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WEEK 10 AND 11: EMPLOYEE REWARD SYSTEMS

REWARD FOR PERFORMANCE

C u alquier discurso sobre la p revención debe partir de la siguiente pregunta: si el abuso y la exacción de lo fem enino son, com o dijim os, parte con stitu tiv a de la estructura de género, y la fantasía d ifusa del abuso del otro es om nipresente, y a que supera el im aginario social y estructura las relaciones sociales, ¿en qué m om ento y por m edio de qué proceso la apropiación del otro que alim en ta la identidád m asculina sale de su confinam iento en la im aginación colectiv a y se instala en las relaciones concretas entre las personas con la form a de acto violento? ¿En qué circunstancias cae la barrera que contiene la fantasía y se d esen cad en a el acto cruento? ¿P or qué y cuándo se abre la caja negra de la fantasía para que el acto violento se instale en las relaciones interpersonales? En parte, algunos de los elem entos p ara responder a esta p regunta y a fueron p ro porcionados a lo largo del artículo. P ero co rresponde d estacar aquí la im ­ p o rtan c ia de la preg u n ta para la cuestión de la prevención.

Al exam inarla con m ayor detenim iento, advertim os que, de algún m odo, la prevención p ragm ática de la violación cruenta pod ría significar, de m anera un tanto cínica, el respaldo del régim en de expoliación que es la condición de posibilidad y m antenim iento de la identidad m asculina (y, por otra parte, de to d a identidad arraig ad a en el poder) en la esfera de las relaciones im aginarias, com o p reservación en el cam po de la fan ta sía de la realización de ese régim en sim bólico y las relaciones que produce, pero ponien d o lím ites precisos a su expresión.

De hecho, si el lugar de la usurpación de ser es indisociable de una estruc­ tura social jerárq u ica y habita el im aginario colectivo, se plantea aquí una cues­ tión m uy debatida: ¿las representaciones de fantasías de violencia y abuso son propicias al desencadenam iento de la violencia física o, al contrario, contribuyen a su prevención? ¿S ería posible sugerir la inm ersión en la fantasía para suspender el acto? ¿C uál es, entonces, el papel de la fantasía en la sociedad?

A quí no puedo sino d ejar abierta la cuestión y proponer algunos elem en­ to s que estim ulan la investigación. En “ La obra de arte en la época de la repro- du ctib ilid ad té c n ic a ” , W alter B enjam ín y a decía, al hablar del “ inconsciente óptico” :

[...] esta m ism a tecnización abrió la posibilidad de una inm unización con­ tra esas psicosis de m asas a través de ciertas películas, capaces de im pe­ dir, gracias al desarrollo artificial de fantasías sadom asoquistas, su m adu­ ración natural y peligrosa [...] La enorm e cantidad de episodios grotescos actualm ente consum idos en el cine constituyen un índice im presionante de los peligros que am enazan a la hum anidad, resultantes de las represio­ nes que la civilización acarrea consigo [...] los film es grotescos producen una explosión terapéutica del inconsciente (B enjam ín, 1987, p. 190). B enjam ín parece su g erir aquí que el papel de la representación de la fantasía y su reproducción y difusión por m edios técnicos consistiría en servir de espejo para que la sociedad p u d iera reconocerse en sus tendencias y sus peligros. El cine y otros m edios m asivos serían productos de la transferencia de las im áge­ nes del in consciente social a un soporte proyectivo, en el cual adquirirían visibilidad. C abe preg u n tarse, sin em bargo, cuándo funciona esta visibilidad com o reflexión para perm itir el reconocim iento y, con él, el autoconocim iento, y cuándo se procede a una id entificación ciega, en la cual el sujeto queda preso de la im agen y la fantasía asum e el papel dom inante, dejando el m undo sin lado de afuera. ¿D ónde está ese lím ite, cuáles son las garantías n ecesarias para que esa captura no se produzca?

Judith B utler hace un análisis sim ilar al com parar resueltam ente la ley H elm s, que im pide la financiación con fondos estatales de artistas com o R obert M applethorpe, sobre la base de la transgresión de la m oralidad estab lecid a que exhiben sus trabajos, con la ley M acK innon/D w orkin, resultante de las luchas fem inistas contra la pornografía. Para analizar los peligros de una convergencia subrepticia entre la nueva derecha y el fem inism o en un m oralism o reacciona­ rio, B utler desglosa de form a deslum brante el papel am biguo de la fantasía en la vida social:

La fantasía se postula como realidad, establece la realidad por medio de la im postura repetida y persistente, pero tam bién abarca la posibilidad de suspender e interrogar su propia pretensión ontológica, rever sus propias producciones, por decirlo así, e im pugnar su pretcnsión de constituir la realidad (Butler, 1990, p. 108).

