Cuando el ser humano alcanza la adolescencia, la importancia de la familia no disminuye, sino que, muy al contrario, durante esta etapa de la vida, la familia desempeña un papel central en aspectos tan esenciales como el bienestar emocional y psicológico de los hijos adolescentes. La calidad de las relaciones es crucial para determinar las competencias y confianza con la que el adolescente afronta el periodo de transición de la infancia a la edad adulta. Así, las relaciones familiares influyen en como los jóvenes negocian las principales tareas de la adolescencia como la formación de un identidad propia, en el grado de implicación en problemas de comportamientos y/o consumo de drogas y en el habilidad para establecer relaciones de amistad y pareja (López y Gutiérrez, 2008).
Por ello los adolescentes probablemente son un grupo más propenso a adquirir conductas de riesgo que se las define como aquellas acciones activas o pasivas que involucran peligro para el bienestar y que acarrean directamente consecuencias negativas para la salud o comprometen aspectos de su desarrollo. Estas conductas están en relación con los estilos de vida moderna, sumados a la curiosidad, la experimentación de situaciones nuevas, son partes naturales del crecimiento que les da la sensación de ser adultos, entre las tendencias crecientes hasta hacerse un hábito o una dependencia
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están el consumo de alcohol, tabaco, uso de drogas, delincuencia, deserción escolar, relación sexual precoz entre otras (Silva, 2004).
Los adolescentes adquieren no solo nuevas capacidades y se encuentran ante muchas situaciones nuevas, sino riesgos para su salud, así la vida de los adolescentes trascurre ante hechos o situaciones propias o de su entorno que aumentan la posibilidad de desarrollar desajustes psicosociales y de aquellos que elevan su capacidad para hacer frente a las adversidades o disminuir las posibilidades de desarrollar desajustes psicosociales frente al riesgo (OMS, 2002).
Los resultados de la presente investigación sobre clima social familiar y grado de agresividad del adolescente se reportan a continuación:
En la Tabla 1 y Grafico 1 se observa que el 62 por ciento de adolescentes perciben el clima social familiar como inadecuado mientras que el 38 por ciento como adecuado.
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Gutiérrez (2011), quien en su investigación sobre Clima Social Familiar y la adaptación de su conducta en adolescentes de Trujillo, encontró que un 46.7 por ciento presentó un grado promedio de clima social familiar, el 36.1 por ciento un grado alto y el 17.2 por ciento un grado bajo.
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Pereda, González y Pamparomás (2006), quienes en su investigación Clima Social Familiar de los alumnos de la Institución Educativa “San Santiago” de Chimbote, encontraron que el 46.7 por ciento de los alumnos encuestados presentaron un bajo clima social familiar, el 40 por ciento un grado regular y el 13.3 por ciento un grado alto.
Fuenmayor de González (2000), en su investigación Clima Social Familiar aplicado a alumnas de la carrera de preescolar de la Universidad del Zulia en Venezuela, encontró que el 47.7 por ciento presentaron un grado promedio de clima social familiar, el 27.3 por ciento un grado alto y el 25 por ciento un grado bajo.
Mendoza y Mendoza (2013), quienes en su investigación sobre Clima Social Familiar aplicado en las alumnas de la Institución Educativa “Antenor Orrego” de Laredo, encontraron que el 49.2 por ciento de adolescentes presentaron clima social alto, 41.9 por ciento regular y 8.9 por ciento bajo
Los resultados presentados no son comparables con la presente investigación por tener otra clasificación.
El clima social familiar desempeña una función notable al ejercer las influencias más tempranas, directas y duraderas en la formación de la personalidad de los adolescentes actuando como
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agente modelador de la conducta de éstos, propiciando una menor o mayor vulnerabilidad para el aprendizaje de conductas protectoras de la salud tanto física como emocional (Porot, 2008).
