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Consolidar y fomentar modos de vida y trabajo

En cuanto al primer punto I “El establecimiento de un sistema de competencia genuino”, en principio se destaca la fundamental adopción por parte del autor de una economía libre, es decir basada en la competencia más completa que pueda conseguirse.366

Ahora bien, también es claro que, al considerar el autor al monopolio como uno de los problemas fundamentales de la evolución de la economía moderna bajo el fenómeno del ‘capitalismo histórico,’ así como se aparta de la economía basada en el control del estado, debe apartarse al mismo tiempo de los monopolios. En este sentido Röpke es claro y drástico puesto que se debe aplicar una política anti-monopólica: “...de tipo realmente radical que no sólo no tolere el monopolio o que meramente trate de controlarlo, sino que barra con el."367

Esto puede corroborarse asimismo en pasajes como el siguiente:

“...ya no es posible desconocer la consecuencia de que el desarrollo de los monopolios constituye un fenómeno degenerativo de nuestro sistema económico extraordinariamente grave. El Estado puede luchar con eficacia contra tal degeneración si interviene enérgicamente contra las limitaciones de la competencia y evita cuidadosamente favorecer la formación de monopolios con su política económica. Claro es que para ello se necesita un Estado fuerte

que, de un modo imparcial y firme, esté por encima de la lucha de los intereses económicos, muy diferente a la extendida creencia de que el poder público débil es cosa del ‘capitalismo’. Pero el Estado no solamente ha de ser fuerte, sino que, además, sin dejarse desviar por ideologías de ninguna especie, ha de advertir claramente la tarea que se le plantea: defender el ‘capitalismo’ contra los ‘capitalistas,’ siempre que éstos traten de crearse un camino más cómodo...”368

En el segundo punto, II ‘Política económica positiva,’ se separa deliberadamente de las posiciones de tipo laissez faire dado que: “Una sólida economía de mercado capaz de mantenerse a sí misma no se eleva de nuestro esfuerzo por no hacer nada.”369 De este modo los dos polos en los cuales debe encuadrarse la política consisten en evitar el monopolio y el Laissez faire.370

366

CH, pg. 32.

367

The Moral Foundations of Civil Society (Civitas Humana) pg.27.

368 IEP, pg. 238. 369 CH, pg.33. 370 CH, pg.33.

En este sentido, Röpke enuncia dos aspectos fundamentales para desarrollar la ‘política económica positiva’ que queda compuesta por dos elementos: la ‘política de ordenamiento’ (marco institucional: Rahmenpolitik) y el conjunto de intervenciones en el mercado que denomina ‘política de mercado’ (Marktpolitik) y se desprende del ‘intervencionismo liberal’.

La primera consiste en lograr una adecuada fundamentación jurídica y moral para la economía de mercado. En esta misión resalta la función económico- legal del gobierno que debe constituirse en un contralor de las fuerzas desatadas por la competencia. Deben existir medidas para crear y mantener instituciones, que hagan posible un orden económico basado en la competencia (Wettbewerbsordnung). Esta es la política de ordenamiento económico (Ordnungspolitik). Röpke destaca en este punto, asimismo, la importancia de la existencia de una clase política consustanciada con su misión y por lo tanto íntegra.371

La segunda llamada ‘Política de mercado,’ se desprende de la necesidad de realizar ciertas intervenciones en el proceso económico, si bien Röpke menciona que debe haber una ‘reserva contra intervención activa,’ que es un resguardo contra todo tipo de intervención, control o regulación del poder público que no esté en sintonía con el espíritu de la economía de mercado.372 Para distinguir las intervenciones que son de acuerdo al mercado de las que no el autor desarrolla dos criterios.

El primer criterio es el de las intervenciones de ajuste

(Anpassungsinterventionen) versus las intervenciones de status quo

(Erhaltungsinterventionen). Los cambios en los datos del proceso económico a menudo traen aparejados procesos de ajuste dolorosos para los sujetos involucrados. El gobierno puede responder, según Röpke, de tres modos: a) puede no hacer nada, b) puede detener el proceso de ajuste, o c) puede acelerar y moderar el proceso de ajuste. La primera reacción implica el laissez

faire. La segunda lleva a intervenciones de status quo, resistiendo y

bloqueando el funcionamiento dinámico del sistema de precios. El tercer punto de vista conduce a intervenciones de ajuste, que sirven para moderar el reacomodamiento y ayudar a los grupos débiles en su lucha por la existencia. A través de este tipo de intervención no se afecta el apoyo al funcionamiento del mecanismo del mercado. Es precisamente la intención de encontrar medidas que aceleren el proceso de reacomodamiento y lo tornen lo menos socialmente costoso posible.

De este modo frente a la necesidad de un reacomodamiento económico pueden establecerse tres posibles estrategias de la autoridad, según quedan ilustradas en el cuadro adjunto:

371

The Moral Foundations of Civil Society (Civitas Humana) pg.28.

