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El segundo momento de tensión al que se referirá esta investigación se desarrolla en la parte final del segundo gobierno de la Concertación encabezado por el democratacristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En este caso, el debate se caracteriza por exponer los primeros argumentos del futuro fin de la Concertación, pues la élite formada por socialistas, radicales, democratacristianos y sectores de

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izquierda renovados (ex MAPU, ex MIR, ex Izquierda Cristiana, entre otros) comienza a resquebrajarse. Emergen diagnósticos críticos desde el interior de la propia élite en el poder, produciendo así un clima intelectual (Hidalgo, 2011) que comienza a poner en cuestión la racionalidad incremental y la profundidad de las reformas emprendidas hasta el momento por la coalición.

Este debate es particular, pues es posible observar con mayor nitidez el vínculo que se establece entre ideas e interpretaciones sociopolíticas, sus productores; y luego, cómo estos conceptos influyen luego en la acción de los actores políticos. Para abordar el análisis se describirán dos procesos relevantes para poner en contexto las interpretaciones que emergen en este periodo 1) el contexto del gobierno de Eduardo Frei; y 2) crisis económica y baja aprobación.

Segundo gobierno de la Concertación

Luego de un tenso primer gobierno democrático encabezado por Patricio Aylwin, la Concertación como coalición de gobierno logró cierta normalización de la relación entre el poder político y las fuerzas armadas, y por consiguiente su consolidación como autoridad civil.

Junto con ello, avanzó en temas vinculados a Derechos Humanos y memoria, desarrollando la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, que tuvo como consecuencia central la publicación del Informe Rettig, que contribuyó de manera decisiva a esclarecimiento de la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990 bajo la dictadura militar.

Entre otros avances, se realizaron las primeras elecciones democráticas a nivel local, una reforma laboral, que repone derechos sindicales de organización y huelga; una reforma tributaria; incremento de salarios y pensiones y mejoría de los servicios sociales, en conjunto con políticas de concertación entre trabajadores y empresarios.

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Gráfico N°1: Aprobación/Desaprobación gobierno de Aylwin

Fuente: Elaboración propia con datos CEP

Como es posible apreciar en el Gráfico N°1, el gobierno mantuvo un apoyo estable por parte de la opinión pública, iniciando el periodo con un 50% de aprobación y terminando con un 51%. En materia de crecimiento económico el gobierno de Aylwin promedió un 7,3% en sus cuatro años, siendo el año 1992 el donde el país logró cifras inmejorables, como señala la Tabla N°3.

Tabla N°3: Crecimiento económico gobierno de Aylwin

Año Variación en el PIB

1990 3,7

1991 8

1992 12,3

1993 7

1994 5,7

Fuente: Banco Central

50 53 53 56 49 56 58 54 49 51 51 15 14 17 17 18 17 16 15 20 19 18 J un -J ul 91 S ep -O c t 9 1 Di c -E ne 92 ab r- 9 2 ag o-92 di c -9 2 ma r- 9 3 jul -93 oc t- 93 no v -93 di c -9 3 Aylwin Aprueba Desaprueba

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Eduardo Frei Ruiz-Tagle, militante del Partido Demócrata Cristiano, fue electo candidato presidencial de la Concertación tras la realización de primarias el día 23 de mayo de 1993, entre adherentes y militantes de los partidos que conformaban la Concertación. En ellas, Frei se impuso con un 60,7 % de la votación sobre el histórico y reconocido dirigente socialista Ricardo Lagos, exministro de Educación y firme opositor al régimen militar que obtuvo un 39,2 % de las preferencias.

En las elecciones presidenciales de diciembre de ese año logró imponerse a los demás candidatos con un histórico 57,98% de los votos, sobrepasando al candidato de la derecha Arturo Alessandri Palma que obtuvo un 24,41% de las preferencias.

El 11 de marzo de 1994, Eduardo Frei asume la Presidencia de la República, transformándose en el tercer democratacristiano en la historia de Chile en asumir esta responsabilidad, siendo el primero su padre, Eduardo Frei Montalva.