La interacción dinámica desarrollada en la familia junto a una serie de elementos estructurales que la condicionan son los portadores de un clima que contribuye al desarrollo personal de sus miembros. El grado de clima social familiar es percibido de acuerdo a las relaciones e interacciones entre sus miembros, sus motivaciones, concepciones de su propia individualidad, el grado de comunicación, cohesión, así como nivel de organización y control que ejercen uno sobre otros (Hernández, 2007).
Se dice que los adolescentes observan que su clima social familiar es inadecuado; cuando en su familia no existe normas de convivencia bien establecidas, comunicación, esparcimiento familiar, interés por los temas políticos y sociales, quedando expuestos los hijos a no desarrollar determinadas habilidades sociales las cuales resultan fundamentales para la interacción social, tales como la capacidad de identificar soluciones no violentas a problemas interpersonales y de esta manera no presentar problemas que desestabilizasen su dinámica familiar, hablamos de problemas sociales como: el tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, agresividad, delincuencia, pandillaje, entre otros ( Moreno y Estévez, 2009).
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Del mismo modo los adolescentes que perciben el clima social familiar adecuado son aquellos que tienen una cohesión afectiva con sus padres y condiciones apropiadas para desarrollar la autonomía, expresividad, seguridad en sí mismos, confianza e intimidad, oportunidades para la participación en actividades recreativas e incentivos para el desarrollo intelectual y político; permitiéndoles la adquisición de habilidades y repertorios necesarios para el desempeño social, generación de competencias de interacción, resolución de conflictos y adaptación a nuevas situaciones sociales ( Moreno y Estévez, 2009).
Posiblemente la explicación a los resultados obtenidos se encuentre en el hecho de que en la últimas dos décadas, en nuestro medio la familia y las relaciones que se mantiene en ella se ven condicionadas por los cambios sociales que han implicado un crecimiento de las grandes urbes, un incremento de la migración, cambios en el mundo laboral y el ritmo acelerado de la vida. El crecimiento demográfico se ha centrado en las zonas urbanas y urbano marginales, estas últimas con mayores necesidades y más problemas tanto económicos como sociales (Dulanto, 2007).
En la actualidad existe mayor presión económica por ello la mujer se ha incorporado al trabajo dejando de lado la atención y tiempo que necesitan los adolescentes, dejándolos solos durante el día o a cargo de otros familiares como abuelos o tíos, empleando así el tiempo
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en ver televisión, reunirse con amigos, uso de internet, entre otros. En otros casos los padres depositan en la escuela ciertas competencias que le corresponden pero que a causa de la vida acelerada por las condiciones laborales no llevan a cabo, creen que la escuela es la que debe hacerse cargo de la educación de sus hijos (Aramburú y Bustinza, 2007).
En los adolescentes en estudio predomina un clima social familiar inadecuado, probablemente se deba a que provienen de familias urbano marginales y de condición socioeconómica baja que viven con un progenitor y este trabaja, familias construidas en donde su padre o madre tienen otra pareja y ambos trabajan, o en el mejor de los casos con ambos padres que trabajan y no le dedican el tiempo suficiente limitándose a cubrir necesidades materiales por lo que pasan el tiempo a solas, con amigos o cuidando a sus hermanos menores, de esta manera las relaciones familiares y las actividades de recreación se ve disminuido.
Una familia de este tipo de por sí está condicionada por la carencia afectiva, pues los padres asumen el rol de llevar el sustento económico del hogar con mayor prioridad que el de brindar afecto, seguridad, comunicación y control. Existe incapacidad para reconocer y satisfacer las necesidades emocionales básicas de cada uno de sus miembros, se pierde la comunicación, desarrollan sobreprotección, se produce una confusión de roles y no hay tiempo para disfrutar
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momentos de recreación entre ellos, por lo que el adolescente lo que más siente es el abandono emocional (Dulanto, 2007).
