en sí m is mo. Y esto se logra a través de la repetición de actos: tiene que hacer actos de generosidad, sólo puede alcanzarla a base de repe tir ese tipo de acciones; pero no se reduce a esa repetición m ecá nica; llega a form arse en él una cualidad, precisam ente la cuali dad de ser generoso. Cada vez le cuesta m enos ser generoso con los dem ás, hasta que llega un m om ento — y es el del afianza
m iento de la virtud de la generosidad— en que ya 110 le cuesta;
más aún, le causa satisfacción y disfrute el practicarla.
A Sócrates se le preguntaba si la virtud se podía enseñar, y nunca resolvió satisfactoriam ente ese problem a. W ittgenstein contraponía el decir y el mostrar, y aseguraba que la virtud no se podía decir, sólo se podía mostrar. Pero precisam ente la analogía es el intento de decir el mostrar, esto es, de decir lo que sólo se puede mostrar, sabiendo, por supuesto, que sólo será de m anera im propia, indirecta, limitada. La virtud se tiene que mostrar, sobre todo, pero tam bién algo — muy poco— se puede decir, y con ello es suficiente.
Pasem os a ver algunas de las virtudes que ayudan al hom bre análogo a construir su vida ética o m oral, con equilibrio y m ode ración dinám icas. Desde los iniciadores del pensam iento analó gico, los pitagóricos, se determ inaron cuatro virtudes m orales o prácticas que han perdurado hasta hoy, y que atravesaron por las exposiciones de Platón, A ristóteles, los m edievales y muchos de los pensadores m orales recientes. Son la prudencia, la tem planza, la fortaleza y la justicia. Por supuesto que hay más, o, si se quie re, éstas se subdividen en m uchas otras, y se acom pañan de ellas
8 C. T h ieb au t, “ V irtud” , en A. C o rtin a (dir.), D ie z p a la b ra s c la v e en étic a , E stella: V D , 2000, pp. 4 2 7 -4 6 1 ; Ph. Foot, L a s v irtu d es y los vicios, M éx ico : U N A M , 1994, pp. 15- 33; P. T. G each , L a s virtudes, Pam plona: E unsa, 1993, pp. 51 ss.
com o de un cortejo. Pero en las que hem os m encionado se en cuentran las raíces de las demás.
P ru d en cia
Estam os en un tiem po de una recuperación m uy fuerte de la prudencia o ph ró n esis aristotélica, p or ejem plo p o r parte de G adam er, M aclntyre y A lessandro Ferrara.9 La prudencia es la sabiduría de lo práctico. D esde A ristóteles, es la llave de las virtudes, pues la virtud es térm ino m edio, y la prudencia es la habilidad para encontrar el m edio, tanto el térm ino m edio de las acciones com o el m edio para alcanzar algún fin .10 Por eso con siste sobre todo en la deliberación acerca del térm ino m edio de las acciones (ponderación) y acerca de los m edios conducentes a los fines (previsión). C onduce a un ju icio prudencial, del que resulta una elección, ya sea de los m edios conducentes a un fin, ya sea de la m edida o m esura de una acción, para que resulte conveniente (tanto m oral com o técnicam ente). En todo ello se observa un equilibrio, se da la proporción, que es precisam ente la analogía. Es u n a virtud altam ente analógica, o, si se prefiere, su com etido es dar analogicidad o proporción al hom bre en sus acciones.
El propio A ristóteles ve la prudencia como analogía puesta en práctica, com o analogía hecha carne y plasm ada en la acción, sobre todo en la acción moral. Pero también tiene un aspecto que podríam os llam ar “técnico” , de habilidad en cuanto a los m edios que se requieren para llegar a los fines.11 Y, com o en la ética el fin es el que rige la acción, por eso se requiere tanto de la prudencia, como una m ediación, com o una virtud mediadora. El prudente o
9 A. F errara, “O n P h ró n esis” , en P ra x is In tern a tio n a l, vol. 7, nn. 3/4 (in v iern o 1987/
1988), pp. 246 ss.