Su gobierno se caracterizó por la modernización del país en diferentes ámbitos:

- Se desarrolló un sistema de concesiones en obras públicas e infraestructura que redefinió las relaciones público-privadas.

- Se inició una profunda reforma al sistema judicial.

- Se suscribieron diversos tratados comerciales (Unión Europea, Estados Unidos, Canadá)

- Se inició un ambicioso plan de infraestructura, que contemplaba la construcción de autopistas, puentes, hospitales, entre otros.

Sin embargo, a pesar de los buenos resultados en términos de crecimiento y aprobación en los estudios de opinión pública, el advenimiento de la llamada crisis asiática, en conjunto con conflictos al interior del gobierno, como por ejemplo, el debate sobre el traslado de Pinochet detenido en Londres, para ser juzgado por los tribunales chilenos; hizo que el final del gobierno de Frei se transformara en uno de los peores momentos de la Concertación desde su llegada al gobierno.

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Gráfico N°2: Aprobación/Desaprobación gobierno de Frei

Fuente: Elaboración propia con datos CEP

Como es posible apreciar en el Gráfico N°2, el gobierno de Frei inicia con una aprobación de 49% y una desaprobación de 25%, números que se invierten al final de su mandato, terminando con un 45% de desaprobación y sólo un 28% de aprobación a su gestión.

Tabla N°4: Crecimiento económico gobierno de Frei

Año Variación en el PIB

1995 10,6

1996 7,4

1997 6,7

1998 3,3

1999 -0,4

Fuente: Banco Central 49 44 44 34 36 36 31 38 32 28 25 25 29 40 35 36 39 37 41 45 No v -Di c 9 4 Ma y -J un 95 no v -95 J un -J ul 96 No v -Di c 9 6 J un -J ul 97 Di c 97 E ne 98 jun -98 A br- M ay 99 S ep -O c t 9 9 Frei Aprueba Desaprueba

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En materia de crecimiento económico, tal como se ha expresado anteriormente, el país se vio fuertemente afectado por la llamada crisis asiática, que se trataba de la caída sistemática de las economías del sudeste asiático, comenzó en julio de 1997 con la devaluación de la moneda tailandesa, lo que detonó luego, en la devaluación de la moneda de Malasia, Indonesia y Filipinas, afectando a las economías de la región como Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur.

La incertidumbre provocada por este proceso generó una reducción en la demanda de materias primas y la caída de sus precios. En Chile y parte del resto de América Latina los efectos fueron desastrosos.

En el año 1995, iniciando el gobierno de Frei el país crecía a un 10,6%, provocando entusiasmo del rendimiento de la economía hacia el futuro. Sin embargo, luego de este proceso de crisis global, el crecimiento cae a un -0,4 llegando al punto más bajo desde la vuelta a democracia, como indica la Tabla N°4.

Tabla N°5: Desempleo gobierno Aylwin y Frei

Gobierno Año Tasa de Desempleo Patricio Aylwin 1990 7,7 1991 8,2 1992 6,7 1993 6,5 1994 7,8 Eduardo Frei 1995 7,4 1996 6,5 1997 6,1 1998 6,2 1999 10 2000 9,7

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Por otra parte, como es posible apreciar en la Tabla N°5 durante el año 1999 el desempleo alcanza su nivel más alto desde la vuelta a democracia, generando malestar y desconfianza respecto de la forma en cómo se estaba llevando a cabo de la transición.

Críticas al interior de la élite

Como se señaló anteriormente, durante el final del gobierno de Frei –en medio de la crisis- surgen al interior de élite voces críticas acerca de cómo se estaba conduciendo el proceso de modernización y consolidación democrática. Los textos que se presentarán a continuación fueron inspiradores de posiciones al interior de la Concertación, generando un debate que de una forma u otra determinó el devenir de la coalición.

