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En todas las normas actuales formuladas por comités de expertos18-25,50,58,131, se recomienda la modificación de los hábitos de vida (MHV) como tratamiento complementario de la HTA. Estas modificaciones producen importantes reducciones de la PA cuando se aplican en conjunto100

Tal vez aun más importante es que las MHV pueden prevenir la HTA. La evidencia que sustenta esta aseveración no está completa y no existe prueba alguna de que, en conjunto o por separado, reduzcan la morbimortalidad generada por la HTA234. No obstante, es indiscutible la evidencia sobre su efecto en la disminución de la PA y de la incidencia de otros factores cardiovasculares graves175. Los individuos que modifican sus hábitos de vida reducen la probabilidad de sufrir ataques cardiacos, ACV y diabetes182. Las MHV apropiadas y personalizadas, aunque actualmente sean poco utilizadas, ayudarán a controlar la HTA , y a disminuir muchos de los riesgos cardiovasculares que acompañan al envejecimiento. La mayoría de las MHV que parecen ayudar a disminuir la PA también pueden afectar a estos factores de riesgo en forma favorable187. El abandono del tabaquismo, la perdida de peso y la actividad física regular pueden mejorar el riesgo coronario independientemente de sus efectos antihipertensivos234.

Este potencial que presentan las MHV para retrasar o detener el desarrollo de HTA esta avalado por los datos que demuestran que los objetivos de las modificaciones en los hábitos de vida influyen en la incidencia y prevalencia de la HTA; el desarrollo de la misma se asoció en forma directa con el aumento del aporte calórico, del peso corporal, del consumo de alcohol, y una dieta pobre en verduras y frutas182,187

Prácticamente todas las guías, protocolos y artículos sobre el tratamiento de la HTA incluyen, al menos, las siguientes recomendaciones sobre MEV: disminuir peso en los obesos, moderar la ingesta de alcohol, realizar ejercicio físico, suprimir el consumo de tabaco y disminuir la ingesta de sodio7,11,26,34,85,131,137,235.

OBESIDAD

La obesidad representa uno de los grandes problemas sanitarios a los que se enfrentan las sociedades desarrolladas y algunas en vías de desarrollo. Su frecuencia ha ido en aumento a lo largo de las últimas décadas y afecta a individuos de todas las edades y etnias. Ocasiona una disminución en la esperanza de vida, así como un aumento del riesgo de padecer enfermedad cardiovascular236 .

La perdida de peso probablemente disminuya la PA a traves de multiples efectos, incluidos los siguientes:

 mejoria de la sensibilidad a la insulina237 que, a su vez, puede provocar una disminución de la grasa visceral238

 disminución de la actividad del SNS239, probablemente debida a una mejoria en el control del barorreflejo240

 descensos de los niveles plasmáticos de leptina241

Son muy numerosos los estudios que relacionan la obesidad con la HTA182,183,214,215,233 . en un estudio que supuso la revisión de más de un millón de personas, pudieron poner de manifiesto que la frecuencia de HTA se duplicaba en personas jóvenes obesas y era un 50% más frecuente entre las de más edad236 . Es importante, por otro lado, la consideración del tipo de distribución de grasa corporal, ya que en la obesidad superior o central, que suele valorarse por el incremento del índice cintura/cadera, la hipertensión es más frecuente, y junto a ella están presentes otras manifestaciones del síndrome plurimetabólico, así como una mayor morbilidad y mortalidad cardiovascular . La reducción del sobrepeso se sigue de efectos beneficiosos como son la disminución de las cifras tensionales en normotensos, y en mayor medida en hipertensos. Por otro lado, en la obesidad de tipo central, la reducción ponderal es capaz de mejorar los demás componentes del síndrome plurimetabólico, así como la resistencia insulínica que parece participar en su patogénesis182,183,233.

Disminuye también el número de hipertensos que requieren medicación hipotensora y aumenta la respuesta a la misma, lográndose así un mejor control tensional con menos medicación. En conjunto cabe deducir que por cada kilogramo de disminución ponderal se obtiene una reducción tensional de 1,2 mmHg/1 mmHg respectivamente, para las presiones sistólica/diastólica137,187,233

La relación entre los valores de PA y el peso corporal expresado como índice de masa corporal (IMC) es lineal, con una asociación muy fuerte incluso para IMC bajos243. Sin embargo, la mayoría de los ensayos realizados para valorar la disminución de PA con la pérdida de peso fijan un umbral de inclusión de un IMC de 27 kg/m2. Es por esta razón que se recomienda una reducción ponderal a partir de un IMC de 27, aunque existe un estudio que encuentra una reducción significativa de la PA induciendo una pérdida de peso con un IMC de 25244. La mayoría de los autores encuentra descensos significativos de la PA con pérdidas de peso de 4,5 kg137,244. A pesar de que con el tiempo vuelva a recuperarse una parte considerable del peso, las cifras de PA permanecen en valores inferiores a los existentes previamente a la intervención.

Es importante señalar los resultados del TAIM Study245. En este estudio se encuentra que, con una reducción ponderal de 4,5 kg, se obtiene un descenso de PA similar al obtenido con 50 mg de atenolol o 25 de clortalidona. La pérdida de peso de 2,3-4,5 kg también aumentó el efecto hipotensor de estos fármacos.

Basándose en estos datos, se recomienda una reducción ponderal de alrededor de 4 kg a todos los pacientes hipertensos que presenten un IMC igual o superior a 27 kg/m2. Estos pacientes deben ser asesorados para efectuar modificaciones en su aporte calórico y, paralelamente, estimulados a incrementar sus niveles de actividad física.235

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