El clima social familiar debe desarrollase o darse armoniosamente en sus tres dimensiones para que el entorno familiar pueda brindar al adolescente las condiciones necesarias para su desarrollo y bienestar. De las dimensiones del Clima Social Familiar de los adolescentes en estudio se obtuvo que en la dimensión relaciones el 64.4 por ciento es inadecuado y el 35.6 por ciento adecuado; en la dimensión desarrollo el 65.6 por ciento de los adolescentes lo perciben como inadecuado y el 34.4 por ciento adecuado y en la dimensión estabilidad el 54.4 por ciento lo percibe como inadecuado mientras que el 45.6 por ciento como adecuado (Ver Anexo 4).
Gutiérrez (2011), en su investigación sobre Clima Social Familiar y la adaptación de conducta en adolescentes mujeres, encontró que el en la dimensión relaciones el 49.5 por ciento de adolescentes presentan un grado promedio, 29.2 por ciento un grado alto y el 21.3 por ciento un grado bajo; en la dimensión desarrollo un 62.2 por ciento presentó un grado promedio, 34.3 por ciento un grado bajo y el 3.5 por ciento un grado alto y en la dimensión estabilidad un 52.7 por ciento presentó un grado promedio, 32.9 por ciento un grado alto y el 14.4 por ciento un grado bajo; resultados que no son comparables por tener otra clasificación.
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De acuerdo a los resultados se observa que en la dimensión relaciones, los adolescentes en estudio perciben en su mayoría como inadecuada sus relaciones familiares, impidiéndoles crear relaciones cordiales afectivas, vínculos amistosos basados en reglas aceptada por todos sus miembros, adquiriendo de esta forma conductas antisociales las cuales no le permitirán enfrentar adecuadamente las conductas de miedo. Todo esto revela que los adolescentes no consideran aceptable la comunicación, la libre expresión de los sentimientos dentro de su familia y perciben un inadecuado nivel de cohesión que no les permite relacionarse con los demás miembros de su familia, ocasionando que se deterioren el vínculo familiar (Shaffer, 2007).
En la dimensión estabilidad los adolescentes en un 54 por ciento lo perciben como inadecuado, esto se puede dar cuando no hay una firme estructura y clara organización dentro de la familia así como el grado de control que cada uno de sus miembros ejercen sobre otros, lo que hace que el adolescente no tenga bien establecidos cuales son actividades y deberes a cumplir dentro de la familia.
Mientras en la dimensión desarrollo se encontró que los adolescentes en su mayoría lo perciben como inadecuado, es decir en sus familias son pocas las condiciones adecuadas para desarrollar la autonomía, falta de oportunidades para la participación en actividades recreativas e incentivos para el desarrollo intelectual y político. Esto significa que en sus familias no se les da el debido interés a las
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actividades políticas, religiosas, culturales, recreativas y de tiempo libre, probablemente esto se deba al origen de las familias, los cambios socioeconómicos, el contexto sociocultural en el que se desenvuelven los adolescentes dificultando de esta manera la participación en familia (Shaffer, 2007).
Por todo lo mencionado anteriormente, es necesario que enfermería y los demás miembros del equipo de salud continúen trabajando con las familias para favorecer la existencia de un clima social familiar adecuado con la finalidad de evitar conductas de riesgo en los hijos.
En la Tabla 2 y Grafico 2 se observa que del total de los adolescentes encuestados el 43 por ciento presenta agresividad baja, mientras que 56 por ciento presenta agresividad moderada; asimismo el 1 por ciento presenta agresividad alta.
La presente investigación hace referencia a conductas agresivas tales como no dirigirle la palabra o realizar gestos a la persona con la que está molesta, levantar el tono de voz y hablar malas palabras y participar en juegos duros.
Quiliche y Valverde (2012) quienes en su investigación sobre conductas agresivas del adolescente realizado en El Porvenir, muestran que el 70 por ciento de los adolescentes presentaron
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conducta agresiva en grado bajo, en tanto el 28.8 por ciento en grado moderado y el 1 por ciento en grado alto.
Calle y Geldres (2008) en su investigación sobre conducta agresiva en adolescentes realizada en Trujillo encontraron que el 59 por ciento presentó grado bajo de agresividad, el 30.6 por ciento grado moderado y el 1.4 por ciento grado alto de agresividad.