Uno de los primeros textos que produjo esta oleada de críticas fue el libro “Chile actual: anatomía de un mito” del sociólogo chileno Tomás Moulian, quien fue

militante de la Democracia Cristiana en su juventud universitaria, para posteriormente unirse a las filas del MAPU y que en los ochenta trabajó junto a otros conocidos intelectuales ligados a la Concertación en FLACSO y estableció vínculos con la llamada “renovación socialista”. Posteriormente se desvincula de esos círculos para acercarse a la izquierda extra parlamentaria.

En términos globales el texto hace una crítica al modelo de la transición chilena por su carácter consensual con la herencia del régimen militar, donde se habría profundizado una lógica de mercado desenfrenada y un manejo tecnocrático de la gestión política. El autor expone que la élite concertacionista había caído en el transformismo político, ya que vistió de democráticas las antiguas estructuras creadas en la dictadura. Acusa a la Concertación de gatopardismo, “cambiar para

permanecer”. En palabras del autor:

En marzo de 1987 se aprobó definitivamente la ley de partidos. A fines de agosto, una Junta Nacional facultó a la directiva dem6cratacristiana para iniciar

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las operaciones de inscripción. Estas se materializaron a mediados de septiembre del mismo año. Había empezado a armarse el tramado de decisiones necesario para la materialización final del transformismo. Se estaba dibujando el último trazo del círculo virtuoso que condujo hacia “la pacífica, ordenada y ejemplar transición chilena.

Transformismo = gatopardismo = neoliberalismo en neodemocracia. Chile caminando a grandes trancos hacia su blanqueo, hacia su olvido, hacia la represión de sus recuerdos y de sus pasiones. Hacia el ideal de la desmemoria de sus élites. ¡Que los fantasmas de lo vivido no retornen más, nunca más!” (Moulian, 1997, pág. 145).

Otro de los intelectuales que advierten que la transición chilena no logró constituirse en un proceso de genuina democratización es el premio Nacional de Ciencias Sociales, el sociólogo Manuel Antonio Garretón. Éste autor propone que la democracia construida en Chile es más bien la herencia de la dictadura militar que produce una democratización frustrada que da pábulo para la gestación de los llamados „enclaves autoritarios‟. En variados artículos publicados por Garretón, como también, en su texto “Hacia una nueva era política: Estudio sobre las

democratizaciones” construye teóricamente lo que llama “enclaves” heredados de la dictadura. Plantea que la no superación de ellos constituye el factor primordial de que no se consolide fielmente la democracia en Chile (Garretón, 1995).

En concordancia con esta línea argumental, otro de los documentos que marcan este periodo, son las conclusiones del Informe de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD en el año 1998. Éste documento reconoce que el país ha tenido grandes avances en su desarrollo, pero acompañado de niveles significativos de desconfianza hacia las instituciones. Expresa que en la sociedad chilena existen niveles importantes de malestar, incertidumbre e inseguridad. En palabras del propio informe:

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Ha mantenido una alta tasa de crecimiento. Han aumentado los salarios reales. Ha bajado la inflación y la cesantía a niveles históricos. Han aumentado también, en forma impresionante, el monto, la variedad y los destinatarios de las exportaciones. En suma, Chile, en los últimos diez años, ha más que duplicado su nivel de ingresos per cápita (…)

Sin embargo, junto a estos logros y avances importantes coexisten grados más o menos significativos de desconfianza tanto en las relaciones interpersonales como en las relaciones de las personas con los sistemas de salud, previsión, educación y trabajo. El malestar existente hace pensar que los mecanismos de seguridad que ofrece el actual "modelo de modernización" resultan insuficientes. Los fenómenos presentados en los distintos capítulos de este Informe permiten diagnosticar que aunque el país avanza, la Seguridad Humana en Chile no tiene un nivel satisfactorio y, además, se encuentra distribuida de manera desigual. (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Chile, 1998)

En resumen, el documento señala que:

1) El modelo de desarrollo mantiene inalterables las desigualdades sociales históricas del país. Parte de este problema se evidencia por la forma en que operan los sistemas de salud, educación y el mercado laboral.

2) Tiende a no escuchar las subjetividades de las personas, no se valora su experiencia, por lo que no hay un vínculo afectivo con el desarrollo del país y ello le quita sustentabilidad en el tiempo.