A lo largo de una dém arche an alítica que avan za a paso firm e, B utler m uestra con claridad que la acción física constituye ju stam e n te la forclusión de la fan­ tasía y no su consecuencia, com o podríam os suponer en un principio:

tem poral entre fantasía y realidad, com o si la prim era pudiera transm utarse de im proviso en acción y ambas fueran en principio separables. Yo diría, no obstante, que la fantasía es una acción física, y lo que se invoca como “acción física” en esa formulación causal es precisam ente la condensación y laforclusión de la fantasía [...] el punto de vista de que la fantasía m otiva la acción elim ina la posibilidad de que la prim era sea la escena mism a que

suspende la segunda y, en su suspensión, propicia la indagación crítica de lo que constituye la acción (Butler, 1990, p. 113).

A l continuar con su análisis, B utler concluye que “ las prohibiciones invaria­ blem ente p ro d u c e n y h acen p ro life ra r las representaciones que procuran co n ­ trolar; por lo tanto, la ta re a p olítica consiste en prom over la proliferación de las representaciones, los espacios de producción de discursos que puedan, a la sazón, cu estio n ar la p roducción auto ritativ a resultante de la p rohibición legal”

(ibid., p. 119). Para la autora, la prohibición produce pornografía, y a que la reconoce pero im pide la circulación de discursos y form as de representación que perm itan su superación reflexiva. Del m ism o m odo, la verdadera causa de la v iolencia sería entonces la que im pide y o b stacu liza el m ovim iento de los dis­ cursos e im ágenes que hacen posible una reflexión sobre ella.

A mi ju ic io , lo fundam ental es ad v ertir que el tiem po de reflexión y la a b u n d a n cia de los recursos d iscursivos a su d isp o sició n son in versam ente pro p o rcio n ales al tiem po y los m edios de la violencia. En una sociedad en la cual el tiem po de la reflexión y los m edios discursivos que la posibilitan d ism i­ nuyen día a día, la violencia aum enta a un ritm o proporcional. En la sociedad m oderna, el problem a de la prevención de la violación es el problem a del auto- conocim iento: p oner al alcance de las personas un vocabulario que p erm ita un cam ino de interiorización, exponer y h acer accesibles a la m irada y la com pren­ sión las estructuras que m ovilizan nuestro d eseo y nos hacen actuar, significa, estoy segura, abrir y m antener en buen estado las vías de acceso al bien. N ada m enos radical que esto p odrá g arantizar una prevención eficaz en térm inos d u rad ero s.

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2. E l

g é n e r o e n l a a n t r o p o l o g í a

Y M ÁS ALLÁ DE E L LA *

"Ninguna sociedad trata a sus mujeres tan bien como a sus hombres. ” **

Introducción

P retendo aquí hacer una evaluación su m aria y personal de la trayectoria de los estudios de género en el cam po de la antropología. L lam o a esa tray e cto ­ ria itinerario porque en mi opinión, y pese a que la disciplina antropológica está atravesada enteram ente po r la cuestión de género, este tem a no se agota en las fronteras d isciplinarias, y no pod ría hacerlo, debido a algunas de las razones que intentaré exponer. P recisam ente, la ap ertu ra tran sd iscip lin aria actual de­ m uestra el lím ite de la capacidad de u n a ú nica d isciplina para dar cuen ta de los fenóm enos sociales y la te o ría del género se en cu en tra ju stam e n te en el nudo central de esa apertura.

Por otro lado, y de m anera correlativa, los debates fem inistas y la reflexión sobre género prestan sus hallazgos a intereses m ás am plios. Es significativo que la persp ectiv a in terdisciplinaria de los estudios postcoloniales, que tratan sobre la subalternidad en el m undo contem poráneo, tom a la je ra rq u ía de gén e­ ro, la subordinación fem enina, com o un prototipo a partir del cual se puede com prender m ejor el fenóm eno del poder y de la sujeción en general. Por lo tanto, es un rasgo del m om ento p resente, a partir de la década de 1990, que tanto hom bres com o m ujeres en el cam po de la filosofía, en el cam po del análisis del discurso, de la literatura co m parada y de las ciencias sociales, entre otros, pasaron a v er en el género una escena cuyos personajes perm iten entender y fo rm u lar los procesos inherentes a toda subordinación, a to d a subalternidad. C onfluyen en esa p ropuesta hallazgos de la antropología, del psicoanálisis y de la te o ría gram sciana de la hegem onía. A utoras que considero p aradigm áti­ cas en la en crucijada de las áreas y de los ab ordajes son, entre otras, G ayatri S pivak, p rincipalm ente con su texto Can the Suba ltern Speak? (1988) (véase