Los resultados presentados solo coinciden en agresividad alta.
Por el contrario, difieren con los de Ramos (2010), quien en su investigación sobre La Agresividad en los Adolescentes de Chihuahua, encontró que el 50 por ciento de alumnos no reflejaron actitudes violentas ni tampoco mostraron ser agresivos, el 25 por ciento no expresaron actitudes violentas ante determinadas situaciones, mientras que el otro 25 por ciento manifestaron actitudes violentas ante determinadas situaciones.
Pérez y Rebaza (2010) en la investigación sobre conductas de violencia en adolescentes, obtuvieron que el 48 por ciento presentó una conducta agresiva en grado alto, el 37 por ciento en grado moderado y el 15 por ciento en grado bajo.
La agresividad es cualquier forma de conducta física o simbólica que intenta dañar o lastimar a alguna persona, a uno mismo
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o a un objeto, complementándose a ella la violencia, entendía como una forma de agresión extrema o intento premeditado de causar daño físico a alguien, puede ser desencadenada por el uso intencional de la conducta dañina para alcanzar alguna otra meta; o por el enojo, en el cual la meta es simplemente causar daño o la muerte a la víctima (Araya, 2005).
Dentro de los factores de riesgo probables que hacen que los adolescentes puedan ser potenciales agresores, se encuentra el lugar en el que viven, como es el distrito de la Esperanza, considerado como el segundo distrito más peligroso del Perú por presentar altos índices de violencia ocasionadas en su mayoría por adolescentes que dejaron sus estudios para introducirse en el mundo de la delincuencia y pandillaje convirtiéndose en delincuentes juveniles (Consejo Distrital de Seguridad Ciudadana, 2012).
Así mismo los medios de comunicación, es otro factor posible que conlleva a que los adolescentes presenten comportamientos agresivos, debido a que cada día, la prensa escrita y hablada presentan reportajes de violencia con titulares sensacionalistas, imágenes y fotografías que magnifican estos hechos haciendo protagonistas a los adolescentes delincuentes, y a la vez contribuyendo a que expresen que por esta vía “nos hacemos famosos”, “figuramos” o “nos hacemos respetar ante los demás”, opiniones que dan cuando se
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les pregunta sobre los efectos que tiene en ellos el que los medios de comunicación se ocupen de sus actos de violencia.
Esto se puede demostrar con la teoría del aprendizaje social de Bandura (2001), quien refiere que el modelado, o aprendizaje por observación, tiene una función informativa tanto de las conductas que pueden realizarse como de las consecuencias de esas conductas. Siendo el proceso de aprendizaje una interacción entre factores externos e internos, acontecimientos ambientales, factores personales y conducta. Es decir, la mayor parte de las conductas sociales se adquirieren viendo cómo otros las ejecutan. Entonces el modelado sirve no sólo para adquirir conductas nuevas (deseables, como ayudar a un compañero que lo necesita, pero también indeseables, como las conductas violentas), sino incluso para inhibirlas (evitar conductas disruptivas cuando ve que a otros se les castigan) o para desinhibirlas o facilitarlas (recuperar conductas agresivas que se tenía inhibidas cuando se ve que otros las usan con éxito).
Por lo cual los factores de riesgo probables en los investigados como son el distrito en el que viven y los medios de comunicación, son modelos que pueden repercutir en su conducta a través de imágenes, acontecimientos e información impartida, donde todo ello puede ser interiorizado por el adolescente a través del aprendizaje por observación.
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En nuestra sociedad, el número de adolescentes agresivos se ha visto en aumento en el último tiempo de una manera sorprendente. Por lo que este resultado preocupa debido a que la mayoría de los adolescentes encuestados presentan agresividad moderada, propensos a llegar a agresividad alta; estando en riesgo a convertirse en potenciales candidatos infractores de la ley con comportamientos antisociales como daño a otras personas, asaltos, robos con uso de la fuerza, vandalismo, destrozos en casas ajenas, robo de vehículos, huidas de casa, uso de drogas, entre otros.