3) La estrategia de modernización chilena ha hecho uso extremo de las lógicas mercantiles, las que han debilitado las redes de confianza y cooperación entre las personas. La competitividad extremada ha socavado los flujos de información, el intercambio de conocimientos y experiencias, la colaboración gratuita.

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Estas conclusiones penetran de manera importante en la élite que busca explicaciones frente a la baja en la aprobación al gobierno de Frei, como también, al estrecho resultado de las elecciones presidenciales entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín. En esta elección la Concertación pierde 1 millón de votos, lo que permitió abrir espacios para que Lavín emergiera muy fuertemente como un nuevo liderazgo al interior de la derecha. En este contexto es importante el rol que juega el PC y la izquierda extraparlamentaria en segunda vuelta, pues, a pesar del quiebre inicial con la Concertación, concurren masivamente a votar por Ricardo Lagos.

Autoflagelantes v/s autocomplacientes

Todo este escenario es el preámbulo de la pública ruptura al interior de la Concertación entre autoflagelantes y autocomplacientes. Este debate marca el inicio un la división al interior de la élite concertacionista, producto de un clima intelectual de crítica y disconformidad. Tal como menciona Paulo Hidalgo, representa el quiebre en el mapa cognitivo de la Concertación, con el cual se inicia un periodo de conflictos y descredito de la coalición. Es cuando la parábola del exitoso ciclo político de la coalición comienza a ir a la baja (Hidalgo, El ciclo Pólitico de la Concertación, 2011).

La disputa autoflagelante/autocomplaciente es la nomenclatura que le dio la prensa, académicos y analistas políticos, a la aparición de dos documentos que salieron a la luz pública justamente en el periodo que se señala.

El primero se trata de una carta llamada La gente tiene razón, reflexiones sobre las responsabilidades de la Concertación en los tiempos presentes publicada en Junio de 1998, que fue firmada por destacados dirigentes e intelectuales de la Concertación, entre ellos, Isabel Allende, Gonzalo Martner, Juan Pablo Letelier, Carlos Ominami, Carlos Montes, Manuel A. Garretón y Jaime Gazmuri, del PS; Pepe Auth, Adriana Muñoz y Patricio Hales del PPD; Osvaldo Badenier, Carmen Frei, Ricardo Ffrench-Davis y Eduardo Saffirio de la DC.

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En documento plantea una crítica acerca de la forma en cómo se estaba llevando el proceso de modernización chileno, con muchos lugares comunes con lo planteado por el Informe de Desarrollo Humano antes señalado. Se expresa que se debe diferenciar el crecimiento económico de la estrategia de modernización. Pues, mientras el país ha logrado crecer de manera sistemática, a pesar de la crisis asiática, con un crecimiento sostenido, este no se expresa en una evidente mejora en la calidad de vida de la gente y en la disminución de las brechas de desigualdad. Como señala el documento:

Sin embargo, al igual que destacamos los éxitos, también reconocemos las grandes insuficiencias que perduran en el terreno económico y social. Es así que a pesar de la reducción de la pobreza no se logró reducir la heterogeneidad productiva ni la desigualdad social. Ello está estrechamente relacionado con el progreso aún insuficiente en materia de derechos y garantías ciudadanas exigibles por trabajadores, consumidores, usuarios, sectores sociales vulnerables o personas que merecen un medio ambiente libre de contaminación” (Ominami, 2009)

Por otra parte, expresa que el país necesita avanzar hacia una profundización de la democracia, superando el desinterés de la ciudadanía por inscribirse en los registros electorales para participar de las elecciones, especialmente en el segmento joven, “…nadie en la Concertación puede haber quedado indiferente con lo ocurrido: más de un millón de jóvenes no se motivaron con la inscripción en los registros electorales; hubo un aumento significativo de la abstención y de los votos blancos y nulos. En este cuadro la fuerza que salió más dañada es la de partidos de la Concertación. Esto no se puede pasar por alto…”, expresa el documento (Ominami, 2009).