10 P. A ubenque, L a p ru d e n c ia en A ristó teles, B arcelo n a: C rítica, 1999, pp. 71 ss. " L. E. V arela, “ P ru d en cia a risto té lica y e strateg ia ” , en C onvivium . R evista d e F ilo so fía (B arcelo n a), segunda serie, n. 15 (2 0 0 2 ), pp. 5-36.
phrónim os tenía un equilibrio dinám ico o apasionado, incluso
trágico. La prudencia no consistía en retener m ezquinam ente la acción, sino en actuar con toda la pasión posible esa m edida que era la conveniente para la acción en cuestión.
No es, entonces, la prudencia ni la astucia o zorrería ni la m oji gatería que retiene y anula la acción; es dar a la acción la m edida conveniente, m edida que a veces es intensa y apasionada. C onsis te en la búsqueda del térm ino m edio de la acción, y, en ese senti do, es la llave de las virtudes, ya que la virtud reside precisam ente en el térm ino m edio que evita el vicio, el cual nace por exceso o por defecto, po r dem asiada fuerza o por falta de ella en las accio nes que el ser hum ano realiza. En esa m oderación que evita el vicio radica la m oralidad de los actos hum anos, la cual, como se ve, está m uy relacionada con el equilibrio del prudente.
Tem planza
El m ism o carácter analógico se ve en la tem planza, que es la m oderación en cuanto a la satisfacción de las necesidades, lo cual es m uy necesario para la convivencia.12 No solam ente se trata de la tem perancia en la com ida y la bebida, o en el placer, sino tam bién en la consecución de los bienes, individuales y com unes, de m odo que se perm ita a los dem ás obtenerlos y com partirlos. Tie ne que ver con la tolerancia, la solidaridad e incluso con la gene rosidad social. En efecto, una de las cosas más difíciles para el hom bre es m oderar sus intereses egoístas, con el fin de com par tir el bien com ún con los dem ás de la sociedad.
De esta m anera, la tem planza va acom pañada de una suerte de generosidad que busca la m oderación en el bien individual para que se fortalezca el bien com ún, para que tam bién los dem ás ten gan acceso a los bienes y oportunidades. Eso perm ite la toleran
12 N. B obbio, E logio d e la tem p la n za y otros escrito s m o r a le s, M adrid: E ds. T em as de hoy, 1997, pp. 47 ss.
cia generosa con los otros, e incluso, en un grado m ayor de avan ce, el respeto y hasta el reconocim iento de los que piensan de una m anera diferente a la nuestra. Y eso prom ueve la solidari dad, que tam bién se llam a am istad social, la cual nos m ueve a ser aceptadores de los dem ás, sobre todo en lo que presentan com o ideales de vida, que pertenecen a la cultura de cada quien o de diferentes grupos, y, por lo tanto, son peculiares y a veces hasta discutibles. B obbio llega a decir que el m oderado o tem plado es el que “deja ser al otro aquello que es” .13 Pero, según el propio Bobbio, no se confunde con el pusilánim e, ni con el benigno ni con el hum ilde, que tienen aspectos negativos de la tem planza; en efecto, el pusilánim e es el que renuncia a la lucha (sobre todo política) por debilidad, m iedo o resignación; el benigno es el que no tiene la suficiente m alicia para sospechar de la posible m alicia del otro; y el hum ilde es el que deja pasar, no busca cam biar nada. E n cam bio, el tem plado o m oderado “es precursor de un m undo m ejor” .14
A sí, el ser hum ano tem plado o tem perado es capaz no ú n i cam ente de m o derar sus n ecesidades y sus deseos (com ida, be bida, etc.), sino tam b ién de p erm itir a los dem ás espacio para que realicen sus ideales de calidad de vida; po r lo cual es to le rante, respetuoso e incluso puede llegar al reco nocim iento del otro, a su aceptación, lo cual es un paso m ás allá de la m era to lerancia y del respeto (que pu eden contener un significado p e yorativo o m inim alista: se tolera a alguien que hace m al, se res p eta a alguien aunque no se esté de acuerdo con él). Es capaz de recon ocer a los dem ás, y hacerles espacio en la m edida en que no sea nocivo para sus propios valores e intereses, incluso m ás allá de lo que usualm ente se hace, es decir, lo hace con g e nerosidad.
