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8 RANDOM AND SAMPLING ERRORS IN FLUX FIELDS

8.6 Sampling problems for satellite-derived quantities

dirige, lo que podría resultar muy útil conocer puesto que existe la posibilidad de que algunas de esas personas estén relacionadas industrias específicas con fines considerados contrarios a los de la OMS como es el caso de la industria tabacalera o la de armamentos (OMS, 2002).

De esta manera, la naturaleza misma de las ONG genera preocupación puesto que puede implicar problemas de conflictos de intereses para lo cual no existen mecanismos de salvaguardia, y solo en pocos casos se han aplicado algunos por lo que necesitan ser complementados con medidas adicionales y que se puedan aplicar en todas las ocasiones. Incluso la proveniencia geográfica de las ONG pueden incurrir en este problema, puesto que muchas de las ONG internacionales tienen su sede en Estados Miembros ubicados en el Norte, con un nivel alto de ingresos, en consecuencia muchas veces los intereses de los países en vías de desarrollo no se encuentran lo suficientemente representados (OMS, 2002).

La posibilidad de conflicto de intereses se evidencia no únicamente por la heterogeneidad en el financiamiento de las ONG sino también porque entre más estrechamente se colabora con una de ellas en la elaboración de políticas y principios se vuelve más indispensable que la OMS pueda identificar cualquier riesgo tanto real como potencial, que sea transparente y que cuente con un mecanismo con criterios y políticas actualizadas para eliminar tal riesgo, de manera que pueda lograr una colaboración eficaz con este tipo de actores en el que la Organización tenga un rol de liderazgo fortalecido (OMS, 2002). 2.3.3. Colaboración de la OMS con el Sistema de Naciones Unidas

Si bien la tendencia de los Estados y las instituciones internacionales en la gobernanza mundial en los últimos años ha sido la de involucrar cada vez más a los actores transnacionales como expertos en políticas, proveedores de servicios y organismos de control de cumplimiento, la comprensión de los factores que modelan tal participación es débil (TALLBERG, 2010:45).

Los desafíos a los que enfrenta la salud mundial han evolucionado con una rapidez y profundidad sin precedentes, dentro de este contexto, otra parte fundamental para que la OMS continúe desempeñando su rol de liderazgo de manera eficaz para dar respuesta a estas transformaciones, es su manera de trabajar dentro del sistema de las Naciones Unidas, promoviendo la coherencia

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entre sus organizaciones y entidades para una gestión ágil con resultados positivos en la salud mundial.

El Artículo 2 de la Constitución de la OMS también establece como función de la Organización el establecimiento de una colaboración eficaz con las Naciones Unidas (OMS, 2009). Asimismo, el Undécimo Programa General de Trabajo 2006-2012 determina la importancia de intensificar la colaboración de la OMS con otros sectores pertinentes al sistema de Naciones Unidas e instituciones de Bretton Woods a fin de avanzar en la consecución del programa de acción sanitaria mundial estipulado en el mismo (OMS, 2006).

Como se lo analizó en el capítulo I de esta investigación, la salud es un componente esencial para el desarrollo, contribuyendo y al mismo tiempo beneficiándose de otros elementos importantes de él. En consecuencia, la salud es incluida cada vez más en debates sobre políticas de las Naciones Unidas en otras esferas como los derechos humanos, la seguridad, el cambio climático, el comercio y en general la política exterior, sin dejar de un lado el rol tan importante de la salud en los actuales ODM, y que debería continuar teniendo en los que se planteen después del 2015.

Es importante destacar algunos logros importantes de la OMS en este aspecto, a través de su colaboración activa con los Estados Miembros a nivel mundial y regional en la promoción del papel de la salud en aspectos como el desarrollo sostenible, por ejemplo en el proceso de preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Rio+20). Así como también la labor de la OMS en la consecución de apoyo tanto político como financiero a nivel mundial para hacer frente a la creciente carga de las enfermedades no transmisibles, consiguiendo en la adopción de la Declaración Política de la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Prevención y el Control de las Enfermedades no Transmisibles (OMS, 2012).

Sin embargo, de manera general la colaboración dentro del sistema, especialmente en lo que se refiere a los foros intergubernamentales como la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Consejo Económico y Social y sus comisiones orgánicas, representa un claro desafío a la OMS, puesto que su rol para asegurar que la

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salud en general, y particularmente las prioridades de la Organización tengan una mayor representación en las deliberaciones y decisiones de los órganos intergubernamentales de las Naciones Unidas, y principalmente en la aplicación de sus resoluciones en varias ocasiones, no ha tenido el éxito deseado (OMS, 2012). Evidenciando así una falta de mecanismos que permitan destacar la importancia de la salud en las negociaciones intergubernamentales dejando a un lado intereses muchas veces contrapuestos.

Además de los foros intergubernamentales, la OMS también mantiene cada vez más relaciones con otros organismos, fondos y programas del sistema de las Naciones Unidas no solo a nivel central como Ginebra y Nueva York sino que también a nivel regional y nacional. Lo que resulta en una compleja red de relaciones que supone un claro desafío para la OMS en la búsqueda de un mayor grado de armonización y alineación en las actividades y prioridades del sistema que tienen una influencia directa o indirecta en las actividades de la Organización en sus tres niveles. En este aspecto, es importante considerar que la coordinación no debería ser el objetivo en sí mismo, sino que un medio clave para incrementar la incidencia de las actividades de los otros actores en los resultados en materia de salud (OMS, 2012).

Otro reto fundamental desde el punto de vista de los resultados sanitarios y el uso eficiente de los recursos de la OMS, es la tendencia actual de disminución de la asistencia oficial para el desarrollo y el aumento de la proporción de fondos con fines específicos provenientes de fuentes bilaterales en especial de fondos fiduciarios de donantes múltiples y programas conjuntos. Actualmente las contribuciones totales a los fondos fiduciarios de donantes múltiples y a los programas conjuntos consisten en una importante fuente de financiación de las actividades de desarrollo del sistema de las Naciones Unidas en los países, ascendiendo hoy en día a aproximadamente USD 6.000 millones (desde su creación en 2004) (OMS, 2012).

En 2011, 44 jefes de las oficinas de la OMS en cinco regiones se beneficiaron de esta forma de financiación y colaboración. En América Latina, además de las actividades llevadas a cabo en esferas «tradicionales» como la salud y la nutrición infantil, la financiación procedente de fondos fiduciarios de donantes múltiples contribuyó a la labor de la OMS encaminada a promover las sinergias multisectoriales y la consecución de las prioridades nacionales en materia de salud, por ejemplo a través de proyectos sobre el medio ambiente y el cambio climático, la prevención de conflictos y el mantenimiento

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