372

Estrategias de la regulación frente a cambios de mercado

Denominación Estrategia Contenido

“Laissez faire” No hacer nada puesto que el mercado se autorregula (alto costo social)

Intervenciones de statu quo o conservación

Control coactivo

Interrumpe y bloquea el proceso evitando la tarea del sistema de precios. Lleva al desequilibrio económico.

Intervenciones de adaptación

Regular la transición

Acelerar el ajuste y moderar sus consecuencias sociales y humanas. Apoyar especialmente a grupos más débiles.

El segundo criterio es el de ‘compatibilidad’ y ‘no compatibilidad,’ o ‘intervención conforme’ versus ‘intervención no conforme,’ que constituye una de las distinciones de política más importantes en el pensamiento de Röpke. Con cada medida la autoridad debe preguntarse si el instrumento usado es o no ‘compatible’ con la economía de mercado. Los instrumentos ‘compatibles’ no dan por abolido el funcionamiento de la formación de precios, sino se insertan como nuevos datos en el proceso económico. Por otra parte los instrumentos ‘no compatibles’ bloquean el funcionamiento del sistema de precios.373

Por ejemplo en el caso de la política de comercio exterior un arancel sería un instrumento ‘conforme’ en cambio establecer una cuota sería uno ‘no conforme’. Una salvedad importante, en la que refuerza el ánimo de intervenir en la menor medida posible, es la siguiente: “La distinción que proponemos implica que sólo en el caso en que la interferencia haya sido decidida debería ser de tipo ‘conforme’ en vez de ‘no conforme’.”374

Retomando la línea general de esta exposición el punto III del Programa de Röpke es el denominado ‘Política económico-social’ que según el autor podría describirse también “...como ‘política estructural’ puesto que no acepta como hechos inmodificables los presupuestos sociales de la economía de mercado existente en la actualidad: la deficiente distribución del ingreso y de la propiedad, la concentración de los negocios, la distribución de la población entre el campo y la ciudad, y, la agricultura y la industria, y las diferencias de clases sino que deliberadamente pretende cambiarlas"375

Este punto constituye uno de los elementos centrales de lo que el autor ha denominado ‘humanismo económico’. Está relacionado con las condiciones

373

Backhaus, Jurgen G., Meijer, Gerrit, City and Country: Lessons from European Economic Thought, American Journal of Economics & Sociology, Jan 2001, Vol. 60, Issue 1.

374

The Moral Foundations of Civil Society (Civitas Humana) pg.29.

375

sociales de la economía de mercado. Esto implica el fomento de las pequeñas y medianas empresas, de una amplia difusión de la propiedad para luchar contra la proletarización y la masificación. La política debe apuntar a la distribución y desconcentración de la industria. En este contexto es donde Röpke habla de apuntar a un ‘humanismo económico’.

Para la puesta en práctica de este último elemento Röpke considera indispensable la descentralización tanto en el campo social como en el económico. La descentralización según el autor se lograría de la aplicación del “principio –calificado por la doctrina social católica de ‘principio de subsidiariedad’– según el cual la presunción está siempre de parte de trasladar el centro de gravedad de la sociedad y de la economía hacia abajo y que todo intento de centralizar y de desplazar hacia arriba este centro debe ser demostrado con razones convincentes que justifiquen en cada caso concreto esta desviación respecto del ideal descentralizador.”376

Finalmente en cuanto al punto IV del Programa, según Röpke, debe ser establecida una política que apunte a la creación de una estructura social en la que la economía de mercado pueda brindar sus frutos a la sociedad en su conjunto. Esta es la denominada política social (Gesellschaftspolitik) que fue dejada de lado por los liberales en el pasado.377

En este sentido se impone una política que trate de combatir estos males, y que trate de: “consolidar y fomentar, donde quiera que existan y sean susceptibles de ulterior desarrollo, aquellos modos de vida y trabajo que todavía no han sufrido la proletarización y las consecuencias de la ‘masificación’.”378 Esto último se lograría a través de la vuelta a modos de vida como el campesino, que vive de su propia tierra, del artesano, y de una política de descentralización industrial. Para combatir la masificación y la proletarización, son necesarias la estimulación de la agricultura y las artesanías y la distribución de la localización industrial.379 Es decir, una política social que tenga fundamentalmente en cuenta el factor humano en sus concretas expresiones económico-sociales.

376

MAOD, pg.313.

377

The Moral Foundations of Civil Society (Civitas Humana) pg.32.

378

CSNT, pg.274.

379

Backhaus, Jurgen G., Meijer, Gerrit, City and Country: Lessons from European Economic Thought, American Journal of Economics & Sociology, Jan 2001, Vol. 60, Issue 1.

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