15 Ibid., p. 59. 11 Ibid., p. 61.
Fortaleza
La fortaleza es vista por algunos, como M aclntyre, bajo el aspec to de valentía.15 Pero tam bién tiene, y sobre todo, el carácter de fuerza para persistir en esa tem planza que el hom bre se ha pro puesto para vivir en com pañía de los dem ás. O tra vez se m uestra el carácter analógico de las virtudes, ya que es la m esura, ponde ración o proporcionalidad respecto de las acciones difíciles, como, sobre todo, en el vencim iento de sí m ism o (de la gula, la lujuria, la avaricia, el egoísm o en definitiva).
Con ello se ve que esta virtud de la fortaleza está hecha para apoyar a la de la tem planza, no solam ente frente a los bienes arduos, com o el que im plica la lucha por la defensa de la socie dad, en form a de valentía, sino, sobre todo, como fuerza para resistir y perm anecer firm e en esa actitud de tem planza, de equi librio proporcional o analógico. Da continuidad y persistencia a la tem perancia o m oderación de los deseos, de m odo que no se lesione a los dem ás y, por supuesto, da vigor para afrontar las acciones difíciles que a veces son necesarias para ello. Tam bién aquí percibim os la virtud com o térm ino m edio, como proporción, como analogía.
Justicia
Y la ju sticia es tam bién algo sum am ente analógico, pues no es otra cosa que el logro del bien com ún que hem os m encionado, a través de la equidad proporcional o analógica en la vida social. A veces se entiende la justicia com o igualdad (fairness, com o dice John R aw ls);16 pero no es una igualdad sin más, sino una igual dad proporcional. Es, pues, una virtud en la que se practica de
ls A. M a c ln ty re, Tras la virtud, B arcelo n a: C rítica, 1987, pp. 194-195.
16 J. R aw ls, Teoría d e la ju s tic ia , M éxico: FCE, 1985 (reim pr.), pp. 19 ss.; B. W illiam s, “ L a ju s tic ia co m o v irtu d ” , en el m ism o, L a fo r tu n a m oral, M éxico: U N A M , 1993, pp.
m anera acendrada la analogía. Tom emos la antigua división en justicia general o legal, y justicia particular, que se subdivide en
conm utativa y distributiva.
La justicia legal es la igualdad ante la ley, esto es, ante los ju e ces. Y es una igualdad proporcional, analógica, que debe favore cer al más débil, al más carente, al más oprim ido. De otra m ane ra no hay verdadera justicia. Es lo que nos tratan de hacer ver hoy pensadores com o Taylor y Walzer, que dicen que la ley tendría que poner más cuidado con los desfavorecidos y las m inorías.17 Pues, si se trata de favorecer a alguien, éste debería ser el desfa vorecido, lógicam ente. La justicia llevada con univocidad, a raja tabla, no es justicia; lesiona. Por supuesto que tam poco es ju sti cia cuando se aplica con equivocidad, con diferencias; tam bién lesiona. H ay una elem ental igualdad ante la ley, y a ella todos te nem os derecho. Ésta tiene que ver sobre todo con la aplicación de la ley, con la adm inistración de la justicia. Y ya desde los griegos se hablaba de la virtud de la epiqiteya o epiquía, que fue traduci da por los latinos com o aequitas, com o equidad, y que consiste en la adecuada aplicación de la ley, que es general, al caso con creto y particular. Si se aplica sin cuidado, sin m atizaciones, sin distingos, difícilm ente se aplica adecuadam ente al caso concreto, que es com plejo, y más bien fácilm ente se incurre en injusticia. Es lo que ahora tanto se afanan por hacer ver los herm eneutas jurídicos, com o G iusseppe Zacearía o Francesco V iola,18 quienes dicen que la aplicación de la ley tiene que ser m atizada y dife renciada; de otro modo, se aplicaría de m anera inhum ana.
17 R. Taylor, E l m n lticn ltu ra lism o y la “p o lític a d e l r e c o n o c im ie n to ”, M éxico: FC E , 2001 (reim pr.), pp. 43 ss.; M . Walzer, C he c o sa sig n ific a esse re a m erica n i, Venezia: M arsilio , 2001 (2a. ed.), pp. 47 ss.
