• No results found

CHAPTER TWO: METHODOLOGY

2.3. Research Design

Ahora bien, si pensamos el proceso de configuración de la subjetividad política como una de las aristas posibles de los procesos de subjetivación social, en donde la subjetividad individual se pone en un diálogo retroactivo con los entramados intersubjetivos, nutriéndose y moldeándose desde ellos y a la vez, dejando particularidades de su subjetividad individual en este, se hace oportuno mencionar que los contextos también puede ejercer formas violentas que tendrán un impacto en las maneras de llegar a ser sujeto. En este caso particular, la relación con lo económico, proyecta

a este dispositivo de subjetivación en un campo de violencias que dejará unas huellas muy particulares en las interacciones del sujeto colectivo de la primera infancia.

El contexto del estudio de caso de la investigación, es el campesinado, el cual vive en una zona rural de productividad agrícola, cuyos oficios y labores están asociados al trabajo con la tierra, el cuidado de animales, y con la comercialización de alimentos. Estas prácticas económicas tienen particulares las cuales han dejado un legado en los procesos que permiten desde el sujeto familia de primera infancia la configuración de la subjetividad política de los niños y niñas, pues

se parte de la idea que “La subjetividad es un sistema que se constituye en la historia de una persona desde la multiplicidad de consecuencias de la trayectoria social de un sujeto singular, y que es inseparable de la producción de sentidos subjetivos de ese sujeto.” (Díaz, 2006, p. 245).

En primera instancia definiremos la violencia económica como las agresiones asociadas a los procesos de productividad que permiten la adquisición de las necesidades básicas, es decir, se precisará desde las prácticas violentas nacidas del poder que radica en el recurso monetario, que

no necesariamente es ejercida de facto de un sujeto contra otro, sino que también incluye las condiciones a las que es sometido un sujeto debido a un momento histórico o social. Esta idea será transversal para el desarrollo de este apartado, pues es bajo la luz de este ejercicio de poder dominante desde en la que nos referiremos a dos nociones que son propias del trabajo en el contexto campesino; el patrón y el jornal.

Empecemos, entonces, por asumir

“El poder como práctica que toma forma en todas las expresiones de la vida, es un poder que tiene rutas dadas por formas de organización social. Creo que Marx lo planteó —y todavía tiene una pertinencia importante—, cuando dijo como el acto humano está organizado en su dimensión subjetiva, por desdoblamientos de prácticas de formas de vida que tienen estructuras muy complejas en lo social, que están ocultas.” (Díaz, 2012, p. 335)

Una de estas prácticas esta anudada a la noción del patrón, en la que radica una idea de servilismo donde el trabajador es un siervo al servicio de un señor, y comprometerá su vida social a él, es decir, su pertenencia al territorio, su capacidad de agenciamiento, su poder adquisitivo y su accionar político quedarán supeditadas a las decisiones del patrón.

En el contexto campesino la capacidad de trabajar y los conocimientos sobre la labor agrícola no son ni garantes ni referentes de posibilidad económica, pues como herencia de un país trastocado por amplios conflictos, las tierras que el campesino trabaja no son suyas, son del patrón, del hacendado. Y será este quien tiene la capacidad de decisión sobre la existencia o no de la

posibilidad del campesino de suplirse las necesidades básicas de su familia, pues si el patrón así lo decide su trabajador puede quedar sin fuente de recursos económicos al negarle el acceso a la tierra.

Esto implica que existe una relación de violencia validada en lo económico que moldea una subjetividad particular para dar respuesta a este escenario social, y es que se crean lazos de dependencia al patrón, ejemplificadas en conductas de “lealtad” en respuesta a una amenaza tácita asociada a los recursos, como se puede ver en el siguiente apartado:

“Nos venimos para acá porque yo trabajaba con una señora desde que yo tenía como ocho años, y esa señora y el nuevo marido compraron aquí abajo una, hay una finca, y se vinieron a vivir ahí, y yo quede arriba en la casa que ellos tenían. Y ya después, entonces, el hijo se casó y entonces, ya nos trajeron a vivir a ese ranchito allí en esa loma, y ya nos quedamos aquí.” (Cuidadora materna, Fragmento de la entrevista N° 2, Familia 2, Subia Norte: 2:36-3:08)

Y esta dupla patrón-siervo es la heredera de una tradición proveniente de la forma más explícita de violencia asociada a lo económico, al dúo amo-esclavo. Discursos y prácticas políticas que ahondan en la diferencia de clase nacida en el poder adquisitivo y en la propiedad de tierra, son aun vestigios vivos y dinámicos que se encuentran en las formas de conocimiento común, que hacen parte del reservorio cultural desde el cual se nutren las redes intersubjetivas. Aún más, algunos miembros del entramado social, pertenecientes a familias de primera infancia referencian en su discurso prácticas de esclavitud, como sucede en la historia de vida de la familia 2 de Subia Norte, como puede verse a continuación:

“Pues allá en la vereda en la que vivíamos, mi mamá y padrastro trabajaban con mi tío y

tía, y ya de ahí, entonces, como eran los esclavos de ahí de los (CO) como antiguamente (SI) y ya cuando yo fui señorita me tocaba con los mismos patrones cocinarle para todos esos obreros, y (SI) ya me toco dura la guerra y ya cuando, (R), cuando me casaron con mi marido, que yo lo conocí ahí en donde los tíos, que él era obrero de ahí. Y ahí, entonces ya me embalaron mi maridito, me dieron pa’ él, y entonces me casé” (Cuidadora materna, (Bisabuela, ) Fragmento de la entrevista N° 2, Familia , Subia Norte: 8:58-

10:01)

Y esta realidad vivida por uno de los integrantes de la familia de primera infancia matizará el proceso de configuración de la subjetividad política de sus niños y niñas, ya que el carácter colectivo de familia implicará que en las prácticas y discursos cotidianos hayan rastros de la experiencia de esclavitud, expresiones y comentarios que surgen de una historicidad singular, que alimenta la subjetividad social del escenario que comparten, en tanto,

“La subjetividad, en esta perspectiva, es inseparable de la singularidad del sujeto en acción, cuya actuación siempre ocurre dentro de redes de subjetividad social donde los otros, así como los diferentes efectos de sus acciones e interrelaciones, están siempre presentes en la

configuración subjetiva de la acción individual. El otro es inseparable de la configuración subjetiva de la acción, por tanto no hay sentido subjetivo asociado al otro fuera de una configuración subjetiva que integra “muchos otros” de forma simultánea.” (González, 2013, p. 38)

Ahora, por otro lado nos referiremos a la noción de jornal, y las repercusiones que este tiene en la consolidación de la maternidad. El jornal es una modalidad de trabajo en la que un hacendado o capataz contrata a una persona por un día para realizar una función determinada, caracterizándose por el carácter flotante de los trabajadores y la diversidad en las tareas asignadas. En las veredas de Subia Pedregal y Subia Norte esta forma de labor está dirigida casi exclusivamente a los hombres a quienes contratan para ayudar en las diversas fases del cultivo de alimentos, en donde el único momento de contratación para una mujer en este tipo de trabajo es en la temporada de cosecha, donde le pagarán no el día de trabajo sino con base al peso del producto que es capaz de recoger.

Esta es la forma más común de empleo de la zona, siendo la ocupación económica primaria, porque aunque las familias posean pequeñas huertas caseras o terrenos en asociación, su pequeña disposición de tierras no es suficiente para proveer el sustento que les permita responder a sus necesidades básicas. Aquí, es importante resaltar que esta es una labor masculina por lo que una mujer que no cuenta con el apoyo económico de un hombre encontrará sus opciones de trabajo reducidas a cuatro o cinco momentos al año, cada vez que hay cosecha en las haciendas más grandes.

Lo cual implica que las mujeres, madres cabeza de familia migren de la zona en busca de trabajo, como se ve en el siguiente fragmento:

“Pues ella de todas maneras se fue (refiriéndose a su hija) cuando pudo trabajar, ya después de que la niña tenía dos años, ya ella se fue para Bogotá a trabajar” (Cuidadora materna, (Bisabuela), Fragmento de la entrevista N° 2, Familia 2, Subia Norte: 3:31-

3:52)

Acción que exige unas decisiones acerca del rol materno, donde este debe ser desplazado a otras figuras de cuidado dentro de la familia para permitirle a la mujer encontrar sustento económico, es a esto a lo que nos referíamos con la violencia ejercida por los contextos, una violencia que le propone a la persona re-configurar su subjetividad, su maternidad, para dar respuesta a la necesidad material, decisión que influirá en el proceso de configuración de la subjetividad del sujeto familia de primera infancia, y en última en la configuración de la subjetividad política del niño y niña, pues le dará acceso a una experiencia conflictiva en la consolidación de roles dentro de la dinámica familiar, en tanto el papel de madre se desplaza de sujeto, se expande para abarcar a más de una persona.

“Yo le digo a esta china (refiriéndose a su nieta) que no es nada lo que está luchando con su niña, como (CO) no como antes, al menos (R), al menos uno pues de esta forma, (CO), váyase mija a trabajar como hice con ella (en relación a su hija) déjeme la niña cuando deje los pañales, y vaya para que vea para que vea por su hija.” (Cuidadora materna, (Bisabuela), Fragmento de la entrevista N° 2, Familia 2, Subia Norte: 10:03-

10:25)

Y al mismo tiempo esta decisión frente a lo económico generará espacios en común intergeneracionales en donde el diálogo entre las representaciones sociales de uno y otro sujeto serán más densas frente a la acción de crianza, pues el ejercicio político en relación con un otro

que está implícito en la maternidad se dividirá y alimentará de más de una subjetividad individual, que por la cotidianidad pasarán a tener la misma significación en la toma de decisiones, pues será una vivencia de la maternidad que ya no es exclusiva de la madre.

La agresión del alumbramiento y la emocionalidad de la maternidad; la