Se señala que es necesario avanzar con rapidez hacia terminar con la herencias de la dictadura presentes en la instituciones políticas, con especial énfasis en la generación de una nueva Constitución que sea producida en democracia. Según el texto:

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Es innegable que Chile tiene un déficit institucional. Como un rezago obstinado que viene desde la época dictatorial, no hemos podido ni sabido desarrollar y afirmar muchas de nuestras instituciones. Esto no es sólo un problema de los enclaves autoritarios y de la carencia de un acuerdo constitucional. Tiene que ver también con el concepto mismo que la transición manejó acerca de la normalidad institucional. Ante situaciones de tensión, muchas de nuestras instituciones perdieron pie e, impelido por la responsabilidad política, el gobierno se creyó obligado a negociar situaciones reñidas absolutamente con un funcionamiento normal y en forma de una democracia moderna.” (Ominami, 2009)

En suma, el documento reúne parte importante de los elementos planteados en los debates antes señalados, haciendo una crítica desde la propia élite hacia su gobierno, de ahí el epíteto de autoflagelante. Los conceptos e interpretaciones que los actores políticos deciden incorporar en el escrito provienen justamente de los textos antes señalados, estableciéndose una relación entre, la situación de crisis del país, la reacción que se produce desde el campo intelectual, y los efectos de esta generación de diagnósticos al interior de la élite gubernamental.

De otro lado, los llamados autocomplacientes, elaboran el texto Renovar la Concertación: La fuerza de nuestras ideas. En el documento se expresa una revalorización del proceso de democratización y modernización impulsado por la Concertación. Se destacan los avances en materia de crecimiento económico y políticas públicas de redistribución, que habrían generado mayor equidad y bienestar para la población.

El documento, tal como el anterior, fue firmado por destacados dirigentes e intelectuales de la Concertación, entre ellos, Soledad Alvear, José Pablo Arellano, Pilar Armanet, Genaro Arriagada, Mariana Aylwin, Víctor Barrueto, Edgardo Boeninger, José Joaquín Brunner, Enrique Correa, Antonio Cortés Terzi, Angel Flisfisch, Alejandro Foxley, Oscar Guillermo Garretón, José Miguel Insulza, Francisco Huenchumilla, Jorge Rodríguez Grossi, Marcelo Schilling, Enrique Silva

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Cimma, Eugenio Tironi, Jaime Tohá, José Antonio Viera Gallo, Ignacio Walker, entre otros.

En el texto se expresa, a diferencia del documento anterior, que el país no está estancado en materia de progreso y disminución de las brechas de desigualdad, por el contrario que:

Se están transformando, simultáneamente, las bases de nuestra educación, del sistema judicial y la infraestructura física y de comunicaciones. Si antes de centrar la atención en los atrasos, debilidades y en los nuevos problemas que surgen con el desarrollo, la Concertación no asume como propio el progreso social que ella misma ha impulsado en la década reciente, estará echando por la borda su principal activo. (Renovar la Concertación: La fuerza de nuestras ideas, 1998)

Se recrimina, de cierta forma, que al interior de la propia coalición existan sectores que no reconozcan lo avanzado y se elabore una crítica dejando de lado los avances y el contexto en que estos se dan:

Constituye una paradoja, en consecuencia, que desde el interior de la alianza a veces no sepamos reconocer la enorme obra realizada y, por el contrario, se transmita una imagen de frustración, de enervamiento con el proceso seguido por la transición democrática y de inocultable malestar ante los nuevos desafíos que plantea la profundización de nuestro desarrollo. (Renovar la Concertación: La fuerza de nuestras ideas, 1998)

El documento finaliza haciendo un llamado a leer de buena forma los fenómenos de cambio social que se están produciendo en Chile, señalan que:

El surgimiento de una sociedad dispuesta a cambiar es el hecho central del periodo que estamos viviendo a fines de este siglo. No estar dispuesto a reconocer este proceso fundamental, no ser capaces de interpretarlo y de darle

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conducción y, lo que es peor, darle la espalda para poner los ojos en un Chile