18 G. Z acearía, “ A n alo g y as L egal R easo n in g . T h e H e rm en eu tic F o u n d atio n o f the A nalógica! P ro c e d u re ” , en P. N erh o t (ed.), L e g a l K n o w led g e a n d A nalogy. F ra g m en ts
o f L e g a l E pistem ology, H e rm en eu tics a n d L in g u istics, D ord rech t: K lu w e r A cad em ic
P u b lish ers, 1991, pp. 57 ss.; F. V iola, Id e n tita e com unita. II se n so m o ra le d ella p o líti
A sim ism o, la justicia conm utativa es la que se da entre parti culares en el seno de la sociedad, como las com praventas, los ser vicios, etc., que por lo general conllevan contratos. Allí hay que pagar el precio justo, dar al otro lo que en verdad le corresponde, guardar la equidad proporcional relativa a lo que se da y se reci be. Tam bién en esa igualdad proporcional se ve la analogicidad de la justicia, en el sentido de salvaguardar la ju sticia en las trans acciones entre personas (físicas o morales). A llí la justicia se sal vaguarda atendiendo a la proporción de lo que se recibe y lo que se da o se paga por ello. Ya algo tiene que hacer en este sentido el estado, asegurando el precio justo, pero tam bién el que da un bien o presta un servicio, com o el que lo recibe y lo paga, tienen que ajustarse a lo que no resulte desproporcionado, ni por exceso ni por defecto, sino a lo que es proporcional.
Igualm ente, la justicia distributiva es la que regula la relación del estado con los individuos, con la sociedad civil. Es la distri bución y retribución o redistribución del bien com ún, aquí enten dido no solam ente como los bienes com unes, esto es, los puestos o cargos públicos, sino abarcando todo lo que se refiere al bien de los ciudadanos, en lo cual consiste en verdad el bien com ún, esto es, proveer a sus necesidades básicas de alim entación, vivienda, salud, defensa, etc., así com o a los bienes educativos y culturales. A lgunos, com o Robert N ozick, ven la justicia distributiva com o inm oral, porque parece quitar a unos para dar a otros, y defiende las diferencias;19 pero en esto se da más la justicia, ya que es la igualación m ayor, o la dism inución de las diferencias entre los in dividuos, y es, com o aseguran Rawls, D w orkin, M aclntyre, San- del y otros, lo que m ás falta en la actualidad. Por eso han pro- liferado los estudios sobre la justicia distributiva, y ha cobrado una actualidad insospechada. Claro está que por la im portancia y vigencia que tiene para toda sociedad que se precie de ser dem o crática.
Corolario
Según hemos visto, la acción hum ana m oral se despliega buscan do, prim eram ente, una finalidad. Esa finalidad es la felicidad, la vida feliz. A quí es donde recuperam os las éticas del bien, adem ás de las éticas de la justicia. Las éticas de m áxim os, adem ás de las éticas de m ínim os. Las de m ínim os son las de la justicia; las de m áxim os, las de la felicidad o la calidad de vida. Y es que los m á xim os de calidad de vida o de vida feliz, realizada y plena, son los que dan sentido a los m ínim os de justicia. De nada nos servi ría alcanzar la justicia, la igualdad, la dem ocracia, etc., si no tene m os metas de felicidad y de bien para realizar dentro de ellas.
Se ha tratado en este capítulo de conjuntar y arm onizar la ética de corte aristotélico, centrada en la finalidad de la felicidad y la virtud com o m edio, con la ética de corte kantiano, centrada en la obligación o im perativo o ley. N o sólo no son contradictorias la finalidad de la felicidad y la ley, pues lo que conduzca a la felici dad adquiere ese carácter de m oralm ente bueno y por lo tanto se reviste de obligación moral, de obligatoriedad para el que quiere actuar m oralm ente, sino que tam poco son contradictorias la vir tud y la ley, com o a veces se las ha querido ver, ya que la virtud puede ser prom ovida e incluso clarificada por la ley. La ley ayuda a alcanzar la virtud, y aun le ayuda a su com prensión, pues la ley “dice” lo que el virtuoso únicam ente “m uestra” con su conducta, y así se arm onizan analógicam ente el decir y el m ostrar, que tanto separaba W ittgenstein.
D O S A PÉ N D IC E S SO B R E EL PU ESTO D E LA É TIC A EN EL C O SM O S D E LA FIL O S O F ÍA .
So b r e l o s v a l o r e s o l a a x i o l o g í a: E L C O N T E N ID O M A TERIA L D E LA É T IC A FO R M A L
^ X ^ 'O l o Q o 'D ?
Preámbulo u 5>cV,«\er>ana
La ética tiene una relación m uy estrecha con la axiología, que