Lo verdaderamente alarmante es la violencia, ya que el adolescente esta propenso a desarrollar conductas agresivas, debido a que es muy sensible a la influencia de su entorno, a la baja autoestima y a la ansiedad, condicionándole que su comportamiento pase de ser agresivo a ser violento.
Para evitar una expresión incontrolada de la agresividad, es preciso que el trabajo de enfermería conjuntamente con un equipo multidisciplinario esté enfocado a liberar impulsos agresivos en los adolescentes a través de formas de agresión socialmente aceptadas, como la búsqueda del logro, la competencia, la apuesta entusiasta y militante por una ideología o la participación en deportes competitivos.
En la Tabla 3 y Grafico 3 se puede observar la relación entre clima social familiar en los adolescentes, según grado de agresividad
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que presentan, mostrándose que aquellos adolescentes que perciben el clima social familiar inadecuado tienen agresividad alta en 100 por ciento, agresividad moderada en un 93.3 por ciento y agresividad baja en 20.3 por ciento.
Mientras que los adolescentes que se encuentran en un clima social familiar adecuado presentan agresividad baja en un 79.7 por ciento, agresividad moderada en un 6.7 por ciento, no se encontró ninguno con agresividad alta.
Al realizar la prueba estadística Chi cuadrado para medir la relación de las variables se encontró un valor de 0.0062, demostrando que la prueba es altamente significativa con un (p<0.01).
Los resultados de la presente investigación muestran que el clima social familiar se correlaciona con la agresividad y esto coincide con los hallazgos de Matalinares y Cols. (2010) quienes encontraron que las variables clima social familiar y agresividad se encuentran correlacionados. En este mismo sentido Noroño, Cruz y Cols (2002) encontraron que las características del medio familiar influyen en las características agresivas de los niños.
Asi mismo Slee citado en Pichardo, Fernández y Amezcua, 2002) encontró que las madres de niños con conductas agresivas percibían su clima social familiar como inadecuado con una baja
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cohesión, una pobre estimulación hacia la expresión de sentimientos, un gran número de conflictos, un excesivo control sobre la conducta de sus hijos, una baja organización familiar y un menor fomento de la independencia.
La consistencia de la conducta agresiva en diferentes situaciones es interpretada de diferentes maneras desde los distintos modelos, lo cual permite identificar diferentes propuestas, como agruparlas en relación a sus causas es decir, las endógenas y/o teorías activas y las exógenas y/o teorías reactivas, donde el origen de la agresión se ubicará en el medio ambiente que rodea al individuo, que sería el responsable de su aparición, siendo esta conducta por ello una reacción frente a sucesos ambientales o hacia la sociedad en su conjunto, propuesta del aprendizaje social, dentro de un contexto especifico de familia, grupo de iguales, escuela o comunidad (Augusto, 2003).
La manera en que el individuo se adapta a sus diferentes medios de vida, depende en parte de la educación familiar y de las naturalezas de las relaciones padres-hijos. Desde su ubicación dentro de la familia, el hijo percibe las ideas, costumbres y mitos, adquiere mucho de los valores de sus padres. Por todo esto, la familia resulta ser la primera institución socializadora, a medida que padres y hermanos ayudan a cada individuo a desarrollar una identidad y a encontrar un lugar en el mundo (Zavala, 2001).
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Actualmente como vemos las conductas agresivas en los adolescentes están causando preocupación en las familias, escuelas y la sociedad ya que es un problema latente que va en aumento cada día. En la investigación se hace referencia que las principales causas del desarrollo de comportamientos agresivos son diversas, dentro de los que destacan la empatía y la actitud hacia la autoridad, y la percepción que tienen los adolescentes de su familia, como principal institución socializadora en las que se desarrollan.
Nicolson y Ayers (2002) plantean que la agresividad es el resultado del proceso de aprendizaje social así como de prácticas de