* Traducción de A liciaN ovizki.

tam bién 1985, entre u n a bibliografía extrem adam ente prolífica), y Judith Butler, especialm ente con su obra The P sych ic L ife o f P o w er (1997) (y véase tam bién 1992, sobre la c o n trib u ció n de la p ersp ectiv a de género a la elaboración.de una te o ría del p o d er y de u n a p o stu ra crítica).

P ese a que trad icio n a lm e n te la reflexión sobre género ha sido dejad a a cargo de las m u jeres, en v erdad trata de una estructura de relaciones, por lo cual habla de todos, m ientras provee una gran m etáfora de todas las form as de su b ordinación v o luntaria, adem ás de que nos perm ite referirnos a otras d isp o ­ siciones je rá rq u ica s en la sociedad, otras form as de sujeción, sean ellas étn i­ cas, raciales, regionales o las que se instalan entre los im perios y las naciones periféricas.

Mi p ropósito no es reseñar, ya que m i punto de vista es teórico. Tomo referencias básicas p ara ab o rd ar la te n sa relación entre p osturas universalistas y relativistas en los estudios de género en la antropología, y las dificultades inherentes a la d efinición de la categoría “ m ujer” con que el m ovim iento social debe trabajar. R elaciono, a su vez, este d ilem a con la cuestión de la universali­ dad de la je ra rq u ía frente a la posibilidad de que, en algunas sociedades h u m a­ nas, exista igualdad en la diferencia. C on todo, intento dem o strar que la res­ puesta a la p reg u n ta de si existen o no sociedades igualitarias no podría p ro v e­ nir, com o m uchas veces se cree, de una m era observación em pírica de los hechos. Es decir que no será el registro etnográfico de los papeles sociales ni la d istribución de derechos y deberes lo que p odrá probar o no el carácter iguali­ tario de los géneros en una determ inada sociedad. Lo que es observable es el m ayor o m enor grado de opresión de la m ujer, el m ayor o m e n o r grado de sufrim iento, el m a y o r o m enor g rado de autodeterm inación, el m ayor o m enor grado de o p ortunidades, de libertad, etc., m as no la igualdad, pues ésta p e rte ­ nece al dom inio de la estructura, y la estructura que organiza los sím bolos, confiriéndoles sentido, no es del orden de lo percep tib le a p rim era vista, sin el uso de las h erram ientas de “ escucha” adecuadas que llam am os, en su v arie­ dad, de “ análisis del discurso” . El p o d er Se revela, a veces, con infinita su tile z a .'

En una eru d ita y esclareced o ra reseña, M aría L uisa H eilb o m (1992, pp. 98-106) se aproxim a a algunas cuestiones tam bién relevantes para m i argum en­ to. Ella o pta p or abordar el género com o un principio de clasificación abstracto inspirado en la observación de otros ám bitos de la realidad y, especialm ente (siguiendo a Franc^oise H eritier, 1979), en la discontinuidad presente en el m un­ do biológico. El género sería, así, u n a categ o ría que -c u a lq u ie ra que venga a ser su im plem entación práctica en una cultura p a rtic u la r- h ab la de relaciones de oposición y constituye “ la form a elem ental de alterid ad ” . A esto ella agrega la “ posibilidad” de introducir la noción dum ontiana de je ra rq u ía, que “ organiza la estructura b in aria de los m o d elo s clasificatorios, de m odo que un térm ino

siem pre acom paña al otro” {ibid., p. 104). De esta m anera, la perspectiva eslruc- turalista, para la cual el género se constituye en u n a ca te g o ría abstracta, perm i- te postular una “ equid istan cia v alo rativ a entre las ca te g o ría s” o “ ac o p la d a a la teoría de la jerarquía, la vigencia de un principio onto-as ¡m étrico” {ibid., p. 105).

A p esar de coincidir en el reco n o cim ien to de la abstracción co nstitutiva del género, ese abordaje diverge de mi análisis actual pues, in v in ien d o los térm inos de las autoras citadas, éste coloca el género com o una experien cia